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Jodiendo al Teme xD
ID: 114315
Registrado: diciembre-2006
Hace: (704 dias)
Mensajes: 325
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★ [FF] Al Amanecer del Silencio. {¿Royai?}
Hola a todos después de taaaanto tiempo desaparecida!!!!! Buen... he estado muy ocupada con eso de que salí del cole e iniciar todo el trabajo para ingresar a la universidad......y bueno pues, me dediqué a descansar y en eso se me ocurrió la idea para un nuevo fic, del que les dejo el primer capítulo.
I Hope you enjoy it ^^ Título: Al Amanecer del Silencio. Autor: Ely d'Espinay. Fecha de publicación:18-02-2008. Censura: Apto para todo público. Descripción: Han pasado más de siete años desde la última vez que se vieron las caras, y las cosas han cambiado bastante aunque ninguno quiera asumirlo. Nuevos y verdaderos amores se interponen entre sus vidas y les hacen comprender que aquella historia que tuvieron no es más que un bello recuerdo del pasado, aunque habrá algo que los unirá para siempre… Al Amanecer del Silencio. Acto I: La melodía del recuerdo. Acto I: La melodía del recuerdo. Al fin había llegado el fin de semana, por lo que podría pasar un mayor tiempo junto a su hijo. Había decidido quedarse en casa y ayudarle en las tareas escolares. Estaba en ello cuando llamaron a la puerta; acudió a abrir: era el Teniente Jean Havoc. - Hola, Jean –saludó un tanto sorprendida- ¿Sucede algo? - No…nada –dijo quitándose el cigarro de la boca- Sólo venía a verte un rato y también a tu hijo. - Claro, pasa –dijo ella sonriente- Richard está en la sala haciendo sus tareas. Havoc entró. En el aire había un aroma delicioso que desprendían las flores de Riza, que tenía en la sala. Al ver a Havoc, Richard se levantó de su silla y se colocó frente al rubio. - ¿Jugarás conmigo hoy, verdad? –preguntó el pequeño con cierta timidez. - Claro, si terminas tus tareas. - ¡Sí! –contestó Richard con mucho entusiasmo pues jugar con Havoc le ponía muy contento. Desde que Richard había nacido, la amistad entre Havoc y Riza se había hecho de lazos aún más fuertes. Era tan grande, que a menudo Havoc cuidaba de Richard cuando ella tenía mucho trabajo, y si éste era demasiado, le ayudaba a realizarlo, lo que felicitaba –aunque a Riza no le agradaba mucho- liberarse tempranamente del Coronel, pues cada día estaba más insoportable y descuidado en cuanto al trabajo. Havoc se acercó a Riza; debía decirle algo. - Creo que deberías pedirle al Coronel que dejes de ser su escolta. - Sabes que no lo haré. Esa es una carga que yo misma me asigné, y estoy muy consciente de la responsabilidad que tiene –contempló a su hijo algunos segundo- Sé que algún día Richard comprenderá la razón. Havoc suspiró resignado. ¿Por qué persistía con aquella actitud? El ya no estaba… ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Cerca de las ocho de la noche, Havoc se fue de casa de Riza. Entonces, ella y su hijo decidieron preparar una deliciosa cena y pasar el resto de las horas viendo películas. Finalmente, muy entrada la noche, ambos se quedaron dormidos sobre el reconfortable sillón de la sala. Podían disfrutar como quisieran; era su fin de semana. Al amanecer del día sábado, apenas se despertó, Riza fue a preparar un delicioso y nutritivo desayuno. Apenas sintió el aroma, Richard se despertó y corrió a la cocina. Riza le sonrió con ternura. Se sentaron frente a la pequeña mesa de la cocina y comenzaron a comer. Riza miró a su hijo a los ojos, los mismos ojos del padre. Sin proponérselo, pensó en él, tal y como lo hacía desde hacía más de diez años. Richard pareció notarlo. - ¿Estás pensando en mi papá? –preguntó con inocencia. - Mejor apresúrate en desayunar. Hoy iremos juntos a hacer las compras –dijo, buscando colocar la atención de su hijo en otro asunto. Richard asintió con una sonrisa. Riza consultó el reloj; ya eran más de las diez de la mañana, y en cuanto estuvieron listos, salieron de casa. Ya eran las diez y treinta. Sería un día bastante especial. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Fue una tibia tarde de abril cuando la volvió a ver. El se encontraba en una cafetería, tomándose el acostumbrado café de las cinco de la tarde; estaba en la mesa de al lado de la ventana que daba a la calle. Tenía la vista fija en su café pues no se sentía bien físicamente; estaba desanimado y sin energías para nada luego de una extenuante jornada de trabajo. A pesar de no tener ningún interés en el exterior, miró hacia fuera. Entonces la vio; era ella, e iba tomándole la mano a un niño pequeño. Era cierto que ya habían pasado más de siete años desde la última vez que se vieron, y aquel recuerdo en su memoria era cada vez más distante, pero verla, en aquel lapso fugaz, hizo que aquella herida que tanto había demorado en sanar se instalara entre sus preocupaciones. No quiso salir tras ella, prefería esperar, esperar que el peso de los años le ayudara a pensar. Terminó su café luego que muchas dudas dieran vueltas en sus pensamientos. Se disponía a marchar cuando en el lugar escuchó aquella estúpida canción que tanto le había gustado años atrás, y que era muy importante en su vida. Cada palabra, cada acorde, hacían eco en su alma. “…al despertarse con tu café, En ello la letra se equivocaba. Aquella ruptura fue conocida por gran parte de la ciudad y otras tantas personas de otros lugares. Cerró los ojos con rabia; no quería pensar en eso.Pasará distraída la noticia de nosotros”. “mientras pasa el sonido de tu voz por la TV Por la radio, el teléfono resonará tu adiós”. No quiso seguir escuchando, por lo que, en cuanto pagó la cuneta, salió de la cafetería y se alejó con paso rápido por el sentido contrario al que ella había tonado. Debía llegar pronto al hotel, tenía que hacer una llamada telefónica muy importante. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Comenzaba a oscurecer con una lentitud que no era habitual en aquella época del año. Pero a ella no le preocupaba. Desde su ventana, contemplaba aquel anochecer con mucha tranquilidad; todo ello le servía para inspirarse y dejar fluir todas sus emociones y pensamientos para poder componer una melodía. Aquella melodía, tanto la necesitaba para desahogarse y mantenerse con la esperanza de algún día llegar a cumplir su sueño. Se alejó de la ventana y se sentó frente al teléfono; él aún no la llamaba. Pasaban los minutos y nada. Cuando miró el reloj, eran casi las cinco y treinta. Casi sin esperanzas de que él llamara, se alejó del teléfono y se encaminó a su dormitorio. No alcanzó a dar ni tres pasos cuando llamaron a su puerta. Ella, un tanto emocionada ante la posibilidad de que fuera él, acudió a atender rápidamente. Se sorprendió al ver a quien tenía al frente, pero se mantuvo firme y lo saludó con amabilidad. - Hola, Franz. ¿Cuándo llegaste a París? El joven rubio, sonriendo con mucha naturalidad, abrazó a la joven y dejó sus maletas a un lado de la puerta, dentro de la casa. Ella, casi sin aliento luego de aquel eufórico abrazo, cerró la puerta y lo invitó a tomar asiento; ambos se sentaron. - No pude averiguar nada –comentó el joven con evidente frustración- En Marseille nadie pudo decirme algo que me permitiera saber el paradero de nuestro querido amigo. La joven, al escuchar las palabras de Franz, palideció. Él, al notarlo, se levantó y se acercó a ella; puso su mano en las de la joven, quien le dedicó una sonrisa triste. - ¿Habrá ido a buscarla? –preguntó con un hilo de voz. - No lo creo –contestó él con firmeza- Si en siete años no fue a buscarla, menos lo hará ahora que ha logrado reconstruir su vida –hizo una pausa- ¿Ha llamado? La joven negó con la cabeza. Lentamente, se levantó y se encaminó a la ventana; la luz del alumbrado de la ciudad se filtraba tenuemente por el vidrio y le daba al rostro de la muchacha un tono sonrosado que la hacía lucir mucho más hermosa de lo que era habitualmente. Recordó la melodía que estaba componiendo por y para él; sonrió con tristeza. Necesitaba tanto escuchar su voz, no tanto para inspirarse como para mantener una sonrisa en su rostro. - Deben ser asuntos de trabajo –dijo él, aunque no muy convencido- Ser militar a veces implica hacer algunos viajes que resultan sorpresivos. - Tienes razón –comentó ella con resignación. En la sala se hizo un silencio lleno de emociones para ambos jóvenes. Ninguno podía dejar de pensar en aquel amigo suyo, a veces tan impredecible y en otras tan evidente, que ambos no podía dejar de preocuparse por él, aunque no tuviera ni la más remota noción de ello. Ella, mucho más inquieta que antes de la llegada de su amigo, se despegó de la ventana y con paso entre nervioso y desesperado, se dirigió nuevamente al piano. Casi con el mismo ímpetu de su caminar, se sentó frente a éste y le dedicó a su amigo una mirada dulce. - ¿Quieres relajarte un poco? Franz se acomodó en uno de los sillones y fijó si mirada en la muchacha de rubios cabellos, que en aquellos momentos preparaba sus dedos para tocar alguna melodía que le gustara a ambos. Al escuchar la primera nota, de inmediato sus oídos se deleitaron. Era lo que él deseaba escuchar… ----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- El Coronel Frank Archer tenía la vista fija en uno de los documentos que uno de sus subordinados le había entregado antes de finalizar la jornada de trabajo del día anterior. Aunque en aquel documento no había ninguna información que pudiera influir en sus labores, él le tomaba importancia pues se lo había entregado su subordinada favorita: Riza Hawkeye. Aquella joven se había unido a su equipo de trabajo hacía un poco menos de siete años, cuando su jefe anterior, el Coronel Roy Mustang, se había ido con un traslado desconocido para todos los del Cuartel y de manera indefinida por el führer, y sin derecho a llevarse su equipo de trabajo. Desde aquel entonces, Archer se había hecho jefe de tres de los antiguos subordinados de Mustang: los tenientes segundos Jean Havoc y Heymans Breda, y por supuesto, la Teniente Primera Riza Hawkeye. Aunque para él no era del todo grato trabajar con los ex subordinados de Mustang –a quien siempre había detestado-, aquella muchachita era un caso particular; se sentía atraído por ella, pero más que una atracción era un interés. Y aquel interés estaba e un secreto, un secreto que ella guardaba con mucho cuidado… Salió del Cuartel cerca de las nueve de la noche, pero, a pesar que se sentía muy cansado, aún no tenía deseos de llegar a casa a descansar. Haría algo mucho más interesante; iría a hacerle una visita a Riza Hawkeye. Se encaminó hacia aquel lugar. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- La temperatura agradable de la tarde iba desapareciendo paulatinamente para dar paso a una noche silenciosa y nublada. Comenzaba la ciudad a iluminarse de manera artificial y a llenarse de los encantos de la oscuridad que le daban a las noches de Central una magia ideal para los enamorados. Volvió a pensar en aquella canción que tan importante era en su vida al contemplar aquella noche, casi idéntica a la noche e que ellos se hablaron por última vez… - ¿Alguna vez has deseado regresar a tu casa, o estás feliz aquí, junto a mí? –preguntó sin mirarla, pues no quería que notara que tenía la mirada cristalina producto de la emoción. La muchacha no contestó de inmediato. La brisa nocturna llenaba cada cavidad de sus pulmones con mucha dificultad, pues aunque su rostro no reflejaba tensión alguna, en su corazón y emociones sentía la presión de aquel secreto. - Si regresara a casa, me gustaría que fuera contigo –con mucho nerviosismo, le tomó la mano a su novio. El joven tomó aire con algo más de tranquilidad. Las palabras de su amada le dieron el convencimiento necesario para atreverse a dar el paso más importante de su vida. - ¿Te quieres casar conmigo? La joven le dedicó a su novio una mirada cargada de emoción y un dejo de sorpresa. Ella siempre había tenido la certeza de que él no tenía el matrimonio entre sus planes dada su filosofía de vida, y su singular personalidad. Miró hacia el suelo y apretó la mano de su novio con aún mayor fuerza. Ya tenía su respuesta. - Sí, quiero casarme contigo –cerró sus ojos. No había marcha atrás. Se sintió el hombre más dichoso que había sobre la tierra cuando escuchó aquellas palabras. Con una sonrisa perfecta en su rostro, besó a su novia y luego la tomó del brazo y la llevó de regreso a la casa, donde se celebraba en año nuevo. Allí anunciaron su compromiso y todos se alegraron por la pareja. Se sentía tan feliz… Apagó el radio con cierto dolor y frustración. Cuando ella se fue, él se sintió el hombre más infeliz de todos, y con mucho dolor, buscó una salida a ello. Se fue de la ciudad en la que había nacido y pasado toda su vida y se instaló en una totalmente desconocida, y que lo llenó de tranquilidad. Pero aquello también se acabó por una razón que aún no lograba comprender y regresó a su ciudad, aunque nadie lo esperaba… Se recostó en su cama y cerró los ojos, buscando concentrar su mente en otro asunto que no fuera a tener relación alguna con ella. Lo logró, pues el sueño comenzaba a vencerlo. Tampoco recordó aquella llamada que tenía que hacer ni a aquellas personas a las que debía informar de su paradero. Todo lo dejaría para la mañana siguiente, no había apuros. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Aunque había llegado a casa hacía un poco más de dos horas luego de pasar toda la tarde en el parque había a muy pocas cuadras de su casa, le parecía que había llegado recién pues había pasado todo aquel tiempo recordando y preguntándose si su decisión había sido la correcta. Y no era que quisiera hacerlo o que aquella duda hubiera estado latente durante todos esos años, simplemente lo hacía porque su hijo había preguntado por él aquella mañana. En muchas ocasiones anteriores, su hijo también le había preguntado por él, pero en ninguna de ellas lo hacía porque la hubiese sorprendido pensando en él, sino porque en su hijo se despertaba aquel anhelo de saber de su padre. Se levantó del reconfortable sillón en el que se había recostado y se dirigió a la cocina a preparar la cena, pues cocinar era lo único que podía relajarla. Para poder distraerse un poco, encendió el radio. Iba a sintonizar su estación favorita, pero algo la detuvo…una melodía. Por algunos segundos, se quedó inmóvil, sin concentrarse en nada más que aquellos acordes que surgían del radio. Aquella canción le recordaba tanto al padre de su hijo, aunque la había escuchado por primera ver mucho tiempo después que lo vio por última vez… “I tried to be perfect…” El arrepentimiento se hizo presente nuevamente en su vida, pero no era que se arrepintiera de lo que había hecho, sino de un hecho muy posterior que no tenía relación alguna con el padre de Richard, pero que aún así se lo recordaba pues de cierta manera, aquella canción reflejaba cómo ella se había comportado con él, cuando las sombras de la separación aún no los envolvía.“I don’t believe in makes me real…” Sintió una fuerte opresión en su interior. Aquella maldita canción vaya que sí lograba desconcertarla. Sin pensarlo mucho, apagó el radio y se concentró en aquel pensamiento –y su única fortaleza para aferrarse a la idea de lo que ella había hecho- al que llegó luego de una extenuante jornada de recuerdos y torturas mentales: “Quizás los ayudé a madurar”. Sonrió con cierta tristeza.“If you believe it’s in my soul…” Una lágrima bajó por su blanca mejilla y la limpió con el puño de la blusa que llevaba puesta. Con seguridad, cambió el radio de estación y dejó una en la que daban en ese momento la canción de moda, y luego se lavó las manos para dar inicio a las labores de cocina, que tanto le ayudaban a despejar su mente. Estaba en ello cuando en el umbral de la puerta apareció Richard, sonriéndole con mucha dulzura y lleno de inocencia.- ¿Qué pasa, Richard? –preguntó con la mayor naturalidad que pudo- ¿Ya tienes hambre? La cena estará lista dentro de poco –se acercó un tanto a él. - Bueno, sí –contestó con algo de extrañeza- pero yo venía a decirte que en la puerta hay un señor que dice que necesita hablar urgentemente contigo y que es tu superior en el trabajo. Dijo que se llamaba Archer o algo así. No le abrí –caminó en dirección a la sala de estar. Riza, un tanto abrumada pues no era común que el Coronel Frank Archer la visitara, intentó adoptar una expresión seria y luego caminó con rapidez hacia la puerta de entrada, donde al abrirla, vio que su superior la esperaba con una sonrisa que en su interior provocó cierta desconfianza en cuanto a sus intenciones. Trató de ser lo más cordial posible. - ¿Qué desea a estas horas, Coronel Archer? ¿Sucedió algo grave en el Cuartel? –respiró hondo- Disculpe si mi hijo no le abrió la puerta, pero le tengo prohibido que le abra a cualquier persona que no conozca… - No se preocupe, Teniente –sonrió con misterio- Yo sólo venía a darle una noticia que quizás le va a impactar un poco- Riza lo miró con cierta inquietud. ¿Qué quería decirle? A la joven se le heló la sangre. Pensó...
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I´m coming out of my cage And I´ve been doing just fine Gotta gotta be down Because I want it all It started out with a kiss How did it end up like this It was only a kiss, it was only a kiss Now I´m falling asleep And she´s calling a cab While he´s having a smoke And she´s taking a drag Now they´re going to bed And my stomach is sick Mr. Brightside - The Killers Espera tu hora y mantén la Esperanza.... SasuHina Fan....pero odio a Sasuke-Teme Sui-kun Fan......él es simplemente hermoso xD ~~Suigetsu-kun ~~ Última edición por Aliсе; 14-mar-2008 a las 20:34. |
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enferma, adolorida...
ID: 116404
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Re: [FF] Al Amanecer del Silencio. {¿Royai?}
elyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy yyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!
ya te extrañabamos, y a tis fics, hay no se que decir, estubo muy bueno, aun que hay cosas que aun no entendi richard es hijo de roy??? o de alguien mas??? hay no se, pero conti...... y que le dira archer??? (hay archer me choca archer, siempre me ha caido mal)
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Soy Feliz!!! ^^
ID: 89080
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Edad: 19
Mensajes: 1.899
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Re: [FF] Al Amanecer del Silencio. {¿Royai?}
ahhhhhhhhhhhhhhh ke buen fiiiiiiiiiic me dejaste re enganchadaaaa porfa traete la conti pronto ke estoy con la intrigaaaaaaaaaaaaaaa... porfa y yai yo pienso ke si lo es, de kien mas podria ser hijo el richard? ademas fijate en la tristeza de la pobre al recordar al papa del nene en sima roy no esta y el papa de ricard tampoco XD asi ke fijo tieneeeeeeeeeeeeeeeee ke ser. ely contiiiiiii
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enferma, adolorida...
ID: 116404
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Re: [FF] Al Amanecer del Silencio. {¿Royai?}
ok ok ok, tienes razon pero hay una parte en la que dice que habia algo que habia hecho que hacia que ella fuera de tal manera con el padre de richard.
aun que si, es cierto lo que dices. ely auxilio....................... ..
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Re: [FF] Al Amanecer del Silencio. {¿Royai?}
estoy llorando de la emocion por fin un hijo que tenga el nombre de mi amigo(bromeo)
esta muy buena de verdad deberias de ser escritora o ya lo eres?
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josephine elrick de mustang adoro a roy mustang ya riza tambien |
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Soy Feliz!!! ^^
ID: 89080
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Re: [FF] Al Amanecer del Silencio. {¿Royai?}
y si yai tenes razon... pero ELYYYYYYYYY TRAENOS LA CONTI KE NOS TENES CON CANAS VERDEEEEEEEEES... kiero ver ke pasha U_U
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Re: [FF] Al Amanecer del Silencio. {¿Royai?}
me ha gustado este fic.
pero quien es el padre??? |
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ID: 236744
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Mensajes: 28
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Re: [FF] Al Amanecer del Silencio. {¿Royai?}
hay muchas cosas q no entiendo de qien es hijo richard? xq riza esta muy amiga de havoc? q qiere el €$$%$% de frank? XD y q vea conti!!
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kesenai tsumi |
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enferma, adolorida...
ID: 116404
Registrado: enero-2007
Hace: (695 dias)
Mensajes: 877
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ely, amiga, me quieres matar de la incognita verdad???
porfa conti "os lo suplico"
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D e s a p a r e c i e n d o (?)
ID: 121252
Registrado: enero-2007
Hace: (670 dias)
Mensajes: 913
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o.o
Ely!! o.o cuánto time~ ! O.o Estamos =, yo he dejado de pasar por aquí muy seguido u.o Omg, me gusta tu narración TwT Well, well Richard es hijo de Roy, ne? n-nU Pon conti prontiiii ... ¿siii? *.* Bye, nos leemos pronto ^O^ ~*
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enferma, adolorida...
ID: 116404
Registrado: enero-2007
Hace: (695 dias)
Mensajes: 877
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hey ely tengo milenios esperando la conti, porfa apiadate ......
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Jodiendo al Teme xD
ID: 114315
Registrado: diciembre-2006
Hace: (704 dias)
Mensajes: 325
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Segundo capítulo....espero que les guste.....y lamento la tardanza (explicaciones en el otro fic xD)
Al Amanecer del Silencio. Acto I: La melodía del recuerdo. Acto II: Un Sentimiento Reencontrado. Acto II: Un Sentimiento Reencontrado. Eran un poco más de las nueve y treinta de la noche. Ella, un poco más animada luego de aquella larga conversación que había sostenido con Franz, se olvidó de la llamada que esperaba y que era vital para su tranquilidad, y se dedicó a buscar una nueva fuente de inspiración para sus composiciones: la simpatía y sencillez de Franz. Desde hacía muchos años que no la pasaba tan bien junto al que consideraba su mejor amigo y el único que la valoraba realmente por como era y no porque aquel lazo fuera obligado. Sonrió con cierta tristeza; debía reconocer que aquel amigo imprescindible no la valoraba, al menos como ella quería. - Sé lo que estás pensando –comentó el rubio, quien seguía sentado en el mismo sillón en el que había disfrutado del concierto de su amiga- Creo que no deberías preocuparte, pues él también te valora tal y como eres, aunque a veces (por no decir que todas las veces) le cuesta demostrarlo –le sonrió con dulzura. Ella intentó sonreír de la misma manera, pero sólo logró esbozar una sonrisa de agradecimiento para luego levantarse del piano, mirar el reloj con cierto pesar y luego quedarse de pie frente a su amigo, quien le dedicó una mirada interrogante. - ¿Sucede algo? Preguntó un tanto nervioso por la mirada de su amiga, pero se relajó al ver que ella le sonreía con una mezcla de ternura y felicidad, algo que era inusual en ella desde hacía un poco más de un mes. - Si quieres, hoy te puedes quedar aquí –miró fugazmente hacia la ventana, donde se dejaba relucir una noche esplendorosa y cargada de una armoniosa luna llena, y luego volvió a mirar a su amigo- Ya es muy tarde y no creo que seas tan imbécil como para pasearte por París con una maleta, corriendo el riesgo de que te asalten. Además –volvió a sonreír, aunque esta vez con cierta vergüenza- tengo que hacer la cena y necesito que me ayudes pues no sé cocinar; tú sabes que yo estoy acostumbrada a comer en casa de mis padres o en la de mis amigar, pero como hoy se me hizo tarde… - No te preocupes –le sonrió mientras se levantaba del sillón- Gracias por la invitación a quedarme pues de verdad ya es muy tarde y dudo que encuentre un taxi con facilidad, y, en lo que se refiere a la cena… soy muy buen cocinero –agregó con una sonrisa presumida. Ella volvió a sonreír y luego se encaminó a la puerta principal, pues a un lado de ésta había dejado la maleta de su amigo. Iba a levantarla cuando a su lado apareció Franz y él la tomó. Ella, limitándose a sonreír, dio largos pasos por el salón hasta llegar al único pasillo que había en el departamento, deteniéndose frente a la primera puerta del lado izquierdo. Antes de abrir, dio media vuelta y se quedó mirando fijamente a su amigo. - Lo único que te voy a pedir es que –su voz era muy seria- …no ronques al dormir –volvió a sonreír. Franz la miró con sorpresa, pero luego tomó el comentario de su amiga con muy buen humor, y cuando iba a contestarle, ocurrió lo que él prácticamente había olvidado en el transcurso de aquellas horas, y que ella había convertido en tristeza que intentó disipar: el teléfono comenzó a sonar. Ella, dividida entre la sorpresa y la emoción, acudió a atender. Franz la observó mientras hablaba, y pudo comprobar que era aquel amigo suyo. Una mueca de tranquilidad se dibujó en su rostro al ver el brillo especial que habían adquirido los ojos de su amiga. - ¿Todo bien? –preguntó una vez que colgó y se acercaba a él con un caminar sereno y ligero. Ella simplemente sonrió, y a él le bastó como respuesta. Ahora sí su amiga tenía un buen motivo para inspirarse, lo que a él le alegraba enormemente. “¿Cuándo te darás cuenta, amigo mío?”, pensaba mientras entraba a la habitación y su amiga, con un nuevo aire, se retiraba a la cocina… --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- - ¿De qué noticia se trata? –preguntó, intentando mantener la compostura y tranquilidad que siempre la habían caracterizado. - Dentro de los próximos días (aún no se ha confirmado oficialmente la fecha) se iniciarán conversaciones con un representante de Francia para llegar, en un futuro próximo, a una posible alianza entre ambos Estados, y yo junto a dos de mis subordinados formaremos parte de dicha reunión –hizo una mueca de satisfacción al ver la expresión de desconcierto e la joven, aunque no terminaba de comprender la razón. Riza no sabía ni qué pensar ni qué decir respecto a lo que estaba escuchando. Tan sólo con escuchar el nombre de aquel país, se estremecía completamente y en una milésima de segundo, millones de recuerdos acudían a su mente, y cada uno de ellos más triste y desgarrador que el anterior. Intentando recuperar la compostura, fijó su mirada en su jefe, dispuesta a hacer una pregunta que tal vez parecía muy predecible (dado lo que había dicho su superior), pero aún así quería hacerla. - ¿Yo soy uno de los subordinados, verdad? –Archer asintió con expresión seria- ¿Y cuál es el otro: Havoc o Breda? –preguntó sólo para asegurarse, pues ya temía la respuesta. Archer empezaba a confundirse un poco. ¿Cuál era el temor de la disciplinada y por muchos años escolta de Roy Mustang, Riza Hawkeye? Ella, según tenía entendido por lo que leyó en su expediente, había vivido algunos años en aquel país, adquiriendo muchos conocimientos y estrategias disciplinarias de las que allí se practicaban, además de haber formado ciertos lazos con algunas de las familias más importantes. Definitivamente, no podía deducir cuál era su temor; quería averiguarlo de cualquier modo, pero no era el momento. Sólo se limitó a responderle a la Teniente. - Sí, usted será uno de ellos –la joven cerró los ojos en señal de asentimiento- y con respecto al otro, aún no lo he decidido, pero lo más probable es que sea Havoc, pues tiene algunos conocimientos de aquella cultura –se alejó un poco de la puerta- Eso es todo lo que tenía que informarle. Nos vemos el lunes. Hasta luego –se alejó, sin siquiera esperar a que su subordinada se despidiera. Riza cerró la puesta con cierta inquietud, y se quedó apoyada en ésta algunos segundos. Como una ráfaga imparable, miles de recuerdos agridulces de él acudieron a su mente. Nuevamente, las lágrimas inundaron sus ojos ambarinos y cayeron con descontrol por sus blancas mejillas. - ¿Qué te pasa, mami? –preguntó Richard, quien había dio a la sala cuando, desde el segundo piso oyó cuando cerraron la puerta, y a través de la ventana vio alejarse a aquel tipo que dijo ser el jefe de su madre. Riza se limpió las lágrimas de inmediato, y forzó una sonrisa, pero sus esfuerzos fueron inútiles pues su hijo continuaba mirándola para que le diera una respuesta. Ella, intentando con toda sus fuerzas mantenerse tranquila, se agachó un poco y le dio un fuerte abrazo a su hijo. - No me gusta verte triste, mami –la abrazó con mayor fuerza- Y si es por culpa de ese señor o de mi papá -en su voz se dio un ligero indicio de una rabia contenida- te prometo que… - no le vuelvo a dirigir la palabra –agregó en voz baja, lo que hizo que a Riza le costara comprender lo que escuchó, pero cuando lo hizo, se separó un poco de él y lo miró fijamente con cierta tristeza. - No metas a tu padre en esto pues no tiene nada que ver con lo que me está pasando –en realidad, ella estaba consciente de que tenía cierta relación, pero no porque él hubiera hecho algo malo, al contrario… Se hizo un silencio. Richard, al notar la sinceridad de las palabras de su madre, aunque le costaba entender lo que ocurría por más que lo intentara, reflejó en su mirada un poco más de ternura y alejó los malos pensamientos de la figura de su padre, a pesar de que de él sabía poco. - Está bien, mami… es que no me gusta verte sufrir así –dejó de mirarla- Si no me quieres contar, lo entiendo… pero me hace feliz saber que no es culpa de papá –sonrió con dulzura. Riza, terminando de separarse de su hijo, se levantó y le dedicó una sonrisa de tranquilidad mientras recordaba… aquella sonrisa… la misma que tenía él cuando ellos estaban juntos. - Voy a terminar de preparar la cena –le acarició con suavidad los cabellos a su hijo- Mientras, te vas a lavar las manos y me esperas en el comedor. - Sí, mami –y con paso entre tranquilo y relajado, se alejó por la sala hasta llegar a las escaleras. Riza, observando el ir de su hijo, respiró con cierta calma. Lo que ella menos quería era que su hijo la viera sufrir, ni mucho menos, que él sufriera por verla así por una razón que ni ella misma comprendía. Con su fuerza de voluntad, disipó de su mente todo rastro de tristeza y se dirigió a la cocina para terminar de hacer la cena. “Me he dado cuenta de algo que no había notado en todos estos años”, pensaba con cierto dejo de tristeza. “Qué tonta fui”. --- A pesar que aquella sorpresiva visita del Coronel Archer el sábado por la noche le había dejado un fuerte pesar, por la noche había logrado recuperarse y aquel domingo en la mañana se sentía mucho más relajada. Como Richard ya había hecho todas sus tareas, decidió llevarlo a uno de sus lugares favoritos: la casa de los Hughes, aprovechando que días antes Gracia los había invitado. Con rapidez, se levantó de su cama y se apresuró a arreglarse para ir a preparar el desayuno. Cuando iba descendiendo las escaleras, notó que le sonido de un televisor provenía de la sala de estar, lo que le llamó enormemente la atención ya que, por lo general, Richard siempre se levantaba cuando ella se lo indicaba o cuando le daba sed, pero siempre después de refrescarse, regresaba a su cama. Terminó de bajar con rapidez y se sorprendió al ver allí a su hijo, ya vestido y con un aire de inocencia y tranquilidad que acentuaron aún más su propia armonía y que toda la tristeza del día anterior había quedado atrás… por lo menos por aquella jornada. - ¡Mami! –al verla, se levantó del sillón en el que esta recostado y corrió a abrazarla- ¡mami! Hace algunos días dijiste que podíamos ir hoy a casa de Elysia y el señor Hughes. ¿Iremos, verdad? –la miró con ternura, que hizo que Riza dibujara una sonrisa de alegría como la que no tenía hacía mucho tiempo. - Claro, hijo –se separó un poco y le indicó que se sentara en el sillón en el que había estado sentado antes- pero primero iré a preparar el desayuno mientras ves televisión. Te llamo cuando esté listo, ¿sí? - ¡Sí, mami! –y corrió al sillón para continuar viendo caricaturas. Riza se encaminó a la cocina. Al llegar, encendió el radio con ciertas dudas: ¿y si volvían a dar alguna canción que hiciera recordarlo y cayera en una tristeza de la que nuevamente le costaría salir? Se olvidó de todo y escuchó con detenimiento la melodía que surgía de aquel aparatito. “Otra canción para recordar”, pensó con cierta ironía. “… sometimes solutions are not simples, Sometimes good bye is the only way ahahaha…” En su rostro dibujó una sonrisa de asentimiento. En su cado, decirle adiós a él fue lo mejor que pudo hacer por ambos, pero luego, algún tiempo después de haberse marchado, cuando se dio cuenta de que estaba embarazada, dentro de ella surgió algo que nunca antes había sentido: la conciencia de la inmadurez que los rodeaba, especialmente a él a pesar de mostrarse como todo lo contrario, y que muchos lo creyeran así, lo que reafirmó que lo que había hecho fue lo mejor. Él era bastante inmaduro, y aquel adiós era lo único que podía ayudarlo. Lo único… “And the sun will seat for you… Dejó de centrarse en la melodía que salía del radio y se concentró en la preparación del desayuno, pero no pudo alejar de su mente aquella frase “and the sun will seat for you”. Era lo que ella más deseaba para el padre de Richard: que una luz –que ahora comprendía que no era ni nunca sería ella- iluminara su vida y que lograra la madurez –le dolió al pensar que el único camino, era dejarlo con un sufrimiento y sin saber que tenía un hijo- que tanto le hacía falta para apaciguar aquella singular personalidad que tenía.And the sun will seat for you" Terminó de preparar el desayuno casi veinte minutos después de haber ingresado a la cocina, lo dejó en la pequeña mesa que había en la cocina y luego regresó al salón a buscar a su hijo, quien estaba muy entretenido viendo televisión, pero, en cuanto vio a su madre, apagó el aparato y sonrió con entusiasmo. No esperó a que su madre le dijera lo que tenía que hacer; corrió a lavarse las manos y luego a la cocina. Riza simplemente sonrió con ternura y lo siguió. - ¿A qué hora iremos, mami? –preguntó el pequeño apenas se sentó a la mesa y tomaba el vaso de leche que su mami le había preparado, y unas cuantas galletas de chocolate, las que más le gustaban. - A ver… -Riza consultó su reloj: eran las diez y cuarenta –a las once, o sea, dentro de veinte minutos –sonrió y tomó el vaso de jugo que se había preparado. Continuaron el resto del desayuno en silencio: Richard sumergido en los deseos de estar pronto en la casa de los Hughes para jugar con Elysia y para comer de los deliciosos pasteles que la señora Gracia preparaba, y Riza concentrada en mantenerse tranquila y que ninguna sombra de tristeza les opacara aquel maravilloso día que estaba gestando para compartir con su hijo. Pero no contaba con lo que sucedería más tarde… --- - ¡Voy! –decía fuerte pero con tranquilidad desde en interior de la casa la voz de una mujer, que Riza pudo reconocer como la voz de Gracia. Algunos segundos después, tras la puerta apareció Gracia, quien al verlos, les sonrió con dulzura y los invitó a pasar, a lo que madre e hijo hicieron caso de inmediato. - Me alegro de que hayas aceptado la invitación, Riza –le decía mientras avanzaban a la sala y les indicaba que se sentaran- Maes y Elysia fueron a comprar unas cuantas cosas para el almuerzo y ya no tardan en regresar –sonrió mientras tomaba siento frente a sus acompañantes. Richard miraba maravillado cada rincón de aquel agradable y acogedor hogar. A un lado de la puerta principal, había un pequeño estante repleto de portarretratos en los que sólo aparecía Elysia Hughes en diferentes facetas de su vida. Aunque él ya había estado en muchas ocasiones en aquel lugar –pues varias veces la señora Gracia había cuidado de él cuando su madre tenía mucho trabajo en el Cuartel y tenía que quedarse hasta tarde, o cuando hacía junto a Elysia los deberes escolares pues estaban en el mismo salón de clases-, siempre miraba ese estante pues siempre habían más fotografías que la vez anterior y cada una más interesante que la otra: sonrió al recordar la vez que vio en aquel estante –mejor dicho, sobre- una fotografía gigante de Elysia… Era una fría tarde de los primeros días de marzo. Él iba junto a Elysia y la señora Hughes camino a casa de estas últimas pues su madre le comunicó que aquella tarde tendría mucho trabajo y que no podría marcharse hasta terminarlo. Él simplemente asintió y aceptó pues no le molestaba en lo absoluto quedarse en compañía de Elysia –pues era su mejor amiga y con quien hacía muchas travesuras- y de la señora Gracia, pues cocinaba muy bien y siempre que él iba, ella preparaba cosas deliciosas y que él disfrutaba de principio a fin. Cuando llegaron a casa, antes que la señora Gracia sacara sus llaves para poder abrir la puerta, ésta fue abierta desde el interior de la casa de par en par por el señor Hughes, quien, muy emocionado de ver a su hija, se apresuró en tomarla en brazos y besarla muchas veces en la frente. Aunque nunca lo confesaría, en aquellos momentos sintió envidia pues él nunca había visto a su padre –aunque lo conocía por unas fotografías que su mamá y el Teniente Havoc le habían mostrado, y se impresionó por el gran parecido físico- o había recibido alguna muestra de cariño de parte de él –aparte de que su madre y abuelo se la pasaban diciéndole que él era lo más importante en la vida de su padre-. Hughes percibió cierto cambio en el brillo de sus ojos; bajó a su hija y depositó un último beso en su frente, antes de fijarse en él y darle un fuerte abrazo –claro, sin los besitos-. - ¡Para ti también hay muchos abrazos! –le dijo mientras lo sujetaba con fuerza y comenzaba a darle vueltas -¡Hace mucho tiempo que no te veía, Richard! –le dijo sonriente, y si mostrar el más mínimo rastro de mareo. Lamentablemente, Richard no podía decir lo mismo: su cabeza daba vueltas y vueltas y sentía que vomitaría en cualquier momento si el señor Hughes no lo bajaba. - Cariño, creo que ya deberías bajarlo –dijo la señora Gracia con su habitual calma- Tal vez Richard se está mareando. Hughes, haciendo caso a las palabras de su mujer, con cuidado bajó al pequeño, y sonrió al verlo que logaba mantener el equilibrio. “Estuve a punto”, pensó el pequeño. Elysia, que en aquellos momentos salía de casa, lo tomó fuertemente de la mano y lo jaló al interior, donde le mostró una fotografía gigantesca en la que aparecían ambos muy sonrientes con unos pequeños gatitos en las manos. Se sintió tan feliz… - ¿Por qué sonríes tanto? –le preguntó su madre, devolviéndolo a la realidad. En ese momento en el umbral de la puerta aparecieron muy sonrientes el señor Hughes y Elysia, quien, al ver a su amigo, corrió hacia él y lo saludó con entusiasmo, mientras iza se acercaba a Hughes, quien la miró con mucha seriedad. Iza no supo qué penar. ¿Otra mala noticia? - ¿Sucede algo, Maes? –preguntó en voz baja mientas lo saludaba. Gracia, quien sabía de la situación, trató de mantener entretenidos a los niños llevándolos a la cocina. - Recibí en el Cuartel una noticia que no sé cómo te vas a tomar –el tono de Hughes era muy serio…
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I´m coming out of my cage And I´ve been doing just fine Gotta gotta be down Because I want it all It started out with a kiss How did it end up like this It was only a kiss, it was only a kiss Now I´m falling asleep And she´s calling a cab While he´s having a smoke And she´s taking a drag Now they´re going to bed And my stomach is sick Mr. Brightside - The Killers Espera tu hora y mantén la Esperanza.... SasuHina Fan....pero odio a Sasuke-Teme Sui-kun Fan......él es simplemente hermoso xD ~~Suigetsu-kun ~~ |
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enferma, adolorida...
ID: 116404
Registrado: enero-2007
Hace: (695 dias)
Mensajes: 877
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waaa que triste,en serio siento un nudo en la garganta, pobre richard, y eso,no,risa y roy tenian que estar juntos y no entendi el principio creo que lo tengo que leer de nuevo, pero gracias por poner la continuacion.
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¡¡Queremos el DZ que era antes de ésto!! [Si nos apoyas, copia y pega esto en tu firma] |
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Soy Feliz!!! ^^
ID: 89080
Registrado: septiembre-2006
Hace: (801 dias)
Edad: 19
Mensajes: 1.899
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XD bueno yo si lo entendi y me da tristeza como dice yai ke tengan ke estar separados y el pobre del richi no tiene la culpa de nada... eso si segun mi brutalidad entendi ke el roy cree ke la riza es malita o ke? ahhh necesito conti pa desenredad mas la cuerda XD en fin contiiiiiiii lo lei ayer en fanfiction y esperaba anciosa ke lo pusieras aca pa postearle XD jamas supe como entrar a fanfiction con mi cuenta XD soy re animal T_T jajaja chaus
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Jodiendo al Teme xD
ID: 114315
Registrado: diciembre-2006
Hace: (704 dias)
Mensajes: 325
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Aquí traje conti del fic......espero que sea de su agrado.....^^ Nos leemos en la próxima ^^ Al Amanecer del Silencio. Acto I: La melodía del recuerdo. Acto II: Un Sentimiento Reencontrado. Acto III: Al compás de las Emociones. Acto III: Al compás de las Emociones. - Uno, dos, tres, cuatro… -contaba con lentitud, tratando de que su voz sonara lo más monótona y aburrida posible para que el maldito sueño lo conquistara de una buena vez, para matar unas cuantas horas antes de prepararse para hacer la llamada telefónica que tanto se empeñaba en postergar. Llevaba haciendo aquel estúpido ejercicio casi quince minutos. Había despertado cerca de las once de la mañana, pero, como aquel domingo no tenía ganas de salir de aquella hermética habitación de hotel hasta las cinco de la tarde, prefería dormir para no pensar en que el día anterior la vio, luego de tantos años, y aquella maldita herida había reaparecido, aunque con un dejo distinto que aún no se quería explicar. El sueño era el único mecanismo que le impedía pensar, pero al parecer en aquella ocasión no estaba de su lado pues llegó hasta ciento treinta y dos, y nada. Finalmente, rindiéndose, se levantó con pereza de la cama y se quedó de pie algunos segundos, intentando concentrar su mente en algún asunto trivial, pero en lo único que se concentró fue en el niño pequeño que iba junto a ella; aunque debido a que lo vio en un lapso tan pequeño, no podía recordar perfectamente sus rasgos, sí hubo algo que le llamó enormemente la atención: que con el simple hecho de mirarlo le dio la impresión de que desprendía una inocencia y astucia que se le hacía extremadamente familiar, aunque se negó a aceptarlo. No podía ser… - Mejor me voy a dar un baño –murmuró con cierta molestia- Tal vez el agua fría me quita esas estúpidas ideas de la cabeza –dibujó una sonrisa amarga- porque eso son, ideas estúpidas. Con prontitud, se encaminó al cuarto de baño, donde se desnudó y echó a correr el agua, dejando que ésta le produjera un frío infernal que le caló hasta lo más profundo de sus huesos, por lo que olvidó por un instante sus pensamientos pues todos sus sentidos se concentraron en el estremecimiento que le provocaba el agua fría, pero aquella le duró poco pues aquella sensación repentinamente le pareció similar a la que experimentó cuando se enteró de que ella se había marchado y cuando él se marchó, deshecho por el sufrimiento y un súbito rencor. Sí, era una sensación similar. Al darse cuenta de que estaba reviviendo el sufrimiento que había sentido hacía muchos años, con rapidez y sin vacilaciones, se salió de la ducha y pensó en alguna otra cosa que podría hacer para distraerse y no pensar en lo que había sucedido en el pasado. No podría volver a soportar caer en un maldito abismo de sufrimiento y rencor pues sabía que no lo superaría. Estaba seguro de ello. Se vistió con rapidez, y al terminar, tomó uno de los tantos libros que había llevado para distraerse en sus ratos libres, y salió de aquella solitaria habitación de hotel. Con paso ansioso y presuroso, se encaminó a las escaleras, mientras trataba de concentrar su cabeza en el fluir de sus pasos. Con dificultad, lo logró y mantuvo alejada la imagen de aquel muchachito de aire inocente…y de ella… - Creo que me estoy desquiciando –sonrió con amargura mientras metía una de sus manos en el bolsillo y bajaba los primeros peldaños de aquella solitaria escalera- De verdad, me estoy desquiciando como un adolescente imbécil –su sonrisa se hizo aún más amarga. “Y no sé cómo detenerlo”. --- ¡Buenos días! –lo saludó enérgicamente en cuanto lo vio aparecer en la sala- Parece que de verdad llegaste muy cansado de tu viaje –se levantó del sillón en el que se encontraba sentaba y se le acercó para darle un cálido beso en la mejilla- Hace un rato preparé el desayuno y ya se debe haber enfriado –sonrió. Franz colocó una expresión de sorpresa. ¿Había escuchado bien? ¿Ella había preparado el desayuno? No podía asimilarlo, luego de haber escuchado la noche anterior que ella le solicitó ayuda para preparar la cena ya que no sabía cocinar. Sonrió al imaginarse que tal vez estuvo variar horas tratando de hacer algo y que después de varios intentos fallidos, logró hacer “algo decente”. - ¿Tú cocinaste? –no pudo evitar no quitar ese dejo de extrañeza de su tono de voz. La muchacha lo observó con una ceja alzada. No le había hecho mucha gracia que su amigo le preguntara eso, pero prefirió omitir el comentario que se le había cruzado por la cabeza para no iniciar una discusión que no los llevaría a nada. En vez, prefirió sonreír, gesto que de cierta manera, al rubio le pareció tierno. - Mejor vamos a la cocina y velo por ti mismo –se encaminó a aquel lugar con seguridad. Franz, encogiéndose de hombros, simplemente la siguió. Al llegar al umbral de la puerta que comunicaba a la cocina, su amiga se detuvo y se quedó apoyada en uno de los marcos y se cruzó de brazos. Franz se turbó un poco. ¿Qué pretendía hacer su amiga? - No temas, Franz –ella continuaba sonriendo- sólo quiero que entres tú primero –cerró los ojos y esperó a que su amigo entrara, quien no tardó en hacerlo. Ella lo siguió casi de inmediato. Franz no pudo evitar lanzar un suspiro. ¿Cómo no se lo había imaginado? Bueno, en realidad sí lo había hecho, pero las palabras de su amiga, “hace un rato preparé el desayuno”, captaron tanto su atención que lo olvidó al instante pero al ver lo que tenía al frente se sintió un tanto estúpido al haberlo desechado: el desayuno constaba de unas tostadas –que ya debían estar frías-, y un tazón de cereal y leche, algo de muy simple elaboración y que no requería de grandes conocimientos culinarios. Sin decir nada, se sentó en una de las sillas. Segundos después, su amiga hizo lo mismo, quedando frente a él, y de vez en cuando, le dedicaba miradas que podían decir miles de cosas a la vez. - Lamento lo de antes –dijo el rubio mientras tomaba una de las tostadas y se la llevaba con lentitud a la boca- no debí burlarme. Después de todo, tú no… -no pudo terminar pues fue interrumpido de manera sutil por su amiga. - No te preocupes –sonrió con verdadera ternura y despreocupación- A cualquiera que le digan algo así cuando la noche anterior le confiesan que no sabe cocinar nada, lo dejan sorprendido –volvió a sonreír, pero esta vez con cierta tristeza- por eso él… - No pienses eso –dijo mientras tomaba el tazón de cereal con leche y lo observaba con detenimiento- Él, a pesar de que ni tenga la más remota idea de ello pues está más concentrado en otros asuntos, te necesita y te considera una mujer fabulosa aunque… -se interrumpió de pronto pues recordó algo. ------ -Que mal –comentó una chica de rubios cabellos y hermosos ojos azules mientras tocaba el timbre de aquella casa a la cual iba de visita- parece que Riza y su hijo han salido –bajó la mano con cierta decepción y la posó sobre el pequeño bolso que llevaba. Con cierto pesar, dio media vuelta y se dispuso a marcharse, aunque no sabía dónde. Una vez se que encontró en la calle, pero aún frente a la puerta de la casa de la ojiambarina, miró hacia todas direcciones, buscando que, por esas “casualidades” del destino, la joven Teniente apareciera y su ida hacia aquel lugar hubiera valido la pena. Pero nada; en los siguie |