alethéia ID: 253628 Registrado: marzo-2008 Hace: (620 dias)
Mensajes: 902
| CAPÍTULO 4; ¡¡LUCKY ~!! ¡¡TENGO UN NUEVO RIVAL!! …Y TAMBIÉN LA MALA FAMA EN EL CLUB DE TENNIS
-Déjame comprender –Rin parpadeó perpleja- tú quieres…abrir una escuela de kendo y kárate.
-Sí, Rin –repitió el joven, extremadamente fastidiado-. Sería bueno que la abriera.
-¿…y por qué quieres abrir una escuela de kárate? –Miró a su hermano, tratando de no reír- De verdad, no termino de entender.
-Porque…no sé por qué, sinceramente –Yuu suspiró, avergonzado-. Sólo quiero hacerlo.
-Bien. Entonces comentas tu idea conmigo porque…
-…al igual que yo, eres otra heredera del dojo –completó el pelinegro-. Y quiero que me hagas un favor.
-A ver, qué quieres, Yuu-kun.
-Le enseñarás a los niños pequeños. No tendré paciencia con ellos.
-De acuerdo. ¡Genial! –levantó ambos brazos, animada- ¡Se abrirá de nuevo!
-¿Qué se abrirá de nuevo? –una cabellera peli anaranjada se asomó desde la sala-
-¡¡RABI!! –gritaron los dos hermanos, asustados- ¿¡QUÉ DIANTRES HACES EN NUESTRA CASA!?
-Eh, no se exalten tanto, par de miedicas –se encaminó a la cocina con una mochila bastante pesada en mano-. Sólo vine a estudiar con Yuu-kun.
La Kiryu menor miró al mayor.
-Oh, cierto –Yuu miró a su mejor amigo-. Se me olvidó por completo. Pero aun así, esa no es razón para entrar a mi casa sin tocar la puerta –agregó, propinándole un buen zape a la nuca del Bookman-. Así que toca la próxima vez.
-Amargado –susurró-. Ne, neko-chan, ¿cómo te va en Rikkai? Oí por ahí que le ganaste a un titular ¡Felicitaciones!
-Arigato, Rabi-kun. Me va bien, gracias.
-A ver, Rabi, que tienes que estudiar bioquímica –Yuu jaló a su amigo hasta la mesa de la cocina-. Rin, tú vete a tu cuarto o a donde sea, que sino éste usagi idiota se distraerá enseguida.
-Hai, iré a pasearme por las canchas de tennis callejero. ¡Adiós Rabi-kun, Yuu-chan!
Para evitar las preguntas de su sobre protector e iracundo hermano mayor tomó su raqueta tan rápido como pudo y salió enseguida.
-¿…qué rayos acaba de decir esa chiquilla irresponsable? –cerró sus puños y se levantó de la silla- ella sabe que…
-Yuu-kun, cálmate –interrumpió, invitando al chico a sentarse-. Sólo irá a jugar un poco de tennis. Además, vinimos a estudiar ¿no?
El mayor no pudo hacer nada más que fulminarlo con sus ojos azul oscuro.
------------------------------------------------
Rin rió al imaginarse la cara de su hermano al escuchar las palabras “tenis callejero”. A él nunca le había gustado que ella fuese para ese lugar, porque había chicos con aspecto algo atemorizante que, según él, podían ser “aprovechados”, o por el simple hecho de que tuviera el adjetivo “callejero”. Pero aún así, seguía yendo a esas canchas.
No se sorprendió al ver que éstas estaban abarrotadas de jóvenes tenistas, que rodeaban una sola cancha. Como pudo se abrió paso y miró a los que estaban jugando. El que parecía estar ganando era un peli anaranjado con unos ojos color verde pasto, quien sonreía ampliamente cada vez que anotaba un punto. Lanzó la pelota realmente alta, saltó y la golpeó con inmensa fuerza, para luego alzar los brazos al ver cómo su pobre contrincante se caía, marcando el último punto.
-¡Lucky~! –exclamó- ¡Gané~!
El público gritó con emoción, aclamando su victoria, y haciendo que ella quedara totalmente aturdida. El ganador rugió feliz, para luego examinar los rostros de cada uno de los presentes, hasta detenerse enfrente de Rin.
-Hm. Una chica –dijo algo sorprendido, cruzando ambos brazos-…interesante. ¿Quieres jugar un partido?
-De acuerdo –levantó ambas cejas, curiosa por la extraña actitud del chico. Se dirigió hacia la red-. Oi, ni siquiera sé tu nombre, pelirrojo.
-Oh, cierto –sonrió avergonzado-. Soy Kiyosumi Sengoku, de Yamabuki Chuu.
-Mucho gusto –estrechó una mano con Sengoku-. Y yo Kiryu Rin, de Rikkaidai.
-Bien –el oji verde se puso en posición para recibir el servicio-. Te dejaré sacar, ya que después de todo las damas van primero ¿no?
-Deja las cortesías para otra chica –se quejó, golpeando con furia la pelota-, que a mí no me gustan.
-Eh, no tienes por qué molestarte –rió divertido, devolviendo la pelota-, sólo quería ser…eso, cortés.
-Como sea
Durante los primeros minutos, ninguno de los dos lograba marcar un simple punto. No se oía nada, a excepción del incesante rebotar de la pelota de tennis. Estresada, la chica empezó a golpear la pelota con más fuerza, esperando que así pudiera hacer el condenado punto. Sengoku se dio cuenta y rió.
-¡Eh! ¿Por qué el apuro? –preguntó devolviendo la pelota como si nada- ¡Con calma, Rin-chan!
-¡Me calmaré cuando termine de marcar el maldito punto! –gritó, golpeando una vez más con el doble de fuerza- ¡Y tú deja de reírte!
El de Yamabuki se sorprendió al ver lo pesado que estaba el tiro, por lo que trató de retornarla con ambas manos sin éxito. La raqueta salió volando por los aires y aterrizó a centímetros de la línea de fondo.
-…-Kiyosumi miró la raqueta, luego a la chica- ¡Increíble! ¡No sabía que una chica podía tener tanta fuerza!
-Te tengo un consejo, Kiyosumi –lo apuntó con un dedo y sonrió desafiante- ¡No te fijes por las apariencias, que engañan!
-Lo tendré en cuenta –le guiñó un ojo y recogió la raqueta-. A ver, continuemos con el partido, Rin-chan.
-¡No me llames Rin-chan! –ordenó terminando de lanzar el servicio-.
Cuarenta y cinco minutos después, ambos estaban empatados tres juegos a tres, sin haber marcado ningún punto. El público masculino estaba realmente absorbido en el gran partido, sin saber quién obtendría la victoria.
“Lucky” Sengoku y la chica formaban una complicada estrategia en sus mentes para poder hacer rebotar la pelota por segunda vez en el lado opuesto de la cancha mientras le pegaban sencillos golpes a ésta. Sin darse cuenta, la Kiryu lanzó un globo, y el peli anaranjado saltó un poco más alto, e infringiéndole una fuerza monstruosa, golpeó la bola, marcando un punto al observar cómo Rin fallaba en devolverla.
-¡Lucky ~! –exclamó alegremente- ¡No pudiste devolverla!
-Tch… ¡Deja de decir “Lucky ~” cada vez que marcas un punto! –se quejó ella- ¡Es una molestia!
-Qué graciosa eres cuando te molestas, Rin-chan –rió y luego sacó la lengua-. Y no lo haré, así que es mejor que te aguantes.
-Hnn… ¡Te dije que no me llamaras Rin-chan!
Siguieron empatados por dos juegos más, haciendo que la pelinegra se irritara más. Ver cómo la igualaban en un partido de tennis era como si estuvieran burlándose por no marcar un punto la hacía cabrearse mucho. Exasperada sujetó su raqueta con fuerza esperando a que la pelota llegara a su lado de la cancha, para aproximarse velozmente hacia ella y golpearla rápidamente. El chico no pudo devolverla.
-¡Al fin logré otro game! –presumió en la cara de éste- ¡Me estaba cansando de darte tanta ventaja!
-Sí claro –volvió a reír, haciendo caso omiso de lo que había dicho-. Anda, no digas mentiras que sé que no me estás dando ninguna ventaja.
-Oh, eso crees –levantó una ceja y sus ojos cambiaron al amarillo brillante-. Hm, te arrepentirás de haberlo dicho, Kiyosumi-baka.
-Ya veremos
Rin no pudo devolver el servicio.
-¡Tie Break! -anunció Sengoku, sin dejar de reír- Ne, Rin-chan, de verdad que este partido es muy divertido.
-¿Quieres que te lo diga en ruso o qué? ¡Deja-de-llamarme-Rin-chan!
-No lo haré.
Casi no se podían oír con los fuertes gritos que provenían de las gradas. Apoyaban a los dos jugadores por separado entusiasmados. Ella juró escuchar un “¡Te amo, Rin!” salir del público, pero prefirió suponer que había sido su imaginación. Sus ojos habían cambiado de rojo a amarillo constantemente, asustando al pobre Kiyosumi.
-R-Rin-chan –llamó antes de agarrar la pelota, los ojos abiertos como platos-¿…soy yo o tus ojos…cambian de color?
-Ahora es que te vienes a dar cuenta –rió silenciosamente-. Sí, mis ojos cambian de color, no te asustes.
-Muy tarde para decirlo –tragó saliva y parpadeó-. P-pero lo intentaré.
-Hai.
Al igual que en la primera hora del partido, se siguieron igualando en puntos, cada uno sacando su as bajo la manga para hacer una pequeña diferencia. Rin iba a la delantera por un punto más, con un constante peloteo que parecía nunca llegar a terminar. La chica sonrió, indicando que iba a dar su último golpe. Sengoku se dio cuenta y se preparó, esperando lo peor. La pelota que se dirigió hacia el lado del oji verde rebotó con una extraña fuerza. Éste intentó devolver el tiro con ambas manos, sin éxito. Un ruido sordo fue lo que anticipó a una parte de la red volando por un lado, y la raqueta aterrizando con violencia en el muro del fondo. Luego el público volvió a armar un escándalo, gritando un solo nombre “¡Rin, Rin Rin!”. Ambos se aproximaron a la red, el chico con una sonrisa de oreja a oreja y ella con una casi imperceptible.
-¡Qué partido tan genial! –Kiyosumi levantó los brazos-. Lástima que perdí. Bueno, ¡fue tan lucky jugar un partido contra ti, Rin-chan!
-¡Funny ~! –bromeó la otra, haciendo que Sengoku riera-. Ha sido divertido, después de todo. Y tú también eres muy divertido, Kiyosumi.
-Llámame por mi nombre, Rin-chan. Me siento viejo cuando me llaman por mi apellido.
-Te llamaré por tu nombre cuando tú me dejes de llamar “Rin-chan”.
-¡Oh, vamos! ¡No seas así! –la jaló a su pecho y golpeó ligeramente su cabeza [N/A: Nagetto, tranquila, que no pasará nada entre ambos. Sabes cómo es Sen-chan]- ¿Qué tiene de malo que te llame así?
-No me gusta, es todo –respondió, tratando de zafarse del abrazo-. Kiyosumi, suéltame, que tengo que irme. Mi hermano me matará si llego después de las siete
-Pues déjame decirte que son las siete y media, Rin-chan.
-¿¡Nani!? ¿¡Por tanto tiempo jugamos!? ¡Increíble! –se separó y lo miró- ¡Tengo que irme! ¡De verdad, muchísimas gracias por el partido! ¡Tenemos que jugar otro día!
-¡Eso te lo aseguro! –gritó, al ver cómo se iba- ¡Hasta otra ocasión!
-¡Hai, Kiyosumi!
Rin corrió lo más rápido que sus parcialmente cansadas piernas le permitían. Sabía que Yuu le iba a dar uno de sus tantos sermones de por qué no debía llegar tarde sin avisar, en especial si iba sola.
Tragó saliva al ver la silueta de su casa cada vez más cerca.
------------------------------------------------
-¡LLEGAS TARDE! –gritó su hermano mayor a todo pulmón- ¿QUÉ TE HE DICHO YO ACERCA DE LA HORA DE LLEGADA?
-L-lo lamento, Yuu-chan –se disculpó, protegiéndose de los rugidos (prácticamente) con su raqueta de tennis-. El partido duró más de lo que esperaba.
-¡ESA NO ES EXCUSA! –siguió- ¡¡…y encima en esa cancha…con tantos chicos!! ¿¡Acaso no pensaste en lo que te pudiera haber pasado!?
-¡¡YUU-BAKA!! ¡¡HENTAI IDIOTA!! –roja como tomate, empezó a darle raquetazos, una vez imaginados el peculiar punto de vista de éste- ¡¡CLARO QUE NO ME HICIERON NADA!! ¡¡SÓLO JUGUÉ UN PARTIDO COMÚN Y CORRIENTE DE TENNIS!!
-Esto…chicos –el Bookman trató de calmar al par de iracundos- ¿Podrían calmarse? Los vecinos nos…
-Una palabra más-interrumpieron ambos, con un tono siniestramente asesino en su voz-…y sabrás lo que es el dolor
-¡¡D-d-de a-cuerdo!! –pálido, se alejó lentamente- ¡¡N-Ni una palabra!!
-Bien –los dos se miraron con odio, para seguir peleando- ¿¡Qué tanto miras, eh!? ¡¡Deja de imitarme!! ¡¡CÁLLATE!!
Tres minutos más tarde de puros gritos y horrorosas sentencias de muerte, Yuu y Rin decidieron hacer las paces, casi incapaces de hablar por lo cansadas que estaban sus pobres gargantas.
-Rabi, ¿No deberías estar en tu casa? –preguntó el Kiryu mayor-
-Hace dos minutos que les dije que cenaría con ustedes –respondió el oji verde-, pero como estaban tan absortos en su pelea no me prestaron atención, y yo supuse que me dijeron que sí.
-Por mí está bien –dijo la chica, colocando los refinados platos en la mesa-. Es divertido que te quedes un rato más con nosotros, Rabi-kun.
-Gracias, neko-chan
El resto de la cena pasó en un silencio realmente incómodo. Ninguno de los tres sabía qué decir para romper el hielo. La pelinegra carraspeó un poco, para luego mirar a los dos muchachos.
-Esto…chicos –comenzó- ¿Y qué hay de la banda? Seguiremos tocando ¿verdad?
-¡Claro que sí! –afirmó entusiasta Rabi- Es que como tú te fuiste decidimos hacer una pausa momentánea. Y encima no hemos encontrado un buen lugar en donde tocar.
-Bueno, para eso tenemos al moyashi –Yuu habló por fin-. Él es nuestro manager, después de todo.
-De acuerdo, hablaremos con él para que nos consiga un buen lugar –Rin sonrió-, y mientras empezaremos a ensayar.
-¡¡Genial, neko-chan!!
-Me parece bien.
Una canción de Hard rock empezó a resonar por todo el lugar. Inmediatamente, el pelirrojo sacó su celular algo fastidiado.
-¿Sí? –se alejó un poco el teléfono para no ensordecerse con los gritos provenientes de éste- Tranquilo, cara de panda, estoy en casa de Yuu-kun y de neko-chan…-hizo una pausa para seguir escuchando los regaños de su abuelo, asintiendo aún más fastidiado-. Me quedé a cenar, es todo. Siiii, luego iré para allá, no te preocupes. Y nooo, no llegaré tarde. Hai, nos vemos.
-Creo que ya te tienes que ir ¿no? –supuso ella, a lo que el Bookman respondió con otro asentimiento-. Bueno, nos veremos el lunes para comenzar a ensayar.
-Sí –se levantó y la abrazó-, hasta el lunes. –jaló el cabello de Yuu a modo de despedida-. ¡Sayonara!
-Yuu-chan, hoy te toca lavar los platos.
-Lo sé, Rin –se levantó y le dio un beso en la mejilla-, anda, vete a dormir que es tarde.
-Sí, buenas noches.
------------------------------------------------
-¡Buenos días, Rin-chan! –Marui se acercó a ella y sonrió-. Lindo día ¿no?
-Ah, hola, Bunta-kun –ella hizo lo mismo por una décima de segundo-. Sí, es bastante lindo.
-Te ves cansada ¿Qué estuviste haciendo anoche, eh?
-Sólo jugué un partido contra un chico en las canchas de tennis callejero. Le gané en el tie break –presumió, sonriendo arrogante-.
-Si llegaste al tie break para vencerlo es que era muy fuerte. Es extraño que tardes tanto tiempo en ganarle a ese tal Sengoku.
-No era tan fuerte –dijo Rin-. Sólo tuvo suerte.
-Joder, Rin-chan, si tu orgullo ya ni siquiera te permite admitir que alguien es fuerte…
-¡Que no he terminado de hablar, baka! –calló ella-. Dije que tuvo suerte porque él es un suertudo. Se hace llamar “Lucky” Sengoku justamente por eso.
-No he oído hablar de él, así que no me interesa –explotó su bomba de chicle y la miró-. Oí que tendrás que jugar contra la capitana del equipo de tennis en el torneo ¿es verdad?
-Pues supongo que sí, no me fijé mucho en el cuadro. Pero sea quien sea le ganaré sin problemas.
-¡Eh! ¿Desde cuándo eres tan arrogante, Rin-chan? –Nioh apareció detrás de ellos-. Oh sí, buenos días.
-Buenos días, Nioh-kun –saludó la pelinegra-. Yo siempre he sido arrogante.
-Pues déjame decirte que no –el tensai se puso a favor de su amigo-. Desde que volviste tu ego ha subido muchísimo.
-¿A quién le dicen eso? –preguntó curioso el recién llegado Akaya- ¿A Rin-baka?
-Urusai, Bakaya, que tienes que respetar a tus mayores –la chica le propinó un zape al oji verde-. Y sí, estos dos idiotas me están diciendo egocéntrica.
-Pues tienen mucha razón –malhumorado, el menor del grupo le sacó la lengua-. Y yo respeto a quien quiera.
Nioh y Marui rieron al oír el comentario de su kohai. Ya estaba comprobado que ni la chica ni el bi-polar se llevarían bien, estuvieran donde estuvieran, hicieran lo que hicieran.
Todos se despidieron y tomaron diferentes caminos para llegar a sus respectivos salones.
------------------------------------------------
Rin se sentó en el pupitre más lejano a la pizarra, al lado de la ventana. Era la clase que menos le gustaba –las matemáticas-, y no le apetecía demasiado escuchar lo que el aburridísimo profesor decía, ya que se lo sabía de memoria.
Contempló las canchas de tennis, en donde ya estaban algunos de los miembros del club de tennis y cuatro titulares. Luego sacó su cuaderno ya abierto, lo colocó parado en su pupitre y se cruzó de brazos, con los ojos cerrados. Prefería dormir a tener que soportar una clase de matemáticas que ya se conocía.
Veinte minutos después, sintió que una mirada le perforaba la espalda, impidiendo dormir.
-Señorita Kiryu –la voz ronca del profesor la hizo despertar-. Señorita Kiryu, ¿estará dormida?
-No. Claro que no –inmediatamente, se levantó y lo fulminó con la mirada-. Sólo escuchaba la lección.
-Entonces, podrá responder a la pregunta que hice.
-Claro que sí –miró al profesor y tomó aire-. La respuesta es…
Antes de que pudiera decir la primera burada que se le viniera a su mente, la campana sonó, haciendo que ella sonriera triunfante e indicando al profesor que tenía que retirarse.
-Salvada por la campana –la pelinegra le presumió, riendo-. Creo que ya tiene que irse, profesor.
-Sí, lo sé –refunfuñó, yendo al escritorio-. Nos vemos mañana, jóvenes.
Rin hizo una graciosa reverencia, burlándose del profesor. Todos los alumnos explotaron en risa apenas se cerró la puerta. Ella no tardó en reírse también, tumbándose en su puesto.
------------------------------------------------
Bajó las escaleras con suma tranquilidad. Ya iba tarde al club, pero prefirió no histerizarse por un par de vueltas extra y probablemente un regaño por parte de la capitana.
Se cambió con la misma calma, entrando a las canchas relajadamente tranquila.
-¡Kiryu, llegas tarde! –exclamó la capitana, algo molesta-
<<Noo, ¿en serio?>> Ironizó la pelinegra en su mente, sin prestarle atención a lo que decía <<No me di cuenta>>
-¡…veinte vueltas a la cancha! –ordenó con autoridad- ¡Anda, que el tiempo aquí no se desperdicia!
-Hai, buchou-san –atajó algo fastidiada la Kiryu-. Veinte vueltas a la cancha.
El resto de las presentes empezó a mirarla, mientras murmuraban cosas unas a las otras. Obviamente estaban hablando de ella.
“Ella cree que por haberle ganado a un titular del equipo de tennis puede llegar a la hora que le dé la gana y tratar a las personas como quiera” Pudo escuchar mientras corría,
“¡Es una presumida!” Susurró otra, lanzándole miradas envenenadas no tan discretas.
A pesar de que no le agradaba ese tipo de comentarios, los ignoró. Le importaba un comino lo que dijeran de ella, después de todo no le afectaría en lo más mínimo.
Al terminar las vueltas se dirigió a las bancas para tomar un poco de agua.
-Rin, creo que la mitad del club de tennis te odia –Ariadne se sentó al lado de ella- ¿Ocurrió algo?
-Hola, Aria-san –le sonrió-. Sí, la mitad del club de tennis me odia, aparentemente. Piensan que soy una presumida porque como le gané a Bunta puedo llegar a la hora que quiera y tratar a la buchou como se me dé la gana.
-Y eso no te importa en lo más mínimo, ¿no?
-Por supuesto que no. Que ellas piensen lo que quieran, no me pondré a gastar saliva con ese grupo de celosas.
-Qué graciosa eres –rió-. Bueno, ten cuidado con esa fama que estás ganando, que si se sigue expandiendo no te llevará a nada bueno.
-Lo sé, Aria-san, no te preocupes. Oh sí, ¿en qué bloque te pusieron para el torneo?
-En el “C” ¿y a ti?
-¡Qué mala suerte! Me tocó en el “D” –la ojiazul pateó una pelota-. No jugaremos un partido, después de todo.
-Claro que sí, Rin. Podemos jugar uno cuando quieras, no importa si no estaremos en el mismo bloque.
-Es que yo quería ver quién era la mejor –dijo desafiante-. Y no sería divertido si no fuera en el torneo de selección de titulares.
-Ya veo –La prima de Seiichi se levantó-. Pero aún así tendremos que jugar un partido…
Ariadne volteó. Su sonrisa había desparecido.
-…cuando seamos titulares [N/A:Inserte aquí la música de suspenso, la cámara lenta y el viento dramático.]-volvió a sonreír y se dirigió al extremo opuesto de la cancha-.
Rin se estremeció. Ariadne podía ser amable y, al parecer, en menos de un segundo podía ser escalofriantemente fría. Sintió que sus ojos azabaches la perforaron apenas volteó.
Le llamó la atención que dijera “cuando seamos titulares”. Eso significaba que estaba segura de que ganaría un puesto, y que la Kiryu también lo ganaría.
Se levantó y empezó a hacer los ejercicios de calentamiento
------------------------------------------------
-Ne, Bunta-kun –la chica miró a su amigo-, iré a almorzar en la terraza ¿me acompañas?
-Esa no es pregunta –la abrazó por los hombros-. ¿Qué tienes de almuerzo?
-Tempura soba –respondió, subiendo las escaleras-. Supongo que querrás un poco, ¿no?
-Pues esta vez no. No soy muy fan del tempura, increíblemente.
-¡El fin del mundo llega! –bromeó ella- ¡Bunta no me quitará mi almuerzo!
-Urusai, niña tonta, que yo no te quito todo tu almuerzo –se rió y le jaló un mechón de pelo-. Sólo pruebo un poquito.
-Un poquito bastante, déjame decirte –comentó, abriendo la puerta que llevaba a la terraza-. Siempre me quedo con hambre, bakka.
-Bueno, no es mi culpa que tú comas tanto.
Rin se sentó, la espalda recargada en la baranda. Marui hizo lo mismo.
-Ah, qué bien se está aquí arriba –se estiró y sonrió-. Hay brisa, no hace calor y no hay tanto ruido.
-Por eso es que la terraza me encanta.
Se quedaron en silencio durante un instante, disfrutando de la tranquilidad reinante. La Kiryu cerró los ojos, mientras que el joven la miró. Sin saber por qué, se empezó a acercar hacia ella lentamente, y su mano también.
-¿Hm? –ésta abrió lentamente los ojos al sentir los dedos del tensai tocar su mano- ¿Ocurre algo, Bunta-kun?
-N-no, nada –instintivamente se alejó, pero su mano no lo hizo-. Sólo quería saber si…estabas nerviosa porque mañana comienza el torneo.
-Pues…-una sonrisa algo adormilada se dibujó en su rostro- no mucho, en realidad. Sólo quiero terminar con eso de una vez, ya que sólo es un obstáculo a superar.
-Ya veo –con su otra mano acarició el cabello de la oji azul enérgicamente, otra vez sonriendo-. Pues espero que puedas acabar con ese “obstáculo” rápido, que ya quiero verte con el uniforme de titular.
-Lo haré, Bunta-kun.
Rin se acomodó su peinado como pudo y sacó dos cajas, la primera más grande que la otra. Miró al pelirrojo y le ofreció la grande.
-No trajiste almuerzo, ¿verdad? –éste movió la cabeza indicando que no-. Bien, porque yo sí. Espero que te guste.
-¡Domo arigato, Rin-chan! –Marui la abrazó y luego tomó la caja- ¡Se ve delicioso!
El almuerzo preparado por la chica consistía en tres piezas de mitarashi dango, cerdo asado y cuatro rollos de sushi de anguila, todo perfectamente acomodado y muy bien presentado.
-No hay de qué, en serio. Como no tenía nada que hacer simplemente lo cociné.
-Pero aún así, gracias.
Ambos empezaron a comer en silencio, disfrutando su comida. Sus manos aún estaban realmente cerca, y ninguno de los dos parecía querer retirarla. El titular de Rikkai se arrimó para quedar hombro contra hombro con Rin, sus dedos ya entrelazados con los de ella.
Un rato después de haber terminado de comer, la oji azul se levantó.
-Oi –dijo, abriendo la puerta-, iré entrando al laboratorio de química, que ya se terminará el receso.
-Esa clase también me toca, así que te acompaño.
Mientras caminaban por los extensos pasillos, Bunta pudo notar como las chicas que pasaban al lado de ellos les lanzaban miradas envenenadas, y como la que estaba al lado de él se ponía más tensa.
-Rin-chan, ¿por qué cada vez que una chica pasa nos mira como si nos quisiera matar? –preguntó éste, confundido- ¿pasó algo?
-Corrección, cada vez que una chica pasa me mira como si me quisiera matar –respondió, suspirando-. Lo que sucedió fue que llegué tarde a las canchas, y, según ellas traté mal a la buchou. Entonces andan diciendo que como yo te vencí puedo llegar a la hora que quiera al club y puedo tratar a cualquiera como me dé la gana.
-…-parpadeó dos veces y la miró-. Por Kami, Rin-chan. Menudo lío en el que te has metido, déjame decirte. Y encima la mitad del club te odia ¿Cómo planeas recuperar tu reputación?
-Aún no lo sé, y ni me importa. Ya veré cómo logro salirme de ésta.
Sacó su reproductor de música y puso la primera canción que se apareció. Caminó tranquilamente hasta su casa sin la compañía de su amigo. No le apetecía hablar con nadie en ese mismo momento.
Sólo quería pensar un rato
__________________ One night, and one more time. Thanks for the memories, even though they weren't so great. x.
.x
x.
Última edición por Yuu Kanda; 13-ago-2009 a las 11:18.
|