alethéia ID: 253628 Registrado: marzo-2008 Hace: (621 dias)
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| CAPÍTULO 10
Se situaron en el área de servicio y empezaron a lanzar voleas a las esquinas de la cancha para hacer que el otro se cansara y no pudiera devolver la pelota, algo que de seguro no pasaría. Pasaron cinco minutos antes de que Sengoku marcara el primer punto. Éste celebró, tratando de hacer reír a la pelinegra, pero lo único que obtuvo fue una mirada extrañada por parte de la chica, seguida de las palabras “Es sólo el primer punto, Kiyosumi. Aún faltan muchos más”. El oji verde hizo un pequeño puchero; no le gustaban las personas aguadas que no se reían de sus sandeces, pero se resignó. Más tarde se le ocurrió preguntarle qué era lo que le ocurría, que quedó flotando en el aire ya que ella no respondió. Estaba más ensimismada de lo normal.
-¡Nee~~, Rin-chan! –era la quinta vez que decía su nombre en dos minutos- ¡Dime que te pasa! Estás más amargada de lo normal.
-No pasa nada.
-¡No te creo!
-No pasa nada–repitió lentamente, haciendo que la pelota pasara a centímetros de la cara del chico-, sólo estoy cansada.
-Hmm.
Silencio por otros cinco minutos. Sólo se oía el discreto rebotar de la pelota, una, dos, tres veces, rebote que llegaba a ser ligeramente molesto para Rin. Le era incómodo, en cierto modo.
-Oi –soltó, aún seria.
-¿Sí?
-Eh…, apenas sé tu nombre y donde estudias, Kiyosumi –dijo para romper el condenado silencio- ¿Cuántos años tienes?
-Quince –respondió, más concentrado en charlar que en golpear a la pelota-, ¿y tú? ¿Trece?
Silencio.
-¡¡Tengo catorce, estúpido!! –molesta, dirigió otro tiro a la cara de Sengoku, que para su mala suerte fue esquivado y devuelto con toda su normalidad- ¿¡Cómo diablos puedes creer que tengo trece!? ¡Si estoy en el último año de secundaria!
-Gomen, gomen –rió-. Es que eres tan enana…
Otra vez silencio. Una inhalación, seguida de una larga y bastante exagerada exhalación por parte de la pelinegra.
-No estoy muy de buenas, Kiyosumi –advirtió-. Te recomiendo no hacerme molestar, no demasiado. Tienes suerte de que ya estoy acostumbrada a que me digan eso.
-Sí –tragó saliva. Le impactaba el hecho de que una chica menor, y más pequeña que él, le diera tanto miedo.
No pasó mucho antes de que ambos llegaran a un empate de cinco puntos. La tensión se había disipado un poco. La pelota iba cada vez más lejos, y los chicos corrían más rápido. Hablaban a ratos, sin mucho interés.
-¿Qué tipo de chicas te gustan? –le preguntó la oji azul.
Sengoku la miró estupefacto, algo sorprendido por lo directa que era.
-No me malinterpretes –se excusó ella-. A mí me gusta otra persona, genio. Lo digo porque quiero que conozcas a una amiga mía.
-Ah –se rascó la nariz, aliviado-. Para serte sincero, me gustan todas las chicas; no tengo ningún gusto en específico. Con tal de que sean simpáticas y lindas…-hizo una pausa, prestando atención a lo que había dicho su nueva amiga- ¿Te gusta alguien?
Rin se pasó la mano por la cara. Sabía perfectamente que él le preguntaría eso, pero se le escaparon esas seis condenadas palabras por hablar más de la cuenta. Y ahora el bruto ese no pararía.
-¿Quién es? ¿Es ese pelirrojo bajito que vino el otro día? ¿Cómo era su nombre? Ma…Maru… ¿Mabuki?
-Es Marui Bunta –corrigió-. Y no, no es él. Es otro.
-Sí claro. SKIP TIME – 2 DAYS BEFORE THE TOURNAMENT.
-Oi, Bunta, quiero un helado.
Paseaban por uno de los enormes caminos del territorio de Rikkai. Hacía calor para estar empezando el invierno.
-Cómpratelo, entonces.
Una corriente de viento algo seco hizo que el cabello de Rin se despeinara. El de Marui quedó intacto.
-No tengo dinero –replicó la chica, algo molesta por la respuesta estúpida y desinteresada de su amigo-. Por algo te lo pido.
-Yo tampoco tengo dinero –le dio un buen mordisco a su helado de manzana. Luego se arrepintió al sentir lo frío que estaba al hacer contacto con su paladar-. Y no te daré del mío.
-¿Entonces cómo conseguiste ese helado? ¿Le quitaste dinero a alguno de primer año?
-El que hace eso es Nioh, ganándoles en las apuestas. Le pedí prestado a Jackal.
La pelinegra levantó la vista hacia el cielo, totalmente despejado y con el sol brillando a millón. Era el clima típico de Kanagawa, siempre radiante y bastante caluroso. Le era un alivio poder sentir ese calor que tanto añoró durante los dos años que se fue, pero con aquel molesto y pesado saco de mangas largas color negro hacía que se sintiera más caliente de lo que quería estar.
No necesitó abrir la boca otra vez para indicarle que irían en busca del brasileño o de cualquier otro miembro del equipo para pedirle prestado un poco de dinero, con el fin de comprar el helado que la refrescaría un poco. Después de todo se conocían desde hace muchísimo tiempo.
Contempló lo extenso que era todo el patio, con los pequeños jardines que tenían un árbol en forma cónica situados en la parte central. El camino se dividía a la izquierda y a la derecha, que se subdividían a su vez en más direcciones, que se partían en cruces, y así hasta que los caminos de cemento ocupaban todo su campo visual. A lo lejos habían varios edificios de Rikkai, posiblemente eran las alas de la universidad Yuki, la mayoría de ladrillos rojos con ventanas que reflejaban el azul del cielo, otros de color blanco tirando a beige, que tenían unos pasillos al aire libre que los conectaban con la otra parte del edificio. Le era extraño ver tanto espacio en una misma secundaria-universidad.
Doblaron varias veces a la derecha y a la izquierda con rapidez para llegar al edificio de secundaria. El sol les era insoportable.
-¿Nerviosa? –el tensai agrandó su burbuja de chicle.
-¿Por qué? ¿Porque vamos a pedirle dinero al coco tiño?
-Ah, buena esa –rió un poco-, pero me refería al torneo y todo eso.
-No. Viendo los datos que me dieron Aria-san y Renji-san, será pan comido.
-En este momento diría que no te confiaras tanto, pero tienes razón. Hemos sido campeones todo este tiempo, y el torneo entre las escuelas de Kanagawa será demasiado fácil. Llega a ser aburrido, en cierta forma.
-Y que lo digas.
Les fue ligeramente difícil encontrar a Jackal, quien estaba en el otro lado del edificio hablando con Nioh.
-Ne, ne, Jackal ~~ -el pelirrojo tiró de la manga del brasileño con una sonrisa- ¿Me puedes hacer un favor~?
-No te prestaré más dinero, Marui –sentenció éste suspirando resignado. Nioh soltó una pequeña risa-. Deberías ser más ordenado y traerlo tú.
-No es para él, Kuhuwara-san, es para mí –Rin separó a su mejor amigo del moreno-. Tengo hambre y me gasté todo el dinero que se supone que era para eso en discos de música…
Jackal vociferó algo en portugués, que ninguno de los tres japoneses pudo entender bien, pero al oír el tono en que lo pronunciaba era claro que estaba molesto; posiblemente se quejaba. Empezó a buscar en su bolsillo el dinero.
-Van a dejar al pobre Jackal en bancarrota, chicos –comentó el petenshi, viendo la cara de sufrimiento del susodicho.
-De acuerdo, de acuerdo. Madre santa.
Le pasó el dinero, con otro suspiro de resignación. Ambos le agradecieron y salieron corriendo para comprar el helado.
-Recuérdame que debo pagarle el helado a Kuhuwara-san –lamió su helado, también de manzana, con entusiasmo-. De seguro se me olvidará.
-Yo le debo todo el dinero del mundo –confesó Marui, sonriendo infantilmente-. Y él no se ha molestado en decirme que le debo cuatro helados, tres donas, cinco caramelos y dos platos de ramen hasta la fecha.
La pelinegra se sorprendió por el hecho de que él supiese con semejante exactitud lo que debía, algo que no era muy propio de aquél chico. Siguió lamiendo su helado mientras conversaba con su amigo, quien miraba el postre varias veces.
-Ne, Rin-chan…
-No te lo daré –atajó, mordiendo la punta del helado. Luego lanzó un suspiro, indicando que le encantaba a posta para hacerlo sufrir-. Ya te acabas de comer uno. ¡Ah, qué rico está~!
-¡Qué mala eres! –Marui le arrebató el helado y le pegó un gran mordisco, para luego recibir un puñetazo de la Kiryu- ¡Itai! Oi, que tú pegas duro.
Rin le quitó el helado, mientras el tensai se sobaba el brazo. Siguió comiendo bastante molesta por el hecho de que sólo le quedara un poco más de la mitad de su pobre helado. Pero tuvo que resignarse; eso le pasaba por juntarse con un adicto al dulce.
Tuvo la suerte de que cuando le pegó el último mordisco sonó la campana. Quedaba un pedacito de helado apoyado en ambos lados de la paleta, y no tenía pinta de que se iba a quedar así mucho más. Como pudo se comió una parte, y rápidamente volteó la paleta para comer la otra, embarrándose toda la boca [N/A: A mí siempre me pasa eso. Y luego se burlan de mí porque hice todo un desastre en la mesa]. Bunta se rió al verla.
-Hasta cuando comes eres desorganizada –le tendió una servilleta que tenía guardada-. Anda, límpiate.
-No, gracias –se limpió con el puño de su saco y sonrió altaneramente-. Prefiero cuidar los árboles.
-Y encima no pudiste mejorar tus modales. Ah, no me sorprende.
-No comiences, Bunta. ¿Qué toca ahora? Aún no me he aprendido el horario…
-Si mi memoria no falla, biología.
-Ugh, biología.–hizo una mueca de disgusto, mientras pronunciaba la palabra como si fuese una cosa asquerosa.
-¿No te gusta? ¡A mí me encanta! Es divertida ~.
-Demasiados conceptos, demasiadas palabras, muchas cosas para aprenderse. Por suerte tengo práctica con las chicas desde temprano.
-Jo, y a ti que te gusta leer…
-Biología tiene cosas muy diferentes a un buen libro.
El pelirrojo se rindió. Ella era muy difícil de convencer en casi todas las cosas, con la excepción de todo lo que tuviese que ver con música o videojuegos. Se despidió y entró al salón.
Rin hizo las doscientas vueltas junto a su equipo, mientras dejaba que los otros miembros hicieran calentamientos guiados por Nanako. No quería quedarse atrás, y tampoco quería que las titulares se quejaran de que ella nunca hacía nada. Luego hizo cien flexiones de pecho, se elevaba un poco más y daba dos palmadas, sólo para presumir. Terminaron, e ipso facto las mandó a hacer cien abdominales manos libres –ambas manos a los lados para no hacer tanto esfuerzo-, y otras cien con las manos en la nuca –que a ella no le costó nada, pero la mitad de las chicas disminuyeron su ritmo cuando iban por la mitad-. Dejó que descansaran por dos minutos para que tomaran agua, Gatorade o lo que hubiesen traído –por un momento oyó decir a Aileen que había traído una Red Bull, o algo así-. Se apoyó en la pared durante sesenta segundos, y corrió lo más rápido junto a las otras chicas hasta el otro extremo, varias veces.
A la otra mitad del entrenamiento se puso a hacer estiramientos cada vez más dolorosos, que para el resto del equipo les parecía inhumanos.
-¡¡Rin-buchou!! –Aileen sostenía los tobillos con las manos, parada y totalmente estirada- ¡¡Ya llevo tres minutos así y me duele!!
-¡Pues te aguantas! –replicó la capitana, con la misma posición- ¿¡Acaso quieres otros tres minutos más!?
-¡Claro que no!
-¡Entonces haz como las otras chicas y quédate callada!
-¡S-Sí señora!
-¿¡Alguna otra queja!? –les preguntó al resto, ya incorporándose
Silencio.
-¡Bien! ¡¡Cuarenta vueltas más y terminamos para almorzar!!
-¡¡Hai!!
“¡Somos invencibles, Rikkaidai!”
Las porras no tardaron en quebrar el silencio.
“¡Yo~shou, Rikkaidai!”
-¡Eh, Harumi, no bajes el ritmo!
“¡Los venceremos de un solo golpe!”
-¡Lo lamento, buchou!
“¡O~h Rikkaidai!”
Susumu se desplomó en el suelo, con su almuerzo en manos.
-Me duele todo…-se quejó.
-¡Y que lo digas! ¡¡Si yo fuera la buchou haría que Rin-…!!
No pudo terminar la frase ya que la susodicha le pegó una leve patada en la cabeza. Había salido a buscar su comida minutos antes de que la latina empezara a quejarse.
-¿Qué me harías si tú fueses la buchou, Bazzeletti?
-Eh, buchou…pues…-tragó saliva y prefirió quedarse callada para no tener que hacer más ejercicio, por lo menos en el almuerzo.
El resto rió, y Rin se sentó. Comieron, soltando un par de comentarios que a veces se quedaban flotando en el aire, quizás porque no tenían manera de responderlo o simplemente no querían hablar porque estaban muy concentradas en su comida.
Estuvieron hablando, cuando terminaron de comer, del torneo que sería en dos días [N/A: Están en un viernes, el torneo comienza el lunes]. Algunas tenían nervios ya que sería su primera vez jugando con un público grande, con muchas personas mirándote. Susumu era una de ellas.
-¡Vamos, Shimura! –la capitana soltó una pequeña carcajada- ¿Cómo puedes estar nerviosa? ¡Es un simple torneo~!
-Yo sé…pero…es que –tragó saliva. Sus mejillas habían adquirido un tono rosáceo-, no estoy acostumbrada a tanto público, y tantas miradas en mí me ponen nerviosa…
-Cálmate, que ellos no son caníbales.
Otra vez risas por parte de todo el equipo. Borreguito bajó la vista, algo apenada.
-¿Te doy un truco? –la pelinegra intentó mirarla a los ojos para intentar calmarla-. Piensa que nadie de esas personas que te ven, e incluso tu contrincante no te llegan ni a la suela de tu zapato. Que no lo hacen mejor que tú, que tú eres la más fuerte, que nadie te puede vencer. Que eres invencible.
La peliblanca la miró, entre esperanzada y confundida. Era un buen consejo, para personas con orgullo. Volvió a bajar su cabecita, mientras jugaba con uno de sus mechones blancos como la nieve.
-Eh, sí, quizás sea demasiado arrogante, ¿no es así? -Rin sonrió avergonzada-. Sé que tú no eres ese tipo de personas, cosa que es buena, pero eso también funciona. Ayuda a aumentar la confianza; te lo doy por hecho. Cuando estuve en Inglaterra me pasaba lo mismo, pero un amigo me dio ese consejo, y se me fueron los nervios enseguida.
-¿En serio? –la oji miel sonrió, más tranquila-. Lo…intentaré. Gra-gracias, buchou.
-Digo lo mismo –Kyou suspiró-. Éste será mi primer torneo.
-Qué envidia. Ojalá yo hubiera oído ese consejo antes. Así hubiese ganado mi primera competición.
-No es para tanto, Rin –Ariadne rió por la desgracia de la capitana. Tenía los mismos gustos que su primo.
-Como sea –la chica prefirió cambiar de tema. No quería hablar de sus malos tiempos-, no sé si les he hablado de que yo también practico kendo y karate.
Todas negaron.
-Bueno, eso no importa. Sólo quiero que sepan que abriré mi dojo para dar clases, por si tienen a algún familiar o amigo que quiera estar. Ustedes también pueden ir, si quieren.
-Ah, qué alivio saber eso –el borreguito se emocionó- ¡Tendré paz en las tardes!
-¿Por qué dices eso, Hitsuji-sempai? ¿Tienes una hermana o hermano? –Inquirió Aileen.
-Sí, un hermano simplemente insoportable. Se llama Haku. ¡Nunca me deja tranquila! Además de que es súper chillón…
-Qué triste…
Nueva carcajada por parte de la latina y el resto del equipo.
Ambos se habían escapado un momento de sus respectivos equipos para estar un buen rato tranquilos.
-Ne, Rin-chan –Bunta se estiró, mientras se sentaba en un banco-, ¿qué tanto haces en esa libreta?
La chica, que había estado distraída escribiendo, lo miró algo desconcertada.
-¿Eh? –volvió al cuaderno, y luego a su amigo-. Ah, nada, nada. Sólo escribía.
-¿Qué? ¿Tarea? –se acercó un poco más- ¿O quizás un poema o algo por el estilo?
-Ninguna. Sólo una planeación para…
Se quedó en silencio. Luego lo fulminó con sus penetrantes ojos azules. Él siempre la hacía hablar más de la cuenta, y se suponía que lo que estaba haciendo era secreto, por lo menos durante un par de días. Marui arqueó una ceja, tratando de ver el cuaderno, que para su mala suerte fue cerrado.
-¿Para?
<<Algo en lo que estarás muy pronto>> Le respondió la chica en su mente. Luego suspiró.
-Nada que te importe, idiota –dijo cortante.
El pelirrojo se encogió de hombros, a modo de disculpa. Sabía que a ella le molestaba que le insistieran en algo, pero no podía evitar saciar su curiosidad de vez en cuando. Podía responderle de la peor manera posible, pero no lo insultaba. Le era extraño eso. Abrió la boca para preguntarle, pero luego se acordó que dentro de dos días sería su primer torneo, en el que la estarían mirando muchas personas, que la hacían sentir muy incómoda. Tendía a comportarse así cuando estaba tensa o nerviosa. Desde pequeña era así.
El bullicio de la gente del torneo era sencillamente ensordecedor, y hacía que uno se desconcentrara con mucha facilidad. El murmullo le entraba por los oídos, resonaba en su cerebro y bajaba por su garganta, pasando por la espina dorsal hasta sus manos, que temblaban. Había estado observando a sus contrincantes desde que el torneo empezó para relajarse, y tratar de saber con qué tipo de chica se iba a enfrentar, pero nada surtía efecto. El calor empeoraba las cosas.
Odiaba el hecho de que sólo tuviese una hora allí y ya estuviese hecha un manojo de nervios. No importaba que Yukimura, Sanada, Yanagi, Bunta, Melanie e incluso Yuu, Lenalee, Rabi y Allen estuviesen ahí para apoyarla, no importaba que le dijeran que se calmara, que ganaría; sus manos seguían botando chorros de sudor, y se estremecían como gelatinas en pleno terremoto. Sabía que debía escucharlos, pero su cuerpo no quería obedecer. Se sentía débil, vulnerable, delicada, y pequeña, especialmente pequeña ante tanta gente. Le era estúpido estar tan nerviosa por un torneo tan insignificante; no era nada importante, sólo un simple evento planeado por una organización que ni había oído nombrar. ¿El premio? No era nada, sólo una simple copa y una raqueta, o algo por el estilo. No había oído bien qué era.
Renji se había ofrecido a darle todos los datos de sus contrincantes, pero los había rechazado con la excusa de “Eso es deshonesto” tan cliché, que ya la había usado varias veces. Y, como siempre, en ese momento se arrepentía horriblemente de haberlo hecho.
Se mordió el pulgar tan fuerte como pudo. Hizo una mueca de disgusto al sentir el sabor metálico de la sangre en sus labios color rosado pálido. Luego escupió, mientras se limpiaba con el puño, algo molesta porque ahora le dolía todo el condenado dedo, y su boca ya no sabía tan bien.
-Pobre –Renji trató de no reírse, pero no podía evitarlo-. Está que no puede más.
-Claro, es su primer torneo –a Seiichi le faltaba poco para adquirir el semblante inexpresivo de Geinchiroh-. Renji, no deberías estar riéndote, ¿sabes?
-Hai, lo lamento.
Bunta, de casi doce años, se levantó de su asiento. Luego miró a Melanie, explotando su burbuja de chicle. La rubia asintió.
-Chicos, iremos a hablar con Rin-nee –avisó, sonriendo-. De seguro se calmará.
Los otros niños respondieron con un “Sí” algo seco, mientras seguían viendo a las chicas jugar.
-Oi, Rin-chan –el pequeño tensai jaló una mejilla de su amiga-, no te pongas tan nerviosa, que perderás enseguida.
-¡Marui-kun! –Melanie le pegó un buen zape- ¡¡Así no calmarás a nadie!!
-Bunta tiene razón, Mel –la pelinegra suspiró, mirando su pulgar algo ensangrentado-. Si sigo así no duraré ni quince minutos.
-¡¡Y encima te pones negativa!! –su hermana menor le jaló un mechón de pelo- ¡¡Anda, sube esos ánimos, que mínimo ganarás el tercer premio!!
-¿Podrías dejar de gritar? –la voz de Rin subió media octava- El público me aturde, y tu voz lo hace aún más. Oh sí, ¿a qué vinieron?
-¿A qué crees? –Marui se colocó enfrente de la oji azul- ¡A animarte! Acuérdate lo que te leí el otro día acerca de…
-Sí, sí, la ley de atracción y eso –interrumpió, fastidiada-. “Todo lo que deseas se puede cumplir” y bla, bla, bla…
-Eso no te lo leí, pero también sirve –la sujetó por los hombros-. El punto es que si tú te lo crees, el resto se lo creerá; ¿crees que perderás? Entonces todos los que están aquí también creerán eso, que eres una perdedora. ¿Quieres eso?
La mayor de las Kiryu negó en silencio, empezando a escuchar las palabras que decía el oji lila. Desde hacía un tiempo se había puesto todo filosófico.
-Me alegro. Entonces más te vale que sólo te preocupes en el aquí y en el ahora, nada de futuro ni nada malo, ¿sí?
El Marui Bunta de quince años repitió ese dicho que se convirtió en su slogan personal cuando creía que tenía todo en su contra, o bien para consolar a cualquier persona. [N/A: Culpa de mi tía que me lo pegó. No sé si sea o no su frase favorita, pero el hecho es que le queda bien].
-…en el aquí y el ahora –susurró, riendo.
Y su amiga, un año menor que él, se le quedó viendo como su fuese un bicho raro. Sentía que tenía a un alienígena al lado.
-Bunta –tronó los dedos enfrente de su cara y nada-, ¡Bunta! ¿En qué planeta andas? ¿Y de qué hablas con eso de “En el aquí y el ahora”? ¿Te fumaste algo, hippie loco?
El muchacho reaccionó con las últimas dos palabras, y se sobresaltó.
-¿Are~? –observó los pálidos dedos de la mano izquierda que estaba enfrente de él, y la tomó, aún recordando-. Ah, ya casi que no se ve…
Rozó un dedo en el pulgar, perdido totalmente en el espacio.
-¡¡Marui Bunta!! –roja como tomate, la pelinegra le quitó la mano de encima- ¿¡Qué diablos te pasa!? ¿¡Y por qué tienes que agarrar mi mano de esa manera!? ¡En serio! ¿¡Qué te fumaste!?
-Eh, no grites, Rin-chan –posó su mano en la cabeza de ella, ya bastante consciente de lo que hacía-. Y no me fumé nada, tonta. Sólo recordaba el día en el que tuviste tu primer torneo de tennis. Ya sabes, cuando te pusiste toda nerviosa y…
-No es necesario que me lo digas –atajó, recordando ese día-, ya me acuerdo.
-Al final fue bueno que te hayamos calmado un poco, ¿no es así? Pudiste llegar hasta los cuartos de finales…
-Y no gané –volvió a interrumpir, con cara de malas pulgas-. Quedé en vergüenza ante un público que si yo no hubiese estado ahí de seguro de hubieran reído a carcajadas…y encima perdí seis a cero.
-¡Vamos, niña pesimista! ¿Qué acaso lo único en que pensabas era en la victoria?
-¡Obvio! Si no es por la victoria, ¿para qué sirve jugar?
El tensai se le quedó mirando, con una decepción grandísima. Le sorprendía que Rin tuviera esa mentalidad tan egoísta, que antes no la había tenido. El viaje la había cambiado, y mucho.
Se levantó, bastante indignado.
-Para divertirse –respondió, negando con la cabeza-. De verdad es increíble que pienses así. Sinceramente no te conozco.
La chica se quedó perpleja con el rápido cambio de humor que hizo Marui. Y más aún con las dos primeras palabras que dijo. Frunció el ceño y se levantó también, acercándose lo más posible a su rostro para intentar ver qué le pasaba.
-Oi, Bunta –arqueó una ceja, mientras miraba a los ojos purpúreos de su amigo- ¿Acaso te molestaste o qué?
Éste se cruzó de brazos y volteó su rostro. Sí que estaba molesto.
-A ver, a que adivino. ¿Estás cabreado porque dije que jugué sólo por ganar, no es así?
Gruñido de exasperación por parte del pelirrojo
-¡¡Por Kami!! ¡¡Semejante estupidez!! ¿¡Cómo puedes molestarte por una pequeñez así!? ¡Y luego me dices a mí amargada…!
Quiso seguir reclamándole, pero se dio cuenta de que lo único que haría sería empeorar su ánimo. Prefirió callarse y esperar a que se aligerara un poco. Y sabía que luego le pegaría otro de sus fastidiosos sermones de porqué no debería ser tan arrogante y pensar sólo en cosas como la victoria, en ella misma y cosas así.
Suspiró y miró a una pequeña bandada de pájaros que volaba perezosamente por el cielo. Batían sus alas con una lentitud inmensa, y se movían de la misma manera, como si estuviesen haciendo un esfuerzo inhumano para poder desplazarse. Intentó buscar cualquier otra cosa para seguir mirando el cielo, pero no encontró nada interesante, así que se dedicó a escrutar a su amigo lo más discretamente posible. Tenía su vista enfocada en sus zapatos, los miraba con rabia. Su labio inferior estaba ligeramente sobresalido, y sus mejillas algo infladas, dándole el aspecto de un niño pequeño que acaba de hacer tremendo berrinche por un dulce, expresión facial a la que ella ya se había acostumbrado. Sus cejas estaban separadas por apenas un par de centímetros, acentuando más la cara de molesto que tenía.
Rin se pasó la mano por la cara, riendo. Se suponía que ella era la que se molestaba por cualquier estupidez y la que cambiaba a cada cinco segundos de humor. Pero de alguna forma él había adoptado un par de rasgos de su particular carácter, algo que ambos querían evitar (especialmente el pelirrojo, que decía que no quería ser un amargado como ella), pero tarde o temprano pasaría, como habían predicado Yukimura y Renji hacía un par de años.
-Bunta…
-¿Qué? –el tensai sonaba un poco menos hostil.
-¿Acaso quieres que diga “lo lamento” o algo así para que cambies esa cara de enano de tres años? No me gusta cuando te pones amargado.
-Como quieras.
Golpeó nuevamente su hombro con el dorso de la mano. Él bufó.
-Ah, mi orgullo estará herido después de esto, pero no tengo otra opción.
Se levantó y con un índice empujó hacia atrás la cabeza de Marui, que la miró por unos instantes antes de volver al par de tenis.
-Lo-la-men-to.
Por cada sílaba empujó hacia atrás la cabeza. Dejó su dedo pegado a la frente, mientras hacía todos los esfuerzos por mantener su rostro impasible y no soltar una carcajada. Ver a Bunta amargado era algo que le causaba mucha gracia. Tosió un poco para disipar sus ganas de reír y esperó a que el pelirrojo hiciera algo aparte de evitar su mirada.
Suspiro de exasperación, victoria asegurada para la Kiryu.
-Maldita sea –murmuró Marui entre dientes-, ¿por qué diablos me manipulas tan bien? ¡Odio eso! ¡¡Siempre terminas ganando!!
Segunda fase de la rendición de su amigo; la queja. La chica sonrió, con satisfecha arrogancia. Toda su vida había sido una manipuladora capaz de hacer que el más duro de todos los duros (Excluyendo a Sanada, ése sí que era un tipo duro para manipular) hiciera algo por ella, fuese conseguir algo o cosas más arriesgadas. Era una habilidad que había heredado de su madre, y que con el tiempo la fue puliendo hasta llegar al punto de que su mejor amigo haya agarrado uno de esos ataques de rabia infantiles al ser manipulado otra vez, cuando segundos antes se había jurado no hablarle, por lo menos, por el resto de la semana. Pero no podía con los siniestros juegos mentales de una chica que parecía tan inofensiva.
El oji violeta siguió pateando el piso, tirándole en la cara a la pelinegra todas las veces que lo había manipulado sin compasión sólo por diversión. Y encima era él el que salía perjudicado, mientras ella reía de una manera malvada mirándolo satisfecha. En esos momentos quería pegarle su buen golpe, pero sólo se refrenaba porque era una chica, aunque él le decía que le preocupaba más los problemas que tendría que ella misma; después de todo era fuerte y un simple zape no le afectaría demasiado.
-¡Todo es culpa de Nioh! –prosiguió, más calmado- Si no fuera por él no serías tan malvada.
-Eh, no lo metas a él. En realidad es un talento natural, ¿sabes?
-¡Bah! ¡Qué talento natural ni qué ocho cuartos! La manipulación no nace, se hace. ¿Y quién mejor para hacer esa malvada labor? ¡¡Él!!
Hizo una pausa.
-…, claro, si no te cuento. Tú eres su sucesora
__________________ One night, and one more time. Thanks for the memories, even though they weren't so great. x.
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