alethéia ID: 253628 Registrado: marzo-2008 Hace: (620 dias)
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| CAPÍTULO 9; DOS AÑOS, UN MES Y QUINCE DÍAS DESPUÉS.
Los dos chicos de primer año pararon de conversar al ver a Melanie quedarse quieta y sin decir palabra alguna. Luego siguieron su mirada y se extrañaron al ver a los dos extraños observando a su amiga.
-Melanie-sempai, ¿los conoce? –preguntó la peli rosada, curiosa
-Adelántense –ordenó la de los ojos esmeralda, seria-. Luego los veo ¿sí?
-Hai.
Ryoma miró a la pelinegra con sus grandes ojos gatunos, antes de irse con la niña calle abajo. Otro silencio aún más incómodo reinó.
-Melanie…-susurró Rin, tratando de aparentar tranquilidad.
-¿Qué quieres? –el tono de voz de la rubia se había vuelto hostil, mientras sus ojos cambiaban a un rojo escarlata- ¿Y qué demonios haces aquí? Creo que te dejé bastante claro que no quería volver a verte, ¿no es así?
-Por favor, no tienes por qué hablar así. Vine desde Kanagawa hasta aquí para poder verte y me tratas como si fuera basura o algo por el estilo.
-Puedo hablarte como me plazca. Aún no has respondido a mi pregunta, y más vale que te apures porque no tengo toda la tarde para oírte.
Su hermana menor se cruzó de brazos y levantó una ceja.
-Vine para verte, y quería ver si al fin habías podido pensar un poco para que te dieras cuenta que no tuve la culpa de irme a Inglaterra.
-Ah. Entonces sigues con la idiotez de que papá te obligó y todo eso.
-Que no es una idiotez, maldición. Veo que él no ha hecho más que engañarte. ¡Él quiso separarme de la familia! ¿Cómo diablos no te has dado cuenta?
-¡¡No llames mentiroso a papá!! –rugió, caminando hacia ellos- ¡Él no me engañó; tú fuiste! ¡¡Me prometiste que siempre estaríamos juntas!!
-¡Pues perdóname por haberlo hecho cuando no teníamos uso de la razón! Melanie, por Kami ¡Piensa un poco! ¿Cómo puedes creer que yo te iba a abandonar?
-Sencillo; tú eres capaz de todo. Incluso de echarle la culpa a papá porque te apeteció ir a Inglaterra.
Rin resistió la tentación de zarandearla y gritarle a los cuatro vientos que le creyera de una maldita vez, pero prefirió callarse. La ira hacía que los brazos de las Kiryu sintieran pequeños hormigueos. Ambas tenían un mal carácter, pero la pelinegra era la ganadora en cuanto a ira y descontrol se refería. Melanie dio otros tres pasos más y soltó un bufido.
-Mel-nee, por favor, escúchame. No sabes lo mal que me sentí en los dos años que estuve por allá. Además, no tenía manera de comunicarme y…
-Pues me alegro mucho –dijo, abriéndose paso entre los dos y dándoles la espalda-. Espero que eso te haya hecho reflexionar. Dos cosas; primero, no me llames “Mel-nee”, y segundo…no importa cuántas veces vengas a mi disculpándote con excusas estúpidas, no te creeré. Espero no tener que volver a verte.
Un viento extrañamente fuerte sopló, agitando violentamente el lacio cabello de la rubia. Ésta los miró de reojo y sin decir nada más se reunió con sus dos kohais que la habían esperado amablemente al doblar la calle.
-Melanie-sempai –la tenue voz de Ryoma se oyó-, ¿los conoce?
-No. De seguro se habrán equivocado de personas. Pobrecitos, hasta me dijeron que habían venido desde Kanagawa…
-Wow…ni yo soy tan torpe.
En un arranque para quitarse la frustración, Rin tiró su bolso con las raquetas con mucha brusquedad y se apoyó en el pilar para no caerse. Apretaba los dientes, furiosa y soltaba grandes chorros de aire por la nariz.
-Mierda, mierda –exclamó, golpeando el pilar- ¡¡Mierda!! ¿¡Por qué diablos no me cree!? ¡De un momento a otro decide tomarme por mentirosa porque a papá le dio la perra gana de decirle eso y ella de inocente le cree! ¡Maldición! [N/A: Perdón por las malas palabras, es que cuando Rin se frustra es una tendencia que se exprese con ese lenguaje.]
El tensai estaba entre abrazarla y regañarla por el ataque de ira que estaba teniendo. Estaba con la boca semi-abierta, intentando planear qué hacer. Se acercó a ella e intentó calmarla dándole uno de esos abrazos que tendían a disminuir su mal comportamiento.
-Rin-chan –comenzó el pelirrojo, aferrándola más a su pecho-, no digas malas palabras que de verdad se ve feo. Además, debes calmarte un poco y no descargar tu ira contra las pobres raquetas.
-Me estás diciendo que me calme cuando mi hermana me acaba de decirme que no quiere verme nunca más, y que encima me trató horriblemente mal –no correspondió el abrazo, pero tampoco se apartó-. Bunta, no puedo hacer eso, ¿sabes?
-Tú puedes hacer cualquier cosa. Es tu orgullo, y quizás parte de tu temperamento, que no te deja calmarte.
Se quedaron unos treinta segundos más así, callados. Rin no se movía, no hablaba, y apenas se podía sentir su respiración. Tampoco se oían sollozos o sentía pequeñas gotas frías en su hombro. Ella no terminaba de asimilarlo, no comprendía por qué le había sucedido eso, por qué la había tratado tan mal. Bueno, tal vez lo último sí lo justificaba ya que había tenido una fuerte discusión el mismo día que se iba a ir al país británico, pero en esos dos años pudo haber reflexionado un poco. Posiblemente su papá le había metido cualquier mentira que se le hubiese ocurrido para poder terminar de separarlas.
-¿Por qué quiso hacernos esto? –preguntó con un hilillo de voz- ¿Por qué quería hacernos discutir de esta manera?
Marui, al separase, la miró extrañado, sin saber a quién se refería la pelinegra. La respuesta que recibió fue “El mentiroso que se hace llamar como mi padre”, seguida de un suspiro de resignación. Rin se agachó para tomar su bolso y se lo colgó en el hombro.
-Quiero irme –dijo, clavando su mirada en el suelo-. Ya está oscureciendo y mi hermano me dará un sermón si llego tarde.
-De acuerdo.
Había tomado su mano para que ella supiera que podía contar con él, a manera de reconfortarla un poco, pero parecía estar en un trance que le impedía reaccionar. Tenía la mirada perdida, aún color escarlata, y no se dignaba a entablar una conversación con su amigo. No se sentía como si estuviese en la tierra.
Tuvieron que esperar veinte largos minutos porque el tren llegaba retrasado por un par de inconvenientes en su punto de partida que ya habían solucionado con anterioridad. No se veía la luna por ningún lado, sólo un montón de nubes que auguraban una fuerte tormenta, sin posibilidad de aclarar en algún momento de la noche. La oji azul rió amargamente; ya le era obvio que hasta el mismo destino se burlaba de ella, la reprochaba por haber sido tan estúpida y egoísta al dejar a su pobre hermana en Japón cuando ella estaba de lo más tranquila en Inglaterra. Empezaba a creer que Melanie tenía razón, que ella era capaz de cualquier cosa con lograr su objetivo, y no le importaba cómo reaccionaran los demás.
Fue en el tren cuando pudo terminar de encajar todas las piezas.
-Me odia –se dijo a sí misma, apoyando su cabeza entre las manos-. Me odia, y mucho.
-Sólo necesita tiempo –Bunta levantó su rostro-. Ella comprenderá, no se deja llevar tan fácilmente.
-Como si eso pudiese pasar –lo fulminó con sus ojos, que se habían tornado plomo-. No es muy probable que eso ocurra, al menos durante un buen tiempo.
-Ah, niña tonta y pesimista, ¡Quítate eso de la cabeza! –golpeó levemente una de sus mejillas-. Lo pasado es pasado, déjalo atrás. Ahora tienes que pensar en el torneo que se acerca y en sacar buenas notas. Luego puedes ocuparte de reconciliarte con tu hermana.
-Sí claro. Tú pretendes que yo piense en otra cosa cuando ya me quedó claro que soy la enemiga de Melanie y no hubo manera de disculparse –ladeó su mirada al sentir cómo se le aguaban los ojos-. No es tan fácil. No es nada fácil.
-Sí, eso es lo que pretendo –volvió a mover el rostro de Rin de modo que pudiera verla a los ojos-. No puedes frenarte por pequeñeces. ¡Y, oh no, no te vas a poner a llorar! ¿No era que odiabas llorar?
-Joder, Bunta. No es mi culpa que las condenadas lágrimas salgan solas.
-Tranquila –con suavidad secó los ojos de su amiga, sonriendo-. No quise hacerte enojar, gomenasai. Rin-chan, no llores, por favor. No me gusta verte llorar.
Otro abrazo consolador por parte del tensai.
-Bunta, gracias por con…-paró en seco y rectificó-. No. No me pondré a decir cosas maricas como “Gracias por apoyarme” o cosas por el estilo. Esa no soy yo.
-Sabes que eso es lo que exactamente quieres. Pero no importa, con el hecho de que lo digas en tu mente me basta. Y de nada.
-Y el hecho de que me conozcas tan bien me molesta. Eso es lo malo de haberme juntado contigo desde primer grado.
-Sí. A mí también me agrada que nos conozcamos tan bien.
Las luces blancas hacían que el ambiente tornara un aspecto siniestro y silencioso. De vez en cuando se oía el rumor de un carro lejano, pero era rápidamente absorbido por la callada quietud. La brisa fría era el broche de oro para cerrar aquella escena. Aún no salía la luna, y las nubes empeoraban cada vez más.
Los jóvenes se detuvieron al llegar a la puerta de la casa de los Kiryu. Marui carraspeó un poco.
-Bueno, Rin-chan, ya llegamos.
-Sí, de eso ya me di cuenta.
-Deja de ser tan sarcástica, ¿sí? –jaló suavemente una de las pálidas mejillas y trató de sonreír-. Anda, ve a tu casa antes de que tu hermano se moleste. Nos vemos mañana, Rin-chan.
-Hasta mañana, Bunta.
El pelirrojo se fue alejando tranquilamente, tarareando una canción por lo bajo. Rin tiró una vez más su bolso y corrió para abrazarlo con todas las fuerzas que le quedaban en ese momento. Bunta suspiró y se volteó, sujetando la cabeza de su amiga. La pelinegra trató de decir algo, pero un nudo en la garganta le impedía hablar con claridad, además de que no tenía ni idea de qué podía decir. El tensai se percató de eso y rió por lo bajo, mientras ella apoyaba la barbilla en su hombro.
-Gracias por acompañarme. Y gracias por soportarme cuando tengo semejante humor.
-Me alegro que al fin lo hayas dicho. Y de nada, para algo están los amigos.
-Te debo una.
Dicho esto, le plantó un leve beso en la mejilla y entró en su casa, con su bolso en mano.
Tuvo que soportar los sermones de su hermano una vez más porque había llegado dos horas tarde –eran las siete casi ocho-, y porque no le había avisado que lo haría. Encima empezó a gritar más fuerte cuando se enteró de que había ido a Tokio, a pesar de que fuera acompañada. Estaba tan furioso que saltó la parte de ”fui a ver a mi hermana”, y aunque ella lo repitiera cada vez que tenía que agarrar aire para seguir hablando la seguía ignorando.
Quince minutos más tarde Yuu se dignó a escucharla y trató de no escupir el agua que tomaba al oír su excusa.
-¿¡Cómo que fuiste a ver a Melanie!?
-Eso es lo que he estado diciéndote desde que llegué –se justificó Rin, molesta-, pero tú seguías gritando.
-No me dijiste nada.
-Porque sabía que me dirías que no.
-…-suspiró y dejó su vaso de agua en el otro extremo de la mesa- ¿Cómo te fue?
-Mal, muy mal. Aún está molesta conmigo, y sigue creyendo las mentiras de papá.
-No debiste hacerlo.
-Sí, ya lo sé.
En cuanto a apoyo o consejos se trataba, Kanda era el peor. Lo único que había podido aumentar era su culpa, y parecía que iba a ser peor si seguía en la cocina. Subió las escaleras sin ánimos de hacer nada y entró a su habitación con un portazo.
Luego empezó a caer la lluvia.
-¡¡Cuarenta y cuatro vueltas a la cancha las novatas!! –gritó la capitana, más seria de lo habitual- ¡¡Y ochenta y nueve vueltas las titulares!!
Rin se cruzó de brazos y suspiró. No quería pagar la rabia que sentía con las chicas, pero tampoco quería que empezara a disminuir su resistencia física poniéndoles menos ejercicios, así que optó por ponerles la misma rutina mientras intentaba refrenar su carácter.
Después de mandar a hacer los ejercicios de estiramiento y los abdominales, las juntó a todas en el centro de la cancha. Carraspeó un poco para llamar su atención. Decidió hacer un pequeño juego entre las titulares y el resto del club para que se divirtieran un rato antes de que comenzara el torneo. Las hizo correr en varios grupos alrededor de la cancha, y las que no lograban encontrar pareja tenían que cumplir un vergonzoso castigo, que variaba desde cantar alguna canción estúpida hasta hacer veinte lagartijas enfrente de todas sus compañeras. A pesar de que la mayoría sufrió bastante, estuvieron riendo toda la mañana.
En el recreo, fue a la terraza con su equipo, que estaba emocionado por el hecho que en menos de dos semanas empezaba su primer torneo de tennis.
-¡Ya me veo siendo aplaudida por todo el público –exclamó Aileen, alzando los brazos como si estuviese agradeciéndole a una audiencia imaginaria-, emocionado por mi increíble juego acrobático!
-Pues déjame decirte –la pelinegra le pegó un leve zape en la cabeza de la latina-, Bazzeletti, que en esta oportunidad no jugarás.
-¿Nani? ¿Por qué no jugaré~~?
-Porque estarás como jugadora de reserva, y dudo que tengamos que llegar a ese extremo en los partidos. Recuerda que somos campeones desde hace más de quince años, y que con ganarles en los dos dobles y en singles 3 es suficiente.
La oji ámbar empezó a saltar.
-¡No es justo! ¡No es justo!
-Cálmate, Aileen –Ariadne puso ambos brazos en los hombros de la de segundo-. En el próximo partido podrás jugar.
-Hablando de posiciones…-Susumu levantó una mano- ¿Quiénes estarán en los dobles y en el singles 3?
-Los dobles 2 serán las gemelas –respondió la prima de Yukimura-, y los dobles 1 serán Harumi y Kaori.
Las dos últimas lanzaron una mirada reprobatoria, demostrando que no estaban de acuerdo, pero no hicieron nada más.
-Y el singles 3 serás tú, Shimura –continuó Rin, sonriendo de una manera algo malvada al ver la expresión de borreguito-. ¿Alguna objeción?
-Pe…pero… ¿por qué tengo que estar yo en los singles 3? ¿Por qué no Aileen, o Ariadne-fukubuchou?
-Porque según los datos de Aria-san, tú eres la más indicada para vencer a la chica de singles 3, además, sé que jugarás bien. Y, a pesar de que no soy muy fan de las estadísticas, los datos de Ariadne son cien por ciento verdaderos; Renji-san le enseñó todo eso del data tennis.
-…ni modo –suspiró Shimura resignada-. Supongo que tiene razón, Rin-buchou.
-Sí, sí –la capitana tomó un sorbo de su té verde y miró a Kaori-. Cambiando de tema… ¿alguien se ha dado cuenta de que Sanada ha estado mirando bastante a Kaori durante un buen tiempo?
Sonrojo por parte de la hermana menor de Kunimitsu. Aileen soltó una carcajada.
-¡Yo lo he visto! –exclamó-. Creo que lleva por lo menos cuatro días mirándote, Kaori-sempai.
-Sólo somos amigos –se defendió la pobre, con su expresión de frialdad que acostumbraba a llevar-. ¿Qué tiene de malo que me mire de vez en cuando?
-No tiene nada de malo, tonta –Ariadne rió por lo bajo-, es que es raro que Sanada tenga tanto interés por alguien, sin ofender –agregó al ver la cara de Kaori, que empezaba a irritarse.
Todas rieron escandalosamente al ver que ella no respondía y enrojecía notablemente. Echaron un par de bromas sobre el asunto antes de cambiar de tema. La pelinegra más alta le pasó una libreta a la oji azul.
-Ahí está el resto de los datos que te pedí, ¿no? –preguntó, echándole una ojeada.
El resto del equipo se agrupó al lado de su capitana para observar lo que ahí había. En el cuaderno había nombres de chicas y de diferentes escuelas, además de muchos números y estadísticas colocados perfectamente ordenados.
-Sí, junto con el resto de las escuelas a las que nos enfrentaremos. Renji me ayudó a escribir los resultados.
-Ustedes dos son unas súper-máquinas –Rin abrió los ojos al ver la valiosa información que tenía en manos- ¡Hasta pusieron como ganaremos! Bueno, después de todo él es el data master, de Rikkai.
Todas asintieron. Renji Yanagi era conocido por obtener todoslos datos y estadísticas exactamente exactos de una persona, o incluso de una escuela entera en menos de veinticuatro horas, y en muy contadas ocasiones fallaba. A veces llegaba a ser escalofriante el hecho de que él pudiese saber más de lo que uno sabía de sí mismo.
En la segunda hora del entrenamiento puso a las novatas a practicar su revés, mientras hacía que su equipo practicara las voleas en parejas. Ella se quedó sentada en una banca, contemplándolas a todas con una expresión ausente. Otra vez pensaba en todo el tiempo que había pasado.
Hacía nada estaba en Inglaterra, tratando de mejorar su acento japonés a la hora de hablar el idioma de ese país, y entrenando hasta tarde en las canchas del club de tennis en el cual se había inscrito, lo que ocasionaba un regaño por parte de la familia que la estaba alojando.
También se acordó de la escuela en la cual estaba, donde era conocida por los apodos “La anti-social Rin”, “La japonesa que asusta a todo el mundo” o simplemente por “La que nunca le habla a nadie”. Al principio se había molestado porque no era su culpa que lo único que quería hacer era estudiar y sacar la más alta nota en su salón –cosa que siempre ocurría, a pesar de que la sacaban de vez en cuando de la clase-, además de que no quería hacer amigos ya que de todos modos se iría y perdería el contacto con ellos. Pero aún así varios se le acercaron, intentado abrir un poco la barrera de diamante que formaba a su alrededor, cosa que no funcionó para todos. Bueno, para casi todos; hubo uno al cual no pudo intimidar con su hostil actitud o con sus ojos rojos; un chico llamado Eric Collins, que era el hijo de la familia que la cuidaba. Era rubio con ojos verdes casi aguamarina, y casualmente el más popular de toda la secundaria. Rin sonrió un poco al recordar a aquel muchacho. Estudiaba en segundo año –cuando ella había llegado-, y era uno de los mejores deportistas de la “Brittish Elite Secondary School”. Para la buena suerte de la chica, él no era demasiado conversador, ni mucho menos ruidoso o muy alegre para su gusto; se mantenía tranquilo, sabía cuándo debía hablar y cuándo no, y tenía buenos modales. Incluso podía decir que lo rodeaba una especie de aura de misterio, que a las chicas parecía atraerles demasiado. Él la ayudaba cuando no entendía bien el significado de alguna palabra en inglés, mientras la pelinegra lo corregía cuando no hablaba o pronunciaba mal alguna palabra en japonés –Eric se empeñó en meterse en un curso de japonés al saber que una chica de ese país vendría a su casa-. Al final se terminó convirtiendo en su único amigo, su tutor y la persona que la traía cargada cuando salía de las canchas de tennis demasiado cansada como para caminar.
Cuando pasó a segundo año se dio cuenta de que se había abierto un poco más con las personas, específicamente con los chicos. Ya tenía un grupo con el que jugaba en las horas libres cualquier estupidez que se les ocurría, y también estudiaba con ellos. Aún así, seguía sin acercarse a las chicas, ya que todas eran absolutamente presumidas y demasiado femeninas para su gusto, y ellas tampoco parecían tener demasiado interés en la japonesa, sino que tenían cierta envidia por el hecho de que fuese la mejor, y única, amiga del chico más popular de la escuela, cosa que no le importaba en lo más mínimo.
Y más tarde empezaron los intentos de tener una cita con ella en cualquier lugar, cosa que fue en vano ya que ella se negaba rotundamente. Incluso Eric intentó sacarla un par de veces para ir a ver una película o ir a comer en una heladería de los alrededores, pero tuvo el mismo resultado. Seguía diciendo que no quería crear lazos demasiado fuertes con ellos porque se iría en un año y medio, y reforzaba su argumento diciendo que todos ellos no eran de su tipo, incluyendo al rubio. Al fin y al cabo terminaron rindiéndose ya que era demasiado terca.
En todo el tiempo en el que estuvo en Inglaterra pudo aprender muchísimo sobre las tendencias de los jóvenes que estaban al otro lado del mundo, que iban desde música hasta la forma de hablar (Y fue ahí donde comenzó su obsesión por los Converse), mientras que la familia Collins oía atentamente cómo era la cultura del país del sol naciente. Hubo un par de veces en las que ella les preparó varios platos típicos japoneses, como el yankiku o el plato favorito de su hermano, tempura soba, cosa que no les gustaba demasiado. Pudo guardar en su memoria muchísimas recetas americanas, e incluso creía que le habían hablado de un plato de España o Italia, aprendió que no se tenía que ser tan formal a la hora de hablar con alguien –cosa que ella solía hacer muy a menudo- y que nadie hacía reverencias para agradecer o disculparse, además de millones de otras cosas. Y aunque no lo dijo, se divirtió muchísimo en esos dos años.
-¡¡Oi ~~!! ¡¡Rin-buchou!! ¡¡Tierra llamando a Rin-buchou!! –los alaridos de Aileen la hicieron reaccionar- ¿¡Está ahí~~!?
-¿Por qué haces tanto escándalo, Bazzeletti? –la pelinegra se frotó los ojos con el dedo índice y con el pulgar-. Sólo estaba pensando, maldición.
-Pues déjeme decirle que pensó durante media hora. Y hace ya veinte minutos que terminó el almuerzo. Las novatas se han ido a clases.
-Bien por las novatas.
Recogió su bolso con las raquetas y su maletín del banco al ver que el tensai la llamaba desde el otro lado de la acera. Conversaron un rato, sin demasiado ánimo. Estaban demasiado cansados por tanta tarea y por tanto ejercicio que lo único que querían era darse una buena ducha fría. Rin invitó al tensai a acompañarla a las canchas de tennis callejero, pero éste la rechazó porque debía estudiar para el examen de química. Se despidieron y cada uno se fue para su casa.
La chica no tardó en cambiarse y refrescarse un poco antes de salir a entrenar durante un par de horas más. Sólo llevó un par de botellas de agua y un Gatorade para calmar la sed.
Como siempre, había un bullicio ensordecedor producido por un partido de dobles entre dos chicos que ella no conocía –uno con el pelo corto y anaranjado, y el otro no lo pudo ver bien-, y al agudizar su vista observó que sus contrincantes eran los de Seigaku; Ryoma y Momoshiro, quienes estaban en una horrible desventaja, algo que no le sorprendía ya que seguían discutiéndose y gritándose mutuamente. Rió al imaginarse la derrota, y la cara de vergüenza de ambos.
-¡Eh! ¡Rin-chan~~! ¡Qué lucky que estés por acá!
La voz de Sengoku hizo que ella pegara un respingo.
-Hola, Kiyosumi –dijo, suspirando-. Justo a ti te estaba buscando, ¿puedo jugar un partido de mini tennis contigo? Necesito relajarme un poco.
-¡No hay problema! –respondió, con una de sus sonrisas tontas.
__________________ One night, and one more time. Thanks for the memories, even though they weren't so great. x.
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