Foros DZ - Ver Mensaje Individual - [PF] Tsunaida te ni kissu wo C H A P T E R T E N
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Antiguo 28-ago-2009
Yuu Kanda bandera_pirata
 
Avatar de Yuu Kanda
alethéia
CAPÍTULO 5; DÉJENME ENTENDERLO BIEN… ¿¡YO SOY LA BUCHOU!? …HM, SUPONGO QUE NO ESTÁ TAN MAL.

Caminó algo apurada.
Era el día del torneo de selección, y era la primera persona en el bloque “D”. Claro, además del hecho de que se enfrentaría con la buchou del equipo femenino. A pesar de que los días anteriores afirmaba no estar nerviosa, sino confiada, en ese mismo instante estaba al contrario. Los nervios siempre la traicionaban en todo momento, y seguramente hoy no sería la excepción. Ya se imaginaba cómo perdía ante la capitana y la mirada de todas las chicas, burlándose de ella.
-¡No! ¡Claro que no! –instintivamente trató de sacarse esos pensamientos golpeándose la cabeza- ¡No puedes pensar eso! ¡Obviamente ganarás!
-¿Nerviosa, puri~? –Nioh apareció, sonriendo burlonamente-
-Urusai, Nioh-bakka –bufó ésta-. No puedo evitarlo, después de todo.
-Tranquilízate, niña tonta, que mínimo ganarás un puesto entre las titulares, puri~.
-Eso espero. Pero por lo menos sé a quién mataré si pierdo.
-¡Eh, no seas mala! –exclamó el peliblanco- ¡Que yo sólo te estoy dando ánimos, puri~!
-Y yo sólo bromeo, menso.
-Conociéndote eres capaz de hacer lo que sea con tal de torturarme por tratar de darte ánimos –aseguró, mirando a la chica-, Rin, puri~.
La oji azul golpeó el hombro de su amigo, molesta. A pesar de ser parcialmente cierto lo que decía, no le ayudaba a calmarse en lo más mínimo.
Ambos siguieron conversando (o más bien insultándose el uno al otro), hasta llegar a la secundaria, en donde Nioh tuvo que ir a las canchas por una práctica de tennis desde la mañana indicada por el capitán del equipo masculino.
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Después de unas cuantas llamadas de atención, ella se dio cuenta de qué tan nerviosa estaba. No hacía nada más que mirar a las canchas aún vacías e imaginándose cada uno de los partidos, en los cuales a veces ganaba y la mayoría perdía.
Al terminar la clase de biología bajó las escaleras mientras comía su desayuno. Quería llegar lo antes posible a las canchas para calentar o cualquier otra cosa por el estilo que la calmara.
Un hormigueo constante en sus manos le impidió abrocharse el botón del pantalón. Exasperada las golpeó en el estante e intentó nuevamente abrocharlo. Luego tomó su bolso con sus raquetas y salió lentamente.
Todas las miradas se posaron en ella a medida de que caminaba, como si quisieran atravesarla. Rin intentó hacer caso omiso de éstas, cosa que pareció funcionar.
Para su buena suerte, los primeros dos partidos eran contra dos chicas comunes y corrientes que no eran ninguna amenaza.

¡Juego y partido para Kiryu, seis juegos a cero!
Los gritos de admiración no se hicieron esperar.
La chica suspiró, mientras subía a la red para estrechar la mano de su –cansada- oponente. Luego buscó su termo de agua y tomó un pequeño buche para hidratar su garganta. Paseó la mirada por el público hasta encontrarse con los brillantes ojos color púrpura de su mejor amigo, clavados en ella. Éste levantó su mano a modo de saludo, y la pelinegra respondió asintiendo.
-Suerte –fue lo que gesticularon los labios del tensai-, Rin-chan.
La segunda chica entró en la cancha, su barbilla en alto a modo de desafío. Rin se levanto con su raqueta en mano, algo fastidiada.

Trece minutos después, una ya victoriosa Kiryu salió de las canchas, con sus manos temblando una vez más.
-Malditos nervios…-fue lo único que atinó a decir, para luego tumbarse en el césped.
-Pobrecita –Marui se agachó para quedar enfrente de ella, sonriendo-, tú y tus nervios aún no se llevan bien, ¿no?
-¡La tuviste que ver esta mañana! –Nioh se carcajeó, ya al lado del pelirrojo- ¡Parecía gelatina, puri ~!
-Urusai –le pegó un buen golpe en la nuca a ambos, para luego fulminarlos con la mirada-, no me están ayudando.
-Vamos, Rin-chan, ¿por qué te pones nerviosa por un simple partido? –el peliblanco preguntó- ¡Y encima es contra una simple chica, puri~!
-La buchou del equipo de tennis –corrigió la oji azul-, y no es una simple chica.
-Cuando vences a un titular –esta vez fue el pelirrojo quien le golpeó levemente la cabeza-, cualquier chica o chico que no lo pueda vencer que es una simple persona.
-Así que –el otro chico continuó-, deja esos nervios atrás y juega tan bien como lo hiciste contra Marui, que nos prometiste ganar un puesto de titular, puri~.
-Hai, Nioh-kun, Bunta-kun.
Los tres sonrieron, divertidos.

Después de haber comido algo y descansado un rato, la chica se despidió de sus dos amigos muchísimo más calmada para entrar una vez más en la cancha.
-Que sea un buen partido, Kiryu –dijo la capitana, seria-.
-Ojalá, Nanako-buchou.
Durante los primeros veinte minutos de partido, la pelinegra prefirió darle un poco de ventaja, perdiendo tres juegos a cero. Y como siempre, el público animaba a las dos jugadoras. Confiada, Nanako lanzó un globo esperando que la otra no pudiera devolverlo.
Ésta no pudo ver cuándo regresó la pelota.
-¿Sorprendida? -preguntó Rin. La castaña no respondió-. Me lo imaginé.
Repentinamente, la puntuación dio un giro brusco, dejándola en cinco juegos a tres a favor de la oji azul. Su contrincante apenas podía devolver la pelota.
Sin mucho esfuerzo Kiryu terminó ganando el partido [N/A: No tengo mucha inspiración para este partido, además de que no tiene mucha importancia lo que ocurra en éste]. Ambas se dirigieron a red y se agradecieron mutuamente por el partido.
-¡Sugoi, Kiryu! –un chico mucho más alto que ella la alcanzó en la salida de la cancha- ¡Lo hiciste prácticamente con los ojos cerrados!
-¡Tiene razón! –secundó uno de primero- ¡Usted es genial, sempai!
-Gracias –fue su única respuesta antes de dirigirse a la cancha principal.

-Ganadoras del torneo de selección femenina: –exclamó el entrenador a todos los presentes- De tercer año, Kiryu Rin, Yukimura Ariadne, Tezuka Kaori, Yuumura Harum, Shimura Susumui. De segundo año Bazzeletti Aileen, Fujibajashi Ryou, Fujibajashi Kyou. Felicidades a todas.
El público aplaudió con fuerza, mientras las recién nombradas se miraron unas a otras sorprendidas. Ninguna titular había logrado conservar su puesto, ni siquiera la capitana.
A los pocos minutos subieron de nuevo a clases.
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-¡Rin-chan! –Marui la alcanzó en la salida- ¡Rin-chan!
-Ah, hola, Bunta-kun.
-¡¡Felicidades por haber ganado un puesto!! –exclamó abrazándola enérgicamente- ¡¡Sabía que lo lograrías!!
-Todos coincidíamos en lo mismo –Seiichi sonrió al verlos-. Felicidades, Rin.
-Gracias, Bunta-kun, Yuki-kun.
-¿Ocurre algo? –Nioh se puso enfrente de la chica- No te ves alegre, puri.
-No, sí estoy feliz –atajó ella-. Sólo es que mañana iré a visitar a mi mamá en el hospital…y eso me pone algo nerviosa…y algo triste, también.
Los tres chicos no supieron qué decir. La Kiryu suspiró y se soltó del agarre de su amigo.
-Bueno, me tengo que ir. Salúdenme al resto del equipo, por favor.
-¡Yo te acompaño! –el tensai volteó a ver a su equipo y luego corrió para alcanzar a Rin- ¡Espérame!
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Ninguno de los dos habló durante la primera cuadra. Bunta jugueteaba con un mechón de cabello de la chica, pensando en qué hacer para animarla. Ésta sólo tenía su mirada perdida y suspiraba de vez en cuando.
Cuando faltaba sólo una calle para llegar a la residencia Kiryu, el pelirrojo se puso a la altura de ella y la miró fijamente.
-Oi, alégrate, que no me gusta verte así –dijo, sonriéndole ampliamente-. No tienes por qué ponerte triste porque tu mamá está en mal estado.
-…-No dijo nada, sólo lo miró con sus ojos de un color plomo.
-Sí, sé que es difícil aceptarlo –continuó-, Rin-chan. Pero deberías agradecer el hecho de que esté viva, luchando contra una enfermedad. Cada momento que ella esté con ustedes es un regalo que el de allá arriba les está dando. Y no hay mejor manera de agradecerle que estar feliz y contenta porque estás con tu mamá.
Ella sólo asintió y siguieron caminando en silencio. Hacía todo lo posible por no derramar una simple lágrima y hacer que su amigo se preocupara aún más de lo que ya estaba. Intentó echar a un lado todo eso y respiró profundamente para animarse un poco. Después de todo, él tenía razón, no haría nada lamentándose y sufriendo porque, como había escuchado en la radio una vez, lo único que atraía era más sufrimiento e incluso podía empeorar el estado de su madre. ¡Tenía que estar feliz porque volvería a ver a su madre! ¡Y porque ella aún tenía oportunidades de salir de esa enfermedad!
Marui se volvió a poner a la altura de Rin y le plantó un beso en la mejilla, seguido de las palabras “Espero que lo intentes. Mándale mis saludos.”. Luego caminó tranquilamente hacia su casa.

-¿Y cómo te fue en el torneo? –preguntó Yuu mientras recogía los últimos vasos y se dirigía a la cocina.
-Bien, gané un puesto de titular –respondió su hermana, montándose en la barra-. Mañana tendremos práctica temprano mañana por un par de horas.
-Te felicito, Rin. Entonces iremos al hospital al mediodía.
-Gracias. ¿Cómo está Lenalee-chan? Hace dos años y medio que no la veo.
-Algo cansada por todos los exámenes que le han puesto en la universidad, pero sigue igual de alegre. Tiene unas ganas tremendas de verte.
-Pobre –rió-. ¿Y cómo van ustedes dos? Digo… ¿al fin te atreviste a invitarla a salir? ¿O no has reunido las agallas aún?
-U-urusai –golpeó la cabeza de la oji azul, con sus mejillas algo sonrojadas-, niña entrometidamente chismosa. Eso no es tu asunto.
Las carcajadas de la Kiryu menor no tardaron en salir, cabreando aún más a su hermano. Ya hacía un buen tiempo que le gustaba su mejor amiga, Lenalee Lee, pero no se había atrevido a decírselo (Tal vez por orgullo, o como Rin decía “Su timidez se lo impide”), y menos invitarla a salir. Rabi, Rin y Allen intentaron en varias ocasiones hacer que ambos fueran a tomarse un café a solas, pasear por el parque o ver una película sin mucho éxito. Y, dos años y medio después, los tres cupidos seguían insistiéndole al japonés que lo hiciera de una maldita vez.
-¡Dije que te callaras! –exclamó Yuu, intentando concentrarse en los platos en vez de matar a su insoportable hermana menor- ¿Por qué diablos nunca me haces caso?
-Porque, primero –levantó un dedo en la irritada cara del joven-, no te tengo miedo, segundo, nunca sigo las órdenes de nadie…bueno, casi nadie –agregó en voz baja para sí- y tercero, porque…ah, con las dos es suficiente.
-Y por eso es que siempre me sacas de los cabales, tonta.
-¿Y cuándo no estás fuera de tus cabales, eh? ¡Amargado!
La chica salió corriendo de la cocina directo a su cuarto antes de que los brazos de un ya muy cabreado Kanda la atraparan para echarle la mirada siniestra tan rutinaria que venía con las amenazantes palabras “Dices algo así una vez más y hasta aquí llegó tu (guitarra eléctrica, computadora, libros, PlayStation 3 o cualquier otra cosa con las que Rin se pasara las veinticuatro horas al día pegada)”. Él suspiró, y prefirió descargar su ira terminando de lavar los platos.

Se echó una buena ducha, cepilló sus dientes, se puso su camisón gris con unos shorts blancos y se tumbó a la cama a leer aquella historia de comedia que no logró terminar allá en Inglaterra. Veinte minutos después ya se había dormido con el libro abierto reposando en su cabeza. Su hermano le apagó la luz, la arropó y le retiró el libro de la cara, marcando la página en la que se había quedado.

Bostezó mientras caminaba a la escuela, con su bolso para llevar las raquetas. Le molestaba tener que levantarse tan temprano un sábado sólo para estar un par de horas entrenando con tu equipo de tennis. <<Al menos no tendré que estar sentada en un pupitre>> Se reconfortó a sí misma <<[i]O escuchar a un aburrido profesor durante horas[/I>>. Disfrutó aliviada de la tranquilidad reinante en todo el instituto, mientras caminaba hacia las canchas. Al llegar no encontró a nadie de su equipo.
Lamentablemente, ese era uno de los defectos de Rin; llegar muy temprano a cualquier lugar o si no se ponía absurdamente histérica. Siempre hacía apurarse a cualquiera que fuera con ella para luego estar esperando durante infinitos minutos (Y en una ocasión esperó dos horas antes de que abrieran el local en donde se haría una fiesta), culpándose a sí misma de semejante estupidez.
Prefirió pasar el tiempo calentando un poco antes de que el resto de su equipo llegara. Corrió por lo menos diez vueltas e hizo los estiramientos básicos, luego tomó un poco de agua antes de volver a correr. La puerta rechinó a los cinco minutos, indicando que alguien había llegado.
-Buenos días –Rin reconoció enseguida la voz de Ariadne-, Rin. Llegaste temprano.
-Buenos días, Aria-san. Sí, siempre lo hago –la miró un segundo y siguió corriendo-.
La de los ojos azabaches dejó su bolso y corrió al lado de la Kiryu. Contadas ya diecisiete vueltas llegó el resto del equipo. Todas se agruparon en un círculo después de que las recién llegadas calentaran.
-Entonces, Rin-buchou –comenzó Aileen-, ¿haremos…
-¿Buchou? ¿Yo? –interrumpió ésta, señalándose a sí misma-. Yo no soy la buchou.
-Claro que sí –afirmó Ariadne, mirándola extrañada-, tú fuiste la que le ganó a la anterior buchou, Nanako. Ahora tú lo eres.
-¿En...serio? –preguntó otra vez la aludida, impresionada a más no poder- ¡De..Demo, esa es demasiada responsabilidad! ¡Y yo no tendré paciencia para…!
-No tienes de otra, Rin –la prima de Seiichi rió divertida por la actitud de la pobre Kiryu-. ¿O debería decir Rin-buchou?
La oji azul suspiró al oír las risas de todo su equipo. Después de todo, Ariadne tenía toda la razón, se supone que si le había quitado el puesto de buchou a Nanako, automáticamente se le pasaba el puesto a ella. Pero mirándolo de otro modo, eso iba a tener ciertas ventajas, como ser la máxima autoridad de todo el club femenino, además de ser la más respetada en éste o poder mandar a hacer lo que se le diera la real gana a su equipo. Todo estaba a su disposición en ese mismo instante.
Trató de no reír malévolamente imaginando un buen castigo a su equipo por haberse burlado de ella. Una sonrisa siniestra se curvó en su rostro, haciendo que todas las chicas callaran al instante.
-¡Muy bien! –exclamó, con un tono autoritario que realmente le encantaba- Si así lo quieren, así lo tendrán. ¡Por haberse burlado de mí, su buchou, harán cuarenta vueltas alrededor de la cancha! ¡Y sin chistar! –agregó al ver la cara de reproche que Aileen empezaba a poner-.
Todas bufaron, fastidiadas. Rin le indicó a la fukubuchou (Ariadne) que no era necesario que ella hiciera el castigo, después de todo no había hecho demasiado.
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Al otro lado de las canchas se escucharon un coro de risas femeninas, que fueron cortadas abruptamente y seguidas de gritos autoritarios. Los titulares del equipo masculino se miraron unos a otros, curiosos por saber de quién era todo ese escándalo.
-Seguramente son las chicas –dijo Yukimura, riendo-.
-Y como puedo escuchar, Rin debe estar pasándosela de lo lindo –Jackal rió-. Seguro que ella fue la que gritó.
-Pobres chicas –se lamentó Marui-. Rin las hará polvo.
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Y, efectivamente, las pobres chicas que recién eran titulares quedaron como polvo en su primer día. La malvada buchou las había hecho entrenar hasta que sudaran la gota gorda sin descanso alguno, por haberse burlado de ella. Por suerte habían aprendido la lección y no lo volverían a hacer.
-Jo, apenas puedo caminar –se quejó Umiko-. Nunca había hecho tanto ejercicio en toda mi vida.
-Y que lo digas –Ryou, de cabellos morados, suspiró-. Bueno, Rin-buchou tiene razón, debemos respetarla.
-Me agrada escuchar eso –la capitana sonrió levemente, satisfecha-. Si siguen mi consejo, no habrá necesidad de hacer tanto esfuerzo.
-Buenos días, chicas –Yagyuu ejecutó una pequeña reverencia como buen caballero que es-. Felicidades a todas por haber obtenido el puesto de titular.
El resto del equipo masculino asintió, indicando que concordaban con él. Todas agradecieron al unísono.
-¿Cómo se siente ser la buchou, Rin? –Seiichi sonrió malignamente- ¿Verdad que es divertido?
-Lo es, y mucho –respondió, con una sonrisa idéntica que asustó aún más a todos los presentes-. Hoy recibieron un pequeño castigo por haberse burlado de su buchou, ¿no es así, chicas?
Todas asintieron rápidamente, tragando saliva.
-Muy bien hecho –el peli azul felicitó-. Hay que demostrar respeto a los superiores.
Los dos capitanes rieron, demostrando su macabro gusto de hacer sufrir a su respectivo equipo de todas las formas humanamente (y quizás no tan [i]humanamente [/l]) posibles. El resto se estremeció, imaginando todos los horribles castigos que se le podían ocurrir a lo largo del año.
-Bueno, yo me tengo que ir –Rin se despidió de todos-. Nos vemos el lunes, chicas.
-¡Hai!
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-¡Yuu, ya llegué! –gritó al entrar en su casa para que su hermano la oyera estuviese donde estuviese- ¿Estás aquí?
Silencio. Seguramente estaría en su habitación escuchando música o en el dojo practicando kendo o cualquier otra cosa. Después de haberse dado una buena ducha de agua fría y cambiado su ropa empezó a escuchar gritos (o algo parecido) provenientes del dojo. Curiosa, bajó las escaleras y fue a la gran estructura que estaba anexada a su casa, para encontrarse con Allen Walker esquivando los salvajes golpes de una espada hecha de bambú que su brusco hermano intentaba atestarle, con Lenalee y Rabi de público.
-¡Eh, bakanda! ¿Por qué tan enfadado? –preguntó desafiante el inglés- ¡Un poco más y romperás mi pobre espada!
-¡¡Que te calles, he dicho!! –bramó el oji azul- ¡Sólo quiero acabar contigo de una buena vez!
-Oh. ¿Es porque te dije “pelo de niña” o “señor limón”? –esquivó en el momento justo un espadazo que por poco rompe su oreja-. Sí, es por eso –agregó, aún sonriente-. Eres un amargado.
-Pobre moyashi –comentó Rin, apoyándose en el umbral de la puerta-
-¡Rin-chan! –exclamó Lenalee, parándose enseguida para abrazar a la Kiryu menor- ¡Estás inmensa!
-Hola Lee-lee-chan –correspondió el abrazo de su amiga-. Digo lo mismo.
-¡Y encima te cortaste el pelo! ¡Qué linda estás! –besó sonoramente una mejilla y la volvió a abrazar- ¡Yuu y Rabi tenían razón, estás mucho más grande que Allen!
El recién nombrado volteó a ver a las dos chicas y exclamó un “¡Eh! ¡Que estoy aquí!”, que enseguida fue interrumpido por el choque de la espada de Kanda con la suya. Los otros rieron al ver la cara de susto del peliblanco al recibir el fuerte impacto.
-Oi Yuu, vámonos ya a la clínica –Rin le quitó la espada de bambú y le propinó un buen golpe en su hombro con ésta-, que si no el moyashi terminará clavado al piso.
-Gracias por el apoyo –murmuró el de los ojos claros, irónico-, Rin.

Un Yuu vestido con su típica blusa blanca de mangas largas, jeans holgados y zapatillas deportivas blancas fue el último en salir de la residencia Kiryu, con las llaves de su convertible negro en mano [N/A: <3 Amo los convertibles negros]. Se despidió de sus amigos y se subió al auto con su hermana para ir al hospital.
-¿Te fijaste en cómo te miraba Lee-lee? –preguntó ella para ver cómo se tensaba el pelinegro-. No apartaba los ojos de ti. Y creo que tus ojos tampoco se apartaban de ella.
-No, no me fijé –mintió formidablemente bien, pero la ojiazul lo conocía demasiado bien como para caer en sus engaños-. Y deja de molestarme, que estoy conduciendo.
-Si no te conociera lo suficiente, te creería, Yuu –sacó un brazo y jugueteó con el viento que se deslizaba por éste-. Pero te seguiré el juego.
-Como quieras.
Los dos se miraron, y la menor le sacó la lengua. El otro suspiró, resignado. En los dos años que había ido a Inglaterra su hermana no había cambiado aquella manera tan molesta de actuar siempre que estaba a su lado, molestándolo la mayoría del tiempo. Pero por otro lado se preocupaba por él y no le importaba para nada el hecho de que no fueran hermanos de la misma sangre, sino que lo trataba como si hubieran nacido con la misma madre. No era tan molesta al fin y al cabo.
Sonrió internamente y la miró de reojo. Estaba apoyada en la puerta mirando el paisaje que se movía a gran velocidad, pensando en algo que lamentablemente él no podía adivinar.
Estacionó el muy bien cuidado vehículo, que ya tenía un par de años, cerca de la clínica y entraron en la inmensa fachada de color blanco.
Por dentro, ésta se dividía en tres caminos diferentes; los pasillos a la izquierda y a la derecha estaban los consultorios de pediatras, cardiólogos, traumatólogos y otros tipos de profesionales, y estos pasillos tenían escaleras (Y un ascensor) que llevaban al segundo y tercer piso. El pasillo del frente tenía un pequeño cafetín en donde servían aperitivos a las personas que tenían familiares hospitalizados o que estaban en operación. A la derecha había un pequeño solárium adornado con diferentes tipos de arbustos y flores bien distribuidas. Más adelante estaban las seis diferentes salas de operaciones de donde siempre salían médicos con las mascarillas de tela aún puestas, informándoles a las angustiadas familias que la operación había sido un éxito, o que lamentablemente no habían podido hacer nada. Una especie de recepción estaba al lado de la cuarta sala, en la cual se daban las llaves de las habitaciones, indicaban en donde estaban y descansaban un par de enfermeras que ya habían terminado su turno. Las paredes de esa sección eran de un color beige claro, a diferencia de las monótonas paredes del resto del hospital, blancas y algo sucias.
Yuu y Rin caminaron por la larga hilera de habitaciones, mayormente ocupadas por recién operados o niños hospitalizados. Algunas estaban parcialmente abiertas, mostrando a personas de todas las edades conectadas a infinidades de distintos aparatos, que en ese momento ninguno de los dos podía identificar muy bien. Se podían oír el llanto de niños que se negaban a sacarse un poco de sangre o quejándose de distintos dolores. Subieron las escaleras y respiraron hondo al llegar al segundo piso, que estaba lleno de mujeres embarazadas o con sus pequeñas criaturas que lloraban, puertas con arreglos florales, peluches y globos o muñecos inflables de colores rosa o azul con los típicos mensajes de “¡Felicidades! ¡Es una niña!” o “¡Felicidades! ¡Es un niño!”. Veinte habitaciones más adelante se encontraba el retén, con –por lo menos- cincuenta bebés, la mayoría prematuros, que acababan de separarse del cuerpo de su madre para ser tratados por enfermeras especializadas en el cuidado de ese tipo de bebés. Luego estaba el área de terapia intensiva, en donde su madre se encontraba junto a heridos graves, con cáncer o cualquier otra enfermedad mortal. Contaron tres habitaciones y el joven abrió la puerta lo más suave que pudo, para encontrarse con una mujer con cabellos largos color azabache, de apariencia frágil, que estaba conectada a un respirador artificial, una bolsa con suero y a típica máquina que medía los latidos del corazón. El ritmo de éste iba lento, muy calmado.
-Hola, mamá –Yuu cerró la puerta igual de suave-. Adivina a quién traje de visita.
Kushina abrió sus ojos color esmeralda lentamente mientras intentaba voltear. Sonrió ampliamente al ver que se trataba de su hija.
-¡Rin! –su voz se había vuelto un susurró, haciéndola mucho más delicada- ¡Eres tú! ¡Qué alegría verte!
-Lo mismo digo, mamá -se acercó a ella y la abrazó con cuidado-. Me alegro tanto de verte…
-¡Y yo! –le besó la frente- ¡Dos años sin verte! ¡Incluso me hiciste caso y te cortaste el pelo…qué linda te ves!
-Tenías razón. Ya me han dicho varias veces que me queda bien.
-¿Y cómo están tus amigos? –hizo un esfuerzo por recordar los nombres-. Estaban Marui…Nioh…Seiichi y…
-Renji, Sanada y Yagyuu. Todos andan bien, incluso ya forman parte del equipo de tennis, con dos más: Jackal y Akaya. Bunta-kun te manda saludos –agregó, sonriendo-.
-Dile que yo también se los mando –miró a su hijo mayor-. Y tú, Yuu. ¿Cómo te va en la universidad? ¿Y Lenalee? ¿Ya son novios?
-Me va muy bien, gracias. Lenalee está bien. Y no, no somos novios –respondió a las tres preguntas realmente calmado-. Por cierto, Rin y yo abriremos el dojo para dar clases.
-¡Magnífico! –rió suavemente y juntó sus manos- ¡Qué bien! Oh sí, Rin ¿Marui y tú son novios, no?
-Por su-supuesto que no –respondió, enrojeciendo. Su hermano soltó una corta carcajada y volteó a otro lado-. N-no somos novios, mamá.
-Oh, qué mal. Hacen una linda pareja.
-Mamá, por favor. Dejemos esos temas para después –dijo Rin, avergonzadísima y muy roja-. ¿Y a ti cómo te ha ido?
-Pues, estable –levantó los brazos, como diciendo “¿Y qué más quieres saber? He estado pegada a esta cama en el tiempo que tú te fuiste”-. Me aburro como no tienes idea.
-Eso se nota. A ver si traigo un buen libro y te lo leo.
-Y yo te traeré un par de películas para que las veas –Ofreció el chico, sentándose en el otro extremo de la cama-. De seguro que esta televisión es aburridísima.
-Muchas gracias a los dos. De verdad lo apreciaría muchísimo. Y sí, todos los programas son malísimos.
Los tres rieron (Bueno, Kanda sonrió levemente). Así estuvieron charlando durante un buen rato, riéndose con las ocurrencias que se le ocurrían a Rabi en plena clase, mientras Yuu lo reprochaba y realmente interesados en todos los líos y todos los partidos en los que estuvo Rin. Ésta le partía el alma tener que ver a su madre en tal estado, tan frágil como una muñeca de papel, que por la mas mínima acción podía romperse en mil pedazos. En varias ocasiones retuvo las lágrimas que querían salir a borbotones y maldijo aquel gen que hacía que sus ojos cambiaran de color con sus emociones. Por suerte sabía mentir, excusando su estado emocional con el sencillo “Lo lamento, ¡Es que estoy tan feliz de verte que me dan ganas de llorar!”, que Kushina parecía no creer demasiado. Disfrutó de todos los segundos que estaba pasando al lado de su madre, que no parecía estar tan alegre como lo era cuando estaba sana. Cada vez le costaba sonreír más, su voz se apagaba con frecuencia y el ritmo cardíaco disminuía en ciertos momentos. Pero a pesar de todo trataba de dar su mejor cara ante sus dos hijos que la habían visitado ese mismo día. Repentinamente empezó a sentir una fatiga que la estaba apartando cada vez más del mundo consciente. Los dos jóvenes no tardaron en darse cuenta.
-Estás cansada… ¿verdad? –el mayor preguntó, ligeramente preocupado-. Ya nos tenemos que ir, que pronto se acabará la hora de visita.
-N-no, estoy bien –aseguró-. Quédense un po-poco más, por favor.
-Mamá, mírate. Hasta estás tartamudeando –Rin empezó a sentir las lágrimas una vez más-. Tienes que descansar.
-¡No se-sean así! –infló los mofletes y se cruzó de brazos, con los ojos cristalizados. Si tuviera los ojos azules parecería una Rin mucho mayor- ¡Les est-oy diciendo que estoy bi-bien! ¡Y estoy bien! ¡Así que se quedan acá!
-Por Kami, Rin es igualita a ti, mamá –le besó la frente y suspiró-. Terca como una mula.
-Gracias, Yuu –enarcó una ceja, y también suspiró-. Bueno, supongo que tienen razón, la enfermera puede llegar en cualquier momento.
-Mejor –la oji azul la abrazó con mucha delicadeza-. Nos vemos pronto, mamá.
-Sí. Nos vemos. Oh sí, felicidades por tu puesto de titular, Rin.
-Gracias, mamá.
-Adiós Yuu, adiós Rin –se despidió con un movimiento de manos y sonrió al ver cómo se cerraba la puerta-. Ya están tan grandes…
La hermana de Yuu había puesto las manos en su rostro, sollozando en el dorso de éste. Era horrible tener que ver a su madre en mal estado, y peor era saber que no tenía ninguna cura. Encima actuaba como si todo estuviera bien y trataba de que ignoraran el hecho de que ella tenía cáncer.
-Tranquila, Rin –el joven se puso a su altura y le secó las lágrimas-. Estoy igual que tú, igual de triste.
-Entonces –lo miró fijamente-, ¿por qué no estás llorando como yo?
-Porque no soy tan sentimental como tú –respondió, media sonrisa dibujada en su rostro-. Y no me dejaste terminar. Estoy igual de triste que tú, pero a pesar de todo tenemos que ser fuertes y no imaginarnos un futuro que quizá no ocurra, así que cambia esa cara.
-L-Lo intentaré.


Nota del autor:

Le pido permiso a las dueñas de los personajes Yuumura Harumi, Bazzeletti Aileen, Shimura Susumu y Tezuka Kaori para utilizarlas en mi fic. Si me lo conceden, trataré de integrarlas lo más posible, y tal vez pueda emparejarlas con sus princes a lo largo de su historia.
Eso es todo.
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One night, and one more time. Thanks for
the memories, even though they weren't so great.







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Última edición por Yuu Kanda; 29-ago-2009 a las 11:21.
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