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Bienvenido a los foros invitado |
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Hola Forista... si habias imaginado que alguna vez tus relatos serian inmortalizado en un tema para que todos lo vieran... ese dia esta a punto de llegar. ¿Seras el inmortalizado en el Hall de la Fama?
...Manten los ojos abiertos... .: Proximamente :.
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Treballant per a crear el Bola De Drac Z: Tenkaichi 2; EDICIÓ EN CATALA!!!! Video de demostració: http://www.youtube.com/watch?v=n53c65IRcJU&NR Per saber-ne més aneu a: http://elforo.de/wegotta/viewtopic.php?t=965 http://elotrolado.net/showthread.php...3&pagenumber=1 http://www.narutouchiha.com/modules....wtopic&t=29477 http://www.boladedragon.com/foro/vie...=40575&start=0 O Simplement quedeu-vos aqui ^^: http://www.forosdz.com/foro/showthread.php?t=156429 Editado por Shadow Digi wolf en 04-May-2007 a las 07:58. |
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La ganadora del primer concurso:
1 --------- Rachel_Mary Datos Personales: Fecha de nacimiento: 31-octubre-1990 Signo zodiacal: Scorpion Edad: 16 Estilo de letra: Comic Sans MS Color de letra: 6666CC Color de tu status: CCCCFF Signo Zodiacal: escorpion Sexo: mujer País: mexico Vista de temas: moderno Nombre real: Gisell Biografía: me considero una persona que le fascina ayudar a los demás en todo lo posible, me encanta hacer amigos Vive en: tamaulipas Ocupación: estudio Intereses: leer (me gusta Harry Potter, aunque sólo he leído los dos últimos libros, el 5 y el 6, leo novelas.... me fascina escribir... he escrito varios poemas y psssss nomas), escuchar música de todo tipo (excepto reggaeton) mmmmm, me gustan muchas cosas... PRÓLOGO Una noche fría, se hallaban dos jóvenes de aproximadamente 25 años esperando el nacimiento de su hija; el hospital tenía un ambiente de preocupación, los padres de la joven esperaban tristemente el final, su hija había sido internada de emergencia; la muchacha de nombre Claire, momentos antes fue víctima de un accidente, el auto en el que tanto ella como su futuro esposo, Kouichi Kimura, viajaban, fue chocado por la parte trasera, haciendo que ambos salieran gravemente lastimados; Claire había quedada incrustada en el vidrio y Kouichi se había golpeado la cabeza con el volante. Momentos antes de ser internada, Claire logró recuperar la conciencia y pidió hablar con su novio. -Presiento que no lograré salir viva de la operación, Kouichi. –dijo ella con un hilo de voz, estaba recostada en una cama. -No digas eso, Claire –Kouichi le habló tristemente. La joven posó su vista en los vendajes que tenía Kouichi. -Creo que siempre sobrevives a los golpes en la cabeza. –sonrió mientras le acariciaba la mejilla. Kouichi tomó tiernamente la mano de la chica, y le depositó un tierno beso en los labios, aunque poco a poco esos labios ya no le respondían, la joven moría. Los doctores entraron al cuarto, tan pronto se dieron cuenta del estado de la muchacha, hicieron hasta lo imposible para salvar a la criatura que ésta llevaba en el vientre. CAPÍTULO 1 Mandy Kimura se había quedado dormida sobre el cuaderno de la tarea, tenía 12 años de edad. Cautelosamente su padre la tomó entre brazos y la depositó en la cama. Kouichi iba saliendo de la habitación cuando escucho que su hija se levantaba. -¡No he terminado la tarea, papá! – se levantó un poco molesta, prendió una lámpara y prosiguió con el trabajo que había dejado inconcluso. -Está bien – dijo resignado – pero cuando termines desearía que te durmieras, hija. -Es lo que tengo pensado hacer papá – Mandy volteó a ver a su padre y sonrió. -Bueno – le devolvió la sonrisa y salió.- pero duérmete temprano. Mandy quedó completamente sola, bostezaba de vez en cuando debido al cansancio. Cuando sonó su celular, un mensaje le había llegado. -¿Quién será a esta hora? – la jovencita de largo cabello negro y ojos azul cielo se puso de pie y tomó su celular y leyó un mensaje de una sola palabra: “Ayúdame”. -Pero… - una luz la envolvió. Mandy abrió los ojos y se encontró en un lugar desconocido para ella. Era una especie de bosque. -¿Qué es éste lugar? – se preguntó para sí misma. Pero si esperar respuesta, caminó para encontrar una salida, pero se topó con dos criaturas, una, era una especie de zorro cachorro color amarillo, el otro le triplicaba el tamaño, era color gris. A Mandy le fastidiaba que los seres, fueran animales o personas, se aprovecharan de los que eran inferiores. La chica tomó una piedra y se la arrojó al ser color grisáceo, que al verla salió huyendo. -Gracias – le dijo el pequeño zorrito. -De… nada – respondió Mandy, algo asustada - ¿hablas? -Claro… soy un Pokomon – dijo la criatura sonriendo. -Ah… mmm … yo soy Mandy … Mandy Kimura… ehmmm… ¿dónde estamos? -esto, pequeña, es el digimundo. -¿”Pequeña”? soy mucho más grande que tu – respondió Mandy haciendo saber algo obvio. -Como digas – y comenzó a caminar, con la chica confundida siguiéndola por detrás. -¿A dónde vas? – le preguntó -Al palacio de Ophanimon. -¿Para? -Para hacerle saber que has llegado. -y… ¿para qué me quieren? – se detuvo. -pues… ¡cuidado! – y saltó hacia la jovencita para protegerla. Dos criaturas de forma angelical las atacaban, sus ropajes eran negros igual que sus alas, su aspecto era aterrador. -Nos dijeron que había llegado… veo que no se equivocaron… su alteza – dijo uno de los ángeles, el que tenía forma de mujer, haciéndole una reverencia a Mandy. -¿De qué hablan Pokomon? – le cuestionó Mandy, que no entendía lo que sucedía. -No permitiré que la dañen – el pequeño zorro estaba dispuesto a proteger a la chica, si era posible con su vida, así que aún tomando en cuenta su mal estado, se abalanzó a los ángeles, pero éstos lo apartaron con una sola mano. -Vendrá con nosotros su alteza – habló el otro ángel, que a diferencia de la otra, tenía forma masculina. – debemos protegerla de… estas basuras – acentuando la última palabra. -¿Qué quieren de mí? – Les dijo la asustada jovencita.- porque yo no quiero ir con ustedes. Acto seguido, Mandy corrió a socorrer a su nueva amiga, estaba aún con vida cuando la levantó delicadamente con sus manos, la pequeña le susurraba como si la criatura fuera un bebé. El ángel masculino llegó hasta ella, la apartó con fuerza y se la dio al otro ángel. Mandy era sujetada con fuerza por esa ángel mientras el otro hacia aparecer una esfera de energía dirigida a Pokomon, la jovencita intentó zafarse antes de que le hicieran algo al pequeño zorro. -¡Pokomon! – gritó muy fuerte como si el grito la soltaría. Pokomon despertó con un brillo extraño, usando un extraño poder destruyó al ángel, acto seguido la que sujetaba a Mandy desapareció, pareció como si huyera. Pokomon dejó de brillar y cayó malherido, la jovencita corrió a socorrerlo, y al verlo en tan mal estado, comenzó a llorar. Una de sus lágrimas resbaló hasta el cuerpecito de aquella criaturita, haciendo que instantáneamente sanara, y no sólo eso, frente a Mandy apareció un dispositivo muy parecido a un celular, sólo que con dos botoncitos y una especie de pantalla. Pokomon despertó y sonrió al ver a la chica sosteniéndo el extraño aparato color rosa con negro. --------------------------------------- El ángel femenino apareció frente a una sombra, sólo se escuchaba su voz, suave y dura a la vez. -¿Qué pasó? - le preguntó la voz. -La chica ha llegado al digimundo - decía mientras se hincaba, el ángel mujer - pero creo que se unirá a los tres ángeles, señor. - inclinó su cabeza en modo de respeto. -¿Ah, sí? - cuestionó - pues entonces tendrás que seguirla, y convencerla, ella forma parte de un grandioso plan para mi victoria... -Como usted diga, señor - se levantó y con otra inclinación de cabeza se marchó. -No me importa lo que tengas que pagar - le dijo haciendo que se detuviera en seco - aún si es tu propia vida. -Así será - respondió y salió de la habitación. -Ésta chica tiene una gran oscuridad dentro de ella, y debe ser mía... cueste lo que me cueste estará de nuestro lado... --------------------------------------- La chica iba caminando al lado de un sonriente Pokomon. -¿Por qué sonríes tanto, eh? - le preguntó un poco molesta. -porque sí - le sonrió. -Es por mí. -Ajá... tu traerás paz al digimundo. -Mmmm... me dijiste que el digimundo es éste lugar... y que tu eras un digimon... ¿verdad? -exacto... -y... ¿qué es éste aparatito? - preguntó mientras inspeccionaba minuciosamente el aparato. -eso... es un digivice -¿Digivice?... y ¿para qué sirve? -Pues para... - pero se detuvo en seco, habían llegado a su destino... - ¡el palacio de Ophanimon! - dijo alegremente. -Qué bonito lugar - comentó la chica siguiendo a Pokomon muy de cerca. Cerca del lugar se hallaba el ángel que momentos antes había escapado... -Veo que han llegado... sólo hay que esperar un poco...- dijo para sí. Pokomon entró junto a Mandy al lujoso palacio. -Veo que han llegado - dijo una voz de una mujer, melodiosa y hermosa: Ophanimon. -sí... Mandy ha llegado en buenas condiciones. Ophanimon apareció en la sala, era un ángel muy hermoso con facciones de mujer, al verla, Mandy dedujo que era uno de los personajes importantes en aquel mundo, como en su mundo eran los reyes, presidentes y ministros; y para parecer respetuosa se presentó. -Mi nombre es Mandy... Mandy Kimura... es un honor conocerla - habló la jovencita -sí... eso ya lo sé... tu padre es Kouichi... ¿verdad? La chica estaba totalmente confundida, más que cuando llegó... ¿conocian a su padre?, pero, ¿cómo? -No te preocupes... y no me temas... debes confiar.... -Yo... ehmmm... mi padre ha venido a éste lugar... ¿verdad? -y no sólo tu padre, pero no has venido a éste mundo para conocer los secretos de tu padre... has sido llamada porque eres la elegida de la fuerza de la oscuridad, y debes aprender a utilizarla para salvarnos a todos... Mandy se comenzaba a asustar, cuando sintió una mano posarse en su hombro, se le heló la sangre, pero se tranquilizó cuando volteó. -No te asustes, hija.- le dijo sonriente Kouichi. -P...p... papá - no podía creer lo que veía y se lanzó a los brazos de su padre emocionada. - jamás me comentaste de éste lugar... ¿por qué? - le dijo una vez que se separó. -Lo lamento... - le respondió Kouichi, tristemente. -No te preocupes, papá... - y lo abrazó de nuevo. -¿Qué tiene qué hacer? - preguntó Kouichi a Ophanimon. -Primeramente, necesito hablar contigo, así que... Pokomon, podrías llevarla un rato afuera, te avisaré cuando puedan entrar. -Claro - respondió el digimon amarillo -¿por qué no puedo quedarme? - preguntó la chica, molesta. -por favor, hija - le suplicó Kouichi, la chica no tuvo mas que obedecer - ¿qué sucede? - preguntó a ángel cuando se habían llevado a su hija. -Los elementos que poseían ustedes cuando vinieron al digimundo - comenzó mientras se paseaba por el lugar - han regresado a su forma original, son fuerzas puras. -¿puras? -sí... no se han combinado... cuando las poseyeron, se combinaron con todo lo que ustedes tenían en su corazón, es por eso que fueron humanos los que se eligieron para salvarnos, sus corazones no sólo poseían un sólo sentimiento, sino una combinación de varios. -entonces... ¿cuál es el problema? -Ningun elemento nos ha dado problemas... excepto uno... -es... - dijo Kouichi intentando adivinar - la oscuridad... ¿verdad? -sí... la oscuridad que dejaste está en estado puro... y hay varios digimons que lo han usado en su favor para dañarnos... -¿"dañarnos"? -Seraphimon y Kerpymon intentaron controlarlo, pero es un poder que puede superar cualquier otro... y su corazón se ha corrompido con sólo tocar la gema que lo contiene... y la única forma de regresarlos es que alguien que logre controlar el poder de la oscuridad en estado puro los libere. -¿y por qué mi hija? - cuestionó tristemente Kouichi, después de todo, era su única hija, y él la amaba. -Porque he indagado y he llegado a la conclusión de que tu hija posee una luz incalculabe... -pero... es luz... no oscuridad... - reflexionó Kouichi. -si una persona tiene luz.... debe poseer oscuridad... en la misma proporción... -pero... -si da a conocer su luz a los demás, quiere decir que alberga una oscuridad incalculable en su corazón, y visceversa, si da a conocer una oscuridad abrumadora, contendrá en el fondo de su corazón una luz inmensa. Kouichi apenas había entendido cuando llegó corriendo Pokomon. -¡la han capturado! - gritó. - ¡Los secuaces de Lucemon se la han llevado! CAPÍTULO 2 Kouichi estaba demasiado preocupado por su hija... ¡la habían secuestrado!... se paseaba por el palacio de pared a pared agitando ambas manos furioso... -¡¿Qué fue lo que pasó en realidad?!... ¡es mi hija por Dios santo!...- más que furioso comenzaba a notarse preocupado. -No te preocupes, Kouichi - intentó calmarlo Ophanimon - hallaremos la manera de regresarla -si... - el moreno dejó escapar un suspiro como forma de resignación... --------------------------------------- -¡suélteme! - gritaba la jovencita con desesperación. - ¡suélteme bruja! -Mi nombre es Ladydevimon.... - dijo calmadamente el ángel, mientras llevaba casi a rastras a la chica. - y ¡deja de intentar soltarte!... ¡mi señor Lucemon desea verte! -¡¿quién es ése estúpido Lucemon?! - gritó furosa Mandy... normalmente no le faltaba al respeto a persona alguna, pero no le gustaba que la trataran de tan mal manera. Ladydevimon dejó caer fuertemente a la chica y luego le dio una sonora bofetada... inconscientemente Mandy frotó su mejilla que ya se estaba poniendo colorada... -¡NO SE TE OCURRA INSULTAR A MI AMO!... ¡NO FRENTE A MÍ! - la voz de Ladydevimon sonó en todo el pasillo. Un ángel muy extraño apareció frente al ángel y la niña, no era como los que antes había visto, la mitad de su cuerpo parecía ser oscura, mientras la otra mitad parecía ser luz. -Mi amo... traigo a la mocosa... - Mandy había aprendido a no meter el pie cuando la insultaban. Tras haberle hecho una reverencia a Lucemon, Ladydevimon se perdió de vista al fondo del pasillo. -Vaya... vaya... veo que era cierto... -¿"cierto" qué cosa? -¿estás molesta?...- le preguntó Lucemon, intentando no hacerla enfadar... -no... -¿en serio? -si... ¿qué desea de mi? -tu poder y disponibilidad de manejar la oscuridad... -¿mi... qué? -manejas la oscuridad como el hombre que asesinó a tu madre... -¿de quién está hablando? - por primera vez, Mandy comenzó a mostrar su miedo, se le empezaba a erizar la piel, y unos escalofríos la rodeaban de pies a cabeza. -No me digas que no sabes de quien hablo... - respondió Lucemon, parecía estar disfrutando de lo lindo esa conversación.... -... mi padre... no asesinó... a mi... madre... - los pies le temblaban y amenazaba con desmayarse. -¿ah no?... ÉL IBA MANEJANDO.... - acentuendo la oración - debes de conocer la historia... ¿o me equivoco? -¡la conozco!... - gritó, se tambaleaba. - pero... pero... él no hizo nada.... -¿eso crees tu? - dijo arqueando una ceja. -¡sí! - Lucemon estaba logrando lo que quería... la chica comenzaba a intimidarse con la conversación. -Tu padre te ha estado ocultando la verdad pequeña... -¿cómo?.... ¿qué cosa?.... mi padre jamás me miente... -¿en serio?... debes saber que tu padre PROVOCÓ el accidente porque quería deshacerse de ti... -¡¿qué?!.... eso no es cierto... - retrocedió un paso... -es la verdad, pequeña...- dijo ocultando una sonrisa maligna. -pero... él amaba a mi madre... la ama aún... -a ella sí... pero a ti no... deseaba eliminarte... -pero.... ¿por qué? -porque tu padre anhelaba el poder que a ti se te tenía predestinado... -¿predestinado? -el poder estuvo destinado a ti desde que tus padres te concibieron... así que prácticamente aún antes de nacer, tu padre te quería ver MUERTA... -¡eso no es cierto! - gritó histérica - ¡mi padre no es una persona mala! -No te quiere... - empezó a pasearse alrededor de la jovencita - si te quisiera... - le susurro al oído - crees que te hubiera pedido que te retiraras en aquel castillo... -¿hasta donde quiere llegar? - y volteó para enfrentarle cara a cara, su miedo iba desapareciendo misteriosamente. -que tu padre te ocultó el plan que tiene con ése ángel, y así arrebatarte el poder que por ley es tuyo. -pero... entonces... ¿Pokomon está de su lado? -sí... -pero... ¡me salvó de las garras de sus soldados! -Estás pensando que "nosotros" somos los malos... y es al revés... ya te lo he explicado... -Tienes razón... - bajó tristemente la cabeza - jamás pensé que mi padre fuera así... - comenzó a llorar, cubrió su cara con ambas manos y se dejó caer de rodillas. Lucemon miraba la escena, el lugar se comenzó a quedar en penumbras, y una sonrisa maligna se dibujó en su cara; una silenciosa sombra rodeó el cuerpo de la pequeña. --------------------------------------- Kouichi, Ophanimon y Pokomon caminaban por un sendero, Ophanimon iba con la cabeza en alto, preocupada, pero no lo daba a notar; Kouichi, no ocultaba su tristeza, iba cabizbajo y silensiosas lágrimas resbalaban por sus mejillas. Una silueta les hizo parar de repente. -hola... - dijo ésta con una media sonrisa -¿Mandy? - preuntó Kouichi mientras se secaba las lágrimas -¿qué deseas, padre?... ¿asesinarme? - dijo sin dejar de sonreír. -ella no es Mandy... Kouichi, la han poseído - comentó Ophanimon -¡y usted qué sabe! - la chica se lanzó hacia Ophanimon, que no logró esquivarla, y fue a dar a una roca, la jovencita tenía una gran fuerza. Kouichi se quedó paralizado frente a lo que acababa de pasar. Mandy no era la chica que tenía al frente, al menos no completamente. -No eres Mandy... ¿cierto? -Tu júzgalo... eres mi padre... o ¿no? - su sonrisa la hacia ver un poco maligna... aunque "maligna" sería una palabra muy fuerte. -K...o...ui...chi... Lu..ce...mon... s..e... ha... a..po...der..a..do...de...su.. . cuer...po - dijo debilmente Ophanimon. -¡Cállese! -¡Mandy!... ¿qué has hecho, hija? -Mandy... no hagas algo por lo que te arrepientas... - habló muy preocupada Pokomon - por favor... -No te quiero hacer daño a ti... Pokomon... - y regresó su mirada de desprecio a su padre - porque hay otras personas que merecen el mayor daño posible. Y sin esperar mucho tiempo, se lanzó hacia su padre, pero éste reaccionó de la forma más rápida posible. -¡Digiespirit digivols a... Löwemon! - dijo mientras saltaba hacia un lado intentando esquivar el ataque de su hija; y rápidamente se colocó detrás de ella sosteniéndola por detrás. -Pensé que serías más lento... eh... padre... - dijo la chica mientras estaba suspendida en el aire, con su padre sujetándola por la espalda. - y... qué piensas hacer... ¿matarme?... pues hazlo... te doy permiso. -No puedo hacerte daño - la soltó quedándose desprotegido. En ése instante, Mandy atacó a su padre de forma desprevenida, haciéndole quedar malherido y regresándolo a su forma humana. -Kouichi no puede pelear... no de esa forma... - dijo el pequeño digimon amarillo - ¡Pokomon digivols a... Sakuyamon! -¿eh? - la chica se sorprendió al ver digievolucionar a la digimon - ¿para qué digievolucionas?... ni siquiera Ophanimon logró vencerme.... -No hagas conclusiones antes de ver la realidad. El digimon, en forma de mujer, comenzó a brillar intensamente, su cuerpo se vio rodeado por una especie de datos, que fueron a parar a Kouichi. -¿qué?... pero... ¿qué sucede?... - la jovencita estaba muy confundida. -Lo lamento... pero tengo que hacerlo Mandy El digimon terminó por caer muy malherido e inconsciente... dejando ver a a un Kouichi de 11 años... -¿qué hiciste, Pokomon?... Kouichi iba despertando, cuando se dio cuenta de su estado... -¿qué me pasó?... - se preguntó a sí mismo -Creo que te has comido unos añitos... pero no me interesa, como quiera terminaré contigo- y se lanzó hacia él. Kouichi volvió a reaccionar de la misma manera. -vaya Löwemon, eres rápido... -no te quiero hacer daño, Mandy -pero yo sí... - y se lanzó al ataque. La batalla estaba muy reñida, tanto Kouichi como su hija tenían el mismo nivel de ataque... hasta que Mandy logró sacar a relucir el verdadero poder puro de la oscuridad, tenía su corazón muy confundido, pero aún así, tomó a Löwemon por el cuello y lo acorraló en una pared. Löwemon volvió a ser Kouichi. -Mandy... ése... poder... que... tienes... es... muy... poderoso... pero... no.... lo .... uses.... para... el ... mal - dijo Kouichi haciendo lo posible para zafarse y respirar. -No me interesa el poder... ni siquiera lo que podré hacer con él. -Mandy... por favor... - dijo en tono suplicante. -Mandy... no... lo... hagas... - dijo suplicando un triste y desfuerzado Pokomon. Pero las suplicas llegaron demasiado tarde. El corazón de Mandy estaba combatiendo con el alma llena de oscuridad corrupta que tenía Lucemon, aquel digimon que había aprovechado el momento cuando ella se sentía más confundida por su padre, para simplemente poseerla; pero con lo que no contaban, era que ella también tenía algo de oscuridad en su corazón como cualquier otro humano, sólo que la de ella era mayor; la oscuridad de su corazón terminó por corromperse por completo, haciéndole hacer algo que ella hubiera deseado no hacer: matar a su padre, lo único que le quedaba en la vida. Kouichi se cubrió totalmente de una luz incandescente que se esfumó al cabo de un momento llevándoselo con ella. CAPÍTULO 3 El rayo de luz terminó por desaparecer por completo, Mandy estaba devastada, Lucemon había obtenido lo que quería, pues la única razón por la cual Mandy podría controlar el poder puro de la oscuridad era por su padre, porque era el único capaz de saber lo que significaba una fuerza como lo es la oscuridad. La jovencita con el corazón destrozado se dio cuenta del daño que había hecho, pero demasiado tarde... -No te preocupes... - se acercó lentamente Pokomon hacia ella, temiendo su reacción. -Me... tienes miedo...¿verdad? - susurró ella cabizbaja y con lavoz quebrada. - No me temas... - sonrió y volteó a verla - No sabes como lo lamento... amiga - y abrazó a la criaturita amarilla. Pokomon se dejó llevar por el abrazo, era una humana y por lo tanto tenía sentimientos, la niña comenzó a llorar a grito abierto mientras se lamentaba por lo que había hecho. -N...o... hay... por qué... preocuparse... - se escuchó una vos a sus espaldas, por suerte, era sólo Ophanimon. El ángel intentó reincorporarse ayudada por Mandy y Pokomon. -¿Qué tengo que hacer? - habló Mandy entre lágrimas. -Me imagino que sabrás dominar tu poder ¿verdad Mandy? - le preguntó Ophanimon. -sí... - respondió afirmando con la cabeza. -Primero, habrá que componer el daño causado por ése poder. -Bien... pero... ¿a dónde iremos? Las tres reiniciaron su camino, Ophanimon, un poco mejor después de un breve descanso tomaba el mando, seguida por Mandy y Pokomon... En poco tiempo ya iban llegando al palacio de Seraphimon que estaba rodeado por varias Ladydevimon´s -¡rayos! - exclamó Pokomon indignado Mandy no lograba bajar de esa ilusión suya de que todo era un sueño, que ni cuenta se dio cómo fue que lograron entrar al palacio, seguía en un completo shock... Pokomon se enteró de su estado y la miró cariñosamente, Mandy prefirió ignorarla y continuar caminando. -“¿Por qué te comportas de esa manera, Mandy?” - pensó Pokomon, se había quedado atrás observando tristemente a la chica. Las tres avanzaban cautelosamente sobre un pasillo, parecía casi infinito, a sus lados había cuadros en los que se apreciaban paisajes desolados y tristes -Ya no parece el palacio de Seraphimon – dijo Ophanimon mientras avanzaba y a la vez observaba los cuadros. -Pero es éste lugar, de eso estoy seguro – comentó firmemente Pokomon. -Sí, yo también, sólo que ahora es más intimidante. -No creo que sea el lugar lo que la intimida, sino la fuerza oscura que emana Seraphimon – al oír esto, Mandy no aguantó más y se dejó caer de rodillas cubriéndose la cara con ambas manos. -Mandy, no es tu culpa – le dijo dulcemente el ángel. La jovencita había cerrado los ojos, sostenía su cabeza con ambas manos y ahora lloraba. -Mandy, Mandy… Mandy ¿estás bien? – Preguntó preocupada Pokomon – Mandy… ¡responde! El ángel y el digimon comenzaban a preocuparse ya que la chica emitía gemidos de dolor. -Man… - pero Pokomon no pudo terminar, la Ladydevimon que había enfrentado anteriormente apareció frente a ellas dispuesta a luchar. -Yo me encargo, llévate a Mandy de aquí – le ordenó Ophanimon. -Pero… -¡Jabalina del edén! – atacó Ophanimon. Se produjo un fuerte estruendo, pero Ladydevimon no recibió daño alguno. -Ninguno de sus ataques logrará hacerme daño, porque todo lo que sea oscuridad en ése palacio, tiene una defensa especial que nos hace inmunes. -Ladydevimon… - murmuró Ophanimon en voz baja y con un enojo que se podría ver a simple vista. Ophanimon se lanzó hacia Ladydevimon para atacarla directamente, pero ésta fue más rápida y la esquivó con facilidad, después le asestó un golpe muy fuerte y la dejó inconsciente. Ophanimon fue a parar al suelo. -Vaya, pensé que sería más difícil terminarla, pero veo que no – dijo divertida Ladydevimon – y ahora… ¿quién sigue? -Yo… - Mandy se había puesto de pie y había parado de llorar; ahora miraba a Ladydevimon con una mezcla de rencor, odio y mucho coraje. -Ja, tal vez seas inmune aquí, pero no totalmente, después de todo eres una humana y por lo tanto debes poseer algo de luz. -Lo sé. – la cortó Mandy. -no te confíes, que terminaré contigo. Ladydevimon lanzó un ataque que la chica esquivó con facilidad. -pero… ¿por qué? - se extrañó el ángel de negro. -Porque no estás segura de matarme, después de todo fui poseída por tu amo, además, todavía crees que puedo ayudarlos. -¿Piensas que no estoy segura, eh niña? ¡Pues fíjate la seguridad que tengo! Ladydevimon lanzó un ataque más fuerte que el anterior dejando a la chica malherida, y sin dejar pasar más tiempo se preparó y lanzó otro… -¡Mandy! – le gritó Pokomon. La chica comenzó a sentir u calor muy agradable en su cuerpo; el ataque se le acercaba cada vez más… Mandy tomó su digivice y una luz salió de él. -Pokomon… digivols a… - el cuerpo de ambas se unió en uno solo, apareciendo una tercera figura con forma de una mujer adulta, un cetro en su mano derecha y su traje completamente negro pegado al cuerpo dejándole ver su buena figura. – ...Blacksakuyamon. La digimon apareció frente a Ladydevimon esquivando el ataque una vez más. -¡Oscuridad Absoluta! – atacó Blacksakuyamon. Una extraña sombra de un animal de cuatro patas, proveniente del cetro recorrió el salón hasta toparse con Ladydevimon que se destruyó convirtiéndose en información. -¡Digi-code captura! - y con ayuda de su digivice atrapó la información – ahora, por Seraphimon – ordenó Mandy dentro de Blacksakuyamon dejando a Ophanimon aun inconsciente pero con vida. La nueva figura mitad humana, mitad digimon recorría de nuevo los pasillos hasta dar con Seraphimon, que por sorpresa se hallaba también con Kerpymon. -Vaya, creo que mataré dos pájaros de un tiro. – anunció Blacksakuyamon. -¿eso crees? - le cuestionó el Seraphimon corrompido por la oscuridad. -Claro – respondió Blacksakuyamon - ¡Oscuridad Absoluta! – y de nuevo el animal de cuatro patas hizo su aparición atacando esta vez a Seraphimon y a Kerpymon haciéndoles regresar a ser Patamon y Lopmon. -Creo que ha terminado… - habló Mandy dentro de Blacksakuyamon – creo que fue su luz la que los hizo más débiles… El palacio regresó a la normalidad y Blacksakuyamon desapareció dejando ver a Mandy y a Pokomon con aire pacífico. -¿eso crees tu? - habló una voz a sus espaldas. Un chico de la misma edad que Mandy estaba recargado en una pared de los pasillos del palacio, tenía el cabello corto y negro, y una sonrisa maléfica se dibujaba en su rostro. El muchacho levantó la mirada. -¿Pap… á? - preguntó Mandy, contrariada y asustada; su padre estaba muerto… ¿o no? -Prefiero que me digas Kouichi - dijo el jovencito mientras avanzaba hacia ellas. Pokomon estaba sin habla. -Pero… ¿papá?... ¿qué pasó? ¿Pensé que…? -¡Que no me digas “papá”! – la cortó Kouichi – y si no quieres llamarme como te dije dime Lucemon – terminó con una voz intimidante. -¡¿Lucemon?! – saltaron las dos presentes. -Sí… de hecho soy Lucemon en el cuerpo de éste humano de nombre Kouichi - dijo sin darle importancia. -Pero… ¿qué tu no me querías a mí? -La verdad es que no - la miraba directamente intentando intimidarla, pero ella no cedía. -¡Explícate! - le exigió Mandy -Eso quieres… eso haré… Hace ya bastante tiempo antes de que tu padre pisara el digimundo, existía una profecía que rezaba: “En un futuro, cuando sea el despertar de los guerreros legendarios, aparecerá un humano capaz de hacer lo que ningún digimon ha logrado, controlar la oscuridad que yace en la gema de la noche”… -y eso ¿qué? - dijo impaciente Mandy. -Antes de revelarme ante los ángeles, no comprendía lo que en verdad decía, hasta el día en que esos guerreros me derrotaron. Mucho tiempo después, “renacieron” de nuevo los guerreros para ayudar a uno de los ángeles, e intenté por todos los medios hacerme del guerrero de la oscuridad, y sí… usé a Kerpymon para mis planes… pero fallé… ése elegido tenía un corazón roto, por eso logró reprimir el poder de la oscuridad corrupta y llegarlo a convertir en incorrupta… y el tiempo pasó… y estuvieron a punto de derrotarme, pero gracias a los digimons oscuros que todavía habitaban el digimundo logré que encerraran mi alma, no mis datos, mi alma… el alma del ángel malvado que llevo dentro de mí, con la esperanza de encontrar a ése humano… -¿era yo? - cuestionó con rostro incrédulo. -Eso pensé… poseí el cuerpo de tu padre a partir de ser concebida, y justo en el momento preciso provoqué el accidente que mató a tu madre… -¡No!... ¡¿cómo pudo?! – saltó Mandy al oír mencionar el accidente fatal en el que murió su mamá. -No te alteres… yo sólo lo causé… dejaba en ciertas ocasiones salir el alma del muchacho, porque a mí me molesta lidiar con humanos. Cuando naciste hice probar a varios digimons tocar la gema y hacer enojar a los ángeles… no era mi intención que los ángeles cayeran a favor de la gema… pero fueron situaciones que me dieron tiempo para poseerte a ti. Pero entonces sucedió algo… Sus interlocutoras se habían quedado sin habla. Mandy estaba llegando al final de su límite, su enojo iba cada vez en aumento y optó por bajar la mirada para disimularlo. -… me di cuenta que la persona, el humano, en verdad era tu padre, así que hice que te enfurecieras con él… Mandy apretaba los puños como signo de coraje. -… hice que lo “mataras” literalmente, - decía mientras se paseaba alrededor de ellas como si lo hiciera muy a menudo - pues yo alcancé a salir de ti antes de que Kouichi muriera, desaparecí y huí… -por eso Mandy regresó a la normalidad después de ésa batalla. Por eso Ladydevimon y Devimon se arrodillaban ante Mandy, ya que pensaban al igual que tu… pensaban que ella sería la siguiente líder de la oscuridad… - reflexionó Pokomon molesta en voz alta. -… pero como les he dicho… huí… y ahora he venido por lo que me toca por derecho… la gema de la oscuridad… aquella que tiene el sabor de la noche… - regresó su mirada hacia Mandy. Kouichi se convirtió en Veelgmon y atacó sin piedad a la chica, que tras recibir el primer golpe evolucionó junto con Pokomon a Blacksakuyamon. La batalla en sí, era muy reñida, ya que el poder de la gema le daba a Mandy una fuerza mayor, pero su oponente era también demasiado poderoso… la batalla seguía y seguía… hasta que llegó la ayuda, Ophanimon, junto con un Lopmon y un Patamon evolucionados en Seraphimon y Kerpymon… los cuatro digimons atacaban a la vez. -¡Oscuridad Absoluta! -¡Ataque de los siete cielos! -¡Jabalina del edén! -¡Lanza resplandeciente! Los ataques hicieron retroceder a Veelgmon, y lo atacaron por segunda ocasión, ésta vez para debilitarlo por completo… -“Que esa maldad que reina en tu corazón sea purificada con éste digivice” - Blacksakuyamon levantó su digivice y atrapó el digi-code de Lucemon, que luego destruyó. Kouichi regresó a ser adulto, estaba tirado en el suelo inconsciente, Blacksakuyamon utilizó su poder para reanimar a Kouichi. -Ma… Mandy…. – habló Kouichi con una voz muy debilitada. -No hables papá… - le dijo Mandy entre lágrimas mientras le abrazaba – se acabó papá… se acabó… - Mandy no quería soltar a su padre, porque estuvo a punto de perderlo por completo - Te quiero mucho papá… mucho… Los tres ángeles ayudaron a padre e hija a regresar al mundo real. -- Había pasado tres años desde aquella aventura, el lazo que unía a Mandy y a su padre creció. -¡hola papá! – saludó Mandy, recién se acababa de levantar. -Buenos días… - Kouichi ya estaba sentado desayunando con el periódico sobre la mesa. Mandy se acomodó en la mesa… un sonidito resonó en la habitación… -¿“Bip bip”? - dijo extrañada Mandy. La chica corrió escaleras arriba con destino a su cuarto, tomó un pequeño aparatito rosa con negro, apretó un botoncito y un rayo de luz hizo aparecer frente a ella a un digimon que ya conocía. -hola – la saludó Pokomon – creo que habrá otra aventura. Kouichi llegó al cuarto y sonrió. Mandy se cambió su piyama por ropa más decente y el mismo rayo que hizo aparecer a la criatura la llevó de vuelta al digimundo. FIN
Comentario del Juez/jueces: Sinceramente hablando su escritura es correcta y las faltas de ortografias no son criticas. La trama en si es bastante buena e interesante, buena redaccion y trama... sinceramente hablando conformes con tu progreso.
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![]() Apoyen a la creacion del foro de cocina comida y gastronomia Lean a mis fics: La historia de Wolfest. (MultiX-over 15+) Digimon Historias, La historia de Shadow. Unanse: Digimon, Nuestra historia El preventor (Colectivo/Secuela) Editado por Shadow Digi wolf en 19-May-2007 a las 17:10. |
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Ganadora del segundo fic julio 2007: 1 ---------Rachel_Mary Fecha de nacimiento: 31-octubre-1990 Signo zodiacal: Scorpion Edad: 16 Color del Nick: FFCCFF Estilo de letra: Verdana Color de letra: FFFFCC Color de tu status: CCFFCC Signo Zodiacal: escorpion Sexo: mujer País: mexico Vista de temas: moderno Nombre real: Gisell Biografía: me considero una persona que le fascina ayudar a los demás en todo lo posible, me encanta hacer amigos Vive en: tamaulipas Ocupación: estudio cbo Intereses: leer (me gusta Harry Potter, aunque sólo he leído los dos últimos libros, el 5 y el 6, leo novelas.... me fascina escribir... he escrito varios poemas y psssss nomas), escuchar música de todo tipo (excepto reggaeton) mmmmm, me gustan muchas cosas... Título: A LO LARGO DE LOS AÑOS Fic: Unitario Género: ---no sé... es cómo una especie de narración-novela... yo diría que dramática Capítulos: 7 Nota: como a mí me encantan los gemelos es un fic de ellos.. pero no es yaoi... =D[/font] [center] 。°º¤• ★ •¤º°。இ A LO LARGO DE LOS AÑOS ... இ。°º¤• ★ •¤º°。 CAPÍTULO 1 Una joven pareja se hallaba en casa. El lugar, no era el más lujoso, pero estaba amueblado completamente: refrigerador, estufa, comedor, sala… todo. Hacía pocos días que acababan de mudarse, ella contaba con sólo 25 años, mientras que él ya tenía 28. Los dos estaban sentados en los límites del comedor, de modo que estaban de frente, pero a una larga distancia. La joven se mordía las uñas mientras no apartaba la vista del reloj. Él, por su parte, no dejaba de mirarse los zapatos. -No tardan… - murmuró ella - … son muy exactos… El muchacho levantó la vista hacia ella y luego la volvió a dirigir hacia el reloj que hacía “tic-tac” desde la esquina de la habitación. -Ya… - volvió a hablar ella mientras se ponía de pie. -No creo que sean… - dijo él mientras se ponía de pie. Pero el llanto de dos bebés le hizo callar- exactos… Ella lo miró con cara de “ves, te lo dije” y se apresuró a la pequeña habitación en donde estaban sus dos pequeños gemelos. -ya… -tomó tiernamente al primero, y le cambió el pañal, entonces guardó silencio. Lo depositó nuevamente y ahora, recogió al otro; y repitió el mismo movimiento hasta que ambos se callaron. El padre de los gemelos veía todo desde la puerta, de pie, con la vista clavada en la cuna. -¿te vas a quedar ahí, o no te piensas despedir? – ella estaba reprimiendo unas lágrimas que amenazaban con salir. Él, se acercó lentamente, como si los niños fueran algo malo para su persona. Pero al llegar hasta el barandal de la cuna, pudo apreciarlos mejor. Eran unos bebés muy hermosos, entonces, algo en él le hizo cargar a uno, al más chiquito… Kouji. El pequeñito se movió un poco, pero al sentir los brazos de su padre se quedó nuevamente dormido. Detrás de él, estaba Tomoko, la madre de los niños. Ella, estaba reprimiendo un sollozo y se cubría su boca con sus manos. Terminó saliendo de la habitación. Kousei, depositó a su hijo en la cuna, y tomó al mayor por unos segundos, Kouichi. El pequeño ni siquiera se despertó. En la cocina, estaba Tomoko preparando la cena; entonces escuchó unos pasos provenientes de la habitación: era Kousei. Minutos más tarde, Kousei Minamoto, salía de la pequeña casa con su hijo menor en brazos; una maleta con sus pertenencias, y ropita para su hijo. En casa, Tomoko estaba llorando. -soy una estúpida… estúpida… - se decía a sí misma mientras escondía su cabeza entre sus brazos; estando sentada en el comedor. Entonces, un pequeño sollozo de su otro hijo la hizo entrar en razón; Kouichi seguía necesitando de su cariño… y ella se lo daría. Se apresuró a atender a su hijo pero tal parecía que éste no quería dejar de llorar. Lo meció, le cambió el pañal, le dio de comer… pero nada… el pequeñito lloraba. Tomoko abrazó a su hijo… cómo deseaba jamás haberlos separado… ellos sentirían algún día la necesidad de reencontrarse y conocerse… era natural… puesto que los dos estuvieron juntos 9 meses en su vientre, eran gemelos, y había personas que decían que ellos tienen un lazo muy fuerte, incluso eran capaz de sentir lo que siente el otro… ¿sería entonces que Kouji estaba sufriendo igual que su hijo?... No… No quería ni pensarlo. Mientras tanto, en el auto de Kousei, Kouji también estaba llorando. ¿Estaría sintiendo la separación de su hermanito? Kousei no tuvo más que detenerse y verificar que su hijo estuviese en buen estado. Se bajó del auto con su hijo en brazos. Entró a una tienda de autoservicio y comenzó a buscar algo de comida, juguetes o lo que fuera que hiciera que el pequeño guardara silencio. Estaba desesperado, y tuvo que pedir información con una anciana que pasaba por el lugar. Ella, apiadándose del padre primerizo, le indicó unos sustitutos de leche materna… pero también le dijo que era mucho mejor que el pequeño se amamantara con pecho de su madre. Entonces fue cuando Kousei inventó lo primero que se le vino a la mente: que su esposa había muerto. La señora, que según ella era viuda, le propuso a Kousei que podía habitar la casa que ella rentaba. A él, le vino muy bien esa propuesta, la necesitaba, y la aceptó gustoso. La señora, estaba radiante de alegría al enterarse de que tendría “un nieto” a quien cuidar, puesto que se ofreció en cuidárselo mientras él trabajara. Kousei tenía resuelta la vida, por el momento. -Después de todo es un hermoso niño… - había dicho la amable señora. Por otro lado, Tomoko se había quedado dormida con su hijo en sus brazos, ni siquiera se había dado cuenta cuando fue que el pequeño dejó de llorar. Al amanecer, se levantó cautelosamente, evitando despertar a su hijito. Recorrió su casa, rezando que lo que había pasado había sido sólo un sueño; pero no… su casa estaba solamente habitada por ella y su bebé. Hizo de almorzar, y fue cuando se dio cuenta de que la despensa se estaba agotando. Al terminar de comer, y después de haberle dado pecho a Kouichi, empacó sus cosas y salió de su casa, con rumbo a la de su madre. Primeramente, necesitaba trabajar. La abuela de Kouichi, era una persona amable, conocedora de la cocina y como casi todas las mujeres de la tercera edad, adicta a las flores. Tomoko llamó a la puerta, y en instantes fue recibida por la señora, cabello grisáceo y de piel arrugada. Al reparar en Kouichi se alegró y se lo quitó a su hija de los brazos. El recién nacido ni siquiera lo sintió. La señora, dejó entrar a su hija, y ésta al instante comenzó a hacer llamadas, para verificar que en el lugar donde antes trabajaba todavía podría aceptarla. La abuela de Kouichi sólo la observaba. Y se sentó son su nieto aún en sus brazos; minutos después, Tomoko colgó el teléfono; y miró a su madre que estaba muy encariñada con su nieto y sonrió. Hacia vario tiempo que no veía tan feliz a su madre. -La cosa con Kousei no acabó muy bien, ¿verdad? – le preguntó. -No… - respondió Tomoko con su vista ahora en Kouichi. -¿qué pasó hija? – inquirió la anciana al tiempo que colocaba a su nieto en el portabebés. La muchacha se llevó ambas manos a su cabeza. -Lo dejé ir… -¡No lo dejaste ir!... – le regañó su madre, sin levantarle la voz; ésta levantó la vista – me imagino que él se fue por su cuenta, ¿no? Tomoko asintió. -Discutimos… él me decía que no tenía previsto que nacieran gemelos… aún desde que supimos que eran dos me lo recalcaba… pero son mis hijos, mamá… y no los iba a abandonar. -Claro que no, hija. -Me dijo que no íbamos a poder salir adelante; pero yo le espetaba que sí… que si ambos trabajábamos saldríamos adelante… y así fue, la primer semana ambos conseguimos trabajos y comenzamos, uno por la tarde y otro por la mañana… y en ratos libres los cuidaríamos… y justamente ayer, me dijo que si nos estábamos dividiendo el tiempo, era mejor que nos dividiéramos el trabajo y que cada uno se hiciera cargo de uno de los gemelos… en ése momento miré razonable el trato, porque si seguíamos así, nuestros hijos hubieran crecido en un ambiente de peleas y gritos… pero no sé, ahora me arrepiento… -Muchos matrimonios no funcionan, hija. – le comentó su madre - Pero ¿qué piensas hacer? -Ahorita en la tarde iré a trabajar… pero quería pedirte de favor, que cuidaras de Kouichi hasta que vuelva… -Claro, encantada… - la amorosa abuela se fue a la cocina a seguir preparando ya la comida, mientras que Tomoko se quedó observando a su hijo. No podía dejar de verlo, y no podía dejar de pensar ¿cómo estaría su otro hijo en ésos momentos? Kousei, por su parte, cuidaba de su hijo por las tardes y en el día el pequeño Kouji se quedaba en la casa de la señora Hiromi, aquella amable señora que le cayó de los cielos a Kousei. Éste consiguió un trabajo, aunque era temporal, estaba como sustituto de un contador en una empresa, gracias a sus conocimientos de contabilidad. CAPÍTULO 2 Los días pasaron, dejando también lugar a los meses; y ambos gemelos comenzaron a crecer.
Kouji pasó su primer cumpleaños en casa de Hiromi, ésta le había horneado un delicioso pastel; pero su padre, en esos momentos no estaba en casa pues el trabajo últimamente le absorbía casi todo el tiempo, así que tuvo que pasarlo con su “abuela”, solo. Cuando Kouji comenzó a hablar, tampoco su padre estuvo presente, y la anciana mujer siempre le decía que eso no podría seguir así, que estaba descuidando demasiado a su hijo, pero pese a todo, Kouji prometía ser un buen hijo. Al final cumplió los dos años, y como es de suponerse, ya caminaba por su cuenta. El pequeño ya articulaba unas cuantas palabras más. Y ya en ese tiempo se había encariñado demasiado con Hiromi, puesto que pasaba con ella casi todo el día. Pero una tarde Kousei llegó de trabajar, y pasó por Kouji a la casa de la anciana; después siguió con su rutina y condujo hasta la casa que rentaba. Ya ahí inició una plática con Kouji: -Mira Kouji, papá tiene un nuevo trabajo – decía, el pequeño sólo le miraba intentando captar cada cosa que le decía. Kousei recorría la casa empacando cosas – y nos cambiaremos de casa, así que sé un buen niño y recoge tus juguetes… Kouji no tenía ningún inconveniente de hacer enfadar a su padre, él quería ser un buen hijo, así que se fue directo a su cuarto. Minutos después su padre también estaba en su cuarto, ayudándole a empacar su ropa. -¿Y mi abuelita? – le preguntó Kouji mientras se sentaba en el borde de la cama viendo cómo su padre recogía su ropa. -Tendrás que despedirte de ella. Kouji no quería mudarse, le gustaba el lugar… Dos horas después, padre e hijo ya iban saliendo de la casa de renta y se dirigían hacia la casa de Hiromi para despedirse. Apenas el auto se detuvo, Kouji salió disparado para abrazar a la anciana. -Te voy a extrañar mucho, Kouji – le decía la mujer mientras le abrazaba y le acariciaba tiernamente el cabello. Kouji no podía decir nada porque estaba llorando. Su padre miraba la escena, pero no podía hacer otra cosa, le habían ofrecido un buen trabajo y un buen sueldo en Tokio, en la Universidad de la misma ciudad, como contador, puesto que el anterior ya se había jubilado, y al ser un viejo colega de él le había dado la plaza; el señor no tenía hijos. Hiromi terminó en llanto al igual que Kouji, ella se había encariñado con el pequeño en el poco tiempo que había estado en su casa. -¿Te vas a portar bien, verdad? – le decía la anciana mientras se secaba las lágrimas con un pañuelo. Kouji asintió frotándose los ojos con su brazo derecho. -Creo, que ya es hora – anunció Kousei. Kouji se despidió con un simple “adiós” y subió al auto. Kousei le agradeció a la señora por lo que había hecho por ambos. Pero la señora le respondió que ésa sería siempre su casa. En el camino, Kouji no duró más de 10 minutos despiertos y se quedó profundamente dormido. -Va a ser un viaje un poco pesado Kouji, descansa. Asombrosamente para Kouji, cuando despertó, el auto había llegado a su destino. Era una casa muy bonita, a pesar de que era chiquita. -Bien, hijo. Aquí viviremos durante un buen tiempo. -Es muy bonita. Apenas, Kousei bajó del auto, llevó a Kouji a lo que sería su nueva habitación y se recostó en su cama para dormir unas horas antes de ir a su nuevo trabajo. Kouji simplemente se acomodó en su habitación y comenzó a jugar con sus juguetes. Pasadas unas horas, Kousei llamó a su hijo a la habitación -Kouji, tengo que ir a trabajar – Kouji levantó su vista que tenía en sus juguetes y miró a su padre. -¿Iré contigo? -Mira… - se sentó al lado del pequeño - …no quiero dejarte sólo hijo, puede ser peligroso. Kouji era un niño muy inteligente, y no comprendía porqué el quedarse sólo sería peligroso. -Si quieres que vaya, iré – dijo al fin con una sonrisa. Se levantó y guardó sus juguetes en una mochila. Kousei tomó la mochila que llevaba Kouji en la espalda y le empacó un jugo de naranja. 20 minutos después, ambos iban en el auto, camino al nuevo trabajo de Kousei. El padre de Kouji estaba sumamente nervioso con su nuevo trabajo. Estaban en la puerta del gran edificio en donde trabajaría y no paraba de acomodarse la camisa. Kouji simplemente le miraba ¿acaso tan importante era el trabajo?, pensó. -Por favor, Kouji, no me des problemas hijo. – Kousei se sentó sobre sus piernas y miró a su pequeño acompañante. -Claro que no, papá – dijo Kouji con una sonrisa. Algo que no quería Kouji, era darle problemas a su padre. -Gracias Kousei se puso de pie y avanzó tomando a su hijo de la mano. Kouji, apenas hubo entrado se sintió el centro de atención; las secretarías, parecía hasta que dejaban de hacer lo que estaban haciendo sólo para mirar al pequeño. Kouji se sentía un poco incómodo. Una señora, secretaria al parecer del director, se presentó ante el señor Minamoto: -Samantha Montes – se presentó estrechándole la mano – y creo… que sabe… -miró a Kouji – creo que no… - volvió su vista nuevamente hacia Kousei – no tenemos permitido que venga con su hijo, señor Minamoto. -Oh, lo lamento… - se disculpó – no sabía… pero lo que sucede es que no tengo con quien dejar a mi hijo. En ese momento, se escuchaban gritos provenientes de la dirección: -¡… no hice nada, papá! – gritaba una joven que salía de la dirección. -Mira, Susan… - intentaba calmarla su padre, el director -Lo lamento – se dijo a sí misma. Kouji miraba la escena, él quería mucho a su padre y no comprendía porqué ella le gritaba tan mal a su padre. -Kouji – le habló su padre – será mejor que me esperes allá afuera ¿sí?... porque tu papá tendrá que trabajar… ¿me harías el favor de esperarme ahí? – dijo señalando una banca a las afueras de la oficina. -Claro, papá Kousei sonrió; Kouji se dirigió a la salida en compañía de una de las secretarias. -será mejor que aquí te quedes – le dijo ella una vez que estuvieran afuera. Kouji se acomodó en una orilla de la banca y sacó su jugo; quiso abrirlo, pero no podía, así que terminó por resignarse. Junto a él, estaba la muchacha que acababa de salir de la dirección. -permítemelo – le dijo a Kouji tendiendo su mano. Éste le dio el jugo. La chica se lo destapó y se lo entregó. Sonrió. -Gracias – dijo. -De nada. ¿Tu papá es el nuevo contador, verdad? Kouji asintió; sinceramente se sentía un poco raro al platicar con ella, hacia tiempo que no platicaba con alguien. -¿Cuántos años tienes? – le preguntó la chica sonriendo. Kouji la miró a los ojos. -casi 3 años. -¡qué hermosos ojos tienes! – exclamó con entusiasmo La chica abrazó a Kouji por la espalda y lo atrajo hacia ella. -Eres un niño muy lindo – le decía ella con cariño. - ¿cómo te llamas? -Kouji – respondió dejándose llevar por el incómodo cariño. -¿no tienes hermanos, Kouji? El pequeño negó. -Yo tampoco… - dijo ella con tristeza, e inconscientemente comenzó a acariciarle el cabello. – ¿y no te gustaría tener uno? -Sí… -Ok… entonces yo seré tu hermana postiza – sonrió la chica – mi nombre es Susan. – y volvió a abrazarlo con más fuerza. Kouji sentía un poco raro aquella muestra de cariño, pues anteriormente la única que le hacía cariño era su “abuela” Hiromi. -¿no quieres ir a comprar algo para comer?... o tomar – ironizó ella. -Sí… -Ven vamos – y se llevó a Kouji a la cafetería de la universidad. Un grupo de escandalosas chicas rodearon a Susan. -Hola… - saludó la que parecía la líder del grupo - …Susan… -Hola y adiós… - respondió ella - …tengo compañía por si no lo notaron. Todas dirigieron su vista hacia Kouji. -¡qué bonitos ojos tiene! – exclamó una, acercándosele. Kouji volvió a sufrir la tortura de preguntas y preguntas, y terminó un poco mareado. -Ya, se llama Kouji y es el hijo del nuevo contador. Va a cumplir 3 años. Y con permiso que vamos a pasar. Las muchachas se hicieron a un lado. Susan cargó a Kouji y caminó con él hasta la cafetería. Éste solamente pidió un dulce, hacia vario tiempo que tenía ganas de comerse un caramelo, y que mejor momento que ése que su padre no lo veía, porque siempre le decía que hacían daño, y casi nunca comía uno. Susan llevó a Kouji hasta una sombra, bajo un árbol, y ahí se dispusieron los dos a comer; después, ella le tendió a Kouji una hoja y lápices de colores para que dibujara y pintara. La chica se impresionó lo bonito que dibujaba y lo bien que pintaba, pues no se salía de la línea. -sabes dibujar muy bonito, Kouji -Mi abuelita Hiromi me enseñó – dijo él, y levantó la cabeza sonriendo. -¿qué es? – le preguntó al ver el cuaderno. -Mira, estos son números… ¿sabes contar? – Kouji negó. – Entonces… vamos a enseñarte a contar – dijo ella con una sonrisa. Susan, pacientemente le enseñó a Kouji a contar, dejando sus deberes a un lado. -Oh, mira el tiempo – dijo ella – será mejor que te lleve con tu padre, porque luego se preocupará por ti. -Sí… ¿mañana me enseñarás a sumar, Susan? -sí… ven vamos. La chica se lo llevó de la mano hasta las oficinas; su padre ya estaba desesperado cuando llegaron, y al ver a su hijo no hizo más que abrazarlo. Hacía mucho tiempo que no lo hacía. Kousei se llevó a su hijo de la universidad, y se dirigieron hacia su casa, pero hicieron varias paradas durante el camino. -Mira, Kouji… yo necesito trabajar, y eso me impide estar contigo en el día… así que por las mañanas irás conmigo a la universidad, como ahora… pero por las tardes… vendrás a ésta escuela, aquí te enseñarán muchas cosas. Kouji echaría de menos a su abuela por las tardes… CAPÍTULO 3 Kouichi, por su parte, era un niño con mucho potencial. Le encantaba dibujar, y pintaba muy parejito. Su primer cumpleaños, fue en su casa, al lado de una amorosa abuela, y una adorable madre, quienes sólo vivían para él. Kouichi, al contrario de su hermano, vivió sus primeros años rodeado de personas que le daban cariño. Claro que Kouji lo recibió de su padre, y de una señora que él consideraba como su abuela. Mas aún así, Kouichi siempre recibió muestras de cariños, cosa que Kouji sólo disfrutó al lado de su "abuela".
Kouichi cumplió su tercer año, y su abuela le cocinó un delicioso pastel. Ése día, Tomoko pidió permiso en su trabajo para faltar y poder disfrutarlo al lado de su hijo. La abuela de Kouichi estaba en la cocina haciendo los últimos preparativos para la mini-fiesta, mientras el pequeño aún estaba dormido. -¿Hija? - inquirió la señora al percatarse de que la muchacha miraba a través de la ventana. Afuera, una lluvia torrencial traía consigo el comienzo de la época de huracanes. -¿Hija? - ésta vez, la anciana mujer dejó su quehacer y se encaminó junto a su hija. - ¿estás bien? -¿eh? - respondió ella dando un respingo volviendo su mirada hacia ella, y luego hacia la ventana. -¿Tomoko? -Pienso en Kouji, mamá... ¿cómo estará mi otro hijo? - dijo ella con la voz quebrada -Te aseguro que estará bien... - le repondió apoyando su mano sobre su hombro. -No sé... - ésta vez una lágrima apareció en su rostro y su boca dejó escapar un pequeño sollozo. -...¿mamá?... - se escuchó una vocecita a sus espaldas. Un adormilado Kouichi se asomaba en la puerta frotándose los ojos con sus manos. -Ven aquí - le dijo cariñosamente Tomoko extendiéndole un brazo invitándolo a sentarse con ella. Kouichi se apresuró a llegar hasta su mamá y se sentó a un lado de ella, mientras le rodeaba la espalda con un brazo y le acariciaba su cabello begro azulado con cariño. -¿Por qué lloras, mami? - le dijo una vocecita a Tomoko -No estoy llorando, Kouichi... - respondió secándose rápidamente las pocas lágrimas que resbalaban sobre su cara. - ¡FELICIDADES mi amor!!! - le dijo su mamá apretando fuertemente a su hijo. Tomoko sentía como si estuviera abrazando a su otro hijo, Kouji, a quien ansiaba ver... -¡Felicidades! - le dijo su abuela mientras lo llenaba de besos y abrazos - y esto es para mi nieto favorito... - le dijo dándole un pequeño obsequio. Kouichi recogió su regalo con gran entusiasmo y comenzó a abrirlo. Tomoko observaba a Kouichi, y pensó e su otro hijo... cómo quisiera verlo nuevamente, aunque ella sabía que Kouji no debería tener mucha diferencia con Kouichi, dado que eran gemelos; pero aún así desearía abrazarlo y llenarlo de besos. -Abuela... - dijo Kouichi deteniéndose con el regalo a medio abrir en su regazo. Parecía que pensana en algo - soy tu único nieto abuela. La anciana sonrió y abrazó nuevamente a su nieto. -¡Por eso eres mi favorito! -jajaja... - se reía Kouichi ya que su abuela le estaba haciendo cosquillas en las costillas. - jajaja -Bueno... - dijo repentinamente Tomoko poniéndose de pie - ... ¿quíen quiere una rebanada de pastel? - suspiró sonriendo -¡Yo! - exclamó el pequeño saliendo disparado hacia la cocina. Tomoko se quedó con su madre -Deberías decire... -...No lo sé... ¿cómo lo tomaría?.... y si... ¿y si me odiara el resto de su vida? - respondió Tomoko con una voz nerviosa -No creo que suceda eso Tomoko suspiró y se adelantó a la cocina, donde ya estaba esperando su hijo mayor sentado alrededor de la mesa. -Mamá... - decía el pequeño al percatarse de que su madre estaba algo mal. - ¿estás bien, mami? Kouichi rodeó la mesa y abrazó a su madre. Tomoko sintió ése gesto y se lo regresó. -¿qué quieres, mi amor? -Nada... - decia sin romper el abrazo. -¿Estás seguro? - inquirió ella ante un súbito silencio de él - ¿Kouichi? Repentinamente, el pequeño subió a su habitación llorando. -¿qué pasó? - le preguntó la abuela Tomoko suspiró -No lo sé... déjame ir a ver... Kouichi no está nada bien, mamá - y dicho esto se quitó el mandil que llevaba puesto y se apresuró a subir a la habitación de su hijo. Tomoko tocó la puerta, detrás de ésta, se escuchaban pequeños sollozos. -Kouichi, hijo... ¿estás bien, mi amor? - preguntaba cada vez más nerviosa. Tomoko no pudo contenerse más y abrió la puerta, ahí, sentado en la orilla de la cama, estaba su hijo mayor llorando. La señora Kimura se sentó a su lado mientras lo abrazaba y le decía: -¿qué pasa, mi chiquito? Kouichi no podía contestar a causa de su voz entrecortada. -Yo... no.. sé... me siento... como si... me siento triste mami... y no entiendo por qué... -Kouichi... - murmuró. En un lugar lejano, Kouji estaba cumpliendo sus tres años, a su lado sólo estaba un cuaderno de dibujo; hacía tiempo que ése cuaderno le traía viejos recuerdos; ése fue el regalo que le había dado su única amiga: Susan; aquella chica con la que se sentía protegido, feliz y por la que sentía un enorme cariño. Susan decidió dejarlo 2 días antes de su cumpleaños. Aquella vez él se había sentido abandonadp, pero ella le juró que no era así. Le prometió que alguna vez se volverian a ver, Kouji simplemente ya no la escuchaba puesto que la abrazaba con enorme fuerza, como si eso impidiera su partida. Al cabo de unos minutos desoués, ella tuvo que dejarlo, pero antes le dio un pequeño regalo, algo que ella decía que traía muy buena suerte. Kouji al igual que ella valoraría muchísimo ese regalo: una pañoleta azulada con toques cafés, que le había regalado su madre a Susan. -Cuídala mucho, Kouji - le había dicho evitando a toda costa que sus lágrimas dejaran de salir. Pero eso no se detuvo ahí; ya iban a cumplir los dos días de su partida, él estaba con su padre en casa, cuando sonó el teléfono. -Hola... -¿Señor Minamoto?- se escuchaba del otro lado. -¿sí?... dígame... Kouji sólo alcanzó a escuchar dos palabras "Susan" "accidente". Pasados unos 30 minutos, Kousei colgó, mirando de hito en hito a su hijo, quien no le quitaba los ojos de encima. -¿qué pasó, papá? - le preguntó ante el silencio de Kousei. Él simplemente se hincó frente a su hijo; no sabía cómo decirle al pequeño, que estaba por cumplir sus tres años, que su mejor amiga... aquella chica que lo había tratado como a un hermano... como a un hijo propio... había muerto. -Kouji... - le dijo, dio un profundo suspiró y prosiguió - Susan... Kouji estaba de pie, delante de él con los ojitos llorosos, y aún vestido con su pillama. Kousei, después de medio explicarle a su hijo lo que había sucedido (Susan había tenido un accidente aéreo cuando se dirigía a visitar a su abuela en los Estados Unidos, y ningun pasajero había sobrevivido), lo vistió y lo llevó hasta donde se realizaría el funeral. Kouji no había soportado la idea de que su mejor amiga ya no iba a levantarse, ni le iba a abrazar cuando estuviese triste, ni siquiera le iba a seguir enseñando a leer, y se había retirado llorando, ya los primeros rayos del sol habían aparecido. Entonces sacó su cuaderno de dibujos en los que Susan le escribía los números y las letras, y con las que le enseñaba a leer y sumar. El pequeño estaba llorando bajo la sombra de un árbol, con el cuaderno en una mano, y la pañoleta en la otra... Se sentía como aquel día en el que le había preguntado a su padre por su mamá, puesto que en ése lugar a donde lo llevaba su padre por las tardes hacían fiestas para festejarlas, y por curiosidad le había preguntado. Kousei, que ya venía venir una pregunta como ésa desde que se separó de Tomoko tenía una respuesta, la muerte, segun él, ya era imposible volverla a ver. Kouji se había sentido vacío a causa de una persona que se había ido con los "ángeles" cómo solpia decirle su padre a aquellas criaturas que se llevaban a las personas buenas, aunque jamás la había conocido. -Sólo espero... que a ella también... se la hayan llevado los ángeles... -decía entre sollozos el pequeño cabello negro. CAPÍTULO 4 Tomoko estaba apresuradísima planchando el uniforme de su hijo; Kouichi había cumplido 4 años y era hora de comenzar con el estudio. El pequeño aún estaba en su habitación dormido.
-Kouichi... hijo... ya es hora... - le decía su madre mientras irrumpía en la habitación con el uniforme en mano. El pequeño apenas hubo escuchado la voz de su madre se levantó, se estiró y se sentó en el borde de la cama, mientras su mamá le ayudaba a vestirse. -Listo... - dijo ella una vez que habían terminado -Mami, ¿tu crees que vaya a tener amigos en ése lugar? - le preguntó mientras ella le intentaba mantener quieto el alborotado cabello con agua. -Claro - sonrió Kouichi ya no dijo alguna otra palabra hasta que su mamá le terminó de arreglar su ropa y su cabello -Bien, creo que es hora de bajar a desayunar Kouichi se sentó a la mesa y se dispuso a comer los hot-cakes que le había preparado su abuela, con miel. Él estaba completamente serio escuchando la conversación que mantenían su abuela y su madre, mirando de reojo a ambas -Ayer me comuniqué con él. - dijo Tomoko. -¿en serio? - se asombró la abuela - ¿cómo? -Por teléfono. Kouichi terminó su desayuno y se puso de pie, dejó su plato en el fregadero y se encaminó a su cuarto con el objetivo de empacar su cuaderno en su mochila. Cuando iba nuevamente hasta el comedor, su madre y su abuela aún estaban platicando, y su mamá parecía estar desconcertada y nerviosa. -¿Crees que marque? -Eso dijo... -¿quién va a llamar, mamá? - le preguntó Kouichi cuando dejó la mochila en el sofá. -Nadie importante, bebé... bueno, creo que ya mero va siendo hora de irnos, así que... - se paró, recogió los trastes sucios y después de ponerse el mandil comenzó a lavar los platos. Kouichi se sentó en el sofá y prendió el televisor para ver las caricaturas de la mañana, el pequeño estaba a las carcajadas. Tomoko terminó de lavar. -Vámonos, mi amor - le dijo a su hijo - adiós mamá... - se despidió de la anciana tomando a su hijo de una mano y conduciéndolo hasta la puerta. -adiós, abuela - se despidió Kouichi cuando pasó a su lado. -adiós mi pequeño - le dijo su abuela plantándole un beso en la mejilla Cuando llegaron a su primer parada, Kouichi tuvo que despedirse de su mamá. Tomoko le partía el alma dejar a su hijo, pero tenía que ser fuerte para él y evitar que el niño llorara. -aquí estarás bien, Kouichi - le decía ella mientras le daba un abrazo. -pero... -no te preocupes... vendré por ti cuando salgas... ¿esta bien? Kouichi asintió -claro, mama... no te preocupes. Tomoko se despidió de su hijo y se esperó hasta que entró al aula. Entonces, salió disparada a su trabajo, pero en el trayecto se encontró con Kousei. -Hola - le dijo él. -Hola... - respondió con cierto nerviosismo - ¿qué haces aquí? - le espetó -sólo... sólo deseaba volver a verte - le respondió mientras miraba el suelo. Tomoko suspiró -Pues lamento decepcionarte, pero tengo que ganarme la vida y necesito ir a trabajar. Tomoko avanzó unos pasos cuando Kousei la detuvo por el brazo. -Déjame, ¿quieres? Kousei la soltó y miró a través de la reja. Kouichi estaba viendo la escena y ahora miraba fíjamente a la persona que era su padre, pero él simplemente ni idea tenía de eso. Kousei sonrió, mas Kouichi lo siguió mirando con cierta frialdad. No le gustaba que trataran mal a su madre. -Eres idéntico a tu hermano. - murmuró, luego emprendió su camino de regreso. Kouji estaba esperando dentro del auto. -¿a dónde fuiste, papá? - le preguntó -Quería aclarar unas cosas con una persona -mmm... ok... - sentía que había algo que le ocultaba, mas no entendía qué. Kousei arrancó el automovil. -no entiendo por qué dejamos éste lugar. -No tienes por qué comprenderlo ahora, cuando seas más grande lo harás. -¿en serio? ¿y por qué no ahora? -No comprenderías la razón. Kouji sólo se limitó a mirar a través de la ventana mientras salían de la ciudad. Cuando llegaron, Kousei no se detuvo en una casa-habitación como en la que siempre llegaban cada que se cambiaban de hogar. Ésa vez pasó directamente a su nuevo trabajo, pero por desgracia ya iba demasiado tarde. -Para su primer día no está nada mal - le dijo una voz a su espalda, un señor de estatura media, anteojos, cabello castaño rizado y con una libreta en mano - 30 minutos de retraso, señor Minamoto - terminó entregándole un gafette. -Gracias... Kouji, quédate aquí, ¿quieres?... no te preocupes, no tardaré mucho. El pequeño no se inmutó y se quedó quieto, de pie, juento aquel hombre extraño. -Hola... - le saludó una voz a su espalda, una joven, unos dos años menor que su padre, cabellos castaños y con una sonrisa encantadora. -Hola - regresó el saludo evitando la descortesía. -Veo que vienes con tu padre el primer día de trabajo. - Kouji intentó sonreír. -No querías venir, ¿verdad? Kouji negó moviendo la cabeza. -Oh, está bien - respondió ella observando que el niño no tenía humor de conversar. Kousei salió de la oficina principal 30 minutos después. -Mi jefe me dio permiso de irte a dejar, pero mi permiso está limitado - decía presuroso tomando a Kouji por una mano y con la otra cargaba la mochila que su hijo llevaba a donde quiera que iba - No sé por qué cargas tantas cosas, Kouji. -Me gusta llevarlas conmigo. - respondió - ¿me llevarás a un lugar como aquel en el que iba por las tardes? -Si, pero esta vez sólo estarás en el día. Al menos eso le gustó al pequeño, pero entonces... ¿qué haría por las tardes?. La respuesta le llegó como caída del cielo. -Sólo me ocuparé 4 horas en la tarde, pienso inscribirte a algun club de lo que sea. Kouji simplemente se subió en el automóvil. CAPÍTULO 5 Los siguientes dos años, para Kouji fueron geniales, pues su padre ¡por fin! Había conseguido un trabajo estable, y él iba en las mañanas al Kinder y por las tardes asistía a un club de Karate donde lo enseñaban a pelear y a defenderse, pero claro que también les enseñaban la disciplina de la comunicación ante todo evitando las peleas innecesarias. Kouji, por ése tiempo fue feliz, con una vida tranquila. Pero su vida dio un giro completo de 360° cuando a su padre lo ascendieron de puesto, y tendrían que mudarse a Shinjuku; Kousei no perdería una oportunidad como ésa y Kouji dejó su escuela y su club de entrenamiento. Y para rematarle, su papá comenzó a salir con una completa desconocida para él. Así que a partir de los 6 años fue la peor época de su vida. -Kouji, ahora regreso – decía su padre mientras se acomodaba la corbata -¿Vas a ir de nuevo con ella? – preguntó su hijo sentado en las escaleras, con la piyama puesta. -Sí -Ok… me voy a dormir Las cosas para Kouji no eran “todo felicidad”; no quería que su papá se casara con otra mujer que no fuese su madre. Sabía que su mamá estaba muerta, pero internamente para él, sentía que podía surgir un milagro y volver a ver a su madre, era casi imposible para él, pero le gustaba soñar con volver a verla, conocerla en persona. -Mi padre siempre me ha dicho que me parezco bastante a ella – dijo. Kouji, de ocho años, estaba tendido bocarriba con los brazos detrás de su cabeza. -Cómo me gustaría conocerla – sonrió, y con un profundo bostezo se quedó dormido. A la mañana siguiente, a Kouji le sorprendió que su padre estuviera de tan buen humor (Algo raro en él). -Buenos días – saludó al entrar a la cocina. -Buenos días, Kouji Y extrañamente, su papá se comenzó a comportar de manera extraña, parecía que quisiera que su hijo estuviera de un buen humor. Algo también raro en él, y todo había comenzado su primer día de escuela, después de su mudanza. Kouji tenía 6 años y medio. Entró en el aula cuando su maestra lo invitó a hacerlo; no le gustaba mudarse, y mucho menos cambiarse de escuela, puesto que cada vez se le hacía más difícil conseguir tan siquiera un simple amigo. Cuando iba entrando sintió como si millones de personas le lanzaran miradas de odio. Aún así, se aguantó las ganas de salir corriendo. Pero las cosas no terminaron ahí, puesto que en el recreo un grupo de sus compañeros lo obligaron a pelear tras una pelea a palabras, pero el pleito terminó en golpes cuando esos chicos comenzaron a insultar a su familia, incluyendo a su mamá. Eso último hizo que le asestara un efectivo golpe en la cara dejándolo tirado en el piso, inconsciente. Como era de esperarse, su padre se molestó demasiado con esa reacción; a partir de ése encuentro su padre siempre le espetaba que tenía que comportarse mejor con sus amigos, no insultarlos, pero él simplemente no entendía a su hijo; Kouji no lograba entablar una amistad con ningún niño, porque jamás lo había hecho, jamás había tenido siquiera un solo amigo. Y la gota que derramó el vaso fue que un día su padre llevó a su casa una extraña, y de la cual su padre insinuaba cada vez más que quería convertirla en su madre. Así que, parecía casi imposible que Kouji se pusiera feliz, por algún motivo estaba contrariado -¿estás bien, papá? -Claro Ahora, Kousei se sentó frente a su hijo del otro lado de la mesa, viendo a su hijo probar los alimentos. -¿Seguro que estás bien? -Quería hablar contigo…no sé como decirte esto, hijo… tal vez sea un poco inconveniente para ti… pero… -¡No quiero cambiarme de casa otra vez! – exclamó furioso, si su padre quería irse, él se quedaría en su casa, no quería volver a mudarse. -¡No es sobre eso, Kouji! ¡Y no me levantes la voz! - ahora su padre se levantó de la silla – ¡y quieras o no, me voy a casar! -¡¿qué?!... No me digas que con “esa” que viene a casa -“esa” tiene su nombre, Kouji – le dijo su padre conteniéndose de no ponerse a gritar como loco y evitar golpear a su hijo – y sí, es con ella -Yo quiero a mi madre de vuelta… - dijo Kouji con lágrimas en los ojos, levantándose de la mesa dejando su plato a medio comer mientras corría hacia su cuarto. Llegando a su habitación cerró la puerta tras de sí, se tiró a su cama abrazando su almohada y se puso a llorar. -Mamá… - sollozaba - … quiero verte… llévame contigo… por favor… Kousei estuvo tocando un buen tiempo, pero no conseguía respuesta, se lo pensó mejor y decidió darle un tiempo mientras digería la noticia. Cuando entró, Kouji ya estaba durmiendo. Kousei se quedó contemplando a su hijo. Y vio que tenía su rostro húmedo causado por las lágrimas. -Mama… - hablaba dormido – llévame contigo… A Kousei le partió el corazón escuchar eso, pues Kouji pensaba que su madre estaba viva y eso quería decir que prefería morir antes de verle casar con Satomi, su actual prometida. Y no le podía decir que su madre aún seguía viva, porque se iría con ella sin siquiera pedirle permiso. Cuando Kouji despertó, terminó aceptando la boda de su padre, él no era nadie en su vida como para decirle qué hacer y qué no hacer. -Si quiere casarte con ella, hazlo – le dijo Kouji seriamente – no me voy a interponer, no te preocupes. Pero quiero que sepas que ella nunca ocupará el lugar de mi mamá. Ante esto, Kousei se sintió un poco más aliviado; pero presentía que iba a ser una difícil relación la de su hijo y Satomi. Una semana después, la tan esperada boda se realizó. CAPÍTULO 6 Los siguientes cuatro años, para Kouichi habían sido iguales, antes de cumplir los seis iba al kínder en la mañana, y por las tardes se quedaba sólo con su abuela; su mamá trabajaba casi todo el día, y ya para el atardecer cuando llegaba, tanto Kouichi como su abuela tenían la casa reluciente. Aunque era un decir, puesto que la abuela era la que hacía casi todo el trabajo. A partir de los seis años, Kouichi ingresó en una escuela, destacando grandiosamente en lo que a calificaciones se refiere, llevando en sus dos primeros años el primer lugar de su salón. -uh – exclamó Tomoko al llegar - ¡Qué día! – y se sentó en el sillón. -¿qué pasó? – le dijo la abuela de Kouichi. -Mi jefe se puso como loco y comenzó a gritarnos, y no logré resistir y renuncié… ¡me reclamaba que yo tenía la culpa de no se qué problema!... y… pues, tendré que buscar trabajo. -Kouichi te estaba esperando. -¿dónde está? – p |









