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| Riza es inmortal! Yeah! ID: 391352 Registrado: junio-2009 Hace: (163 dias) Edad: 14
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Yuki estaba a mi lado. Me agradaba el hecho de que al fin sabía el nombre del chico. Era Ledah. Junto con Mordred se habían marchado con dos de los militares que habían estado en la habitación el día anterior. Me habían llamado la atención ambos chicos, sobretodo Ledah, que hacía parecer el acto de la transmutación tan sencillo como colocarse una camiseta. Si era tan fácil como decía, ¿¡por qué no me enseñaba!? No creo le costara mucho, pero yo seguiría adelante con mi retanjutsu. - Yuki -la llamé, ella se volteó y se me quedó mirando-. ¿Sabes algo de alquimia? - Pues, la verdad es que no -baja la cabeza levemente-. Vine aquí y realmente me sorprendió todo lo que habló la mujer en la mañana... Sus palabras se vieron interrumpidas cuando comenzó a masticar una barra de chocolate que tenía en sus manos y su mirada se perdió en la techumbre blanca. Suspiré mientras terminaba de masticar mis tostadas y alcé mi mano, comenzándola a mecer delante de los ojos de Yuki. - Yuuuki... ¿Estás ahí? Tierra llamando a Yuuuki... - ¿Eh? -se sorprendió y me miró, masticando nuevamente el chocolate. Entonces miró su comida y luego a mí-. ¿Quieres chocolate? - No, gracias, cuando era pequeña me intoxiqué con eso y desde entonces no como -comenté con pena. Por la espalda de Yuki pude divisar a la chica que Ledah dejó inconsciente, que llevaba un listón en su cabeza, y a su lado otra niña. Posiblemente era su compañera de habitación, debido a que siempre se crea esa conexión de andar juntas cuando estás en un lugar desconocido. Yo me había tomado la responsabilidad de llevar siempre conmigo a Yuki para que no se perdiera y terminara vagando con hambre por la escuela como había pasado antes de comenzar a desayunar. Alcé mi brazo y capté la atención de la chica con el listón en la cabeza, Yuki se volteó a observarles. Si Mordred y Ledah se habían marchado, perdieron. - Venid a comed con nosotras -sonreí. La chica del listón, como la llamaría hasta saber su nombre, me miró con algo de desconfianza, y luego habló a su compañera y llegaron a nuestro lado. Algo detuvo su avance. - ¿Están acompañadas? -preguntó la chica que acompañaba a la del listón apuntando las bandejas a nuestro lado. Me había olvidado de ellas. - No, claro que no -me levanté, cogí las bandejas y tan rápido como pude fui a dejarlas para que las guardaran. Regresé y me senté. Ambas chicas habían hecho igual. Miré a cada chica con curiosidad, y la acompañante de la chica rubia tenía el pelo violeta. Me sorprendió eso. Estaba con la cabeza gacha y movía de un lado a otro la comida en su plato. A su lado, cuando desvié mi mirada, me crucé con algo parecido a un hielo sobre mí. Estaba desconfiando. - Mi nombre es Bárbara Stepleton -sonreí estirando mi mano-. Ella es Yuki Kuran -Yuki bajó su mirada del techo y les sonrió a las chicas, continuando masticando una nueva barra de chocolate. La rubia apretó mi mano con delicadeza, sin sonreír. - Soy Lilith Roderich -murmuró, y volvió su mirada a su plato. - Yo soy Naomi Evans -sonrió y aún seguía temblando. Ahora no me cabían las menores dudas, Naomi era tímida. - Un gusto, chicas -dije, alzando mi cuchara con cereal-. ¿Cómo os trajeron aquí? Mi pregunta descolocó a Naomi y Lilith, que casi se ahoga con su café. - ¿Te importa? -me preguntó Lilith, Naomi la miró con sorpresa, lo que me indicó que no siempre debía de ser así de fría. - Sep, ¿algún problema con que me importe? -ahora podía sentir la mirada de Yuki y Naomi sobre mí. - Que no le veo razón para que te importe. Ambas somos desconocidas, porque apenas conocemos nuestros nombres. Podrías ser con facilidad un espía o, algo peor, un profesor que le cuele información a Mustang -su mirada se tornó repentinamente macabra y achicó sus ojos, mirándome con rencor. - ¿Qué edad crees que tengo? Siempre me ha encantado hacer esa pregunta. - 17 o 18, no te echo para menos -Naomi dijo, sonriendo. Supuse que Lilith pensaba igual al no contestar. La relación de amistad que quería entablar había comenzado mal. - Ok, chicas, les seré sincera, soy un bufón del Papa que se encuentra hoy en Ciudad Central y me mandó a castigar al coronel Mustang -dije con sarcasmo, escondiendo mi sonrisa. - ¿Enserio? -la mirada de Lilith cambió repentinamente. Entonces supe que no podría bromear con la Iglesia. Tragué con dificultad. - No, lo decía por el momento -reí forzosamente. - No me gustan los mentirosos -murmuró Lilith, acercando su mano al cuchillo que tenía al lado. ¿Sería idea mía o la chica tenía una manía con los objetos cortopunzantes? - Escucha, no me taches de mentirosa, seré curiosa para mis catorce años -Naomi comenzó a toser y Lilith abrió sus ojos-, pero mentirosa no soy, porque por mucho que las mentiras te salven de apuros tarde o temprano la verdad sale a la luz. Sólo me gusta reír y tener momentos de alegría, ¿vale? - ¿Tienes catorce? -preguntó Lilith. Creo que se venía algo bueno. - Sí. - Colócate de pie -me ordenó, colocándose primero ella de pie. Hice lo que ella pidió y hubiera pagado por tener mi cámara fotográfica ahora mismo. Su expresión de turbación por ser más pequeña que yo no tenía comparación. Además, aún me quedaba por crecer. Lilith se volvió a sentar y comenzó a terminar de comer su desayuno con rabia. Después de ese incidente, comenzamos a hablar y conversar de temas de antaño, aunque me preocupaba que Lilith siguiera igual de callada a como llegó. Y comenzaba a sospechar que sólo me estaba mostrando a mí y a los demás una coraza de fortaleza. bueno, yo quiero saber porqué a Mordred se lo llevaron jaja XD Keeeeeeeeeenyyy~!! Regresa pronto! *-*
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| Riza es inmortal! Yeah! ID: 391352 Registrado: junio-2009 Hace: (163 dias) Edad: 14
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| Aún sostenía el arma en mi mano. - Una vez alguien me dijo lo mismo… -dijo Hawkeye-. Pero te responderé lo mismo que a él. Las armas son para defendernos y defender a quienes nos importan. De eso se trata esta clase. Sus palabras no sé si fueron sabias, pero cambiaron la forma de pensar de muchos. La mía sólo se modificó. Siempre había visto en las armas un objeto de protección, pero sólo para ti mismo, nunca lo había extendido a que con ello se podían proteger a más personas. Si eso era así, y si lograban en nosotros pensar así, obviamente llegarían lejos. Otra curiosidad. Querían lograr eso, unión. Las palabras de Hawkeye, que habían sido dichas casi con emoción, buscaban eso indirectamente. Era eso o la mujer no lo había pensado, aunque dudaba de esto último. Todos se habían ubicado en distintos puntos y escuchaban a Hawkeye darles instrucciones. Las armas estaban sin municiones. Eso estaba bien, hubiera sido de bastante riesgo el dejar a unos niños o curiosos, como yo, con un arma y municiones. Mi curiosidad era tal que me picaban las manos. Comencé a girar enderredor y divisé distintos estantes. Supe que si poseían armas, también debían poseer desatornilladores para abrirlos. Estaba segura que sabría más si los desarmaba y volvía a armar. Tenía miedo, pero de todas formas alcé la mano, interrumpiendo a Hawkeye. - ¿Si, señorita Stapleton? Que supiera mi apellido era raro. Parpadeé un par de veces y cuando bajé mi mano comencé a dudar de hacer la pregunta. - Emm... Por casualidad, ¿a-aquí tienen desatornilladores? - ¿Desatornilladores? -mi pregunta le sorprendió-. ¿Para qué quiere desatornilladores? Sabía que esa pregunta me la haría, y era aquí cuando mi mente dudaba de inventar algo o decir la verdad... Bueno, la verdad siempre sale a flote, así que guardé un momento silencio y me decidí a hablar con lo primero que se me vino a la mente. - Tengo la mera convicción de aprender con más facilidad cuando exploro lo que tengo que aprender. No sé si me explico bien, pero tiendo a comprender mejor cuando practico haciendo las cosas. - Me está diciendo que quiere comenzar a disparar, señorita Stapleton. Para eso no le veo uso a los desatornilladores. - No, no, ha sido usted quien me ha malinterpretado -sentía las miradas de los demás sobre mí. Ya había metido la pata, era mejor seguir adelante-. Quiero el desatornillador para desarmar el arma y aprenderme sus partes. Hawkeye sonrió, y realmente no sé si lo hizo por gracia, para contener la risa, porque dije algo estúpido o algún otro motivo. - Lo siento, señorita Stapleton, el día de hoy sólo hablaremos de lo básico. Conceptos y comentarios. Le aseguro que en alguna de las próximas clases estudiaremos las partes del arma, puntos importantes, las posturas y precauciones. Me quedé callada unos instantes hasta que asentí y ella continuó hablándonos acerca de los diferentes tipos de armas. Mis manos seguían picando por abrir algún estante y encontrar un desatornillador. De pronto la puerta se abrió, y apareció Edward con Ledah. - Teniente, le traje este chico. - La clase comenzó hace bastante rato, Edward. - Lo sé, lo sé, pero teníamos que arreglar cuéntas con él debido a un pequeño incidente. Es por eso que he venido yo a dejarlo. - Muy bien, por favor pasa -Edward empuja a Ledah, quien avanza suspirando-. Gracias por traerlo, Edward. - No es nada -se voltea para salir-. Tened cuidado, chicos, no le falteís el respeto a la Teniente. El aula quedó en silencio, y me quedé observando a Hawkeye, que seguía mirado por la puerta de mala forma el lugar por donde al que llamaba Edward había desaparecido. "Edward" y "Acero" eran dos nombres que había escuchado respecto a ése personaje. Lilith parecía saber bastante al respecto. Alcé mi mirada y cuando la encontré me encaminé hacia ella, la cogí de un brazo y nos retiramos un poco más atrás del grupo. Me agaché un poco y murmuré a su oído: - ¿Quién es el que ha venido a dejar a Ledah? Lilith se alejó un poco de mi y frunció su ceño. Desvió su mirada hacia adelante y comenzó a escuchar a Hawkeye. O eso creí hasta que colocó una mano en su barbilla. Quizá su mirada estuviera en Hawkeye, pero estaba pensando en qué decirme. Me alegró eso. - Fue conocido en la antiguedad como "El alquimista de Acero" o "Héroe del pueblo". Se unió a los militares como alquimista estatal a los doce años y comenzó a ejercer diversos ataques contra la Iglesia. Sin embargo, ésta logró sobrellevar todo eso y el día de hoy lo busca por las atrocidades que cometió. - Pareces saber bastante del tema -comenté girándome levemente y haciéndome la que miraba a un punto nulo. Lilith captó mi idea y siguió hablando en susurros. Conociéndola lo poco y nada, pude intuír que no hablaría mucho acerca de por qué sabía bastante. - Es el culpable de todo el sufrimiento que se vivió en Liore. Sus palabras fueron acalladas por la rubia teniente. - Ustedes dos, las de atrás, ¿qué tanto comentan? Mi corazón comenzó a latir más rápido y mi mente comenzó a formar una serie de excusas.
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| Riza es inmortal! Yeah! ID: 391352 Registrado: junio-2009 Hace: (163 dias) Edad: 14
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| Tuve que quedarme toda la clase de manejo de armas callada y quieta para no llamar la atención de la teniente Hawkeye, que realmente tenía un ojo excelente, pues cada vez que me distraía y volvía mi mirada hacia la militar la podía observar mirándome. No sé si eso me causaba gracia o miedo, pero realmente comenzaba a gustarme la actitud firme y directa de ésa mujer. Cuando terminaron las clases -que se me habían hecho eternas-, pensé en ir por Lilith para que me terminara de comentar acerca de "El alquimista de Acero", pero tan pronto como salí tuve que devolverme a buscar a Yuki, que seguía perdida buscando dónde dejar su arma. - Vamos, Yuki, es hora de comer -tomé su arma, la deposité en una mesa y salí con ella llevándomela del brazo. Ambas nos cambiamos de ropas y luego fuímos al comedor a comer. Mis tripas estaban rugiendo de hambre...llevaban cuatro horas sin comida, no las culpaba. - ¿Qué tienes ganas de comer, Yu...? -alrededor mío no había nadie-. ¡¡YUKI!! Me calmé cuando la divisé conversando con Naomi y Lilith. Al parecer ella se había acostumbrado de mejor forma que yo a las chicas, pero seguía esperando que la muralla de frialdad de Lilith se rompiera por completo. Me acerqué a ellas, tomé dos bandejas para mí y Yuki y me senté donde estaban. Hablaban sobre que teníamos toda la tarde libre hasta las cuatro, horario donde debíamos ir a Educación física con... - ¿Alex Louis Armstrong? -pregunté. - Sí, es ése tipo supermusculoso con bigote rubio... -murmuró Lilith. - ¿Ése que se cree físico culturista? -pregunté, pero al instante supe que no debí haber hecho la pregunta, pues la expresión de Naomi y Yuki había cambiado. Lilith sólo mostraba una leve mueca-. Está tras de mí, ¿verdad? Tragué saliva cuando Yuki y Naomi asintieron. Sólo yo era capaz de meter la pata dos veces en un día y con profesores que me debían caer bien.
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| Riza es inmortal! Yeah! ID: 391352 Registrado: junio-2009 Hace: (163 dias) Edad: 14
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| El día de hoy ando inspirada, así que lo haré algo larguito >D - Vaya a cambiarse, señorita Stapleton, luego tendremos clases de educación física. Me costó un poco salir del shock. Sentía mi trasero de la forma de un cubo de tanto rato sentada escuchando el monólogo de Armstrong. Sí, Armstrong, porque después de tenerme más de dos horas sentada y escuchando palabrerías sin importancia no merecía mucho respeto de mi parte. - Gracias, señor Armstrong -dije sin energía. Me levanté y comencé a cojear camino a la puerta. - ¿Sucede algo, señorita Stapleton? - No es nada, necesito agua y descanso... - Faltan sólo quince minutos para que comience la clase -dijo para sí el musculoso, aunque tuve la certeza de que también iba para mí. - Lo tendré en cuenta. Cerré la puerta tras de mí, me estiré y comencé a caminar con normalidad, no iba a intimidarme de cualquier forma. Al entrar a mi habitación no había nadie, y por el pasillo sólo se oían murmullos de las personas que se marchaban a sus respectivas últimas clases. Revisé mi baúl y tomé una muda, me cambié y salí al encuentro de mis compañeros. Me pregunté qué haríamos al otro día con la alquimia experimental, y cuando salí al gran patio divisé en la lejanía a Yuki y Naomi. Estaban conversando entre ellas, y una idea cruzó mi mente... Me acerqué despacio y las rodeé, para no quedar al alcanse de su visión. Luego comencé a correr hacia ellas y me lancé, dándoles un buen susto que me mató de la risa. - ¡Eres mala, Babs chan! -me dijo Yuki con una actitud infantil. En la lejanía, pude ver al musculoso que momentos antes me tenía apresada... No era muy alentador saber que me tocaba con él. - Vaya, apenas me solté del profesor Armstrong y su aburrida familia de generaciones y generaciones y nos toca la ultima clase con él -dije con un suspiro. - S-sí, pero mírale el lado bueno, ya te conoce y te tendrá consideración -dijo Naomi, intentando animarme. Realmente apreciaba eso, pero soy obstinada. - Yo no necesito consideración -dije volteándome-. ¿Acaso tú sí? - Creo que no me vendría mal -dijo algo cabizbaja-. No soy una atleta que digamos. ¿Y tú, Yuki? Realmente aún no me acostumbraba a la naturaleza despistada de Yuki, pero se me hizo divertido que se volteara interesada. - No. - ¿No? ¿Voy a hacer la única torpe aquí? La expresión de Naomi me preocupó. Repentinamente se desanimó, por lo cual decidí cambiar el tema. - Oye... ¿y Lilith? -pregunté cuando no la vi junto a nosotras. - ¡Hay viene! -exclamó Yuki con alegría, apuntando a una niña rubia a quien todos tachaban de problemática. Lástima que no supieran apreciar a la gente que realmente valía la pena. Llegó a nuestro lado y nos saludó como siempre, no era necesario tantas muestras de cariño si aún éramos desconocidas. Sólo un día no es mucho, pero me gustaba saber que para Yuki era especial. Siempre me ha agradado saber que puedo ser de ayuda. Entonces, tras un pequeño evento con Mordred y Ledah en que Lilith lo terminó ignorando, Armstrong -junto a los hermanos Elric, a quienes no había notado- comenzaron a explicarnos diversas cosas. Entre ellas que esto no constaba de la típica clase de correr unas cuántas vueltas como en las escuelas normales. Todos tuvieron un personaje al que enfrentarse, y cuando miré al frente, divisé al coronel Mustang observándome. - ¿Peleará conmigo, señorita? Entonces mi memoria hizo contacto. Había escuchado de un casanova de similares características en los alrededores de la ciudad el oeste, y supe que se trataba de él con sólo las palabras que dijo. Realmente era casi de mi tamaño, un poco más alto que yo. De contextura media y tanto ojos como el cabello negro. Era atractivo, sí, pero algo en él me decía "no". Y entonces comenzaron los demás a pelear. - Ataca sin miedo, niña. Vale, eso sí me molestó. Dirigí mis manos a mis caderas, y al notar que no portaba mi típico bolso, comencé a rodear a Mustang. Él me seguía con la mirada mientras terminaba mi círculo alrededor de él. Entonces me detuve y comencé a correr hacia él con la decisión de darle un golpe en el rostro. Me coloqué a pensar que era culpa de él que estubiera allí, tratando de reunir corage, pero a mitad de camino me bajé la velocidad, recordando que también, a pesar del poco tiempo que allí llevaba, ya tenía un grupo de amigas, y ya no me sentía tan sola como en el este. Cuando reaccioné tenía a Mustang casi encima mío, la duda me había dejado paralizada. - Cuando decidas a atacar a alguien, no dudes en atacar -murmuró, y vi por el rabillo del ojo que su pierna se dirigía peligrosamente a mí. Definitivamente educación física no sería sólo entrenamiento. -.-º-.-º-.-º-.-º-.-º-.- Iba camino a la habitación cuando divisé a Yuki mirando a todas partes. Definitivamente, cuando aprendiera alquimia o recuperara mis cuchillas, le haría una brújula con las direcciones a seguir. - ¡Yuki! ¡Yuki! -la llamé. Ella me divisó y casi la pude ver... ¿llorar? No lo sé, pero lo que sí sé es que tenía una gran fuerza cuando abrazaba. - Me salvaste, sino fuera por ti me habría perdido -sonreí ante las palabras de Yuki. La cogí del brazo y comenzamos a caminar hasta nuestra habitación. La dejé adentro y cerré la puerta. No fuera a ser que se escapara y se perdiera. Sonaba cruel, pero era una de las bromas mentales que acostumbraba a hacer. Cogí un par de toallas y me metí a la ducha. El agua estaba esquisitamente deliciosa... ¿O sería que la disfrutaba más tras una tarde de trabajo duro? Quién sabe. Cuando estaba terminando de bañarme, llamé a Yuki le pregunté sobre lo que tenía planeado hacer. No la oí responder, y como me gusta ser escuchada, la volví a llamar. - Perdón, Babs chan -dijo apenada, mientras salía de la ducha y me colocaba una toalla en la cabeza y otra en el cuerpo-. Voy a ir a estudiar sobre medicina -le escuché decir. Salí rauda de la ducha y me encontré con Yuki cerca de la puerta comiendo chocolate, nuevamente. Una parte de mí pensó en ponerla a prueba, pero la otra se acordó del tema - ¿Medicina? Acaso tú... -no sé qué expresión habré tenido, pero saber que estudiaba medicina podía significar dos cosas. Rogué a dios para que fuera lo que quería. - ¿Qué? -preguntó confundida - ¿Tú practicas el rentanjutsu? -le pregunté impresionada. Quizá no era la única que lo practicaba.- Yuki dejó su chocolate, se sentó en la cama y me miró a los ojos. - ¿Qué es eso? ¡No! Me quejé mentalmente. Entonces suspiré y comencé a reírme sin poderme controlar. - Así que no sabes -dije algo apenada-. ¿Tan distraída eres? Ella parecía mirarme igual que un niño chiquito con cara de duda. Me acomodé la toalla y me dirigía a su lado. - El rentanjutsu, o también conocido como la alquimia del oeste, es realizada por los xincenses y sirve para curar. Trata del flujo que todos los seres humanos poseen y trata de utilizarlo de la mejor forma posible. Es así como el rentanjutsu es la "fuerza" o "energía" que posees y que se encuentra en cualquier lugar. Todo objeto o ser viviente posee esta energía. Al decir esto último, decidí no seguir avanzando, pues Yuki parecía haber captado bastante poco. No la culpaba, nunca había sido buena ni explayándome oralmente ni explicando. - Sólo entendí la mitad de lo que dijiste -dijo Yuki con sinceridad. Ya esperaba su respuesta por la expresión de duda y "¿De qué planeta vienes?" que poseía. Aunque me preocupó que quisiera ir a estudiar a esas horas... bueno, en realidad me preocupaba más que fuera sola, la dejé ser. Yo también tenía un par de cosillas que hacer, así que me despedí de ella y me coloqué mi pijama, que tan amablemente mis secuestradores se habían preocupado en traer. Revisé mi horario nuevamente, y a pesar de saber que elegiría por obviedad Enfermería y Deportes como extras -en Música iría sólo a escuchar cómo tocaban- me llenaba de emoción saber que nos tocaría alquimia curativa después del desayuno, aunque me tenía preocupada la clase de transmutación con los Hermanos Elric... Había escuchado de ellos, quizá mañana se resolverían mis dudas. Me recosté en la cama cerrando levemente los ojos, pero el sueño me venció y antes de poder ir a buscar a Yuki me quedé profundamente dormida. -.-º-.-º-.-º-.-º-.-º-.- Toqué la puerta tres veces. Yuki estaba tras de mí y continuaba con sus disculpas. Realmente no la culpaba, todos alguna vez nos quedábamos dormidos, y se lo había dicho un montón de veces, pero ella seguía disculpándose. - Escucha, niña bobita -dije con cariño y cruzando mi brazo por su hombro, sonriendo abiertamente-. Es parte de la naturaleza humana cometer errores, y porque nadie es perfecto las cosas tampoco lo son, así que guárdate esas disculpas para si algún día, aunque lo dudo, llegue a enfadarme contigo, ¿vale? Yuki sonrió a la vez que yo lo hacía. - Muy bien -me abrazó efusivamente. Me dolieron las costillas, el lugar donde Mustang me había golpeado la tarde anterior. Entonces la puerta se abrió. Una gran armadura se dejó ver. - Señoritas... - ¡Señor... ojalata! -exclamó Yuki alegre. La armadura (o mejor dicho, el personaje de la armadura) emitió una leve risa. - Sólo llámame Al -dijo cortesmente. - A ver, a ver, ¿quiénes son las irresponsables que... -por el costado el "Al" salió el hombre rubio de ojos dorados con el que había hablado en el comedor, el primer día. Así que él era el antes conocido como "El alquimista de Acero". Al parecer mi memoria había andado fallando, porque recién ahora recordé que sabía su nombre. Mis cavilaciones las interrumpió Yuki. - ¡Enano! -le gritó al rubio, y a pesar de saber que tenía razón, creo que era mejor tener una buena relación con los profesores. - Yuki -murmuré, pero antes de notarlo el rubio se hallaba encolerizado e iracundo. - ¿¡A QUIÉN LE DICES PULGA MICROSCÓPICA! -Al lo detuvo para evitar que se lanzara contra Yuki, y yo me colcoqué delante de ella para protegerla. Miré a Al algo sorprendida, y el sólo soltó una risita calmada. Por mi parte, le cubrí la boca a Yuki para que no siguiera diciendo disparates junto a mí. Ya me estaba dando verguenza que todo el curso nos mirara como seres salidos de otro país. Entramos "calmadas", pero podía sentir claramente la mirada de Edward sobre nosotras. Cogimos los asientos que encontramos desocupados, y atrás de mí estaba Lilith, a mi derecha Ledah y delante de mí Mordred. Eran con las personas que más compartía. - Muy bien, chicos, hoy es su segundo día de escuela -declaró Edward-. Debido a una pequeña interferencia -sentí la mirada de los demás sobre mí y Yuki- me veo en la obligación de presentarme de nuevo. Yo soy Edward Elric, y él es mi hermano, Alphonse Elric. Ambos seremos vuestros profesores en el arte que es la transmutación, pero antes que nada, ¿sabeís qué es alquimia? Ledah y Mordred alzaron su mano. - Señor Rozwelli, cuéntenos. - Alquimia es la ciencia de entender la composición de una sustancia, descomponerla en sus mínimas expresiones y luego reconstruirla al antojo del alquimista. - Buena respuesta, señor Rozwelli -se quedó unos segundos en silencio y miró a Alphonse. - Sin embargo, ¿alguno de ustedes saben lo que es un alquimista? -preguntó la armadura. La habitación se quedó en silencio unos instantes. Entonces, la armadura avanzó hacia adelante. - Un alquimista es aquél personaje capaz de comprender estos tres importantes pasos, y que sabe utilizar el círculo de transmutación. Yuki alzó su mano, y Edward le dio la palabra con una leve venia. - ¿Qué es un círculo de transmutación? - Muy buena pregunta, señorita Kuran -dijo, volteándose y cogiendo una tiza. Sentí que me tocaban los hombros y me giré levemente. Lilith estaba con una expresión algo extraña, que a mi parecer era de fastidio o aburrimiento. - ¿Qué pasa? -siseé, notando que nadie me oyó aparte de ella. - ¿Por qué llegaron tarde? -preguntó. Me alegró que hiciera esa inquisición. Significaba que la pared de hielo de a poco se iba desarmando. - Yuki se quedó dormida, y yo fui a la biblioteca, esperando que cuando volviera estuviera en pie, pero no lo estaba. - Oh -entonces se retiró a su respaldo y yo me concentré nuevamente en la pizarra. - Esto -señaló el dibujo en el pizarrón- es un círculo de transmutación. - El círculo de transmutación es el intermedio entre el alquimista y la reacción alquímica, sin él no se podría realizar alquimia. Edward se adelantó un par de pasos hacia los alumnos. - El poder del círculo de transmutación se basa en su círculo. El Círculo representa la circulación del poder y através de la inserción de un símbolo dentr de él se hace posible activar su poder. - Recordad eso, chicos -dijo Alphonse con amabilidad. Naomi alzó su mano. Delante de ella tenía un par de hojas y su pluma, y recordé que tenía que tomar apuntes. - ¿Si, señorita Evans? - ¿Podría explicarlo de nuevo? -preguntó con algo de timidez. - ¡Claro! -sonrió Edward-. Verás, el círculo... -Alphonse lo interrumpió. - Escuchad y tened esto muy claro: el fundamento del poder de la alquimia es el círculo. El círculo representa el flujo de poder. Dentro del círculo se debe dibujar la fórmula que activará el poder, transformándose así en un círculo de transmutación. - Existen diversos tipos de temas referidos a esto, así que el día de hoy revisaremos todo lo referido a las fórmulas de un círculo, porque si no conocemos un círculo no podemos transmutar, ¿verdad? Terminé de escribir la explicación de Alphonse cuando salté en mi asiento al oír la mano de Edward impactar contra su escritorio, con una sonrisa de oreja a oreja. - El día de hoy veremos: los círculos. sigan así de activos, chicos! el fic lleva buen rumbo, tenemos que seguir así! =D Cuidense, BYE!
__________________ ZK@RL€TH...J@D€.! *Mis Fics* Secretos del Holocausto || Love Overcomes All Obstacles || Fullmetal Alchemist's stories *Mi galería Fan Art* Líos y travesuras Fanfiction || DeviantArt Última edición por Scarleth Jade; 15-oct-2009 a las 21:57. Razón: arreglos |
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| Me encanta la luna llena. ID: 411102 Registrado: septiembre-2009 Hace: (64 dias) Edad: 16
Mensajes: 7
| Hola ^.^ Bien aqui esta mi ficha =3 Espero que asi este bien ^.^ |
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| Riza es inmortal! Yeah! ID: 391352 Registrado: junio-2009 Hace: (163 dias) Edad: 14
Mensajes: 208
| Tomé un trozo del papel y anoté en la esquina: "Latín, cuerpo humano, símbolos alquímicos". En éso seguí prestando atención. El doctor Marcoh era bastante simpático, un individuo digno de mirar si sabía reírse de sí mismo. Era de edad mediana, no podría decir anciano porque no lo era, y tenía una mirada amable. O por lo menos eso percibí cuando entró al curso. Y hablando de cuando entró al curso, no sé cómo fue que Yuki consiguió que aceptara ir a la biblioteca con ella, Naomi y Lilith. Si hubiera sido por mí, hubiera dicho que no, necesitaba hablar con Lilith a solas y creo que no había otro horario mejor, pero bueno, si la secuestraba un par de minutos en algún pasillo desértico de la biblioteca no era nada, ¿o si? Ciertamente la clase se me estaba tornando aburrida, ¡estaba hablando de plantas curativas! Qué novedad para mí. Alcé mi mano. - ¿Si, señorita Stapleton? -dijo con amabilidad. - Profesor, ¿se podría comparar el efecto adormecedor del cloroformo con el de la cannabis sativa? -pregunté curiosa. Ésta era la clase que más había esperado desde que vi los horarios, pero ahora me parecía algo... simple. El hombre colocó una mano sobre su barbilla y meditó un par de segundos... nuevamente me sentí observada, como en el desayuno con las chicas cuando hablé, por error, en voz alta. Definitivamente tenía que controlar mi boca o podría terminar con un odio feroz de Lilith hacia mí. - La verdad es que no -respondió Marcoh mientras comenzaba a caminar por el aula-. El cloroformo posee la carácterística de general alucionaciones, y en la actualidad se ha estado utilizando como anestésico; por otro lado, la Cannabis Sativa es otra sustancia totalmente distinta, que a pesar de producir cambios preocupantes en la percepción y la concinecia, no tienen más en común con el cloroformo el sólo actuar sobre el sistema nervioso del cuerpo humano. ¿Era idea mía o el anciano había hablado más de la cuenta con el cloroformo? - Gracias por la explicación -dije, y tomé mi lápiz y comencé a trazar rayas por el cuaderno, simulando que estaba tomando apuntes. La clase siguió avanzando y Marcoh nos dijo datos sobre plantas que ya conocía, como la acción de desinfectante que tenía el azulejo (flor de lis) sobre las inflamaciones oculares o la cualiadad de la acacia para bajar la fiebre en un par de horas y ayudar en la cicatrización de quemaduras. Nada que ya no supiera. Realmente no estaba conforme con esto, e inclusive estaba soñando despierta con un plan de exploración para planear un escape del internado, cosa que no haría y era sólo parte de mis fantasías, pero que no cambiaba el hecho de mi insatisfacción. Estaba por preguntar si eso sería todo lo que veríamos en las clases cuando Marcoh habló: - En caso de que alguien quiera expandir sus conocimientos, estoy dispuesto a dar clases extras los lunes, jueves y sábados. Durante los miércoles enseño enfermería -comunicó Marcoh casi al final de la clase. Realmente éso sonaba alentador. El timbre sonó y me quedé sentada un par de minutos mientras recogía con lentitud mis apuntes y los libros, ya que Yuki siempre se tardaba, pero ¿cuál fue mi sorpresa al voltearme y no toparme con mi compañera? Obviamente quería golpear algo porque me había dejado sola al irse con Naomi y Lilith. No las culpaba, aquél día había despertado no de muy buenos ánimos. Acomodé mis dibujos en mi bolso de mano -no había hecho otra cosa durante la clase- y al girarme vi a una chica sentada en el primer asiento del aula. Me quedé observándola un rato hasta que salió, y la seguí. Era un poco más bajita que yo y tenía el cabello negro con reflejos azulados. Avanzó un par de pasillos y se pasó del comedor, y en vez de ir a éste se instaló en un pequeño prado con árboles, cercano al lugar donde habíamos entrenado en la tarde anterior. Yo la observaba de reojo por un pilar. Sacó un libro y comenzó a leer las páginas. Me sorprendía lo calmada que era, y me acerqué con lentitud. - Hola, ¿quién eres? -pregunté cuando me hallaba a eso de tres metros de ella, continuando mi caminata hacia ella. Alzó su mirada y vi sus ojos castaños... Se parecían a los míos, aunque creo que a ella le hacían más gracia. - Y-yo -se sorprendió de verme allí, al parecer había descubierto su pequeño secreto-. Soy Elizabeth Kein, mucho gusto, ¿y tú? - Soy Bárbara Stapleton -dije con orgullo-. Elizabeth, ¿eh? -ella asintió. Terminé de caminar la pequeña trecha que nos separaba y me senté a su lado. - ¿Puedo llamarte Lizzie? -pregunté, tomando sin su permiso el libro. - ¿Eh? C-Claro -obviamente mi actitud la estaba turbando y aquélla sonrisa acompañada de esa mirada de "¿quién diablos es ésta?" me encantaba por el simple hecho de saber que pasaría. Comencé a ojear el libro y leí la contratapa. Por el contenido, el grosor y el comentario supuse que no sería uno de esos típicos libros de romance que tienen a leer los jóvenes; parecía más complejo y su portada captó mi atención. El uso de colores sobrios, las sombras y el equilibrio estaban presente, y su título sonaba aún más interesante. - "Travesía en escarlata" -leí en voz alta y le devolví su libro a Elizabeth. Seguía desconcertada por mi actitud-. Buena elección. Tomó el libro con algo de desconfianza y me comenzó a observar. Iba a preguntar algo cuando le interrumpí. - ¿Cómo es que estos días no te había visto? -pregunté confusa. - ¡Oh!, pues siempre he estado, sólo que me paso el día leyendo. Realmente me fasciné cuando descubrí en la biblioteca la sección de misterio, y apenas pude (anoche, con más exactitud) fui allí y me pedí éste -dijo emocionada, al parecer le gustaba hablar de lo que le encantaba y ya había perdido el temor, aunque... ¿por qué tenerlo? Que yo sepa no muerdo. - ¿Quieres ir a comer? - No, no, muchas gracias, aún es temprano -abrió una página indefinida del texto, casi al final-. Ve tú, te ves hambrienta. - Ja, ja, ¿tanto se nota? Suelo colocarme así cuando me falta azúcar -me levanté con cuidado-. Vale, nos vemos luego. - Ok. Regresé por los pasillos y entré en el comedor, algo tarde quizá, pero me alegré de ver aún allí a las chicas. Me acerqué a la mesa y tomé una silla cualquiera, sentándome con cuidado... Y luego me sentí húmeda. Creo que desfiguré mi rostro, porque Yuki y Naomi -que acababan de notar mi prescencia debido a que estaban conversando- se sorprendieron. Lilith también estaba así. - ¿Qué habéis colocado aquí...? -pregunté fríamente. Yuki y Naomi se miraron- ¿Yuki? -tragó saliva, se paro y me abrazó. - ¡Bienvenida Babs chan! -supe que me ocultaba algo. - ¿Nao? -la miré y ella sonrió contrayendo las cejas, nerviosa por supuesto. Miré a Lilith, que aún no salía de su shock. - ¿La broma iba para mí o para el idiota de Ledah si a Yuki se le ocurría llamarlo de nuevo? -pregunté mirándola. Estaba que me moría de contener de risa por la expresión de Lilith, estaba entre divertida, arrepentida y apenada. Me preocupé de que cuando abrió su boca para hablar interrumpirla. - Disculpa lo que sucedió en la mañana, no fue mi intención si te molestó, pero siempre he dicho que mi misión en esta vida no es venir a agradar a la gente, pero no me arrepiento de haberlo dicho. Mi mirada chocó con la de Lilith unos instantes. Me pregunté si nuevamente aquélla muralla de hierro se había creado entre ambas, o si ella estaba asustada. Normalmente el miedo hacía actuar a la gente de manera agena a la costumbre, pero debo admitir que ella era bastante impredecible... como la mayoría de las personas que han sufrido algo grave y ocultan algo. Eso llamó más mi atención. Suspiré y me levanté. Lo que parecía ser un líquido viscoso escurría por mis muslos. Tomé una toalla, limpié vagamente y comencé a caminar hacia la puerta. - ¡Babs chan! ¡Regresa luego! -exclamó Yuki. Me volteé y vi a Naomi sonreír, Lilith seguía concentrada en su comida. Su actitud era extraña, y sonreí pensando que realmente debía estar ella asustada. Algún día nos esperaba una larga charla juntas.
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