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Bueno, mi anterior historia no causo ningun nada, por tanto ahora voy a provar con una de mis obseciones: Sherlock Holmes, desde hace un tiempo atrás vengo con esta obseción por él, y en este escrito he tratado de copiar el estilo de Conan Doyle, por el momento la historia solo cuenta con el capítulo que voy a pone ahora:
Capítulo primero
Donde las cartas se ponen sobre la mesa
Comenzaba el año de 1890, según mis notas, aquellos primeros días de Enero fueron, por mucho, los más fríos del último siglo en Londres, por el mismo frío, una terrible nevada calló sobre la cité. La nevada causó entre otras cosas, que mi buen amigo, el señor Sherlock Holmes, se viera impedido de hacer trabajo alguno, mi mujer había salido unos días con unas amigas suyas a Kent, pero por las peripecias climáticas se había visto obligada a pasar ahí unos cuantos días más, así que yo me fui a la casa de mi buen amigo. Las noticias corrían más lento que de costumbre, y él se desesperaba en sus habitaciones de la calle Baker. Yo temía que regresase a su vició a la cocaína, y cada día lo veía más tentado a ello, pero, milagrosamente, desistió.
Fue en un día de esos, el cuarto del año, cuando la blanca nieve había ya cubierto todo, cuando su desesperación fue tal, que con voz llena de energía reprimida me dijo:
-A mi buen doctor Watson, ¿sabe usted?, se que lo he dicho en innumerables ocasiones, pero es que de veras que la clase criminal de Londres, que va, ¡de Inglaterra!, en serio que desaprovecha las buenas oportunidades, ha estado nevando tan constantemente que las huellas de cualquier crimen se verían borradas prontamente, y no solo eso, las pistas, las pistas podrían estar cubiertas hasta la primavera, tiempo suficiente para huir, desaparecer- empezó a caminar en círculos alrededor del cuarto, se detuvo frente a su escritorio, miró algunos papeles ansiosamente y prosiguió:- Si yo fuera alguno de los cincuenta hombres que tienen razones de sobra para despacharme al otro mundo, aprovecharía esta oportunidad.
Yo me encontraba descansando en mi habitual butaca, me encontraba leyendo un nuevo tratado sobre traumatología craneana, me interese más en aquello que en andar escuchando las frecuentes quejas de mi amigo.
-Pero esperé- dijo él cortando su discurso, arto frecuente sobre los criminales, tras escuchar que alguien llamaba a la puerta- me parece que nuestro buen amigo Lestrade nos trae algunas nuevas.
Escuché los pasos que se acercaban a nuestra puerta, sin embargo, no me parecieron los del inspector Lestrade, al abrirse la puerta, se encontró frente a nosotros, para gran desepsión de mi amigo, un joven de facciones muy finas, muy pálido y de ojos miel, su ropa era muy nueva, iba seguido por el inspector Hopkins.
-No, no, jovencito, ya le dije que la señora Hudson lo acompañará a sus nuevas habitaciones, así que valla- le decía el inspector, la señora Hudson apareció y lo llevó escaleras arriba, donde según teníamos entendido, había una habitación vacía que deseaba alquilar.
-Bien, Holmes- dijo nuestro amigo sentándose en el sillón de siempre- espero no importunarle- añadió- supongo que tendrá muchos casos como para inmiscuirse en los vulgares asuntos de Scotland Yard- dijo con un tono burlón, como si supiera de la inactividad de Holmes- pero realmente, es que ha pasado algo terrible, ¡unos documentos de suma importancia para nosotros han desaparecido!
Sherlock Holmes escuchó con gran interés aquellas palabras, sin duda era un gran alivio para su mente el tener algún acertijo que resolver.
-Bien ¿qué documentos eran estos?- preguntó mi amigo sentándose en su sillón favorito.
-Lamento no poder darle ese dato Holmes, no es porque se trate de algo clasificado, pero solo puedo decirle están relacionados con el asesinato de una importante celebridad del mundo del teatro, estos papeles eran las declaraciones de los miembros de la compañía teatral e incluía detallados dibujos sobre el lugar del crimen.
Holmes tomó una hoja de su libreta, garabateo algo y le entregó la hoja al inspector.
-¿Se trata de ella?- preguntó Holmes.
-Efectivamente- dijo el inspector es ella.
-Bien, pues comience- dijo mi amigo sentándose en su sillón, cerrando los ojos, tomó la postura de una gran ave de rapiña, como hacía siempre que escuchaba el relato de sus consultantes.
-Pues bien- comenzó el inspector- todo comenzó este Lunes, cuando Lestrade me encargó el guardar estos documentos, yo los guardé en mi gaveta, de la cual, solo yo tengo llave, cerré esta y hace unas horas cuando Lestrade los requirió, cual no fue nuestra sorpresa al encontrar el cajón vacío. No es algo nuevo el que desaparezcan documentos, sospecho que hay un infiltrado pues hace dos meses se perdieron unos papeles de importancia menor, por lo cual no nos habíamos preocupado demasiado, yo creo que se trata de algún nuevo miembro de la organización, hace poco se nos han unido nuevos miembros, como el jovencito que ahora vivirá aquí arriba ¿qué piensa del asunto, Holmes?
No contestó inmediatamente, debía de estar en su mente imaginando todo aquello.
-Lo encuentro todo realmente increíble,-dijo de pronto cortando el silencio- de hecho me parece inverosímil, se que hay veces que los nuevos efectivos se pueden considerar como sospechosos, pero el hecho es que se que ustedes revisan constantemente a sus nuevos miembros, y no permitirían jamás que alguien nuevo entrara a sus oficinas a no ser que fuese alguien de extrema confianza o que se encontraran ustedes, y además, usted ha afirmado que ha muerto la persona cuyo nombre escribí en aquel papel, sin embargo, aquella actriz se presentó anteayer en el Nacional Theater, el espectáculo fue un éxito.
Al escuchar aquellas palabras el inspector, soltó una carcajada.
-Realmente usted es el diablo, Holmes, Lestrade me va a tener que dar una semana libre después de esto.
-Qué, ¿apostaron?- preguntó Holmes.
-No cante aún victoria Hopkins- dijo una voz dulzona desde la puerta, tenía un acento extraño en su voz, y, a pesar de no haberle visto, supe que se trataba de aquel joven,- recuerde antes que nada que el señor Holmes debe de descubrir el misterio.
-Pero ¿qué…?- preguntó de pronto el inspector, pero rápidamente recordó algo- es cierto Holmes, lo que ha dicho no es del todo cierto, el asunto es que la actriz de la que hablábamos antes sí ha desaparecido, no se sabe donde se encuentra, nosotros le dejamos todo lo necesario para que usted pueda encontrarla.
Holmes miró estupefacto al inspector.
-Está bien, la encontraré- dijo con voz monocorde.
El inspector se despidió y salió de la casa, lo seguí con la mirada hasta que lo perdí de vista por la ventisca que había comenzado.
-¿Cuál es su nombre joven?- preguntó Holmes
-Ilich Dmitriv Ulianov- contestó él de manera formal como si se tratase de un interrogatorio.
-¿Ruso?
-Obviamente
-Poco tiempo en Londres ¿verdad?
-Así es, llevo cerca de una semana- contestó él alegremente.
-Me figuro que alguien como usted no encontrará tan terribles las inclemencias del clima que nosotros los inglese venimos sufriendo hace días- dijo mi amigo con un tono un poco áspero.
-Así es- contestó, algo tenían sus facciones, algo tenía aquel joven que me hizo fijarme en él, tal vez fue la manera en la que se rió después de contestar, era una risa demasiado cantarina para ser la de un joven, lentamente me fui dando cuenta de que todo en él era demasiado femenino, demasiado andrógino y aunque se que esa condición es bastante común, empecé a olvidar la conversación, más bien el interrogatorio que Holmes hacía a nuestro nuevo compañero, me fijé en los movimientos de sus manos, las cuales seguían enguantadas a pesar de que el calor que la chimenea provocaba.
-¿Porqué se quita el gabán y el sombrero?, tal vez así esté más cómodo- dije yo notando que nuestro amigo iba muy ataviado.
Él sonrió, se quitó el gabán, y quedó un traje verde de tweed muy nuevo, se quitó el saco y también el sombrero, pero los guantes se quedaron.
-Bien joven Ulianov ¿por qué no nos dice que lo ha traído a Londres?- preguntó Holmes.
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