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Después de dudar por mucho tiempo he decidido poner esta historia que comencé cuando iba en sexto de primaria, recientemente la encontré, me pareció muy buena y quise ponerla aqui para que me dieran sus opiniones, la verdad es que siempre he estado muy obsesionada con los detectives y bueno...ya lo veran, nada más quiero decirles que hasta ahora solo había publicado fanfics, no tengo mucha idea de que tal escriba cuentos pero bueno, si más aquí va la primera parte del capítulo 1.
Capítulo 1
“La llegada”
La noche era fría, húmeda y serena, el suave viento levantaba las hojas secas del otoño, era una noche sin Luna, una noche, donde la única luz que penetraba en aquel bosque, era la de las titilantes estrellas, el bosque estaba silencioso, y un denso aire se respiraba, ni los grillos se atrevían a entonar su melodía.
El crujir de una rama, el crujir de hojas, pasos presurosos, una joven, sudorosa y asustada corría por entre los árboles, tropezó con una raíz y cayó rendida sobre el mullido suelo.
Las gotas de sudor rodaban por su frente, la respiración se le dificultaba a causa del asma y del miedo, buscó en los bolsillos de su chamarra el inhalador y el celular, aunque dudaba que este tuviera señal, desde que se había perdido en aquel lugar había tratado de llamar a alguien, pero el bosque se tragaba las señales de celular; no encontró nada en sus bolsillos, solo basura, papeles inservibles, nada que la pudiera ayudar. Sudaba, jadeaba, sintió un fuerte ardor en la mejilla, al correr se había hecho un tajo con una rama.
-Hola dulzura- dijo una fría voz femenina tras ella, su corazón se congeló- por fin te encontré.
Todo fue muy rápido, no pudo gritar, cuando se dio cuenta ya estaba muerta.
Los grillos entonaron la melodía más triste que conocían, la de la muerte.
♫ ♪ ♫ ♪
Suspiró, suspiró y pensó en aquella nueva ciudad, no podía pensar en otra cosa, estaba recostado en su cama, veía, por ultima vez en algún tiempo, la habitación en la que se había confinado durante tardes enteras, ahora ya no había nada, los libreros, el ropero, los estantes, todo estaba vació, sus cosas habían sido enviadas antes que él a la nueva casa, solo le quedaba una maleta vacía y la ropa que llevaba ahora puesta, pantalones de mezclilla negros, camisa blanca, los calcetines de rombos y los zapatos deportivos negros, de pronto salió de su trance, se levantó de la cama y contempló la gris ciudad, antes no le parecía tan gris, pero ahora, ahora llovía, como pasaba en cada otoño, por alguna razón llovía siempre, pero eso nunca había impedido que la gente de aquella gran y truculenta ciudad saliera, su respiración empañó la ventana, respiró ondo de nuevo, golpeo el bolsillo de su pantalón, asegurandose así de tener la billetera y salió, empezó a caminar por los corredores de aquella gran casa, era como un laberinto inmenso, llegó hasta las escaleras principales que llevaban al corredor central, caminó por él hasta llegar a la puerta de entrada, dos vueltas de llave, y se encontraba fuera de la gran manción.
Caminaba por las resbalosas aceras del centro de la ciudad, miraba con recelo a los grotescos maniquies de los escaparates. Se iba a ir, y no quería que ellos lo olvidaran, así que quería dejar una marca en la cuenta del banco, aunque eso sería inutil, aquella cuenta era como...era como nada en este mundo, apenas se le hacía una abolladura y esta se reparaba, e incluzo, se inflaba un poco. Entraba en las tiendas de ropa y escogía al azar todo aquello que le gustaba, y como aquella sería la última vez que entrara en aquellas tiendas, decidió cambiar su actitud uraña y fría por una agradable, incluzo, ñe dió los buenos días a las cajeras, e incluzo se despidió de ellas.
Media hora más tarde se encontraba en el aeropuerto de la ciudad, solo, con cu pequeña maleta que ahora pesaba bastante, se dirigió al mostrador para recoger su boleto y para enviar su maleta, caminó unos minutos por el lugar, la gente iba y venía y el no veía la hora de que su vuelo saliera, no podría aguantar pronto ni un minuto más con tanta gente a su alrededor, la mecánica voz retumbó en el lugar.
-"Pasajeros con destino a Isla de Mnch favor de pasar a la puerta 17G, repito, pasajeros con destino a Isla de Mnch favor de pasar a la puerta 17G"- la voz volvió a dar las instrucciones en distintos idiomas, él se encaminó a la sala de espera de la puerta 17G, esperando abordar pronto.
El tiempo fue pasando lentamente, en la sala de espera había poca gente, habían unos niños pequeños que lloraban haciendo sufrir a sus padres, unos ancianos que tenían pinta de estar dando un tour por el mundo, una pareja joven, de todo, había un mundo de gente ahí. La voz de una azafata sono en la pequeña sala.
-"Pasajeros de primera clase del vuelo 00234U de Intercontinental con destino a Isla de Munch, de las 16: 30, favor de pasar al mostrador para abordar"- la mujer repitió aquellas palabras varias veces en otro idiomas, y sin embargo, la única persona que se acerco al pequeño mostrador, fue un chico de uns 15 años, de cabello castaño claro y ojos grices, vestido con camiza blanca y pantalones negros, la azafata revisó su pasaporte, su billete, todo, como en cualquier otro tramite.
Desde que se subiera a aquel avión habían pasado ya dos horas, aquella isla estaba bastante retirada, y Basil ya estaba conociendo más cosas de aquel nuevo lugar gracias a una revista turística que había en su asiento de primera clase, la isla, aparentemente había sido descubierta por los vikingos durante el siglo X, pero, a pesar de estar cubierta por un inmenso bosque, las maderas de aquello árboles se undían facilmente en el agua, no lograrón encontrar nada de utilidad en aquella isla, así que después de muy poco tiempo, la abandonron dejando, como único vestigio de su estadía ahí, una pequeña aldea donde producían pequeñas cantidades de cerveza amarga, la isla fue abandonada, y no fué hasta el siglo XVII que volvió a ser descubierta, esta vez por los ingleses, quienes la encontraron muy bella, y apropiada para las osciosidades de los nobles, y de hecho hasta principios del siglo XX aquella había sido la única función de aquella isla, un centro veraniego, de un verano eterno, siempre hacía una agradable temperatura a pesar de estar tan al norte, era como si un hechizo la mantuviera siempre soleada, incluzo cuando nevaba había sol. Pero durante la segunda revolución industrial se dieron cuenta de que en las montañas de la isla había importantes minas de carbón, la pequeña isla se vió industrializada, y desde entonces hasta la fecha era conocida por, si bien por ser una ciudad moderna, también por lo poco contaminada que estaba, y por lo pacífica que era, rara vez ocurría algo violento.
Suspiró cerrando la revista, era odioso el que no hubiera nada interesante en aquel lugar, nada que le interesase a él, pero eran las disposiciones de sus padres, y no tenía manera de contradecirlas. Estaba molesto, sin duda, todo se había decidido sin que él dijera una sola palabra, incluzo lo habían inscrito a una escuela, para que "sociabilisara", se remobió incomodo en su asiento, aquello era tal vez lo que más lo molestaba, tener que ir a un colegio, una sonrisa amarga se dibujó en sus finos labios, como si fuera posible que el pudiera estar con tantas personas, miró de reojo la primera clase, incluzo ahí estaba solo, no había nadie más, pero esa había sido su condición para viajar, ir absolutamente solo, y es que era que sufría de una especie de fobia extraña, su comportamiento uraño y frío hasia los demás no era más que una manera de nerviosismo, siempre le pasaba lo mismo, la única vez que estubo en una escuela, y eso fue en kinder, se había puesto tan nervioso que sufrió de una deficiencia respiratoria. desde entonces estudiaba en casa, a las únicas personas que toleraba, y solo a ratos, eran a sus padres, a los cuales nunca veía, y a su hermana, se iba de vez en cuando a algún lugar, no le hacía gracia estar encerrado todo el tiempo, pero cuando salía, se comportaba frió y uraño con los demás, debía de ser su manera de evitar que la gente se le acercara tanto.
Se remobió un poco incómodo en el asiento, no sabía lo que tenía, tal vez....nó, sencillamente lo incomodaba todo aquello, se levantó del asiento, se dirigió asia el baño, y chocó con alguien, cayeron al suelo, al abrir los ojos esperaba encontrar a alguna azafata, pero grande fue su sorpresa al ver a una chica, más o menos de su misma edad, de corto y brillamte cabello rojo. Al principio no supo que hacer o decir, solo la podía ver de una manera analizadora, se sorprendió al no sentirse como siempre, algo había en aquella chica, un aura tranquilizadora, ella se levantó antes que él, le tendió la mano para ayudarlo a levantarse, aceptó.
-Baya golpe, perdón chico- dijo ella con una riza timida
-No se preocupe señorita...Irene, ¿se encuentra usted bien?- preguntó él su voz sonaba segura a pesar de que en su interior se moría de nervios, pero eran unos nervios "buenos", por así decirlo.
Irene debió sorprenderse de escuchar su nombre, no recordaba haberlo siquiera mencionado.
Bueno, por ahora ahí le dejo.
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