alethéia ID: 253628 Registrado: marzo-2008 Hace: (620 dias)
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| CAPÍTULO 8; MEMORIAS DE UNA NIÑEZ OLVIDADA.
Se había despedido del arrogante tensai, había hecho su tarea, se cambió y se sentó con su hermano en la mesa de roble oscuro. No charlaron demasiado, ninguno de los dos era demasiado hablador, y con el cansancio que tenían no querían ni abrir la boca. Rin dejó los palillos reclinados en el plato y miró a Yuu.
-Esto, Yuu-chan –carraspeó un poco. El joven clavó sus fríos ojos en ella- ¿Has sabido algo de Melanie? Digo…es que como me desconecté de todo contacto con Japón cuando me fui y eso…
-No –respondió suspirando-. Sé que ahora está estudiando en una tal Seishun Gakuen, pero nada más. No he encontrado su número celular o cualquier otra cosa.
-Como era de esperarse. Ah, ni modo. De todas maneras ella no querría hablar conmigo.
-No seas tan pesimista, niña tonta. Han pasado dos años, y de seguro ella ha cambiado de opinión.
-No lo sabes. Y lo más probable es que no lo haya hecho. Voy a mi cuarto.
-De acuerdo. Que descanses.
Dejó los platos en la cocina y subió las escaleras. Se lavó los dientes y la cara y entró en su cuarto, cerrando la puerta con seguro. Ya tumbada en su cama cerró los ojos con fuerza, estrujándose las sienes con fuerza.
Millones de recuerdos venían a su cabeza, pasando a una velocidad que no permitía verlos con claridad. Y en casi todas estaba con su hermana, jugando feliz, ambas con su raqueta en mano en una cancha de tennis, o cada una tocando su instrumento favorito. Uno de tantos recuerdos apareció de repente.
Una hermosa niña rubia, de unos seis años, estaba parada enfrente a la puerta del primer grado de Kanagawa Dayisan, aparentemente asustada. Unos dos pasos más adelante se encontraba su hermana mayor, Rin, algo exasperada.
-¡Mel-chan! –exclamó, golpeando su pequeño pie en el suelo numerosas veces- ¿Te quedarás ahí o entrarás conmigo? ¡Estamos llegando bien tarde!
-E…Es que –dio un pasito y tragó saliva-…tengo miedo, Rin-nee.
-¿Cómo que miedo? ¡No te pasará nada, boba! Son sólo veinte niños que no nos harán nada.
-¿En serio? –con ayuda de la pelinegra dio otro paso, ya más confiada-¿…y si se burlan de nosotras?
-¿Por qué lo harían? –tomó su mano y sonrió- Te prometo que no se burlarán de nosotras. Y si lo hacen se las verán conmigo.
Melanie tragó saliva y también sonrió. Siempre había confiado en su hermana, y ésta nunca había roto sus promesas. Guiada por la oji azul se adentró en el gran salón, en el que veinte curiosas miradas se clavaron en ellas. La profesora se encargó de presentarlas y ubicarlas en los pupitres del centro. Por suerte, todos parecían muy amigables, y poco a poco ambas se fueron sintiendo más cómodas.
-¡Shikuyoro~ [N/A: Juego de palabras con “Yoroshiku”, que significa “Un placer conocerlos”! –dijo un pelirrojo en el recreo, con una sonrisota- ¡Mi nombre es Marui Bunta! Ah sí, bienvenidas a Kanagawa Dayisan, Melanie-chan, Rin-chan.
-Yoroshiku, Bunta-san –las dos se inclinaron al mismo tiempo-. Y gracias por darnos la bienvenida.
-No hay de qué. Y díganme, ¿son nuevas por acá? ¿Conocen a alguien?
-Hai –Rin asintió-. Nos acabamos de mudar…y no conocemos a nadie, lamentablemente.
-Entonces yo les presentaré a todos mis amigos. ¡Ya verán que la pasarán bien!
Y gracias a ese niño, el primer día lograron hacer más de cinco amigos, que para la sorpresa de las Kiryu fueron recibidas con una sonrisa, quitándoles aquella sensación de incomodidad que habían experimentado al llegar.
-¡Rin-nee! ¡Rin-nee! –Melanie, de casi diez añitos corrió hacia su hermana mayor, con un dedo sangrando- ¡Mi dedo ~! ¡Me duele!
-A ver –Rin tomó el dedo y lo examinó-. Hm, ¿te cortaste con algo? Te hiciste una buena cortada.
-S-Sí. Lo que pasa es que intentaba arrancar una rosa para mamá y…y ¡me pinché con una espina~~! ¡Y ahora me duele mucho!
-Tengo que ir a buscar un par de cosas. Quédate aquí.
-Hai.
Yuu, con catorce años, se acercó a la rubia cuando la oji azul se fue.
-Qué llorona eres, Melanie –dijo, sonriendo irónicamente-. Para estar así por un pinchacito…
-¡Cállate, Yuu-niisan! ¡¡Yo no soy una llorona!! ¡De verdad me duele!
-Por Kami, pareces una muñeca de cristal. Un pequeño movimiento en falso y se rompe. ¡Delicada!
Enfurecida, Melanie se lanzó encima de su hermano para arremeter contra él. Rin llegó justo a tiempo para evitar daños mayores, con un algodón, alcohol y una pequeña venda.
Después de sacarle la espina y desinfectar la herida, procedió a envolver el dedito con la tela. La Kiryu más pequeña lo contempló durante unos segundos, y lo puso enfrente de la cara de su hermana.
-Aún me duele.
-¿Ah, sí? –con delicadeza, lo besó-. Ese es el secreto; ya verás cómo se te pasa.
La inocente Melanie volvió a ver su dedo, luego rió. El dolor ya se le había ido.
Al volver en sí curvó una de las comisuras del labio, formando una pequeña sonrisa. Aquellos tiempos eran simplemente hermosos. Y habían pasado tan rápido que aún podía escuchar la risa cálida de su hermana, podía ver los destellos que emitían su cabello tan brillante. Y casi podía sentir la mano entrelazada con la suya, siempre firme [N/A: No se confundan; NO-ES-YURI]. No sabía por qué se habían distanciado tanto, y menos la razón.
Seguramente había sido porque se iba, y le había avisado el mismo día. Mordió su labio inferior con fuerza al recordar ese día.
-¿C-Cómo que te vas? –preguntó Melanie, con voz quebradiza- ¿Y a-a donde?
-Sí. Me-me voy de Japón a Inglaterra. En un par de horas me iré al aereopuer…
-¡No! –interrumpió- ¡No te puedes ir!
-Pero…Mel, escúchame, por favor. Intenta calmarte y…
-¿¡Cómo quieres que me calme!? ¡¡Te irás del país hoy mismo, apenas avisándome un par de horas antes!! ¡¡Y a Inglaterra!!
Abrió la boca para hablar, pero fue callada por su hermana.
-Supongo que te irás con una excusa como “Quiero mejorar en esto y en lo otro”, ¿verdad?
Ésta vez no supo qué responder. Apretó sus labios y desvió la mirada.
-Increíble –siseó la oji verde, empezando a llorar-. Es increíble que te vayas por un motivo tan egoísta. Y no has pensado en cómo reaccionarán los demás. Entonces, de acuerdo, te vas. Y…me dejas atrás.
-No es así –sin darse cuenta, Rin también había empezado a llorar-. No es así…
-¡¡Claro que lo es!! Te apuesto que sólo pensaste en empacar e irte. No utilizaste ni un segundo para pensar en cómo pensaría, ¿verdad? ¡Me quedo aquí, sola! ¿¡Acaso no de detuviste a imaginarte lo que yo estoy sintiendo ahora!?
-Yo…no tuve opción, Mel. Te juro que si pudiera elegir…me quedaría aquí, contigo. Pero papá insiste en que me vaya y tú sabes que no puedo decirle que no.
-Y encima…le echas la culpa a papá –rió amargamente-. Esto de verdad que es increíble, increíble. No eres capaz de admitir tu egocentrismo. No eres capaz de admitir la verdadera razón de tu viaje a Inglaterra.
-¡Ya basta! –la pelinegra explotó. Sus ojos adquirieron un color rojo intenso- ¡¡Para de una buena vez, Melanie!! ¡Me dices egocéntrica a mí, cuando tú sólo piensas en ti misma! En todo este tiempo… ¡sólo has hablado de ti, de cómo te sientes! ¿¡Y tú, acaso no piensas en cómo me siento yo, ahora!? ¡¡Estoy tan devastada como tú!! ¿¡Qué acaso no puedes dejar tus “Yo” y “Pobrecita yo” por un momento!? ¡Ya te dije que no puedo hacer nada! ¡Me voy, quieras o no! ¡He tomado mi decisión, y no cambiaré!
Su hermana la miró. Los ojos de ésta también estaban rojos, quizá un poco más oscuros, realzando todo su enojo acumulado. Las manos se habían convertido en puños.
-Entonces…de acuerdo. Vete –soltó, también gritando- ¡Vete! ¡¡Me importa un comino que te vayas!! No te detendré, si eso es lo que quieres.
Se fue a su habitación con un portazo. Rin se tumbó en el suelo, tomando su rostro entre las manos, sollozando. Se había sincerado con su hermana, pero eso no la hizo sentir bien. Su ira había tomado el control una vez más, y esa vez había perdido a su hermana, como consecuencia. Sabía que Melanie no abriría la puerta, aunque le rogara. Sabía que pasaría mucho tiempo antes de que pensara perdonarla.
Sin ánimos de hacer nada más se levantó para ir en el taxi que la llevaría al aeropuerto.
No se había dado cuenta que había agarrado una pelota y que estaba rebotándola en la pared con mucha fuerza. No se había dado cuenta que sus ojos estaban vidriosos. Y tampoco se había dado cuenta de que eran las once de la noche y que su hermano no podía pegar ojo por su culpa. Yuu, totalmente enfurecido, dio tres monstruosos golpes a la pared y gritó un “Deja la condenada pelota que es tarde y quiero dormir, maldición”. Luego se calló al cesar los ruidos.
Abrazó sus piernas y apretó su rostro contra ellas. No quería preocupar a su hermano por gritar y llorar a todo volumen. Se resignó a quedarse en silencio y aguantar sus impulsos. Sabía que era más probable que Sanada fuese la persona más feliz del mundo antes de que Melanie la perdonara. Sabía que tendría que esperar un largo tiempo para poder hablarle, que en ese mismo momento era la persona que menos quería ver para su hermana menor. Pero aún así necesitaba verla, necesitaba saber que estaba bien, feliz, viviendo la vida que ella había elegido. Quería verla sonreír una vez más. Sólo quería eso.
Despertó, aún abrazando sus rodillas. Debían ser más o menos las seis y media de la mañana, y ya debía levantarse. Hizo la acostumbrada rutina de asearse, ponerse el molesto uniforme y desayunar con su hermano que tenía la misma cara de ogro que ella. Luego salió, aún dormida, caminando despacio, disfrutando de la quietud de la mañana.
No hacía tanto calor, no había estudiantes de diferentes escuelas corriendo en diferentes direcciones y en ese momento no se escuchaba el molesto sonido de los carros corriendo a toda velocidad. Respiró hondo y golpeó levemente ambas mejillas para tratar de despabilarse un poco más. Luego se acordó de Bunta, que seguro estaría esperándola una hora más tarde en la misma calle de siempre.
-Ah. De seguro se dará cuenta que no llegaré e irá solito a la escuela –se respondió a sí misma, bostezando-. No sería tan idiota como para esperarme hasta tarde.
Pateó un pequeño guijarro y al cabo de dos minutos llegó a Rikkaidai, en donde ignoró a todas las personas que intentaron hablarle o pedirle cualquier tontería. Abrió la puerta de su salón y tomó su asiento usual –al lado de la ventana, en la segunda fila-, cerró los ojos y se dispuso a dormir.
-Ohayou, Rin –Nioh se sentó a su lado y rió al recibir por respuesta un gruñido-. Veo que estás más despierta que de costumbre, puri ~.
-Cállate, Nioh. Anoche no pude dormir y quiero descansar un poco antes de que todo el salón se llene.
-Pero si hace veinte minutos que todos llegaron, dormilona.
El peliblanco le giró la cabeza y le comprobó que era cierto. Rin le sacó la lengua y volvió a apoyarse en sus brazos. Suspiró al sentir que la estaban golpeando con un lápiz, y con su peor cara volvió a mirar a su amigo.
-¿Qué diablos quieres ahora?
Con el lápiz, el joven señaló al recién llegado profesor, que tenía sus ojos fijos en ella, molesto. El resto del salón estaba parado, como forma de saludo y respeto hacia éste, mirándola también.
-Ohayou, Kiryu –dijo éste, cruzando los brazos.
-Hola, profesor –con su mano lo saludó, para luego cerrar los ojos y seguir durmiendo.
Los del 3-B rieron sonoramente por la descomunal falta de respeto muy propia de ella. Como era de esperado, fue echada del salón sin pensarlo dos veces, lo que no la preocupó demasiado, ya que le pediría los apuntes a cualquier persona y un punto menos no le haría demasiado daño.
Salió con su desayuno en mano y se dirigió a la terraza para tener paz por al menos dos horas antes de que comenzara el recreo y el bullicio. Respiró hondo al sentir la brisa golpearle el rostro.
-Qué calladito está por acá ~ -se regocijó la chica, acostada en el suelo viendo el despejado cielo-. ¡Debo salirme de clases más a menudo!
Extendió una mano, como intentando alcanzar el cielo, y la dejó extendida. Los rayos de sol se filtraban por sus dedos e impactaban en su cara. Al cerrarla se formaba un halo de luz.
No pudo evitar pensar en su hermana una vez más. De verdad tenía que verla.
-¿Nerviosa? –le preguntó cuando iban camino a su primer día en sexto grado.
-¿Por qué debería de estarlo? –sonrió-. Más bien, estoy emocionada; ¡Al fin somos las mayores de toda primaria!
-Jo, tú sólo pensando en eso. Qué arrogante eres, Melanie.
-Gracias.
Al abrir las puertas contemplaron a todos sus compañeros saltando, corriendo por el salón, gritando y lanzando cosas que iban desde borradores hasta uno que otro cuaderno. Algunos pararon al ver a las dos chicas, y otros siguieron haciendo desorden.
-¡Rin-chan! ¡Mel-chan! Bienvenidas ~.
Marui se les acercó, con su goma de mascar verde en mano. Había crecido bastante y estaba más grande que las Kiryu.
-Hola, Bunta –Rin correspondió el abrazo de su amigo.
Melanie hizo lo mismo, y saludo al resto de sus amigas, mientras su hermana mayor se sentaba en un pupitre. Nunca le había agradado andar alrededor de chicas ya que no tenía los mismos gustos que ellas y rara vez se llevaba bien con una. En cambio, era la compinche de todos los chicos y podía estar el día entero con ellos sin aburrirse. No entendía cómo se podía llevar bien con la rubia a pesar de sus gustos enormemente diferentes; eran como el día y la noche o como un perro y un gato, incapaces de parecerse en lo más mínimo. Pero aún así se alegraba de eso.
-Cómo ha pasado el tiempo –suspiró-. Aún recuerdo cuando era una cría pequeña que tenía miedo de entrar al salón de primer grado. Y ahora, cinco años después, es la más extrovertida de todo el sexto grado. Qué cambio más rápido…
-Tienes toda la razón, Rin –Renji la miró (Considerando el hecho de que tenía los ojos cerrados, digamos que giró la cabeza hacia su dirección)-. Me pregunto a dónde se habrá ido el tiempo.
Rió al recordar ese día. Y aún no encontraba la respuesta a su pregunta. Tenía entendido que cuando uno se divertía los años pasaban volando, pero no sabía por qué tenía que ser así. Deseaba quedarse en su infancia, en donde aún podía estar al lado de la persona que más la conocía, donde aún estaba viva la Rin que era amable y abierta con todo el mundo; no como era en la actualidad; sarcástica, rebelde a más no poder, altanera y encima separada totalmente de su hermana. Ya sabría qué le depararía el destino.
-¡Aquí estás! ¡¡Te busqué toda la mañana!!
Volteó, para encontrarse con un muy enfurecido Bunta. Estaba cruzado de brazos, golpeando el pie en el suelo con frecuencia, signo obvio de impaciencia e ira. Parpadeó dos veces y se levantó para preguntarle al tensai por qué estaba tan molesto, pero éste la calló poniendo el dedo índice cerca de su rostro.
-Yo hablo primero –indicó, golpeando la nariz de la chica con su dedo-. A ver, te espere durante treinta y cinco minutos e-xac-tos en la calle, y me di cuenta que no vendrías muy tarde. Corrí las dos condenadas cuadras para intentar llegar a tiempo a clases, pero por la culpa de cierta persona llegué retrasadísimo a biología y tuve que buscar un pase para poder entrar. Luego pude ver que ni siquiera estabas en el salón. Y para colmo, te encuentro aquí en la terraza de lo más normal, contando nubecitas. Quiero una buena razón para no matarte, Kiryu.
-¡Qué delicado eres! –exclamó la pelinegra, jalándole un mechón de pelo a su amigo-. ¿Quieres la razón de no aparecer en la mañana? Simple; estuve toda la maldita noche despierta sin poder pegar ojo, y me levanté temprano. ¡No es mi culpa padecer de insomnio! ¡No te iba a esperar durante treinta minutos en la calle, cuando podía ir al salón y descansar un rato! ¡Perdóneme, oh gran excelencia, por haberle hecho llegar tarde! ¡Perdóneme por no haber dormido, y por haber hecho que el profesor me sacara de clase! ¡Prometo que le avisaré cuando no pueda dormir para que no tenga que buscar un simple pase! ¿Ya? ¿¡Feliz!?
En las últimas oraciones había empezado a gritar sin darse cuenta, y a exagerar sus gestos, haciendo que el pelirrojo se asustara.
-…no lo digo por el pase –dijo, explotando su burbuja de chicle-, o porque llegué tarde. Sino porque me preocupé, tonta. No hacía falta tanta gritería.
Rin se volteó.
-Aún así…-apretó con fuerza el puente de la nariz y bufó-. Lo lamento, es que cuando no duermo tiendo a perder los estribos con mucha más facilidad. No fue mi intención gritarte. Pasé una mala noche pensando en Melanie y…
Marui parpadeó sorprendido. Si por haber pensado en su hermana no pudo dormir, debía ser bien grave. La abrazó.
-La extrañas, ¿no es así? –Sintió el asentir de la cabeza de la chica en su hombro-. Pobre…Rin-chan, no deberías ponerte tan mal por eso, puedes enfermarte. Deberías pensar en que ella está bien en donde quiera que esté.
-Al diablo con eso –atajó, abrazándolo más fuerte-. Aunque lo piense sigo sintiéndome mal. Si no hubiera escuchado al idiota de mi papá y no le hubiera gritado, sabría al menos en donde está viviendo, y que sigue siendo la misma Melanie de casi tres años atrás. Pero no es así, Bunta, no es así. Y todo fue por mi maldita ira, todo es culpa mía. ¡Y no puedo hacer nada para cambiar el pasado! ¡Todo se quedará como está!
-No puedo decir “Te comprendo”, porque no me ha pasado nada como eso, ¿sabes? –se separó y la miró, algo triste-. Pero sí puedo decirte una cosa; quizá no puedas cambiar el pasado, pero sí puedes cambiar el presente, inclusive el futuro. Ya aprendiste de tus errores, y aún puedes corregirlos.
-¿Cómo? –mordió su labio inferior, intentando ahogar un sollozo- ¿Cómo puedo arreglarlo? Si ni siquiera la he podido ver…
-¡Bingo! ¡Eso es lo que podemos hacer! Digo, puedes hacer. Puedes ir a verla en donde esté estudiando o en donde vive e intentar hablar con ella. Sencillo, ¿ne?
-Ella no quiere verme ni en pintura, Bunta. Me lo dijo bien claro cuando me iba. Perdería el tiempo yendo a Seigaku.
-¡Hay que intentarlo! No seas tan negativa, Rin-chan. ¡¡Esta tarde puedes ir a verla!! Después de clases, claro.
-¿Bromeas? No iré ni loca a los barrios bajos. Y además, Seigaku está en Tokio, tendría que tomar varios trenes, se hará tarde y…
-¡Urusai! O vas o vas, no tienes otra opción.
-De…de acuerdo. Demo, tú me acompañarás.
Después de desayunar se dirigió a las canchas de tennis femenino, ya que había planeado un entrenamiento más largo porque quería empezar a prepararlas para el torneo entre las escuelas de Kanagawa.
Al pisar el suelo del club, todas las novatas corrieron a formar varias filas, seguidas de las siete titulares, quienes tomaron los lugares más próximos a las rejas. Ariadne saludó a la capitana y se puso a su lado en silencio.
-Como ya saben –empezó la Kiryu, seria-, dentro de unas tres semanas comenzarán los torneos de tennis en Kanagawa. Y también saben que nosotros, Rikkaidai, hemos mantenido nuestro legado en el tennis durante dieciséis años seguidos en el torneo regional, y dos años consecutivos en el nacional. Tanto chicas como chicos han esparcido nuestra fama gracias a su gran talento en este deporte, y todo gracias al duro entrenamiento que los capitanes les han impuesto a sus titulares. Resumiendo este discurso, no permitiré que nuestro club pierda en el torneo, por lo que trabajaremos el doble para ganar sin esfuerzo a todas las escuelas que se nos crucen en el camino hacia la victoria.
Las novatas suspiraron de alivio. Para su buena suerte, no les tocaría hacer tanto trabajo.
-Y –continuó al oír los suspiros-, por el hecho de que sólo las titulares participen en éste no significa que el resto no trabajará para mejorar sus habilidades en tennis. Sé que para algunas les será difícil, pero no dejaré que se queden atrás. La idea es practicar para mejorar, ¿no es así?
Todas asintieron, resignadas.
-Bien. Me alegro que entendieran, chicas.
Todas rompieron filas y siguieron con el entrenamiento.
“¡Rikkaidai! ¡Rikkaidai!”
-Jugaremos partidos entre nosotras –anunció Rin-. Así veremos quién necesita mejorar más y quién no.
“¡Somos invencibles, Rikkaidai!”
-¡De acuerdo! –exclamaron las chicas, entusiastas.
“¡¡Los venceremos de un solo golpe!!”
-A ver, las elegiré al azar.
“¡O~h! ¡¡Rikkaidai!!”
-Qué entusiastas están las chicas, ¿no? –Susumu sonrió al escuchar las porras resonar por todo el instituto-. Es bueno contar con tanto apoyo.
-¡Claro que sí! –Aileen rió.
“¡Rikkaidai! ¡Rikkaidai!”
-Aria-san jugará contra Aileen, Kaori contra Harumi, Kyou contra Ryou y…Susumu contra mí. ¿Alguien quiere decir algo?
Silencio. La capitana indicó con la cabeza que debían empezar en el orden que había dictado.
“¡Somos invencibles, Rikkaidai!”
La latina dio una formidable lucha con su increíble juego acrobático, el cual le permitía devolver las difíciles pelotas que le lanzaba la prima de Seiichi, quien con su grácil movimiento similar a una bailarina combinado con sus complicadas técnicas ya tenía la victoria asegurada. Cuarenta y cinco minutos después la fukubuchou terminó el partido con un 7-5 a su favor.
Ambas subieron a la red, cansadas.
-Qué lata –bufó Aileen-. Pero qué puedo decir, eres la fukubuchou. ¡Buen partido!
-Lo mismo digo, Bazzeletti –Ariadne sonrió-. Mejor suerte la próxima.
“¡¡Los venceremos de un solo golpe!!”
-Felicidades, Aria-san –Rin se acercó a las dos-. Me gusta tu juego acrobático, Aileen. Por perder correrás treinta y cuatro vueltas. Y no acepto comentarios y/o quejas –agregó al ver cómo se abría la boca de la de segundo para protestar.
A regañadientes, la oji ámbar empezó a correr. Harumi y Kaori se miraron antes de ir a la cancha de juego.
“¡O~h! ¡¡Rikkaidai!!”
-¿Soy yo o las miradas de esas dos dan miedo? –Susumu tragó saliva al ver a las dos muchachas dirigirse disimuladas miradas envenenadas- ¡Están que se matan!
-Pues sí –Kyou asintió-. Con lo serias que son no me sorprende.
-Pero no dan más miedo que Rin-buchou –Ryou rió.
-¡Oi, escuché eso, Fujibajashi! ¡Cuarenta vueltas a la cancha, ahora!
Para resumirle al lector lo ocurrido en los dos partidos, Harumi y Kaori tuvieron un largo partido en el cual no dejaron de sorprender al resto de las titulares con los increíblemente rápidos servicios y sus técnicas. Harumi, a pesar de que estuviese siendo agotada con las pelotas de fondo que le lanzaba su contrincante, logró ganar los dos primeros games con su buen slice, que la mayoría del tiempo caía al suelo y no rebotaba más, poniendo en problemas a Kaori, quien respondió muy bien a su juego agresivo, alargando el partido hasta un tie break, el cual perdió 13-15, para su mala suerte. Rin no lo pensó más y las mandó a correr a las dos sin explicar su motivo, mientras indicaba a las dos Fujibajashi que procedieran a jugar.
-Ah. Esto va para largo –se quejó Harumi al ver a las dos hermanas jugar-. Esas dos tienen una habilidad muy pareja.
-¿Cómo así? –Ariadne se acercó- ¿Las has visto jugar?
-No. Pero míralas; son dos hermanas que llevan jugando desde pequeñas, obviamente se saben cada uno de los movimientos de la otra, por lo que no cederán mucho.
-No lo había pensado de ese modo. Bueno, ya veremos qué tan buenas son en singles.
-Lo más sensato es ponerlas en dobles, ¿no es así, buchou?
-Ajá –la de los ojos azules se sentó a su lado-. Obviamente funcionarán mejor en dobles al ser hermanas.
Kyou, la mayor, era muchísimo mejor en la defensa que su hermana, quien atacaba sin piedad. En los primeros tres games hubo un constante peloteo que era una combinación de voleas y tiros dirigidos a el rostro, dejadas y potentes smashes. Como era de esperarse, el partido tomó hora y media, llegando a un apretado tie break que parecía interminable.
-¡Basta ya! –ordenó Rin, exasperada-. Si las dejamos jugando no pararán nunca. Decidido; estarán en dobles, y nada más. ¡Cuarenta y cinco vueltas, ahora! ¡Y me refiero a las dos!
-¡Hai!
Lo que la chica no sabía era que Ryou y Kyou habían planeado todo el partido para que las pusieran en dobles. Rieron por lo bajo y en diez minutos terminaron las vueltas.
-Haremos un descanso para almorzar, treinta minutos.
Todo el equipo siguió a su capitana hasta un lugar algo apartado en donde las ocho podrían comer en paz. Se sentaron en un círculo y cada una empezó a comer en silencio.
-Eh, chicas –la pelinegra dejó a un lado su caja del almuerzo casi terminado)- . Se supone que almorzamos todas juntas porque quiero que nos conozcamos más, ¿saben? Eso es fundamental en un equipo.
-Bueno…
-¿Tenemos que hacerlo?
-¡Joder! –la Kiryu se cruzó de brazos y las miró-. Si tan tímidas son empezaré yo para que se den una idea. No es necesario decir mi nombre porque ya se lo saben. Tengo catorce y soy libra. Me encanta todo lo que tenga que ver con arte, literatura de drama, videojuegos, manga, música y obviamente el tennis, kárate y kendo. Odio que me subestimen, que me ganen en un partido de tennis, que me pongan sobrenombres ridículos, que me despierten cuando duermo y todo lo absurdamente femenino. También odio las faldas y el rosa. ¿Qué más? Ah sí, planeo ganar el torneo nacional de tennis femenino y pienso vencer a todo el equipo de tennis masculino de Rikkaidai. En cuanto a estudios no sabría decirles.
-Wow, tienes bien ordenadas tus prioridades –Ariadne se arregló el cabello y carraspeó un poco-. A ver, sigo yo. Como ya saben soy la prima de Seiichi, y tengo quince años. Me gusta tocar el piano, el violín y la flauta, además de leer y jugar tennis. También me gusta mucho leerles cuentos a niños pequeños. Hm, lo que no me gusta es que me hagan molestar, cosa que les recomiendo que no hagan, las personas mentirosas y creídas y…eso, supongo. Y mis planes para el futuro son…pues…aún no los tengo muy claros.
-¡Yo soy Aileen, de catorce años recién cumplidos! –la morena se señaló a sí misma-. Eh…ADORO los videojuegos y también el soccer, obviamente también me gusta el tennis. Hacerle bromas a la gente es mi especialidad, al igual que ayudar a mis compañeros en biología, matemática y cualquier otra materia. No me gusta utilizar faldas, porque a la hora de hacer gamberradas no me sirven demasiado. Y al igual que Ariadne-fukubuchou no me gusta la gente falsa, mentirosa o que se rinde fácilmente. Cuando crezca pienso estudiar o medicina o psicología.
-Hola a todas –Susumu sonrió-. Soy Susumu, pero me pueden llamar Hitsuji-chan. Me gusta…
-¿Borrego? –Ryou la interrumpió- ¿Por qué quieres que te llamemos así?
-Apuesto a que es por su cabello –Kaori examinó el cabello de la chica-. Blanco y ensortijado, como un borrego.
-Exactamente –secundó “Hitsuji-chan”-. Llámenme como gusten. Tengo quince, por cierto. Me gustan los animales, en especial si son cachorritos. Amo ver películas de todo tipo, y los videojuegos que tienen gráficos geniales también, al igual que entrenar hasta cansarme. Comer un buen helado de vez en cuando es una de mis rutinas. Me disgustan las chicas que son pijas hasta la coronilla, y las personas mentirosas como ya lo han dicho. Tampoco me agradan los mirones. Y mis planes para el futuro son…bueno, pienso que estudiar en una universidad en donde una opción sea cinematografía o diseño. Ah, otra cosa que me gusta hacer es dibujar, y me han dicho que lo hago bien.
Rin terminó su almuerzo, y luego posó sus ojos en Harumi, que había permanecido callada.
-¿Sigo yo? Bueno, como ya saben, soy Yuumura Harumi y tengo catorce. Una de mis tres adicciones es comer dulces, la segunda es el manga que publican en la Weekly Shōnen Jump y la tercera es el tennis. No tengo ni idea de por qué me apodan “Hiena endemoniada”…supongo que es porque tiendo a explotar si me provocan durante mucho tiempo. No me gusta la gente demasiado ruidosa, que me quiten mis dulces y perderme algún número de la WSJ. En cuanto a planes futuros no he pensado en eso, y aún no lo quiero pensar. Aunque una de las cosas que quiero hacer pronto es vencer a un amigo mío en tennis.
-¿Se puede saber quién es? –Aileen se acercó curiosa a su sempai- ¿Lo conoces desde hace mucho?
-Sí, de seguro lo conocen. Se llama Syusuke Fuji, y la mayoría le dice “El tensai de Seigaku”. Lo conozco desde hace un buen tiempo.
-Mucha suerte, Harumi –Kaori empezó a jugar con uno de sus mechones-. Supongo que yo soy la siguiente. Bueno, tengo quince y soy de esas personas que aman la tranquilidad y leer un buen libro de vez en cuando. Sé tocar el violín y me gusta mucho cantar, además de jugar tennis, obviamente. Me disgustan las personas que se creen superiores a otras y las tratan como basura, además de que me molesten y otras cosas que no quisiera decir ahora. Planes del futuro…aún no tengo.
Siguieron las gemelas Fujibajashi, que no pudieron terminar ya que la campana les indicó que debían ir de nuevo a las canchas.
Susumu respiró hondo mientras subía a la red. No le importaba si tenía que jugar cinco, o incluso diez partidos; ella los ganaría sin esfuerzo. Pero no quería jugar uno contra su capitana. Ya la había visto jugar contra el tensai de Rikkai, y había quedado impactada con el monstruoso revés –llamado “Doragon Shot”- que hizo volar la raqueta anaranjada del pelirrojo por los aires. Lo peor del caso es que Rin sabía que le ganaría al borreguito, pero aún así decidió jugar contra ella. Iba a quedar en ridículo enfrente de todo el club de tennis.
-Susumu –la pelinegra chasqueó los dedos enfrente de la titular-. Susumu, ¿estás ahí? Susumu, respóndeme.
-¿Eh? –la chica parpadeó y sonrió, algo apenada-. Gomen, estaba pensando. ¿Qué decía, Rin-buchou?
-Te pregunté si tenías demasiados nervios, Susumu. Andabas en la luna desde el almuerzo, ¿sabes?
-U-Un poco. Y de nuevo, gomen, trataré de no distraerme demasiado.
-No es tu culpa.
Cada una dio media vuelta y se colocaron en los rincones de la cancha. La de los ojos ambarinos se preparó para recibir el servicio, esperando lo peor. Pero para su suerte la pelota rebotó normalmente, sin ningún efecto o rapidez insana. Al devolverlo sintió el enorme peso de la pelota.
Media hora más tarde ambas estaban empatadas cuatro juegos a cuatro, sin marcar aún ningún punto. En todo el partido la buchou no había utilizado ninguna de sus técnicas, sólo había empezado a golpear con más fuerza, dejando extrañada a Susumu por la enorme ventaja que le estaba dando. ¿A dónde se había ido el orgullo de la victoria perteneciente a la oji azul? Era raro que le tuviera tanta compasión a una titular.
Rin sujetó con más fuerza su raqueta. Entendía que debía contener un poco su fuerza o el borreguito podría lastimarse, algo que no quería por nada en el mundo, pero le era aburrido jugar sin ninguno de sus trucos. Tal vez no podía hacer su Doragon Shot, pero sí podía utilizar el Winged Slayer [N/A: Original de Disgaea. No pregunten por qué le quise poner ese nombre-desu xD], que si la suerte estaba de lado en ese momento podría rebotar dos veces antes de que Susumu la alcanzara. Inclinó la cara de la raqueta un par de milímetros hacia fuera y con gran rapidez golpeó la pelota apenas se despegó del suelo, rogándole a todos los dioses que conocía para que fuese lo suficientemente rápida como para que la Shimura no la pudiera alcanzar.
-Ah, lucky –dijo aliviada al ver cómo la pelota pasaba de largo sin ser tocada por la raqueta de Susumu.
Unos veinticinco minutos después, la buchou había ganado sin problemas en partido como era de esperarse.
-No utilizó ninguna de sus técnicas, Rin-buchou –comentó borreguito, entre aliviada y decepcionada.
-Una sola –corrigió la chica, mirando hacia arriba por la diferencia de altura entre ambas (Siete, seis centímetros aproximando)-. No quise utilizarlas, sino no hubiera sido tan divertido. Eres realmente buena jugando, ¿sabes?
-A-Arigato, pero no es para tanto. Esto…buen partido, supongo.
-Lo digo enserio. Tal vez entrene contigo algún otro día.
Sonrieron.
La Kiryu dejó correr el agua fría para quitarse todo el sudor y calmarse un poco. Cerró los ojos con fuerza, tratando de que los nervios no la comieran. Quería estar lo más tranquila posible cuando llegara el momento de ir a Seigaku. Pero la idea de ver a su hermana dos años después de haber desaparecido por completo en Inglaterra hacia que su corazón latiera a millón. Encontrarse con aquellos ojos verdes que la habían maldecido hasta cansarse aquel día la intimidaba.
-Hagamos una promesa –Rin levantó su dedo meñique.
-¿Qué promesa, Rin-nee? –la rubia la miró, curiosa. También levantó su dedo.
-Nunca nos separaremos. Y tampoco nos pelearemos.
-Hmm –entrecerró los ojos, pensando. Luego volvió hacia su hermana- ¡Hecho!
Juntaron los dedos y rieron. Sabían que esa promesa nunca se rompería.
-El condenado problema es que sí se rompió –dijo la pelinegra mientras caminaban hacia la estación de trenes-. Y que ella no me quiere ver, obviamente.
-Deja ese pesimismo, Rin-chan –repitió por cuarta vez Marui, bastante fastidiado-. No pienses en lo que tal vez no pasará. Lo importante es que la verás, ¿no es así?
-Ojalá tuviera tu optimismo.
-Sigue soñando. Con lo nerviosa que te pones dudo que logres hacerlo algún día.
-Gracias, Bunta. Cada vez que me insultas subes mi autoestima.
-No te insulté –espetó, mientras pasaba el dinero por la taquilla para comprar dos boletos-. Sólo dije que es muy poco probable que puedas hacerlo.
-Sí, como no.
Para su buena suerte, el tren que se dirigía a Tokio había llegado un par de minutos antes, y aún tenía sus puertas abiertas. La oji azul se quedó quieta, pensando si realmente quería hacer eso. El tensai suspiró y la jaló por el brazo con fuerza para evitar que su amiga se le escapara. Una vez dentro, se sentaron en los pocos puestos que quedaban.
Rin no habló de lo ensimismada –y nerviosa- que estaba. Contemplaba distraídamente sus zapatos, que golpeteaban el suelo constantemente. El tennis blanco de Bunta se posó en uno de ellos, parando el molesto ruido.
-Eso me desquicia, ¿sabes?
-Mal por ti. Tú no vas a ver a tu hermana que dijo bien claro que no quería verte ni en pintura.
-Aún así no tendrías que estar haciendo eso con el pie.
Lo fulminó con la mirada y volvió a golpetear el suelo.
Después de caminar durante quince minutos encontraron el blanco edificio de Seishun Gakuen, que bloqueaba la poca luz que quedaba. A esa hora deberían estar saliendo los miembros de los clubs, en donde seguramente Melanie estaba. Se pararon en el umbral, contemplando los pequeños jardines que salpicaban el suelo pavimentado, esperando a que alguien saliera.
-Hoy jugamos más de la cuenta –dijo una voz lejana, riendo.
-Sí. Estoy muy cansada –otra voz femenina apareció.
-Mada mada dane –un chico abrió la puerta. Rin reconoció esa voz tan arrogante, pero no dijo nada-. Para cansarse por eso…
-¡Urusai, Echizen-baka! –exclamaron las dos chicas, también saliendo.
La primera en salir fue una peli rosada de la misma altura que Ryoma. Traía un bolso en donde seguramente guardaba sus raquetas.
Y la segunda era una rubia realmente linda con unos ojos color verde esmeralda brillante, que se quedó petrificada al ver a Marui y a la pelinegra.
Ahí estaban, las dos Kiryu, mirándose fijamente, después de haberse distanciado durante dos años y algo más. Nota del autor Perdón por haberme tardado, la escuela me drena la inspiración. Y claro, con todo esto del asunto de las firmas mi creatividad se divide en dos. Bueno, ya salió Melanie, y aún faltan un par de personajes más (Que no les diré quienes son-desu). Una cosa más; anduve haciendo estupideces en el PS y al final creé una especie de ficha del club femenino. Aquí está: Eso es todo. Espero que les haya gustado-desu-
__________________ One night, and one more time. Thanks for the memories, even though they weren't so great. x.
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