|
|||||||
|
|||||||
| Avisos |
![]() |
|
|
Herramientas | Buscar en Tema |
| (0 miembros y 1 visitantes) | |
|
Buscar posts de Nekogirlmorris en el tema #1 |
|
Sin estado
ID: 82567
Registrado: agosto-2006
Hace: (825 dias)
Edad: 17
Mensajes: 103
|
¿Suena raro el título, no? jeje bueno pues, eso es mientras pienso uno mejor, aunque ya me las ingenié con éste, pero bueno, éste fic es producto de mi ociosa imaginación. Verán que más adelante todo se va explicando y se pone más interesante, bueno, eso podría decirse jeje.
Je, pues….tan sólo denle una oportunidad a mi fic, además se vale soñar jeje. ¡¡¡Dejen comentarios pliz!!! ![]() ![]() ![]() *Personaje completamente original (por mi xD) realizado en base el fic "La alquimista de la sangre dorada* Dedicada a todos los lectores que me brindan su apoyo y se toman la molestia de leer el fic" ATENCIÓN LECTOR: este fanfic se ubica después de la película de "Full Metal Alchemist: Conqueror of Shambala", por lo tanto tiene "SPOILERS". NOTA IMPORTANTE: el fanfic se ubica después de mi fic "Destino" (actualmente se está publicando de nuevo en el foro:http://www.forosdz.com/foro/fanfics-...-pelicula.html terminado: http://www.fanfiction.net/s/3104732/1/Destino) como una continuación, pero NO es necesario que lo leas para leer éste fic. Sugerencia: si después de leer, te agradó el fic, me gustaría mucho saber tu comentario, puedes comentar sin necesidad de estar inscrito haciendo click aquí, ahí podrás comentar libremente haciendo click en la parte final en donde dice "submit review". Para cambiar de capítulo basta con hacer click en la parte de hasta arriba, se presentará una pestaña con la lista de capítulos. INTRODUCCIÓN: Después del paso del tiempo, Edward se casó con Lily (doble de Winry) y Alphonse con una chica llamada Estefanía, ambos con la edad de 20 y 19 años respectivamente, en aquél tiempo. Los Elric, viven del otro lado de la puerta, es decir, en nuestro mundo. Un pasado, un presente... (capt 1) Ese día los árboles se mecían ante el fugaz paso del viento, y en las copas, entre ramas y hojas, se dejaban pasar tenues rayos de sol, que a su paso, teñían las hojas de dorado. Era el año de 1934. En un sendero, con grandes árboles a los costados, pasaba un automóvil. En su interior, mientras el chofer conducía, el espejo retrovisor reflejaba por la parte trasera los ojos profundamente azules de una mujer adulta joven, que vestía elegante pero fresca, con el cabello rubio totalmente recogido. Sonreía mirando la senda por el cristal de enfrente cuando desvió la mirada a su derecha percatándose de la silueta de una niña de unos ocho años sentada a su lado, ésta vestía un vestido azul marino con una camisa blanca por debajo y zapatos escolares negros con calcetines. La pequeña, a quien no se le veía el rostro, se encontraba contemplando el paisaje por la ventana recargando tiernamente la mejilla en la mano. Al verla, la mujer la observó un poco preocupada frunciendo el gesto. - ¿No te parece hermoso el paisaje?- preguntó tratando de darle ánimos a la infante. Por el costado del coche se podía ver el rostro de la pequeña asomándose por la ventana. La niña recargaba la mano en su mejilla como gesto de aburrimiento. Miraba hacia el cielo con la mirada perdida pero fija en los árboles que se cubrían de hojas doradas por los rayos de luz. En sus ojos se reflejaba el dorado de las hojas, no obstante, tras pasar la arboleda, sus ojos miraron el azul del cielo, y aún así, permanecieron dorados. Ése era su color, tenía los mismos ojos miel de su padre. Rubia cabellera, ojos dorados y la misma mirada penetrante. Con ese gesto, en un principio inocente, era obvio quién era su progenitor. - ¿Victoria? ¿Me estás escuchando?- preguntó la mujer tras no obtener respuesta alguna. - Si, mamá.- respondió la niña con voz malcriada y cansada, sin quitar esa cara de aburrimiento. - Deberías alegrarte… pronto conocerás chicos nuevos.- dijo la madre con una sonrisa fingida que ni siquiera ella se la creía. - ¿Alegrarme?- preguntó la chiquilla con voz fastidiada, suspirando mientras no perdía de vista el paisaje. Angustiada, la madre escuchó provenir la pregunta del infante perfil que se acomodaba cerca de la ventana. Ya llevaba rato de encontrarla tan indiferente. - Si acaso, debería darte gusto…- dijo con voz firme, sonrió y luego bajo la mirada.- Tu padre está muy emocionado. La niña no respondió, o cuando menos no se escuchó provenir nada de la pequeña silueta. El automóvil empezó a abrir paso en el sendero y pronto dejaron de haber árboles, dejando a la vista un terreno abierto en cuya colina se hallaba una casa, un panorama bastante familiar… - ¿Qué te parece, hermano?- preguntó una voz. - Justo como esperaba.- suspiró otro. Mientras se escuchaba una conversación a lo lejos, Victoria subía la colina a paso lento y la mirada baja. Ahora, que se le podía ver de cuerpo completo, se apreciaba que llevaba el cabello medio recogido por una coleta. Lucía magníficamente linda. Alcanzó a un chico castaño de unos diez años que estaba de pie mirando a dos hombres jóvenes adultos establecer una conversación. Cuando Victoria estaba a lado del chico, uno de los dos hombres, que era rubio, la viró a ver. - Victoria, ¿Qué te parece?- preguntó Edward sonriente, mientras que Alphonse imitó el mismo gesto. La niña no respondió y Ed la miró con preocupación. - ¿Sucede algo?- preguntó. El niño que estaba a lado de Victoria, al notar que ella no respondió, la miró sin importancia y por la diferencia de estatura se inclinó para decirle burlonamente: - Seguramente extraña a sus “amigos”. La niña lo miró con rabia apretando los puños mientras sus ojos se humedecían. - ¡Yo no extraño a nadie!- gritó y se fue corriendo, no sin antes estallar en llanto. - ¡Joseph!- regañó Al a su hijo por burlarse de su prima. El chico miró de mala gana a su padre y cruzó los brazos. Ed solamente se quedó de pie mirando preocupando a su hija que se había adentrado a la casa. La niña había entrado corriendo y llorando, su madre, que inspeccionaba la vivienda en su interior, sólo alcanzó a llamarla por su nombre al verla entrar sin detenerse y subir al segundo piso. Victoria entró en uno de los cuartos, empezó a sollozar y se asomó por la ventana mientras se lamentaba de su suerte. - No a todos les gustan los cambios.- poco después, se escuchó a sus espaldas. Ella volteó y vio a su padre recargado en el marco de la puerta con los brazos cruzados. - Pues parece que a ti sí.- dijo aún con lágrimas. Edward suspiró profundamente, luego miró hacia el techo y se adentró en sus recuerdos. - Una vez, yo también me tuve que mudar de hogar…a un lugar totalmente desconocido para mí.- dijo sin querer profundizar en el tema, luego miró a su hija y le sonrió.- Pero no por eso todos los cambios son malos, es cuestión de acostumbrarse. - Aún así ¿no te gustaría regresar?- preguntó la infante un poco molesta, como si estuviera reprochándole a su padre. Éste la observó un poco sorprendido, luego bajó la cabeza y le sonrió débilmente. - Por su puesto… pero es algo que no está en mis manos.- contestó. - Mamá dice que te gusta estar aquí, entonces, ¿Si te gustan los cambios?- preguntó esta vez con cierta tristeza al hablar. Ed se metió las manos en los bolsillos y se encogió de hombros mientras suspiraba de nuevo. - Como dije, no todos los cambios son malos…además, este lugar me recuerda mucho a mi antiguo hogar. Victoria no soportó más y estalló de nuevo en lágrimas como cualquier otra niñita caprichosa. - ¡No me importa! Quiero regresar a casa, ahí en la ciudad, con mis amigos ¡No quiero que eso cambie!- gritó con los ojos cerrados mientras lágrimas se le escurrían por sus delicadas mejillas. Los ojos de Edward se clavaron firmemente en ella. - Yo tampoco quería que las cosas cambiaran…- le dijo sincero, luego adquirió un semblante más sólido.- Victoria, a lo largo de tu vida sufrirás cambios, unos buenos y otros malos, es algo que debes aprender…no debes aferrarte al pasado, o afectarás tu futuro y tu presente.- expresó al acercársele y darle un abrazo para consolarla. Ella se talló los ojos e imitó el gesto de su padre, aferrándose a él después de recuperar su sonrisa al pronunciar tiernamente: - No importa, mientras estés a mí lado todo estará bien. Ed escuchó las palabras de su hija, lo que lo hizo pensar, estaba apunto de contestarle pero prefirió disfrutar ese cálido abrazo, como si quisiera aferrarla a él para que así el tiempo no pasara, sin embargo, el tiempo había pasado, y seguía transcurriendo… xXx - Vic, Victoria…Victoria…- decía Edward adormilado una mañana, con la voz cansada y vestido casualmente. Tras no obtener respuesta después de un buen rato de espera, perdió los estribos y se despertó así mismo gritando.- ¡Victoria ya levántate! Una niña que reposaba en una cama cubierta por sábanas de pies a cabeza, hizo caso omiso al llamado. Sin abrir los ojos y haciendo un gemido de flojera e ignorando la presencia de su padre, acomodó de nuevo sus mejillas en la almohada y relajó el rostro para seguir durmiendo. Edward, al notar que lo ignoraron, se colocó por enfrente de la cama y jaló de los pies a la niña hacia él. Ella, al sentir cómo era arrastrada a lo largo de la cama, abrió grandemente los ojos y ya apunto de caer al suelo se aferró a una de las balaustradas de la cama. - ¡¡Ya levántate!!- gritó Edward mientras jalaba a la niña suspendida en el aire. - ¡No quiero ir a la escuela!- gritaba tratando de no soltarse de la balaustrada. - ¡AAAH! ¡QUE TE LEVANTES!- gritó Ed por tercera vez con más fuerza, en lo que jalaba a Victoria quien se resistía a soltarse. - ¡Ya te dije que NO quiero ir a la escuela!- le volvió a decir haciendo berrinche. Mientras padre e hija peleaban, Lily entró a la habitación poniéndose los aretes. - ¡Edward!- gritó Lily llamando la atención de los dos- ¡Te pedí que despertaras a Victoria, no que jugaras con ella! - P-pero…- trató de excusarse en lo que Victoria hacia carita de inocente. Luego miró a Victoria desdeñosamente y la soltó aprovechando que se distrajo ahora que ya no hacía fuerza. - ¡Auch!- se quejó al caer sentada al piso. - Ya oíste a tu madre, vístete que se nos hace tarde.- le dijo Edward naturalmente. Ella hizo mala mueca y no le quedó de otra que obedecer a su papá. Ya en el desayunador, Victoria dormitaba en la mesa, Edward se servía café y Lily se daba los últimos retoques pues estaba muy bien arreglada, indicando claro que tenía una cita sumamente importante. - Ya me voy.- miró el reloj, luego viró a ver a Victoria y la miró con ojos de ternura. Se acercó a ella y pasando la mano sobre su dorada cabellera en muestra de cariño, le dijo.- Pórtate bien, no comas dulces y obedece a tu padre. - Mejor que él me obedezca a mí.- dijo Victoria aún dormitando. Edward sólo escuchaba un poco molesto la conversación. Lily los miró a ambos, por un lado halló a una niña traviesa y por el otro, a un padre temperamental. Dio un gran suspiro. - No debe durar mucha la conferencia, así que pienso regresar en dos días, no creo que haya problema, ¿Verdad, Edward?- hizo énfasis en esto último. Edward que tomaba café, sacudió un poco la taza y viró a ver a Lily. - ¡Claro que no habrá problema! Me encargaré de que sea así.- dijo viendo a Victoria que yacía dormida en la mesa. - Por favor, pórtense bien.- se mostró Lily angustiada. - Já.- río Edward indiferente y mirando hacia otro lado, sin soltar su taza de café. Lily se acercó a él y lo besó en la mejilla. - Cuídense.- dijo la rubia mujer a pesar de que su esposo seguía indiferente, conociendo su carácter, para ella era de lo más normal. Le sonrío por lo mismo, tomó sus maletas y se fue tras cerrar la puerta. - Apúrate que debo llevarte al cole… ¡Victoria ya te dormiste otra vez!- exaltó Ed al virar a verla, ya que la encontró completamente dormida en la mesa con la boca abierta. Se le acercó para sermonearla. - Victoriaaa…- la llamó. - Pero…- levantó media dormida la cabeza. Edward se había acercado demasiado a Victoria, que al momento de la acción, le botó encima la taza de café que él sostenía. - ¡AAAAH!- gritó al sentir lo caliente del café. Victoria lo vio con ojos cansados y se volvió a echar a dormir. - ¡Pero que demo…!- exclamó Ed al ver la falta de preocupación por parte de su hija. - Mientras te cambias dormiré.- sin siquiera mirarlo, tranquilamente recargó la cabeza sobre los brazos y regresó a su profundo sueño. Hubo un momento de silencio… -¡VICTORIAAAAAA!- resonó por toda la casa. Precisamente, tales eran las situaciones que le preocupaban a Lily. Ya en el coche, Edward manejaba bastante enojado. - Oye papi ¿me compras dulces saliendo del colegio?- dijo Victoria inocente, ya despierta y sin tomar en cuenta todo lo que ocurrió por la mañana. Mirándola de reojo con su nueva camisa limpia, de nuevo Ed se acomodó en el volante, sin contestarle y resistiendo el coraje, sólo porque se trataba de Victoria, su hija, se la dejaba pasar, pero de haber sido otro, pobre de aquél. El trayecto de la colina donde vivían hacia la ciudad era demasiado largo por lo que se podía ver el contraste rural- urbano entrando a la capital. Poco después llegaron al colegio que estaba repleto de estudiantes en la entrada. Victoria bajó del auto, cerró la puerta y empezó a marcharse, mientras que Ed, aún frunciendo recio la veía alejarse. De pronto, ella se detuvo, miró en dirección al auto y le sonrío a su padre alzando la mano y despidiéndose de él. Edward no pudo evitar sensibilizarse por tal gesto que le devolvió la sonrisa al tiempo que suspiraba. La niña rubia cruzó la entrada del colegio en donde muchos niños también se despedían de sus padres; unos jugaban, otros hacían el resto de la tarea, y otro montón lloraba por lo poco que faltaba para que la campana diera inicio a las clases. Victoria se habría unido a éstos últimos, pero más que eso, después de que se fuera su padre, sólo hacía mala mueca y se hallaba preocupada. Las escenas que pasaban en la entrada de la escuela parecían fotografías antiguas, con los niños vestidos de gorra y zapatos de charol, mientras que las niñas pareciendo muñequitas. Pasando por los corredores de la escuela, Victoria llevaba un hermoso uniforme azul, llevando por peinado unos bucles en su media cola amarrada por un listón blanco. Con todo esto junto, lucía elegante y tierna. - Estúpido uniforme, me hace ver ñoña.- murmuró, pues efectivamente, además de los rasgos heredados de su padre, también heredó un poco de su carácter. Sólo cuando le convenía usaba su feminidad, una chica alegre y juguetona, con la edad de diez años era un poco despreocupada y demasiado distraída. Inocente, de cualquier desgracia. xXx - ¡Victoria!- enojó la profesora al ver que la niña, quien estaba sentada junto a la ventana, se encontraba distraída con el profundo cielo azul, con la mirada perdida y sin prestar atención a la clase. - ¡Déjela maestra!- gritó otra niña llamando la atención de todas las estudiantes, pues en esa época los salones de varones y niñas se encontraban separados.- Seguramente está rezando para tener “atributos”- dijo seguida de burlas hacia Victoria. -¡Aún falta para que me crezcan!- excusó sonrojada y tratando de hacerse a la enfadada.- Además, ¡Si tienes es porque te pones relleno!- gritó. La niña que empezó a burlarse se molestó por lo que dijo Victoria, tanto, que siguió con el pleito. - ¡Niña varón! ¡Niña varón! ¡Te juntas sólo con niños porque eres uno de ellos!- le gritó. -¡Y tú eres una estúpida!- respondió Victoria. Apenas terminó de insultar le arrojaron el borrador por parte de la maestra. Se sobó la cabeza mientras no entendía porqué sólo a ella le agredieron. -Te lo merecías desde un principio por no prestar atención a mi clase. Yo no puedo permitir que me faltes al respeto, Victoria.- dijo la maestra fríamente, al tiempo que la burlona chica se mofaba de la ambarina.- Además, eres una chiquilla majadera. Debería darte vergüenza.- terminó diciendo mirando con desprecio a quien había agredido. Mirando ofendida hacia un costado de su pupitre, Victoria guardó silencio a regañadientes. Tocó la campana del recreo y salió apresurada con su bello vestido de holanes que se revolvía por cada paso que daba. Todas las niñas se dividieron por grupos y poco después salieron los varones. - ¿Lo trajiste Vic?- preguntó un niño acercándose a Victoria, ella estaba sola y de nuevo distraída, pero al oír la voz de éste, sonrió alegremente. -¡Claro que lo traje!- dijo muy contenta. Apenas dijo esto, el niño viró a ver a sus compañeros y les llamó diciendo: -¡Vengan a ver lo que les conté!- gritó al igual muy feliz.- ¡Muéstrales Vic lo mucho que has mejorado!- emocionaba mirando a la Elric. Victoria asintió con la cabeza y a continuación sacó un yoyo de madera de uno de los bolsillos de su uniforme. Un grupo de chicos miraban muy atentos en lo que ella se disponía a usarlo. - Bien ¡Aquí va! Comenzó a jugar con el yoyo de tal forma que hacía grandes acrobacias con él. El ser niña le permitía manejarlo con delicadeza, era hábil y rápida en sus movimientos, lo pasaba de un lado a otro y hacía cuanto truco y acrobacia sabía, lo arrojaba de atrás hacia delante como si el artefacto tuviese vida propia. Todos miraban asombrados las hazañas de Victoria. -“Incroyable”.- dijo Vic. - así es conocido en Francia y significa increíble. - ¡Oooh!- exclamaron todos. - ¿Sabían que hace mucho tiempo era utilizado como instrumento de caza?- preguntó ilustrando a la vez a sus compañeros. - Y… ¿Quién te lo dio?- preguntó otro niño mientras no perdía de vista el objeto. - Mi papá me lo hizo.- dijo orgullosa. - ¿T-tu papá te lo hizo?- repitió asombrado un pequeño. - Así es, como podrán ver, está hecho de madera, mi papá es muy hábil para fabricar cosas con las manos.- dijo Vic, que en un pasado, sus palabras habrían tenido un doble sentido por la habilidad alquímica de su padre. Habilidad, que ella desconocía. Después de contar los orígenes del artefacto, nadie más volvió a decir ni preguntar nada prefiriendo mirar lo que la niña hacía con tanto gusto. Por lo que se podía ver, Victoria era una chica popular entre los chicos, que evitaba a las muñecas y por lo tanto a las niñas, razón obvia de los constantes desprecios que tenían hacia ella. Mientras transcurría el día escolar de Victoria, Edward, se encontraba trabajando. xXx En un salón, recargado en su escritorio se hallaba Ed dando clase. En la estrada del aula leía un libro mientras sus estudiantes escuchaban con aplicación su lectura y le miraban con atención. - Como principal concepto, encontramos que la palabra química proviene del vocablo griego khumeia que significa ‘echar juntos’, ‘verter juntos’, ‘soldar’ o ‘alear’.- mencionaba el rubio sin apartar la vista del libro, con voz aburrida y suspirando a lo último. Momentos después se escuchó sonar el timbre. - Muy bien, los espero la próxima clase con todos los conceptos y definiciones mencionados.- finalizó la clase de igual forma. Todos los estudiantes salieron de inmediato del aula en lo que Ed se quedó con la misma posición de un principio. Cerró el libro que sostenía leyendo en su portada “Principios básicos de química” contempló breves instantes el título un poco nostálgico para luego mirar en dirección a la ventana del salón y observar el atardecer. - No importa si son de la vida, de química o de física, siempre habrán leyes y principios...en cualquier parte.- se dijo así mismo rodeado del profundo silencio del salón. Terminó la escuela tanto para Ed como para Vic. Edward recogió a Vic del colegio y en el camino de regreso a casa, ella le contaba su día a su padre en lo que este manejaba. -…….y después de eso, la maestra me arrojó el borrador.- dijo Vic haciendo una mueca de sufrida y sobándose la cabeza recordando el dolor. Edward sin perder la vista de la senda río un poco. - ¿De qué te ríes?- le preguntó un poco molesta. - Eso no es nada comparado con lo que tu tío y yo pasábamos con nuestra maestra.- recordó que a él y Alphonse en vez de arrojarles borradores les daban tranquizas por Izumi, su maestra. - Lo dices como si hubiera algo peor.- dijo Victoria irónicamente. - Sí lo hay.- alegó Ed volviendo a reír por la ingenuidad de su hija. Cuando llegaron a casa y estaban bajando del auto, Edward se dirigió a Victoria. - Toma.- le dijo al arrojarle una bolsa de papel que ella en seguida atrapó. Victoria abrió la bolsa y observó que en su interior había caramelos. Sonrió muy feliz después de ver el contenido de la bolsa, luego, miró extrañada a su padre. - No le digas a tu madre.- dijo Edward sonriéndole y guiñándole un ojo. Esos, eran los momentos que cualquiera disfrutaría. xXx Para la familia Elric el tiempo les había sido grato, sin tomar en cuenta las constantes peleas padre-hija, todo marchaba bien. Edward y Lily se habían encargado de criar durante diez años a su amada Victoria. Al parecer Lily viajaba mucho por sus conferencias pues sus libros le habían dado renombre, y Edward también era bien conocido como profesor de una prestigiada universidad. Joseph, hijo de Alphonse y Estefanía, viajaba mucho a lado de su padre pues Al buscaba recompensarle a su hijo un vacío emocional que desde muy pequeño le afectaba. Los Elric eran una familia pequeña pero normal, común y corriente, en donde nunca, por decisiones propias, se había mencionado la palabra “alquimia”, y en la cual el pasado de los hermanos Elric era tan misterioso y ajeno a sus sucesores. xXx - ¡Aaaah nada como un café por la mañana!- exclamó Edward una mañana saboreando la taza de café que tenía en manos. Nadie estaba en la cocina. Él estaba enfrente de la ventana, de donde al parecer, nada se asomaba. Fue por unas cucharadas de azúcar y cuando regresó a donde estaba había un gatito por la ventana, no le tomó importancia y sorbió un poco de café, aún medio dormido no notó que ahora no había uno, sino tres gatos por la ventana. Sin saber de los mininos, volvió a sorber de su exquisito café, y cuando miró repetidamente por la abertura se percató de que habían más gatos. Edward miraba confundido, y cuando se dio cuenta, no sólo había gatos por afuera de la casa, sino también dentro. - Pero…argh ¡VICTORIAAAAAAAAAAAA!- gritó al dar con el culpable. - ¿Si papi?- dijo asomándose en la cocina. - ¡¡ ¿Me puedes explicar por qué hay tantos gatos en la casa?!! - Pues tengo permiso.- dijo Victoria muy firme. - ¿Permiso? ¿De tu madre?- preguntó Ed desconcertado. - No. - ¿Entonces? - Bueno, pues tú dijiste que si alguien de la familia aceptaba, los gatos se podían quedar…- decía Victoria. - Ajá.- la apresuró su padre para que fuera al grano. - Y pues… ¡Tío Alphonse dijo que eran lindos y que se podían quedar! Edward cayó al suelo por las cosas con las que le salía su hija. - ¡¡Cuando dije familia me refería a tu madre o a mí!!- gritó para que a Victoria le quedara claro. Ella miró a su padre inocentemente y con ojos de ternura sobreexplotando la imagen de niña tierna que emanaba. Edward sólo se limitó a suspirar profundamente en lo que Victoria agregaba: - ¡Huy sí! Olvidé decirte que Edo… - ¿Edo? - Si, Edo, mi gato rubio.- afirmó la niña. - ¿L-LE PUSISTE MI NOMBRE A TÚ GATO?- gritó más irritado. - Si papi, porque te quiero mucho- le dijo dulcemente. Edward se mantenía mudo por el indudable “cariño” de Victoria. - … pues, él tomó mucha leche y se orinó en tu saco, jeje.- le dijo un poco sarcástica. - Vic….vic…to…- tartamudeaba Ed de coraje. - ¡Ya me voy papi, nos vemos luego!- empezó a huir después de ver a su padre apunto de dar el último grito. Breves momentos de silencio antes de la explosión. - ¡VICTORIAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA AAAAAAAAAAA!- resonó no sólo en la casa, sino en toda la colina. xXx En aquellos días todo era perfecto y normal dentro de lo que cabía, una familia feliz y completa, en donde el pasado, pasaba desapercibido. Tal vez el pasado jamás tocaría la puerta de los Elric para desentrañar lo que este albergaba, pero existe un llamado que inexplicablemente nos imbuye a conocerlo: el llamado de la sangre que nos une. Un llamado, que pronto resonaría desde lo más profundo de Victoria Elric, cuyo apellido, decía más que mil recuerdos Continuará…. Última edición por Nekogirlmorris; 03-may-2008 a las 07:51. |
|
|
|
|
Buscar posts de Aire en el tema #2 |
|
Sin estado
ID: 26918
Registrado: septiembre-2005
Hace: (1168 dias)
Mensajes: 1.192
|
Re: La alquimista de la sangre dorada
Escribes muy bonito, tanto en la forma de relatar como los diálogos. Espero tu próximo capítulo ^^. Aunque aún me cuesta ver a Edward como padre XD
__________________
![]() Porque nu nos dejaste Porque aun sigues aqui porque hace ia un anio que nacio un angel... 25/3/90-7/12/06 Opinion de Viole i de muchos mas: fuck! no podemos firmar en tu libro - - !! |
|
|
|
|
Buscar posts de Lylith en el tema #3 |
|
Sin estado
ID: 32409
Registrado: noviembre-2005
Hace: (1101 dias)
Edad: 16
Mensajes: 659
|
Re: La alquimista de la sangre dorada
muy lindo! me llamo la atencion cuando vi tu nombre, es q me gusta como describes las cosas
![]() aqui tienes a una admiradora tuya..no me descepciones y sigue tu historia xD
__________________
Si me corta los brazos, lo pateare hasta q se muera Si me corta las piernas, lo mordere hasta q se muera Si me corta la cabeza, lo mirare hasta q se muera Si me saca los ojos, lo maldecire hasta q se muera...Aunque me cueste la vida, recuperare a Sasuke de Orochimaru ![]() Apolla el Sub-Foro de Naruto-yaoi ¡¡¡SasuNaru Forever!!!
|
|
|
|
|
Buscar posts de tuttyfruits en el tema #4 |
|
Sin estado
ID: 66584
Registrado: junio-2006
Hace: (896 dias)
Edad: 16
Mensajes: 134
|
Re: La alquimista de la sangre dorada
Me encanto tu historia!!, te desenvuelves muy bien escribiendo y tienes mucha agilidad y frescura(xD), te felicito!! aki se presenta otra admiradora
|
|
|
|
|
Buscar posts de Lylith en el tema #5 |
|
Sin estado
ID: 32409
Registrado: noviembre-2005
Hace: (1101 dias)
Edad: 16
Mensajes: 659
|
Re: La alquimista de la sangre dorada
nekogirlmorris nos has olvidado???...no nos dejes asi con lo mucho q me gustan tus contis (snif snif).
vamos, siguelo!!!!!!!!!!
__________________
Si me corta los brazos, lo pateare hasta q se muera Si me corta las piernas, lo mordere hasta q se muera Si me corta la cabeza, lo mirare hasta q se muera Si me saca los ojos, lo maldecire hasta q se muera...Aunque me cueste la vida, recuperare a Sasuke de Orochimaru ![]() Apolla el Sub-Foro de Naruto-yaoi ¡¡¡SasuNaru Forever!!!
|
|
|
|
|
Buscar posts de Nekogirlmorris en el tema #6 |
|
Sin estado
ID: 82567
Registrado: agosto-2006
Hace: (825 dias)
Edad: 17
Mensajes: 103
|
Re: La alquimista de la sangre dorada
¡No me he olvidado de ustedes! Lo que pasa es que la tarea me absorvió completamente.
Mil disculpas por el atraso, espero que les guste el capt y que dejen comentarios, gracias por los de la vez pasada. Si alguien teien fotolog, que me lo pase para visitarlo Nota: Conforme se desarrolle el fic se harán atando cabos. Nota 2: No me linchen por mis explicaciones de alquimia, hago lo mejor que puedo. Hora de la verdad (capt 2) - Sólo una vez más, sólo una Victoria…tú puedes, yo sé que puedo.- murmuraba la de ojos rubio mientras sostenía un bate y se encontraba apunto de batear. La niña lucía como chico. Vestía una gabardina muy corriente por encima de su vestido y llevaba puesta una gorra que evitaba ver su larga y dorada cabellera, tenía el cabello totalmente recogido. Se encontraba rodeada nuevamente de varones, pero esta vez éstos pertenecían a una clase social por debajo de la suya. El niño pitcher lanzó la pelota con fuerza, pero justo a tiempo Victoria pudo darle un gran batazo hasta lanzar la pelota al otro extremo de la calle. Ella con alegría corrió a primera, a segunda y a tercera base, logrando que su equipo fuera el ganador, en seguida fue acompañada de una gran horda de niños que gustosos le felicitaban. Al momento de finalizar el juego, el reloj de la ciudad anunció con sus campanas las doce del día. Victoria, asustada por la hora, salió corriendo a gran velocidad tras despedirse fugazmente de sus amigos, luego cruzó calles hasta toparse con el campo abierto. Su casa quedaba en la colina, pero a pesar de la gran distancia que había de la ciudad alemana hasta por fueras de ésta, atravesó a gran rapidez el campo abierto a y todos los árboles que le seguían. Largo fue el trayecto que pasó, pero por fin llegó a su hogar en donde la esperaban. Entró por la parte trasera tratando de pasar desapercibida. Cruzaba la cocina cuando oyó que la llamaban. - ¡Señorita Victoria!- gritó un poco molesta una criada a espaldas de la traviesa niña. - ¿Si, Camila?- volteó a verla con una gran sonrisa. La criada miró enojada la sonrisa fingida de Victoria para luego tomarla por la fuerza de la mano y arrastrarla por las escaleras. - ¡Es tarde! ¡Le dije que se quedara en su habitación! ¡Pero no! ¡Tenía que salir a jugar! ¡Tan sólo mírese!- dijo tras verla de reojo y encontrarla muy sucia y descuidada. - ¡Es mi cumpleaños! ¡No entiendo porque me prohíben divertirme!- justificó la niña su desobediencia. - ¡Precisamente por ello! ¡Los invitados pronto llegarán y usted no está lista!- dijo de nuevo la mujer siguiendo arrastrando a la rubia que se rehusaba a acompañarla. De mala gana la criada arrastró a Victoria hasta el baño en donde una tina de agua ya estaba preparada para recibirla. Rato después, la sucia niña que poco antes jugaba con sus amigos se había vuelto en una adorable chiquilla de vestido blanco. - No me gusta el vestido.- se quejó Victoria mirándose en el espejo. Prefiriendo estar de andrajosa con su gabardina y gorra, y por supuesto en compañía de sus amigos. - Para mí que te queda bien.- dijo Edward entrando a la habitación para su sorpresa. Miró con una sonrisa a su padre en lo que él le miraba también sonriéndole. Edward se acercó a la ventana, se asomó por ella y vio un hombre castaño que bajaba de un auto. - Parece que ya llegó tu tío.- comentó virando a ver a su hija. La niña dibujó una gran sonrisa y bajó a toda prisa a recibir a los primeros invitados. Un chico de unos trece años se acercaba a la casa acompañado de Alphonse. - ¡Tío Alphonse!- sonrió Vic al acercarse al adulto y darle un gran abrazo. - Muchas felicidades, Victoria.- la saludó muy feliz. - ¿Y tú no me vas a felicitar, Joseph?- preguntó la niña tratando de llamar la atención de su primo que se hallaba muy serio e indiferente. - ¡Vaya! ¡Once años y ya no eres distraída!- se burló un poco el castaño tras la llamada de atención a lo que su prima puso mal gesto. Joseph se acercó a Victoria y le revolvió el cabello provocando que ella se molestara un poco más, pero luego sonrío, recordando que esa era la forma fría en la que Joseph demostraba afecto. Ambos, se dirigieron a la casa. Edward se quedó atrás con Alphonse quien miraba con tristeza a Joseph encaminándose a la casa junto con su sobrina. - ¿Aún no… - No, aún no- contestó Al opacando con desánimo la misteriosa pregunta de su hermano. Al poco rato en la casa, en cuyo interior se podía notar un espléndido decorado de acuerdo a la ocasión, estaban los invitados y por supuesto Victoria como centro de atención. Todos reían al lado de la niña que muy sonriente aceptaba las muestras de felicitación que recibía, mientras su madre apartada de la gente la veía con tanto afecto. También Edward miraba a Victoria. Él se encontraba con un grupo de hombres con los cuales aparentemente hablaba, pero Edward sólo tenía ojos para su pequeña Victoria, tal vez, porque gozaba de verla tan feliz tras recordar que a su edad él ya tenía varias preocupaciones que indudablemente marcaron su vida. Hubiera deseado sonreír de tal forma, solamente Victoria era capaz de compartirle esa felicidad después de tanto tiempo. - ¿Piensas dárselo ahora?– preguntó Alphonse al notar a su hermano observar a Vic. Edward miró a su hermano menor, le sonrió y comenzó a acercarse a la rubia niña, no sin antes pasar por una mesa en donde se encontraba un regalo apartado de la mesa principal en la cual se hallaban los demás obsequios. - Felicidades, Victoria.- dijo al estar frente a la niña que lo miró inocente y a la vez sorprendida para luego abrirse con una gran sonrisa, en lo que todos los que estaban al lado de ella también se mostraban sorprendidos pues Ed no había dado previo aviso sobre la entrega del obsequio. Vic tomó el presente. Era un especie de caja cubierta de papel blanco para envolver, que por encima tenía una cinta roja; color favorito de Victoria. Abrió el obsequio y todos los que la rodeaban se sorprendieron aún más al ver que Victoria sacaba de la caja de cartón una hermosa caja musical de oro con detalles de plata. Inmediatamente giró el torno de la caja musical, el artilugio abrió su tapa para dejar ver que en su interior giraba una figurilla de bailarina de ballet al compás de una bella melodía que reinó por instantes las paredes de aquel salón. La melodía sonaba tan triste pero a la vez tan alegre que inundó de gozo el corazón de todos los invitados. Victoria quedó inmóvil al escuchar la tan corta pero penetrante canción que recordó lo que en secreto le agradaba hacer: mirar el profundo cielo azul y perderse en la lejanía. Pero al recordar tan encantadoras escenas, recordó también una pregunta que revelaría la sensación más profunda de su ser. - Victoria ¿Qué tanto miras el cielo?- preguntó Joseph con el ceño fruncido tras ver a su prima perdida en la inmersa profundidad azulada. Ambos, se encontraban recostados en la pradera. - Joseph…- dijo la pequeña sin mirar, en aquel entonces al niño.- ¿Nunca te has preguntado que hay más allá del cielo? - ¿Qué quieres decir?- preguntó su primo al sentarse de inmediato. - No lo sé, es sólo que…. - ¿Qué cosa Victoria? No me digas que de nuevo empezarás con tus cosas raras.- dijo Joseph poco interesado y sin darse cuenta que la niña que estaba junto a él se había retirado. - …a veces pienso que no pertenezco aquí.- terminó murmurando Victoria dando la espalda pues empezaba a marcharse. Regresando a donde estaba, ahí en el salón, la misma pregunta de siempre la envolvió de nuevo. ¿Por qué? ¿Por qué siento que no pertenezco aquí? ¿Acaso es… una gran puerta apareció en los recuerdos de Victoria, la cual veía constantemente en sueños y siempre llamaba su nombre…la puerta? Volvió en sí después de finalizada la melodía. Alzó la vista y se percató que su padre ya no estaba a su lado, sino, al lado de Joseph con quien parecía estar hablando, aunque a Joseph no se le veía muy contento mientras Ed le hablaba. Vic bajó la vista muy decepcionada ya que había otra cosa que también le inquietaba. Ya de noche, cuando todos los invitados ya se habían retirado, Vic deambulaba por la gran casa con la pijama puesta. Todavía triste por la escena de su padre y Joseph, se asomó en el estudio de Edward en donde él preparaba sus clases rodeado de estantes de libros y varios apuntes. - Victoria.- sonrió éste al verla, pero al notar su decepcionado gesto, frunció el entrecejo preocupado.- ¿Sucede algo?-preguntó. - No, no es nada….- murmuró ella, como si se arrepintiera de haberlo interrumpido. - Sabes que puedes decírmelo.- le dijo Edward con una apacible sonrisa. Victoria perdió el aliento por unos instantes, para luego ver a su padre y su encantadora sonrisa que parecía comprenderla. Al igual notó que en aquel hombre de cabellera dorada difícilmente parecían pasarle los años, y de haberlo conocido al menos en fotos de años atrás, se habría percatado con más razón que sólo sus facciones se habían endurecido un poco. Pero las fotografías de su padre y su tío de jóvenes, al preguntar por ellas, siempre justificaban su ausencia con una extraña pérdida. - Papá, a veces siento que te hubiera gustado tener un varón.- confesó Victoria muy triste después de observar detenidamente a su padre. - ¿Un varón?- preguntó él sin comprender. - Si, un varón por hijo, como mi tío Alphonse que tiene a Joseph… un varón con el que pudieras jugar, llevar a todos lados y…- las lágrimas a se le salían recordando que una vez de pequeña pedía jugar con unos niños y le negaban su participación por ser mujer. - Lo dices por Joseph…- bajó Edward muy serio la mirada recordando veces en las que se pasaba tiempo con Joseph y sin intención alguna hacía a un lado a Victoria. - No, no es por él, sino por mí. Estoy segura que de no ser niña te pasarías más tiempo conmigo y me hablarías más de ti, de tu pasado, porque a veces siento que no quieres hablar conmigo porque me ocultas algo… En ese momento Victoria recordó que de pequeña se asomaba a escondidas a la habitación de sus padres y veía constantemente a Edward parado frente a la ventana, contemplando nostálgicamente el ocaso sobre la colina mientras deslizaba con tristeza la mano izquierda sobre la derecha. - ….. ¿Es porque soy niña, verdad?- preguntó volviendo a su inquietud. Edward escuchaba a su hija y recordó la ausencia de su padre, y se preguntó si sus ausencias, en cierto modo, eran similares a las de su Hohenheim; sabiendo de él pero sintiéndolo tan lejos y distante, y ocultando al mismo tiempo un gran secreto referente a la alquimia y a su pasado. Miró a Victoria con sus cálidos ojos. - No Victoria, no es por eso, sólo no quiero confundirte… pero algún día tendré que decírtelo.- dijo con una sonrisa a secas, luego se acercó a la niña rubia que secaba tiernamente sus lágrimas.- Te quiero Victoria, tal y como eres, empezando por el hecho de ser mi hija. Yo jamás te haría daño.- dijo alzando su mentón para que ella lo mirara a los ojos y así creyera en sus palabras pues Edward al ocultarle su pasado lo hacía con las mínimas intenciones de lastimarla. - Buenas noches papá.- le dio un gran abrazo.- Sólo espero que ese día llegue pronto.- dijo antes de marcharse a su habitación. Ya en su habitación Victoria tomó la caja musical que le habían regalado, se acostó en su cama y colocó en su regazo el artefacto. Todavía un poco triste giró del torno para escuchar la dulce melodía y arrullarse con sus notas. Al poco rato cayó en un profundo sueño, dejando la caja musical acomodada en su cobijo con las manos reposando suavemente sobre el obsequio. Edward había bajado a la sala, ahí se encontraban Lily y Alphonse. Lily estaba sentada en un sofá y Alphonse se encontraba de pie platicando con ella. - Edward.- saludó Lily a la presencia de su esposo, asomándose por un costado del sofá cuyo respaldo se encontraba justo frente a él.- Estábamos hablando del día de hoy.- dijo con una dulce sonrisa. Él miró con gran afecto a Lily. El verla sonreír le recordaba demasiado a su amiga de infancia Winry, por el gran parecido que tenían, asegurándose que Winry debía lucir muy similar a Lily tras el paso de los años. - Me dio gusto que vinieras Al.- se dirigió Edward a su hermano después de ver a su esposa. Alphonse posó la vista en el suelo y sonrío muy débilmente. Seguidamente Edward también desvió la mirada por un costado al entender a su hermano menor. - Intenté hablar con él...- dijo muy serio. - No tiene caso, el jamás me perdonará.- interrumpió Al con los ojos opacos. Hubo un breve momento de silencio en la sala. Edward y Lily compartían la tristeza de Al también rebajando la mirada sensatamente. De pronto, un grito ensordecedor se escuchó provenir del segundo piso. - ¡Victoria!- gritó Ed después de quedar por un instante congelado al reconocer la voz y rápidamente subir por las escaleras. Cuando abrió la puerta de la habitación de Victoria, se encontró con una escena que lo dejó pasmado: Victoria gritaba llorando en su cama y una especie de masa en forma de espiral de color dorado y plata, que se extendía hasta el techo, perdía su forma junto con las manos de su hija. La caja de música había sido transmutada perdiendo su forma original y fusionándose con las manos de Victoria. Pronto llegaron Alphonse y Lily detrás de Edward mirando atónitos lo que sucedía. En ese momento Joseph salió de su habitación por tanto alboroto, y al asomarse a la habitación quedó boquiabierto en lo que su tía llevaba ambas manos a la boca por la tribulación. Ed y Al instantáneamente cambiaron sus rostros para actuar con rapidez. - ¡Victoria!- le gritó Ed a la infante que no dejaba de gritar y llorar.- ¡Necesito que te calmes!- pidió muy determinante. - ¡No puedo!- sollozó ella. - ¡Sólo así todo podrá volver a su forma original!- gritó Alphonse. - Pero…- sollozó de nuevo Vic. Edward y Alphonse no dijeron más para no presionarla. La niña con dificultad se calmó y todo volvió a su forma original. Posteriormente Victoria corrió a los brazos de su madre que se encontraba muy preocupada y lloró mientras la abrazaba. Joseph estaba incrédulo, pero miraba atentamente a su padre y a su tío que para él habían actuado sospechosamente de inmediato. Edward se quedó de pie mirando con extrañeza a Victoria que seguía llorando abrazando a Lily, mientras Alphonse observaba la habitación reflexionando lo que había ocurrido. Instantes después, Victoria cortó su llanto y se desvaneció en los brazos de su madre. Los días siguientes Victoria estaba muy enferma. Presentaba fuertes calenturas y toda clase de malestar. El doctor la estuvo examinando varios días hasta que llegó a la conclusión de que la enfermedad de Victoria era cíclica. En ese tiempo Edward se la pasaba encerrado en su estudio tratando de descifrar todo lo ocurrido aquella noche y el porqué de la alquimia en un mundo en donde se suponía era nula. Cuando Lily y Edward recibieron la noticia por parte del doctor, les explicaron que la enfermedad, que se presentaba como fiebre, seguiría afectando a Victoria en periodos cortos, y que por largos periodos la mantendría estable aunque el malestar regresaría más grave que las anteriores veces hasta causarle la muerte. Al ser una enfermedad impredecible, era casi imposible tratar con ella por lo que sólo podía controlarse. Edward estaba más turbado que antes, pero había encontrado la razón de lo que ocurrió aquella noche. - Es la ley de los estados equivalentes.- dijo Alphonse, estando una vez en una habitación de la casa, a espaldas de su hermano que se encontraba parado frente a un ventanal. - Así es Al.- señaló Ed con una mirada muy firme que no se le veía en años.- Victoria no pertenece a éste mundo. Cuando tú y yo vinimos a éste mundo nuestros alternos fallecieron antes de nuestra llegada, pues dos cuerpos no pueden ocupar al mismo tiempo el mismo espacio. Seguramente existe otra Victoria en cualquier parte del mundo que habitamos, tú y yo hemos hecho un cambio equivalente: la vida de nuestros alternos a cambio de la nuestra, pero al no pertenecer originalmente aquí, Victoria como primogénita tampoco lo es…como dicen, el hijo lleva el pecado del padre. La naturaleza lo sabe y por ello busca eliminar a Victoria. El uso de alquimia ésa noche es una advertencia del desequilibrio que existe entre nuestro mundo y éste. Seguramente Joseph también se enfrentará a lo mismo.- terminó de explicar llamando la atención de Alphonse. - Hermano… ¿Qué piensas hacer?- preguntó preocupado. - Aún no estoy seguro, pero no voy a permitir que Victoria muera.- dijo Edward con la voz muy seria y firme. Una mañana Victoria despertó en su cama, y muy débilmente notó que su padre estaba a sentado a su lado. Ella le sonrío agotada. - Victoria…- dijo Edward con voz opaca mirando la caja musical que ahora se encontraba en una mesa junto a la cama de la niña.- ¿Recuerdas que de pequeña te contaba las aventuras de un niño que podía transformar cosas y que viajaba acompañado de una gran armadura? - Sí papá, pero… ¿Por qué me preguntas eso?- preguntó confundida. - Yo soy aquél niño y tu tío era esa armadura.- miró a su hija muy sensato. - Papá.- rió apenas Victoria.- Ya no soy una pequeña, no tienes que fingir que es real.- le dijo sonriendo apaciguadamente. - No son mentiras…es tan real como lo sucedió hace varios días.- expresó serio. - ¿A-aquella noche?- preguntó con terror recordando lo que sucedió, para luego mirar aún más confundida y alterada a su padre. - Es tiempo de hablar.- dijo Edward opacadamente ante los ojos suspensos de su hija. - Yo…creí que era una pesadilla.- bajó Victoria tristemente la mirada al confundir lo sucedido con algo fantasioso. Yo sigo creyendo que lo es pensó el una vez alquimista de acero mirando a su hija que agonizaba lenta y gradualmente ante sus ojos. Continuará…. Última edición por Nekogirlmorris; 28-ene-2008 a las 00:08. |
|
|
|
|
Buscar posts de Lylith en el tema #7 |
|
Sin estado
ID: 32409
Registrado: noviembre-2005
Hace: (1101 dias)
Edad: 16
Mensajes: 659
|
Re: La alquimista de la sangre dorada
kiaaaaaaaa!!!!hace tanto tiempo q estaba esperando la continuacion de tu fanfic!!!!!! me encanto y espero q lo continues pronto ^.^!!!
saludos y mucha inpiracion para tu fanfic!!!>>>>>
__________________
Si me corta los brazos, lo pateare hasta q se muera Si me corta las piernas, lo mordere hasta q se muera Si me corta la cabeza, lo mirare hasta q se muera Si me saca los ojos, lo maldecire hasta q se muera...Aunque me cueste la vida, recuperare a Sasuke de Orochimaru ![]() Apolla el Sub-Foro de Naruto-yaoi ¡¡¡SasuNaru Forever!!!
|
|
|
|
|
Buscar posts de SPARKY en el tema #8 |
|
Sin estado
ID: 68590
Registrado: junio-2006
Hace: (886 dias)
Edad: 17
Mensajes: 94
|
Re: La alquimista de la sangre dorada
hola neko-san!!!!
todavia no lo lei al fic...pero supongo que esta bonito^^ yo lo copie a un mail para leerlo en mi casita...toda comoda y calentita...((no como en este civer feo T_T)) vos abias pasado por mi fic...el de los muñecos budu...^^ te acordas?? bueno ahora que estoy de vacasiones voy a escrivir mas y voy a terminar la venganza de edo..!!! despues paso y te digo si me gusto tu fic... besos ![]() |
|
|
|
|
Buscar posts de Nekogirlmorris en el tema #9 |
|
Sin estado
ID: 82567
Registrado: agosto-2006
Hace: (825 dias)
Edad: 17
Mensajes: 103
|
¡Je mil gracias por sus comentarios!, bueno pues éste capt es para no opacar a Joshep quien también es importante para el desarrollo del fic. Y sí, la razón de Victoria con eso de bla, bla diferentes mundos, fue una idea que se me ocurrió al ver la serie (mejor y más bella con protagonitas que valen oro) de FMA, me aficioné tanto que fue lo primero que pensé cuando vi la peli y después las ovas en donde Ed tenía descendencia en éste mundo (además de que soy muy ingeniosa jaja, conciencia: y muy odiosa)
Aviso: ¿Te gustaría conocer a Victoria Elric? Tan sólo entra al tema "FANART DE VICTORIA ELRIC ¿QUIERES SABER CÓMO ES'" jajaja demasiado obvio, depaso deja tu comentario pliz. ¡Gracias por su apoyo espero que dejen comentarios pliz! Un pasado que permanece grabado (capt 3) Era el año de 1930. En un comedor, una mujer de cabellos rojizos les servía de comer a pequeños niños, que por lo visto, eran de escasos recursos. Ella amable y dulcemente les servía alimento mientras los pequeños gustosos recibían las obras de caridad de tan encantadora mujer. En una puerta media abierta, espiaba un pequeño niño de cabellos castaños y ojos miel todo lo que sucedía en la cocina, y muy inocente observaba a su madre cuyo reflejo de monja aún permanecía en su rostro. - Joseph.- dijo la bella mujer al notar al pequeño de seis años que se escondía detrás de la puerta.- ¿Porqué no vienes a acompañarnos?- lo invitó con una leve y tierna sonrisa. Así, era como Joseph recordaba a su madre en sueños, antes y después de que la tragedia sucediera. Estefanía antes de contraer matrimonio con Alphonse Elric, era una monja que gozaba de ayudar a los más necesitados especialmente si se trataba de niños. Como se había acostumbrado a su rutina caritativa, no era raro observar a la dulce mujer ayudando a pequeños huérfanos en plenos roles de madre. Un día, el pequeño Joseph vio a su madre partir. Ella le dijo que pronto regresaría y que sólo iría a ayudar a unos infantes en un albergue cercano. - Mamá, llévame contigo.- pidió el niño antes de que su madre partiera. La madre lo miró y antes de salir por la puerta le dijo unas tiernas palabras que permanecerían grabadas en su mente perpetuamente. - Te llevo aquí siempre.- le dijo señalando en el pecho el lugar del corazón. Y ésa fue la última vez que Joseph vio a su madre estable. Cuando Estefanía regresó su salud empezó a decaer hasta que le detectaron pulmonía. Una fatal enfermedad de la cual, en aquel entonces, ya existía cura: la penicilina. Le empezaron a suministrar inyecciones que debían ser constantes para que la enfermedad pudiera combatirse. Alphonse, como buen hombre y esposo, se encargaba de que las cosas fueran así para que su esposa Estefanía pronto volviera a recuperar su salud. Una noche de lluvia, el frío y la humedad propició que la pelirroja mujer decayera de nuevo en la enfermedad, a pesar de que ya se estaba recuperando. La lluvia fue tan intensa que provocó la ausencia de la energía eléctrica por lo que resultó imposible contactar con un hospital cercano. Encendieron velas por toda la casa y cuando Alphonse buscaba el medicamento que le habían recetado a Estefanía, se topó con el cajón, donde debía estar toda la medicina, completamente vacío. A altas horas de la noche y con tal clima, era casi imposible encontrar alguna farmacia abierta o un doctor disponible. La enfermedad se había agravado. Tanto, que la mujer contrajo fiebre. Alphonse al ver a su esposa tan grave, recordó tristes escenas de su infancia en donde su madre, también tendida en una cama, perecía ante sus ojos. Y le invadió más el corazón tal tristeza al ver que su pequeño hijo de seis años, que ahora se hallaba junto a Estefanía, había despertado por los constantes tosidos de ella. Tal y como él de pequeño se hallaba a lado de su madre Trisha el día de su muerte. - Alphonse.- murmuró decadente su esposa mientras extendía una mano para que él se acercara. - No.- apretó Al los puños- ¡No empieces con tus despedidas Estefanía!- gritó en un arranque de coraje. Joseph miraba asustado a su padre por lo que acababa de gritar. - Alphonse...no creo que lo que tengo sea pulmonía, y tú lo sabes.- dijo Estefanía mirando a Al de tal forma que las sospechas que tenían ambos desde hace mucho tiempo parecían ciertas. De haber sido pulmonía, Estefanía ya habría sanado desde las primeras semanas de inyecciones, pues ya había pasado tiempo, de hecho, le seguían suministrando inyecciones mas allá de lo que el doctor esperaba. Su enfermedad parecía cíclica a pesar del constante medicamento, razón por lo que rápido se agotaba éste. Alphonse bajó la cabeza. - Quédate.- susurró lo mujer, lo suficiente fuerte para que él oyera lo que pedía. El joven hombre de cabellos castaños con los ojos brillando negó rotundamente con la cabeza. – Regresaré con el medicamento.- salió de inmediato de la habitación. Desesperado, Alphonse salió de la casa en busca de ayuda médica. Mientras tanto, Joseph se quedó con su madre quien no podía persuadir la tristeza, pero que en cierta forma, comprendía a su esposo por las desgracias que él había pasado de pequeño. - No te preocupes, pronto regresará tu padre.- le decía la enfermiza mujer a su angustiado hijo que al oír sus palabras sonrío levemente. - Prométeme que tú no te irás.- le suplicó Joseph a su madre con sus lúcidos ojos dorados. Ella simplemente le sonrió. Mientras tanto en las calles, bajo la lluvia y el espesor de la noche, Alphonse buscaba inútilmente una farmacia abierta. Tocó puertas y más puertas sin obtener respuesta. Cuando finalmente logró obtener el medicamento por sus constantes insistencias de no rendirse, llegó a casa, sólo para percatarse que todo su esfuerzo había sido en vano. La mujer que tanto amó, porque le traía vagos recuerdos de su madre por el cariño que emanaba, y que le había dado años de felicidad con su hijo, fruto del amor de ambos, yacía muerta en la cama. - Ella...ella sabía que no regresarías.- tartamudeó el pequeño Joseph mientras lágrimas le brotaban. Alphonse, cuyos ojos reflejaban un profundo dolor, también se llenó de lágrimas. - Joseph...- trató de acercarse a su hijo para persuadir el dolor de ambos. - ¡No te me acerques!- gritó el niño lleno de rabia a lo que Al quedó sorprendido.- ¡Te odio! ¡No debiste dejarnos solos! ¡Ella...sólo quería que...que te quedaras!- siguió gritando, luego bajó la cabeza aún con lágrimas en los ojos.- Te estuvo esperando.- murmuró levemente. El niño se había llenado de rencor hacia padre pues lo había dejado solo cuando su madre más lo necesitaba. Porque en sus últimos momentos de vida, ella se mantuvo triste por la retirada de Al provocando que Joseph se sintiera impotente de no poder hacer nada al respecto. El menor de los hermanos Elric se quedó de pie mirando con intensa tristeza a Joseph, porque en su hijo podía ver el reflejo de su hermano Edward odiando a su padre Hohenheim. Las razones eran poco diferentes pero con el mismo sentimiento de rencor y precisamente por la ausencia de ambos padres. Pasaron los años y Joseph nunca más volvió a ser el mismo. Se volvió un chico cerrado y completamente ajeno a su padre, vivía con él porque no le quedaba de otra, al menos eso decían sus gestos de rechazo hacia éste. De haber estado en el mundo de donde provenía Al, seguramente Joseph habría cometido el mismo error de tratar de resucitar a su madre. Alphonse cargó con la culpa de su falta preguntándose porqué su hijo no tenía el valor de perdonarlo, así como el perdonó a Hohenheim, a quien a pesar de su ausencia de años le seguía considerando su padre. Edward, que comprendía mucho más a Joseph, trataba de ser más cercano a él para que algún día pudiese perdonar a su hermano aunque por experiencia propia sabía que no era nada fácil. Nunca se comparó la situación similar de Joseph con la de Ed y Al, quienes también habían pasado por la pérdida de su madre, ya que ellos nunca profundizaban en el tema diciendo únicamente que su madre había muerto cuando apenas eran unos niños, sin mencionar razones ni causas y por lo tanto evitando preguntas. Pero a pesar de la ayuda de su tío, Joseph seguía recio y cerrado con todos. La única persona que lograba apaciguarle el alma de vez en cuando, era Victoria, tal vez, por la inocencia que irradiaba de nunca antes haberle pasado alguna tragedia que lamentar. Así transcurrieron los años tratando de llenar el vació de Joseph. No fue hasta aquella noche, la noche que Victoria creyó pesadilla, cuando surgieron intrigas de Joseph hacia su padre. - Quiero saber cómo supiste qué hacer junto con mi tío aquella noche.- exigió Joseph a su padre una tarde muy reciente al día que se refería. - Pronto lo sabrás.- objetó Alphonse, quien se encontraba sentando en un sillón esperando una llamada. -¿Cuándo?- preguntó molesto el chico. En eso, sonó el teléfono de la casa. Alphonse contestó y después de escuchar lo que le decían del otro lado de la línea, le respondió a su hijo. - Ahora. Al poco rato Joseph llegó junto con su padre a casa de sus tíos. En la sala se encontró con Victoria, ya estable, sentada en la sala y a su tío Ed de pie frente a ella. Joseph se quedó de pie sin entender lo que estaba por suceder. Alphonse se acercó a su hermano e hicieron un gesto aprobando lo que estaban a punto de decir. - Nosotros también fuimos jóvenes una vez.- rió Edward dirigiéndose a su sobrino e hija - Sólo que no contamos con la misma suerte que ustedes.- dijo con voz apaciguada al momento de mostrar su brazo derecho y arrancarle lo que parecía ser su propia piel, para luego dejar ver un brazo derecho completamente metálico. Victoria se quedó estupefacta y Joseph estaba incrédulo con el ceño fruncido. - Hace mucho tiempo, cuando nosotros éramos pequeños...- empezó contando Alphonse recordando el pasado que siempre compartió con su hermano, y que ahora, él y Edward estaban a punto de compartirles a sus hijos. La armadura y el joven alquimista habían regresado, porque ahora tenían una familia esperándolos, esperándolos para escuchar después de tantos años el pasado que les ocultaron, que relataba todo por lo que habían pasado para volver a estar juntos los dos hermanos en cuerpo y alma, y en un mismo mundo. Continuará... Última edición por Nekogirlmorris; 28-ene-2008 a las 00:10. |
|
|
|
|
Buscar posts de ~Yuri-'chan~ciel en el tema #10 |
|
Sin estado
ID: 101639
Registrado: noviembre-2006 |