Somewhen ID: 328371 Registrado: noviembre-2008 Hace: (380 dias)
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| [TPP] First Novel: Gabrielle de la Luz Bien, vengo aquí con un tema bastante amplio, un escrito del que me siento muy orgullosa como persona y como aspirante a escritora. Lo publiqué en un concurso hace poco y no creo que traspase las líneas de lo inedito si lo pongo en un foro que tal vez nunca encuentren.
Lo pongo porque creo que le falta reforzar en ciertas partes como el hecho de que en cierta parte de linea de tiempo, los hechos sucedan con demasiada rapidez. Espero tener una buena ayuda con este... y que disfruten de mi obra. Gabrielle de la Luz Prólogo.
Linaje “La luz roja iluminaba cual infierno el campo de batalla, la hora era imprecisa a tal punto que el día y la noche se fundían en un solo tiempo.
Cargaba una espada de mango blanco, la misma que la directora le había dado días antes, empuñándola con decisión y furia.
Se sorprendió de saber todo acerca de la guerra, el solo hecho de alguna vez haber recibido el calificativo de peligro no era nada a comparación de lo que era ahora. Sus ojos quemaban a tal punto que mantener la vista abierta era un milagro; mas recordó que aquel talento era propio del linaje donde provenía, estaba en su sangre" Fuego Abierto (Capítulo uno)
¿Una guerra entre nuestra raza? ¿De que nos sirve?" Los pensamientos afloraban en su mente, espontáneos; imágenes sin sentido alguno, sin ningún referente.
¿Acaso eran de otra cabeza? El miedo invadió su piel, se coló dentro de sus huesos, lo sentía hasta en el rincón mas profundo de su corazón, de su cuerpo. No sentía el final, tampoco sintió el inicio "Esto no es mío" pensó. Grito.
Una mujer castaña corrió escaleras arriba, se resbaló al escuchar otro grito golpeándose la cabeza contra el suelo, se incorporó y siguió subiendo.
Abrió la puerta de golpe y abrazó a la joven, que descontrolada pateaba y profería gritos.
- Ya estoy aquí, tranquila- trato de sujetarla sin mucho éxito; luego la tomó por abdomen, recibiendo varios golpes, hasta que la menor se tranquilizó.
Respiraba agitadamente, sudaba frio y los recuerdos aun crudos de sus sueños vivían aún en sus ojos. Lo que vio no fue para nada agradable. Sangre, guerra, peleas entre... ¿humanos?
Eran diferentes, como otra raza de humanos cuyos ojos eran coloridos y centellantes. Personas de ojos brillantes.
- ¿Que soñaste esta vez?
- Había....caras, mucha sangre- las lagrimas aparecieron - ya no lo soporto, no quiero más esto.
- Pasará... y si no... Yo estaré aquí.
Esas palabras se grabaron en su mente, tatuadas en su memoria, hasta el sonido de cada vocal articulada.
Recordaba con rencor aquellos últimos momentos junto a ella, aquella promesa que se atrevió a decir, cuando no la cumpliría.
Pocos segundos mas tarde una bala que entró por la ventana atravesó a la mujer en una fracción de segundo y la alejo para siempre de ella; las lágrimas volvieron a llover mientras los gritos de dolor de parte de la hija se dejaban oír, mientras la sacaban del lugar, lejos del cuerpo inerte de su madre.
Al llegar a la fría calle, rodeada de policías y bomberos, la pequeña presencio la incandescente muerte de su madre dentro del edificio.
- “Así termino una hermosa promesa de madre"- la sorna se detectaba en su voz. Admiraba el fuego como un espectáculo de fuegos artificiales.
El hombre alto, con aire misterioso cual noche y la malevolencia en sus facciones, observaba las ardientes llamas con rostro entretenido mientras los bomberos trataban de apagar el incendio.
Ni bien el fuego consumió el edificio, apareció otro más, una chiquilla de unos catorce años de hebras claras.
- ¿Esto era necesario?- dijo ella con voz suave, casi un susurro.
- Las reglas son reglas, la pena es la muerte.
- ¿Pero de que reglas están hablando? – alzando la voz reto al hombre.
- No hagas mas preguntas, Rave.
Con esto el hombre abandono el lugar dejando a la jovencita sola, mirando los restos con tristeza Primer Capítulo finalizado Pleito
( Capítulo dos) Cuando lo dijo se quedó inmóvil, sin pasar la comida y sin asimilar lo antes dicho. Se formó un nudo en su garganta que tapo sus medios de recibir oxigeno y escupió violentamente el trozo de pasta en medio de la mesa. Tan pronto le volvió el halito comenzó un griterío.
- ¿Como es posible? ¿Otra vez? Dijiste que no lo harías, pero no debó creerte. ¡Todo el tiempo lo mismo!
Su padre la miro fríamente arqueando una ceja, era de esos hombres de negro, de altos grados políticos; no soportaría esa conducta.
- Compórtate en la mesa, la gente dirá que eres una bestia salvaje, no arruines mi reputación, hija. - antes de que ella pudiera articular palabra agregó - Mis decisiones son finales.
No dijo mas, se levantó de la mesa y tomando su maletín salió de la estancia.
Gabrielle no pudo contener mas su furia, dio un golpe furibundo, sintió su mano en el vacio, al traspasar delicado vidrio de la mesa. Se miró el brazo, la herida ardía, pero mas era el dolor de irse que la misma sangre cayendo.
Una vez mas, cosa de todos los años, su padre decidía mudarse a otro distrito, cambiaban de casa cada año y a veces cada semestre lo que traía consigo un cambio de colegio; nunca lograba adaptarse pero eso ni siquiera le interesaba, si algo había aprendido era a no confiar en nadie.
Sin nada mas que hacer, desinfecto su brazo, limpió el vidrio roto del suelo disimuladamente - tuvo que trancar la puerta del comedor para que no entrara la criada- vendó la herida, la forró con un guante negro y salió de ahí.
No tenia muchos a quien recordar, no era muy sociable; con un carácter tan pleitista los pocos que conocía eran solo eso, conocidos; no amigos. Luego recordó un importante hecho que paso meses atrás. Tal vez ellas si, tal vez eran más que conocidas.
Durante los exámenes de Mayo de aquel año, se le ocurrió pasear por las calles en plena oscuridad de la recién llegada medianoche, sus calificaciones eran altas a pesar de su conducta y escaparse era ideal para hacer hervir la sangre de su padre.
Decidió entonces entrar al centro a buscar algo interesante o simplemente por que sí, cuando la vio.
Tenia el cabello de color blanco, cosa que la sorprendió mucho puesto que se veía bastante natural sin llegar al extremo de las canas, rizado hasta poco antes de la mitad de la espalda; cuando pudo ver sus ojos se dio cuenta de que eran oscuros y su tez blanca, perlada.
Le llamo tanto la atención que decidió seguirla, fue así como llego a la noción de sus pisadas, una caminata suave sobre la punta de los pies, como si se tratara de un baile; se movía de lado a lado con un compás suave mientras avanzaba entre los transeúntes y su presencia traía consigo el olor de las flores de jazmín, un olor dulce que se sentía hasta pocos metros detrás de ella, donde estaba su perseguidora.
Tan pronto como entró en su campo de visión fue como se escapó; un escalofrío recorrió su espina dorsal.
Después de aquel hecho, decidió seguir otro camino entreteniéndose con las luces y sonidos del centro comercial, después de una media hora se dio cuenta de su aburrimiento pero si volvía a casa seria una victoria segura para su padre, cosa que ella nunca dejaría ser.
Mientras, los susurros callaban y las sombras desaparecían, el lugar se tornó al gusto de Gabrielle; no volvería hasta el día siguiente si era posible.
Tomo los audífonos que tenia en el cuello y se los colocó en las orejas- eran de aquellos de estilo antiguo, puente y orejas grandes- eran sus favoritos, la tela ploma con grabados negros de letra casi incomprensible, además tenían muy buen sonido.
Se sentó en el suelo de un pasillo anexo, que daba vista por su vitral hacia la luminosa ciudad de Lima, y de paso a la misma Gabrielle.
Sus cabellos castaños amarrados y aprisionados bajo una gorra, sus indiferentes y fríos ojos marrones que extrañamente tomaban un tono rojizo, su piel morena. Llevó un vistazo a sus ropas, le gustaba el negro; camiseta, pantalón ancho y zapatillas del color ya mencionado.
No llevaba arreglo alguno salvo la cadena de plata que era recuerdo de ella, se preguntó si era correcto que estuviera vestida así, " Solo soy diferente" se convenció.
Siempre fue diferente y su agrado por colores tan sombríos era parte de ello; el recuerdo de ella llegó a su mente y la llenó de tristeza.
- Diana sabia entenderme - era de su gusto llamar a sus padres por sus nombres, era parte de sus "extravagancias"
Ni bien hubo terminado la frase unos extraños susurros llenaron la estancia, sin aviso alguno el ambiente se torno espeso y las luces titilaron un poco, la angustia invadió su pecho, un miedo sin motivo hacia algo desconocido.
Decidió salir corriendo a pesar de no ser de su estilo, le gustaba curiosear el peligro, pero tenía sus límites.
Corrió escaleras abajo con toda la fuerza que sus piernas le daban; llegando a la estancia central, vio claramente como las luces desde los pasillos al este y oeste suyo se apagaban.
Los susurros seguían, siendo más fuertes cada vez, en todo el lugar, en sus oídos, en su cabeza; como aquella vez, antes de morir su madre, los sueños de cada noche.
Cayó al suelo sin fuerzas.
Respiraba agitadamente, abrió levemente los ojos. El lugar estaba cubierto por la oscuridad y el silencio volvía a reinar. ¿Como es que estaba sola en un lugar como ese? ¿Donde estaban los trabajadores, los clientes, las personas? Sin respuesta a tan ilógica situación abrió los ojos completamente encontrándose con la chica que vio horas antes en el pasillo, mas algo extraño en sus ojos que ahora eran de un brillante y luminoso violeta. Se le heló la sangre.
Se lleno de miedo, y este no le permitió movimiento alguno, manteniéndose en el suelo. La joven de cabello blanco caminó hacia Gabrielle, su expresión era indefinida, indiferente; tan pronto se encontró a sus pies, le extendió la mano.
Ante el cordial gesto, con algo de sorpresa, Gabrielle le tomo la mano y se puso de pie.
- ¿Como es que puedes escucharlos?- la extraña joven de ojos brillantes dijo con voz suave.
- Escuchar ¿que?-Gabrielle estaba tartamudeando de los nervios- te refieres a los susurros ¿De donde son?
- De los demonios, Arañas, pero los humanos no pueden verlos, mas tu si puedes. ¿Sabes lo que eso significa?
- No entiendo, quieres decir que no eres humana.
- Tu tampoco lo eres- los susurros volvieron a comenzar- Vámonos de aquí, están por venir
- ¡Explícame!- dijo sin moverse de su sitio
- Mira, ahora no puedo, pero te espero después de la finalización de las clases, en tu escuela
Dicho esto la tomo de la muñeca y la jaló fuera, antes de salir oyó el desliz de un cuerpo atrás suyo. Sorprendentemente los transeúntes no parecían notar lo oscuro y desolado del centro y tampoco la sombría presencia que emanaba.
Fue la primera vez que las vio. Recordó que la chica le dijo su nombre antes de desaparecer como lo hizo antes. Anabel Rave. Capitulo Dos Finalizado
Pd : El capitulo uno es bastante corto, por eso agregé el dos... |