alethéia ID: 253628 Registrado: marzo-2008 Hace: (620 dias)
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| CAPÍTULO 7; ¡VOLVIENDO A LA RUTINA DIARIA! ¿QUIÉN DIRÍA QUE YO LA EXTRAÑARÍA TANTO?
Milagrosamente, Rin Kiryu se había despertado temprano el lunes, y lo que lo hacía aún más raro es que estaba de muy buen humor. Se despidió de su hermano prometiéndole que prepararía un buen plato de tempura soba para la cena, antes de irse con una sonrisa en su rostro, algo que muy pocas veces se veía en ella. Tarareaba una canción mientras caminaba, y se reía a ratos.
Lo que los lectores no saben es la razón de aquel comportamiento tan extraño en la chica que la mayoría del tiempo era fría, o estaba amargada por alguna razón. Resulta que se levantó de esa manera porque se había acordado que era la capitana del equipo femenino de tennis, y con eso tenía todo el club a su merced. Sí señores, la joven estaba regocijándose mentalmente pensando cómo haría sufrir, o como ella aseguraba “entrenar de verdad”, a sus súbditas aquel lunes tan bonito. También se preguntaba de donde había sacado semejante mentalidad, ya que nunca había hecho sufrir a nadie, bueno, no demasiado, y digamos que le daba igual ver a alguien sufrir. Seguramente Yukimura le había pegado sus costumbres de algún modo que en ese mismo instante no sabía cuál era, o algo por el estilo.
Volvió a echar una sutil carcajada y se acomodó el cabello. Al rato la alcanzó su mejor amigo, que iba tan alegre como siempre.
-¿Cómo está la nueva buchou de Rikkai~? –preguntó, recostando su brazo en los hombros de ésta
-Pues muy bien, Bunta –respondió, sonriendo-. Gracias por preguntar.
El tensai se paró en seco al observar la sonrisa que se había formado en el rostro de la Kiryu, sorprendido. Y también le extrañaba aquel tono tan alegre y algo macabro que había en su voz. Arqueó una ceja y la miró.
-Rin-chan… ¿Te sientes bien? No es normal en ti verte de tan buen humor en las mañanas.
-Sí me siento bien. Es sólo que estoy feliz de ser la buchou del club.
-Aún así es extrañísimo verte tan contenta.
Siguieron caminando. Marui frunció el ceño tratando de averiguar la verdadera razón de ese comportamiento, hasta que en su mente resonó otra vez lo que recientemente había dicho la oji azul. Luego recordó la corta pero tétrica conversación que había tenido con su buchou el sábado, en el que dijeron cuánto les gustaba ver sufrir a sus pobres e indefensas titulares.
-Jo, de verdad que eres bien mala, Rin-chan –se quejó éste-. Es porque quieres ver a las chicas corriendo millones de vueltas, sufriendo, ¿verdad?
-Sí, eso mismo –una sonrisa realmente macabra adornó el rostro de la chica, haciendo que un escalofrío trepara la espalda del pelirrojo-. Es divertido ~.
-En este mismo instante me estás dando mucho miedo.
-¿Más o menos que cuando Yuki-kun se pone tétrico?
-Igual.
Otra carcajada salió de la garganta de Rin. Era aún más divertido cuando el chico portador de los ojos púrpura se asustaba así. Iba a disfrutar mucho aquel día, después de todo.
Garabateaba en el cuaderno distraídamente, sin prestarle demasiada atención a la clase de matemática. Aparte de ser su materia más odiada se sabía esa lección de memoria, por lo que no se preocuparía demasiado si le preguntaban qué tenía que hacer. Afincó el lápiz un poco más al acordarse de aquel niño tan arrogante que la había subestimado. Y lo peor era que no le llegaba más arriba del pecho, cosa que no pareció intimidarlo en lo más absoluto. Lo que sí le sorprendió fue el hecho de que tuviera sólo doce y ya formara parte del equipo masculino de tennis. En ese caso tenía que ser muy bueno. Pero aún así no tenía derecho de ser un ególatra de pies a cabeza.
-Kiryu –el profesor se puso al lado de ella-. Si cree que se sabe la lección puede decirme la respuesta, ¿no es así?
-Sí, sensei. La respuesta es cuarenta y dos.
El profesor se quedó mirándola, perplejo. Después de todo, aquella joven se sabía todas las lecciones, estuviera o no prestando atención. Sintió vergüenza ante la penetrante mirada de ella, sumada a la de los veinte alumnos que reían disimuladamente. Carraspeó y continuó con la clase, tratando de no parecer demasiado incómodo.
Dos horas después la milagrosa campana sonó por todos los pasillos, indicándoles a los alumnos que ya era el descanso de la mañana. Los muchachos que tenían que comprar en la cantina salieron corriendo con un enorme bullicio, empujándose unos a otros para poder ser los primeros en llegar a la fila. Rin los siguió, divertida. Esa era otra de las tantas cosas que había extrañado durante el tiempo que pasó en Inglaterra, ver a los mastodontes haciendo la carrera de dos pisos, tratando de ser los primeros en la fila para salir de una vez de ese desorden.
Ella, en cambio, había aprendido la lección; o se preparaba su desayuno o tenía que esperar, horriblemente apretujada, a que le atendieran por bastante tiempo. Bajó las escaleras casi rozando la pared para no ser atropellada por los animales de tercero y segundo. Se fijó bien y pudo notar al único titular de segundo año, Akaya Kirihara, que también era parte de la manada salvaje de chicos. Tenía unos cuantos billetes en manos y una expresión facial entre desesperada y decidida que haría reír a cualquiera.
-¡¡Muévanse!! –exclamaba mientras se hacía paso- ¿¡Por qué diablos son tan lentos!?
-¡Eh, Kiribaka! –La pelinegra lo llamó, tratando de no reír demasiado. Éste volteó- ¡Cuidado con la pared!
El aludido, al estar tan concentrado en la carrera, no se había fijado que en vez de ir a las escaleras estaba yendo directo a una de las paredes. Y como había volteado para ver a la chica no tuvo tiempo de detenerse antes de chocar con ésta, cayendo hacia atrás por la fuerza con que se había golpeado. La Kiryu corrió a ayudarlo, riendo a más no poder.
-Gracias por el aviso, Rin-baka –dijo a modo de sarcasmo el de los ojos verdes, sobándose la frente
-De…de nada –respondió, sujetándose el estómago de las carcajadas que hacía salir. Lo ayudó a levantarse- ¿E-Estás bien?
-¡Menudo golpe me pegué! ¡Hasta me hice un chichón! ¡Itai ~~!
-Estás sangrando, Kiribaka. De verdad te has hecho daño.
-¡Claro! ¡Si no hubiera volteado a verte no me hubiera pasado nada!
Cuando la chica iba a replicarle, Aileen se les acercó bastante preocupada al ver el estado de su compañero.
-¡Akaya! ¿Qué te pasó? –preguntó, bastante sorprendida- ¡Tienes sangre en toda la frente!
-Ah, hola, Aileen –palpó el lugar ensangrentado, dándole su mejor sonrisa-. No me ha pasado nada, sólo me pegué un golpe por culpa de Rin-baka.
-No fue mi culpa –alegó la mayor-. Sólo quise advertirte que te ibas a chocar con la pared.
-Sí claro. Sabías que de todas maneras me iba a pegar un buen golpe.
-No importa si es culpa de Rin-buchou o no –lo tomó por la muñeca-. Lo que importa es que te hiciste daño. ¡Vamos a la enfermería!
-¿Nani? ¡Pero…tengo que comprar mi desayuno!
-¡¡Lo comprarás después!! ¡¡Primero tu herida!!
-Adiós, Kiribaka, Bazzeletti –Rin movió una de sus manos, viendo cómo la titular arrastraba al bi-polar.
La de los ojos miel anduvo corriendo durante cinco minutos más, buscando la enfermería. A pesar de que empezó a estudiar desde la mitad del primer año en Rikkaidai, aún no tenía muy claro en dónde estaban ciertos lugares. Con ayuda del chico logró encontrarla en el tercer piso. Aileen tumbó a Akaya en una de las camillas y buscó el alcohol, un algodón y las vendas.
-Aileen...en serio, no es necesario –el pelinegro intentó levantarse, pero la media latina volvió a sentarlo, ya con el frasco de alcohol en mano-. N-No tienes por qué preocuparte.
-¿Y dejar que esa herida se infecte? ¡Ni loca!
[N/A: Y aquí comienza la segunda parte de mi regalo para Moony-chan.] Se acercó a él hasta quedar a dos centímetros exactos de su rostro. Lo examinó durante un rato, como buscando algo. Las mejillas de Kirihara habían adoptado un color rojo brillante ya que no estaba acostumbrado a las cortas distancias, en especial si eran entre él y una chica. Intentó alejarse, pero ella seguía acercándose.
-¿Qu-Qué demo-monios haces? E-Estás muy cerca y…
-Te pegaste un buen golpe en la nariz –anunció, golpeando la punta de ésta. El oji verde pegó un respingo por el dolor-. A ver, comencemos a curarte para que comas tranquilo.
La chica colocó el algodón empapado de alcohol en la herida de Akaya, quien pegó otro salto al sentir el horrible ardor en su frente. Forcejeó para quitarse la molestia de encima, sin mucho éxito porque ella tenía bastante fuerza. De tanta lucha, él quedó debajo de Aileen en la camilla, aún intentando quitarse el algodón de encima. Al darse cuenta paró bruscamente y volvió a enrojecer, fijándose bien en la posición que estaba.
Otra vez estaban a escasos milímetros de distancia, mirándose mutuamente. Una mano sostenía la muñeca de su amiga, mientras la otra estaba en el centro de su pecho, que antes la había utilizado para empujarla hacia atrás. Su pierna izquierda estaba entre las rodillas de ella, y la derecha junto a su cadera. Los mechones color café de la joven le hacían cosquillas en su nariz y pómulos, podía oler el perfume con olor a vainilla inundando todo su rostro, y sus labios sentían el cálido aliento de ella. Mirándola bien, siempre le había parecido linda, a pesar de que sólo eran amigos y siempre negaba rotundamente sentir algo más que eso por la latina, pero al tenerla tan cerca le parecía aún más bonita de lo que ya era. Una de las cosas que más le gustaba eran sus ojos, muy poco comunes y muy brillantes, que siempre tenían una luz alegre y juguetona cada vez que lo miraba. También le era divertido ver cómo le gritaba al televisor cuando veía los partidos de footbal o los de lucha libre, a veces eufórica y en otras molesta. Se habían llevado bien desde el primer día en que se conocieron, y en menos de lo que habían imaginado se convirtieron en compinches casi inseparables.
Un ardor lo trajo de vuelta a la realidad. Era Aileen quien había vuelto a poner aquel condenado algodón con alcohol en su herida. Le ordenó que parara a gritos, exclamó todo tipo de blasfemias, le dijo del mal que se iba a morir si no lo dejaba, pero ella hizo oídos sordos a todo eso, riendo.
Cuando él creía que ya estaba en una mala situación, entró su peor pesadilla. Nioh Masaharu abrió la puerta para ver quién o quienes hacían semejante escándalo en la enfermería, y se quedó pasmado al ver a los dos jóvenes de segundo año en una misma camilla, con brazos y piernas peligrosamente cerca de algunas partes que en esta descripción no serán especificados, y con los rostros algo sonrojados. Millones de explicaciones algo subidas de tono rondaron por la cabeza del petenshi, haciéndolo sonreír burlonamente mientras se apoyaba en el umbral de la puerta. Luego sacó su celular y tomó unas cuantas fotos, ya riendo.
Inmediatamente, la peli castaña y el bi-polar se levantaron aún más rojos y se separaron.
-¡Eh! ¡Que las fotos estaban quedando realmente buenas~! –Masaharu soltó otra carcajada mientras los miraba- ¿Por qué no se quedan unos dos minutos más así para llamar al resto del equipo, puri~?
-¡¡Urusai, Nioh-sempai!! –exclamó el otro chico, el doble de rojo- ¡¡No es lo que parece!! Es sólo que Aileen quería ponerme alcohol en mi herida y-y yo no quería…e-entonces…
Incapaz de seguir explicando, miró a su compañera para que probara que era cierto lo que decía. Ésta sólo asintió y levantó el algodón.
-E-Es verdad –respondió, frunciendo el ceño-. ¿¡Cómo podría estar haciendo cosas…con ese idiota!? ¡Si apenas tengo catorce!
-Sí, ya sé que no estaban haciendo lo que yo pensaba, lamentablemente –el peliblanco mostró las cinco fotos que había guardado en su celular-. Pero estas fotos demuestran lo contrario, ¿no es así puri~?
-¡Nioh-sempai! Por favor, no le muestre a nadie esas fotos –suplicó Akaya con su mejor cara de borrego, entendiendo lo que planeaba hacer su superior-. S-Si se enteran…me expulsarán del club…al igual que Aileen. Y usted no es tan malo como para hacer eso…
-Ah, ¿sí? ¿Y cómo sabes tú eso? Esto valdrá mucho dinero, puri~.
-Por favor, no lo haga.
Aileen -quien ya había ganado su compostura- se lanzó a su sempai para intentar quitarle el celular y así no manchar la reputación de los dos. Con una mano jaló su corbata y la otra la acercó al celular. Para su mala suerte, el oji azul subió esa mano, impidiendo que se lo quitara. Luego tomó sus dos manos y se lo metió en su bolsillo, sonriendo.
-Fallaste, Aileen ~. Y yo que pensaba dárselas –se dio la vuelta-. Lástima que ya he cambiado de opinión, puri.
Se despidió con las palabras “¡Y ahora, a buscar a Sanada-fukubuchou, puri~!” y cerró la puerta, otra vez riendo. Kirihara le propinó una buena patada a la puerta y luego se tumbó en el piso, pálido.
-Joder –exclamó, golpeando su cabeza con una mano-. La cagué, y bien feo. Adiós tennis, adiós copa nacional.
Las risas de la oji ámbar lo desconcertaron. La miró y levantó una ceja, entre molesto y confundido. Ella levantó el celular y sonrió.
-¡Es el…! –comenzó el joven-
-Celular de Nioh-sempai –interrumpió, sentándose a su lado-. Sí, lo sé. ¿Cómo pudiste creer que yo le dejaría mostrar esas fotos a Sanada-sempai? ¡Ni loca!
-De-Demo… ¿Cuándo se lo quitaste? –su rostro se iluminó, esperanzado- ¡No lo pude ver!
-Pues se lo quité con la mano, obviamente. Cuando se dio la vuelta, para ser más específica.
-¡Ah, Aileen! ¡Es por eso que eres tan genial! –sin pensarlo dos veces la abrazó fuertemente- ¡Muchísimas gracias! ¡No sé cómo pagártela!
-Yo sí –lo volvió a sentar en la camilla y buscó unas vendas-. Quédate quieto mientras termino de limpiarte la herida. Luego borraremos las fotos.
-Hai –resignado, se cruzó de brazos y dejó que la chica terminara su trabajo. [N/A: Y ahí termina el regalo de Moony xD]
-Ugh…maldita minifalda –se quejó Rin, tratando de estirarse aquella falda tan corta- ¿Por qué diablos tenía que ser una minifalda y no un pantalón? ¡Aunque sea podían haberla hecho un poco más larga!
-Ya se me hacía raro que no te hubieras quejado en toda la semana anterior –Marui se sentó a su lado, riendo-. Respondiendo a tu pregunta, ninguna de las escuelas de Japón permite que las chicas utilicen un pantalón, según yo sé. Y si las chicas de Rikkaidai no tuvieran esa minifalda no serían tan bonitas. Es más, creo que las de aquí son, junto a las de Hyotei, las más lindas a nivel nacional.
-Me da igual –refunfuñó ella, apoyándose en el árbol de cerezos que tenía más cerca-. Minifalda es minifalda, y a mí no me gustan las minifaldas.
-Es por eso que me resultas tan divertida, Rin-chan –la tomó del cuello y revolvió su cabello-, ¡Siempre quejándote de todo! ¡Pareces una vieja!
-¡Yo no soy vieja, Bunta idiota! –golpeó la cabeza y se separó de él-. Sí, admito que no me gustan algunas cosas.
-Muchas cosas –corrigió, esquivando otro golpe.
-Muchas, algunas, lo que sea. ¡Pero eso no te da el derecho de llamarme vieja!
-Eh, que fue una broma. No te amargues.
-Oh, ¿en serio? Pensé que lo decías en serio, Bunta –ironizó.
-Ya entendí, Miss Sarcasm. No más bromas. Me disculpo.
-Así me gusta.
-Tengo una pregunta que hacerte, Rin-chan –ella lo miró y levantó las dos cejas, esperando- ¿Por qué te pusiste flequillo? ¡Te veías linda sin él!
Se acercó y tomó su pollina, echándola hacia atrás, de modo que sólo quedara su frente. Sonrió y explotó su bomba de chicle.
-Deja mi flequillo en paz –le quitó la mano y dejó caer su flequillo. Luego se lo acomodó-. A mí me gusta, así que te aguantas.
-No digo que te lo quites. Sólo te pregunté que por qué te lo pusiste, es todo.
-Porque quise, y ya. ¿No te gusta?
-¡Claro que sí! Pero también te veías linda sin él.
-Como sea.
El tensai suspiró. Cuando uno hacía que Rin se molestara, fuese sin querer o no, ella se rehusaba a tener una conversación larga con esa persona. Se resignó a mirarla a los ojos a ver si cambiaba de opinión, cosa que no hizo. Al ver que no iba a hablar se puso de pie, indicando que se iba.
-¿Vienes o te quedas?
-…voy contigo.
Sin decir palabra alguna, ambos se encaminaron a su lugar favorito para pasar los últimos cinco minutos tranquilos en la terraza. Involuntariamente el pelirrojo apoyó su brazo en el hombro de la chica y empezó a jugar con su mechón de pelo, subiendo por las escaleras. Algunas muchachas miraban con odio a la oji azul, por lo que probablemente eran fans de Marui, o seguramente también les gustaba.
Cuando estuvieron a punto de abrir la puerta el timbre sonó, haciendo que la Kiryu maldijera el poco tiempo que les daban a los adolescentes estos días a la hora del descanso. Bunta rió ante el comentario de ella y volvió a bajar, también algo molesto.
Las siguientes tres horas pasaron rápido para ambos jóvenes, que sólo querían almorzar y luego ir a jugar tennis con sus respectivos equipos. La pelinegra se dedicó a dormir en Lengua, horriblemente aburrida, y por suerte no la descubrieron, además de que le dio tiempo de copiar los apuntes ya que la profesora de historia universal había tenido un pequeño inconveniente, haciendo la clase muchísimo más corta.
Mientras tanto, en el salón de segundo año [N/A: Agradecería a la persona que me dijera en qué sección está n_nU] se encontraba Akaya jugando Resident Evil DS en el final de la clase de inglés, que era la más odiada por él. Cuando estaba a punto de insertar el condenado rubí que abría la puerta a un pasillo secreto, una bola de papel le impactó en la cara, desconcentrándolo totalmente. Venía de dos lugares más arriba, el de Aileen. El papel sólo contenía un corto mensaje escrito en una letra algo descuidada.
-Deja de matar zombies y termina la clase, Akaya –leyó en voz baja-, que si no te quitarán el DS. Acuérdate que Hibari-sensei tiene ojos de águila.
Y así era, porque aquel profesor de inglés poseía unos ojos azabaches que parecían tener rayos equis, capaces de perforar todos los escondites de sus estudiantes, descubriendo desde trampas hasta celulares con conexión a internet que buscaban las respuestas a sus preguntas realmente complicadas.
Aprovechó que estaba en el baño para salvar el juego, apagarlo y guardarlo en un lugar seguro. No quería arriesgarse, ya que con ese profesor había perdido dos veces consecutivas su PSP, y no quería quedarse sin su DS hasta diciembre.
-Kirihara –Hibari lo miró apenas entró, tan serio como siempre lo era-. Tradúceme el párrafo que estábamos leyendo, por favor.
-E-Esto...sí –se levantó y tomó el libro. No sabía ni cuál página era, menos aún qué decía-. Dice…
Para la buena suerte del chico –y la mala del profesor-, el milagroso timbre sonó, librándolo de tener que pasar vergüenza ante sus compañeros y su odiado profesor. Kyoya suspiró, ya que no podría darle un castigo adecuado a aquel niño tan descuidado. Salió, no sin antes dejar la tarea en la pizarra –“Traducir todo el texto de la página 40 para mañana. Sin excusas”-.
-¡Me salvé por poco~! –exclamó el chico, orgulloso- ¡Debo hacerle un altar a esa milagrosa campana!
-Y que lo digas –su casi-hermana latina rió-. ¿Pudiste conseguir el rubí?
-Sí lo conseguí, gracias a Kami. Menos mal que logré salvarlo sin que Hibari-sensei me viera. ¿Tienes el celular de Nioh-sempai?
-Sí. Tengo unas ganas horribles de ver su cara cuando se dé cuenta de que no lo tiene.
-¡Y yo igual! Anda, vamos a almorzar que casi no pude comer en la mañana por tu culpa.
Salieron del salón. Aileen le propinó un zape por lo que había dicho.
-¿Cómo que por mi culpa? ¡Si no hubieras hecho tanto escándalo Nioh-sempai no nos habría visto, te habría vendado bien y hubieras comido!
-Excusas, excusas.
-Qué necio eres, Kiribaka.
-No me digas que tú también me llamarás como Rin-baka lo hace, por favor.
-¿Hay algo malo con eso? A mí me parece gracioso.
-Pero a mí no –Akaya se detuvo y se escondió al ver al Petenshi-. ¡Ahí está Nioh-sempai! Intentemos oír lo que dice ~.
Agudizaron el oído y asomaron media cabeza, para ver que ya estaba con el fukubuchou. El segundo parecía algo molesto por haberlo detenido en la mitad del pasillo justo cuando iba a almorzar con su mejor amigo.
-¡Sanada! –exclamó el peliblanco- ¡Tienes que ver esto ~! ¡Mira lo que estaba haciendo Akaya, puri~!
-A ver –el pelinegro enarcó una ceja, algo interesado.
Nioh buscó en ambos bolsillos su celular para mostrarle las fotos de sus dos kohais [N/A: Esa palabra existe ¿verdad ._.?] acostados en una misma camilla. Su expresión divertida se empezó a reducir a medida que se daba cuenta de que su celular no estaba. Geinchiroh se empezó a impacientar, dando pequeños golpes al suelo con su pie.
-E-Espera un momento, por favor –suplicó el de cabello tipo puercoespín-. Debe estar por algún lado…
Aileen y su amigo se miraron, complacidos. Era hora de humillar a aquel joven enfrente del sub-capitán. Caminaron como si nada, pasando al lado de ambos, riendo. Masaharu pareció darse cuenta de ello, y sin pensarlo dos veces los detuvo a ambos, rechinando los dientes de rabia.
-A ver, niñatos, denme mi celular –ordenó, extendiendo una mano-. Sé que alguno de ustedes dos lo tiene.
Suspiro de exasperación por parte de Sanada.
-¿Cuál celular, Nioh-sempai? –La latina se hizo la inocente- ¿Se refiere al rojo que se le cayó en la mañana?
-¡Ese mismo! –Nioh exclamó, un poco más irritado- ¡¡Dámelo ahora mismo!!
-Ya ya, no hace falta tanto grito.
Se lo entregó, tratando de aguantar las carcajadas que querían salir. El joven empezó a revisar los archivos de fotografías, en donde se suponía que debían estar las fotos. Palideció al no encontrarlas.
-Se…se suponía que –tartamudeó-…aquí debían estar. ¡Diablos! ¿Dónde están?
-Me estás haciendo perder el tiempo, Nioh –dijo el de la gorra, notablemente fastidiado-. Y veo que no me mostrarás nada productivo. Por semejante tontería harás veinte vueltas más.
Sin decir otra palabra, se dio la media vuelta y siguió caminando.
-¡Misión completada! –exclamó Akaya, riendo a todo volumen- ¿Qué tal, Nioh-sempai ~?
-…oh –volteó a verlos. Sintieron un escalofrío al ver sus ojos con una especie de brillo maligno-. Con que ustedes me borraron las fotos, ¿no es así?
-Ajá –respondieron los de segundo al unísono, tragando saliva.
-Me… ¡Me las van a pagar, par de mocosos! –Aileen y el oji verde no dudaron en salir corriendo, seguidos por el petenshi- ¡Vengan acá! ¡Puri ~!
-¡Vengan esos cinco! –la latina chocó una de sus manos con el otro, riendo.
Con su mejor amigo nunca, nunca se aburriría, después de todo.
-Buenas tardes, Rin-buchou –Susumu ejecutó una reverencia a modo de saludo al ver a su capitana.
-Ah, hola, Susumu –la peli negra la imitó-. Qué bueno que hayas llegado temprano. ¿El resto del equipo no ha llegado?
-Ariadne-fukubuchou está hablando con Renji-san en la otra cancha –indicó la peliblanca-. No he visto ni a Kaori-chan ni a Kyou o a Ryou.
-No importa –Rin sonrió maléficamente, antes de voltearse ante el resto del club-. ¡A ver, chicas! ¡Todas hagan cuarenta vueltas a la cancha!
Las novatas se le quedaron mirando estupefactas. Nunca antes le habían puesto a hacer tantas vueltas desde que habían entrado al club. Pensaron que estaba hablando en broma, pero al ver la mirada de “Si no hacen las vueltas ya les pondré el triple, y no es en juego.” de la capitana decidieron quedarse calladitas y seguir las órdenes. Shimura suspiró.
-Yo tendré que hacer el doble, ¿verdad?
-Ajá. Anda, comienza rápido para que termines de una vez.
-Hai, Rin-buchou.
Exhaló otro suspiro y siguió al resto. Aunque recién conocía a su buchou, su sexto sentido le decía que nunca debía contradecir sus órdenes, o la pagaría bien caro. Bueno, no estaba tan mal, ya que le gustaba entrenar hasta cansarse.
Al rato llegó el resto, que tuvo que hacer diez vueltas más por haberse integrado tarde.
Las tres horas se pasaron realmente rápido, para la fortuna de todas las pobres, y exhaustas, chicas. Después de la cantidad de vueltas que les mandaron a hacer, a su adorada capitana se le ocurrió que debían hacer veinte series de abdominales (Cuarenta y cuatro paras las titulares), seguidas de treinta series de rebotes –y no sólo los normales, también los alternados y otros tipos más- (El doble para el equipo) y cincuenta series de estiramiento de cuerpo completo (Algo conmovida, Rin decidió darles sólo sesenta a sus chicas). Luego empezaron a practicar los swings con sus raquetas, mientras que el equipo tenía que devolver todas las pelotas a la esquina del fondo derecha de la cancha –Y si alguna se pasaba por dos centímetros o no llegaba a la esquina, haría dos vueltas extra al terminar el entrenamiento-. Afortunadamente, todas se esforzaron y ninguna corrió más vueltas.
Todo el equipo femenino estaba reunido en la salida, riendo sonoramente.
-¡Por poco y Nioh-sempai nos atrapaba! –exclamó Aileen- ¡Tuvieron que ver su cara!
-De verdad que hubiera sido genial verlo –Rin sonrió nada más-. Ojalá tuvieras una foto o algo.
-¡Ojalá! –repitieron las gemelas Fujibajashi al mismo tiempo, risueñas-. Qué genial, Aileen-chan ~.
-Y miren a quién tenemos aquí –Ariadne señaló al recién llegado Nioh, junto a su equipo-. Es Nioh. Dime, ¿fueron muchas vueltas las que corriste en la cancha?
Todos, exceptuando a Sanada y al mismo peliblanco, rieron por el comentario de la prima de Seiichi. El pobre chico se puso rojo de la vergüenza y volteó a otro lado, antes de irse derechito a su casa sin decir nada más. A los dos minutos cesaron las risas, y se quedaron charlando un poco más. Luego se despidieron y cada uno tomó su camino.
Como era de costumbre, Marui se ofreció a acompañar a la chica.
-¿Ya te acostumbraste a la rutina, Rin-chan? –preguntó, metiéndose dos caramelos de fresa a la boca.
-Supongo que sí –ella le echó una miradita, que la desvió al encontrarse con los ojos del tensai-. Aunque la sigo odiando.
-No me extraña. Si fuera por ti no estarías estudiando, si no jugando tennis, tocando piano en cualquier recital y jugando videojuegos las veinticuatro horas al día.
-Tienes toda la razón. Pero tengo que hacerlo, después de todo.
El pelirrojo rió. Aunque la hubiesen enviado a la escuela más estricta durante dos años y medio para reformar su mal carácter, seguía siendo la misma Rin que había conocido en el primer grado de Kanagawa Dayisan. Y era mucho más probable que iba a empeorar. Nota del autor: Perdonen si quedó aburrido o incoherente. Creo que no me esforcé demasiado, en serio. Cualquier queja o sugerencia para este y los demás capítulos será bienvenida. Y a partir del capítulo ocho en adelante me tardaré un poco más en subirla, ya que empeizo clases el jueves, y trataré de centrarme más en la escuela y menos en el fanfic, pero prometo continuarlo.
__________________ One night, and one more time. Thanks for the memories, even though they weren't so great. x.
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x.
Última edición por Yuu Kanda; 16-sep-2009 a las 11:24.
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