Grace
17-jul-2009, 07:08
Primero que nada, gracias a Kori Tanma y Liv Wess por dejar tomarlas como personajes para mi fic.
Especialmente a ti Liv xD
Capítulo I
Sollozos. Solo escuché sollozos. Jamás pensé que llegaría este día: el día en que me iría de casa. Pero ¿qué más podía decirle?
Madre nunca ha sido del tipo de mujeres que entienden a la primera.
-Flashback-
- ¿¡Te has vuelto loca!?
- Madre, es hora de que me independice.
Quiero crecer, conocer, probar cosas nuevas. – Suplicante pero firme, me puse
de rodillas para poder mirarla cara a cara. - ¿Entiendes lo que te digo, madre?
- Por supuesto, cariño, ¿pero no crees que estás yendo demasiado rápido?
- Es una decisión ya tomada. No puedo hacer más – Madre tomó un mechón de
mi cabello rubio y lo acarició con ternura
- Ciel, querida, no sabes lo que dices. Será mejor que descanses.
Hablaremos mañana por la mañana
- No, madre. Me voy mañana. Padre me ha ofrecido ir a estudiar a la academia Constance para señoritas, en Londres.
- ¿Tu padre está al tanto? Conspirando en mi contra, ya veo. –Mi madre se levantó de su asiento y luego de meditar un segundo cedió- Sabía que este día llegaría. Eres igual de aventurera que tu padre. Dejémonos de tonterías y anda a empacar; eso sí, si quieres volver, no dudes en llamarme lo más rápido posible.
- Gracias, madre, eres un encanto – no pude contener mis ganas de abrazarla. Por fin, por fin, por fin. Sería independiente, capaz, y lo más importante, libre.
Madre se retiró a su habitación luego de la charla y por un momento creí ver dolor en su rostro. Aceptó por pura complacencia. Típico de ella.
-Fin del Flashback-
Por fin, era la hora de irme. Me esperaba un coche negro abajo en la entrada y varias horas de camino por recorrer. Despidiéndome de mi madre me adentré al coche rápidamente; no soportaba verla llorar, ya que seguramente me haría cambiar de idea. Estaba decidida.
A las horas, ya me encontraba en la bella Constance de Londres. Francamente, no me sorprendía semejante alcurnia de semejantes instalaciones. Viniendo de mi padre, eso ya no es sorpresa. Él siempre quiso darme lo mejor, al fin y al cabo, yo era su única hija. Bajé del vehículo y me adentré en la academia; no quedó de otra que preguntar donde quedaba el despacho de la directora. Toqué la puerta.
Me abrió la puerta una mujer con gafas, de entre treinta y muchos a cuarenta y pocos, de dulce mirada y cabello largo achocolatado, decorado en una coleta alta.
- Señorita Ciel Hamilton, ¿es correcto? La estaba esperando. –Me dedicó una sonrisa sincera y me invitó a pasar.
- Muy buenas tardes, directora… -leí la placa- .
- Supongo que ha venido a buscar su horario de clases. Casualmente, lo estaba leyendo. Me parece que ha tenido suerte, le tocó un horario fresco su primer año. En cuanto a su habitación…
- Sí, de eso quería hablarle –sonreí, ya me empezaba a gustar Constance.
- Habitación 87, tercer piso, al frente. En todo caso le he pedido a su compañera de cuarto que la escolte. Debe estar aquí en cualquier momento –en eso tocaron la puerta- voilá, debe ser ella. Adelante.
- Directora Masen, estoy aquí como me ha pedido. – Era una joven, me parece que de mi edad, 16 años, de ojos color chocolate y cabello marrón oscuro. Me sonrió y yo le devolví la sonrisa.
- Sí, querida. Os presento. Ciel, te presento a Rachel Brant. Rachel, ella es Ciel Hamilton, tu nueva compañera de cuarto. Ahora os pido, por favor, que se marchen a su alcoba, la señorita Ciel debe desempacar.
- Sí Directora Masen. Vamos, señorita Hamilton – me cogió de la mano y nos retiramos.
Rachel resultó ser una persona bastante agradable, un poco despistada pero muy dulce. La habitación era cómoda y contaba con mucho espacio, un baño, dos camas y dos escritorios. Rachel y yo nos quedamos charlando un rato, como una hora, sobre los horarios y las instalaciones.
- ¡Mira la hora! Es tiempo de ir a la cama. Las clases empiezan la semana que viene, pero mañana hay que bajar a desayunar al comedor, para fomentar el horario de despertar.
- En ese caso, buenas noches –le tiré una almohada, en forma de broma. Nos reímos y luego nos acostamos en nuestras respectivas camas. Mañana sería un día largo.
Me levanté con una felicidad indescriptible. Estaba tan emocionada por ver lo que me esperaba en Constance que por un momento olvidé la desgracia de mi madre. Como me hacía falta. Sin embargo, esto lo hago es por mi, no por ella ni por nadie más. No cambiaré de idea. Rachel se adelantó esta mañana y se ha ido sin mí.
Me bañé y me puse el uniforme de Constance, una hermosa camisa de botones manga larga de color blanco acompañado con un hermoso lazo negro, con una falda hasta la rodilla de color azul marino y unas medias blancas con zapatillas negras.
Salí apresuradamente al comedor y en el camino me encontré con Rachel. Al parecer, es del comité organizador y tuvo que ir por la mañana temprano a recibir a las estudiantes. Al parecer, llegué un día de antelación.
El comedor era como esperaba que fuese. Amplio, con mesones y, por supuesto, señoritas charlando. Se sentaban de a grupos, según las edades, supongo. Pude observar que las de años inferiores, es decir, de 15 años o menos, se sentaban en las mesas de entrada. Las de mi curso (o eso supongo) y las mayores se sentaban al fondo. Como era de esperarse, en cuanto hice entrada, toda colorada, por cierto, cientos de pares de ojos se posaron en mí. Se escuchaban cuchicheos y las miradas eran curiosas.
Tomé asiento junto a Rachel y a las del comité de cuarto año. Logré aprenderme sus rostros, sin embargo, sus nombres los olvidé al instante.
- ¿Cómo va tu día hasta ahora, Ciel? – Me preguntó una joven. ¿Jessica? ¿Marie? Bueno, como sea que se llame.
- Ha estado bien, un poco corto, contando con que son las 9 y media. –Todas partieron en risas y yo me sonreí; era tan fácil entablar conversación con ellas.
- Tranquila, en unos días ya serás, oficialmente, de Constance y dejarán de mirarte. Es solo el “tributo” a la nueva. –me dijo Rachel, entusiasmada.
- Entonces, ya quiero que empiecen las clases – dije sonreída.
Nos quedamos charlando en el comedor, haciendo alguno que otro comentario sobre las clases y sus profesores. En alguna que otra ocasión se acercaban jóvenes a presentarse, los nombres los olvidé, claramente cumpliendo con las normas del “tributo” a la nueva. Finalizada la hora del desayuno, decidí ir por mi cuenta a conocer la biblioteca de Constance, que me dejó fascinada, después de todo, me apasiona la lectura y con tantos libros me alegré el resto del día.
Como no tenía nada más qué hacer, agarré una pila de libros. Siempre he sido partidaria de Jane Austen y William Shakespeare y aunque este último sea un cliché nunca me canso de historias como Macbeth. He leído esa novela cientos de veces pero es siempre como si fuese la primera vez. Me sumergí en la lectura. Habrá pasado quién sabe cuanto tiempo y no me percaté de que alguien se me acercó.
- Disculpa
- ¿Sí? – Detesto que interrumpan mis lecturas y más cuando me pedirán algo.
- ¿Podrías cederme el ejemplar de cuentos de Edgar Allan Poe? Lo he estado buscando y veo que tú lo tienes.
- Sí, claro, no te preocupes – tomé el libro y se lo entregué a la señorita no contando con que al alzar la mirada me quedaría petrificada. Un par de ojos color amarillento oscuro se posaron sobre los míos. Tenía cabello largo, de un castaño dorado, parecido a metales como el bronce o el cobre, tez pálida como la porcelana y facciones de ángel.
- Muchas gracias – me sonrió y se fue. Nunca creí en eso de belleza que te deje boquiabierto pero esta criatura me dejó sin aire.
Me quedé un buen rato leyendo. En realidad, no, veía de lejos a la hermosa criatura sumergirse en su lectura.
- Aquí estabas; Ciel, se supone que te mostraría todo el lugar – Rachel se sentó junto a mí y comenzó a parlotear. La curiosidad me estaba matando.
- Rachel, ¿quién es la chica que está allá sentada? –Rachel volteó la cabeza y estudió por unos segundos a la joven.
- Por supuesto, no te he puesto al tanto; es Jane Archibald. Está en su último año aquí en Constance y pues, no hay nada más qué decir. Ni te molestes en hablarle, está muy ocupada en su mundo de perfecciones. Ella y las de 5to son unas pesadas y malas personas y no me extrañaría que busquen lastimarnos. – No me gustó la forma en que la pintó Rachel, Jane parecía tan… sumisa…
El resto del día pasó rápido; conocí todas las instalaciones de Constance, con Rachel como guía. Nos fuimos a la habitación juntas, hablando tonterías todo el tiempo. No se volvió a tocar el tema de Jane Archibald en todo lo que quedó de día. Sin duda alguna, ese era un nombre que recordaría siempre.
Especialmente a ti Liv xD
Capítulo I
Sollozos. Solo escuché sollozos. Jamás pensé que llegaría este día: el día en que me iría de casa. Pero ¿qué más podía decirle?
Madre nunca ha sido del tipo de mujeres que entienden a la primera.
-Flashback-
- ¿¡Te has vuelto loca!?
- Madre, es hora de que me independice.
Quiero crecer, conocer, probar cosas nuevas. – Suplicante pero firme, me puse
de rodillas para poder mirarla cara a cara. - ¿Entiendes lo que te digo, madre?
- Por supuesto, cariño, ¿pero no crees que estás yendo demasiado rápido?
- Es una decisión ya tomada. No puedo hacer más – Madre tomó un mechón de
mi cabello rubio y lo acarició con ternura
- Ciel, querida, no sabes lo que dices. Será mejor que descanses.
Hablaremos mañana por la mañana
- No, madre. Me voy mañana. Padre me ha ofrecido ir a estudiar a la academia Constance para señoritas, en Londres.
- ¿Tu padre está al tanto? Conspirando en mi contra, ya veo. –Mi madre se levantó de su asiento y luego de meditar un segundo cedió- Sabía que este día llegaría. Eres igual de aventurera que tu padre. Dejémonos de tonterías y anda a empacar; eso sí, si quieres volver, no dudes en llamarme lo más rápido posible.
- Gracias, madre, eres un encanto – no pude contener mis ganas de abrazarla. Por fin, por fin, por fin. Sería independiente, capaz, y lo más importante, libre.
Madre se retiró a su habitación luego de la charla y por un momento creí ver dolor en su rostro. Aceptó por pura complacencia. Típico de ella.
-Fin del Flashback-
Por fin, era la hora de irme. Me esperaba un coche negro abajo en la entrada y varias horas de camino por recorrer. Despidiéndome de mi madre me adentré al coche rápidamente; no soportaba verla llorar, ya que seguramente me haría cambiar de idea. Estaba decidida.
A las horas, ya me encontraba en la bella Constance de Londres. Francamente, no me sorprendía semejante alcurnia de semejantes instalaciones. Viniendo de mi padre, eso ya no es sorpresa. Él siempre quiso darme lo mejor, al fin y al cabo, yo era su única hija. Bajé del vehículo y me adentré en la academia; no quedó de otra que preguntar donde quedaba el despacho de la directora. Toqué la puerta.
Me abrió la puerta una mujer con gafas, de entre treinta y muchos a cuarenta y pocos, de dulce mirada y cabello largo achocolatado, decorado en una coleta alta.
- Señorita Ciel Hamilton, ¿es correcto? La estaba esperando. –Me dedicó una sonrisa sincera y me invitó a pasar.
- Muy buenas tardes, directora… -leí la placa- .
- Supongo que ha venido a buscar su horario de clases. Casualmente, lo estaba leyendo. Me parece que ha tenido suerte, le tocó un horario fresco su primer año. En cuanto a su habitación…
- Sí, de eso quería hablarle –sonreí, ya me empezaba a gustar Constance.
- Habitación 87, tercer piso, al frente. En todo caso le he pedido a su compañera de cuarto que la escolte. Debe estar aquí en cualquier momento –en eso tocaron la puerta- voilá, debe ser ella. Adelante.
- Directora Masen, estoy aquí como me ha pedido. – Era una joven, me parece que de mi edad, 16 años, de ojos color chocolate y cabello marrón oscuro. Me sonrió y yo le devolví la sonrisa.
- Sí, querida. Os presento. Ciel, te presento a Rachel Brant. Rachel, ella es Ciel Hamilton, tu nueva compañera de cuarto. Ahora os pido, por favor, que se marchen a su alcoba, la señorita Ciel debe desempacar.
- Sí Directora Masen. Vamos, señorita Hamilton – me cogió de la mano y nos retiramos.
Rachel resultó ser una persona bastante agradable, un poco despistada pero muy dulce. La habitación era cómoda y contaba con mucho espacio, un baño, dos camas y dos escritorios. Rachel y yo nos quedamos charlando un rato, como una hora, sobre los horarios y las instalaciones.
- ¡Mira la hora! Es tiempo de ir a la cama. Las clases empiezan la semana que viene, pero mañana hay que bajar a desayunar al comedor, para fomentar el horario de despertar.
- En ese caso, buenas noches –le tiré una almohada, en forma de broma. Nos reímos y luego nos acostamos en nuestras respectivas camas. Mañana sería un día largo.
Me levanté con una felicidad indescriptible. Estaba tan emocionada por ver lo que me esperaba en Constance que por un momento olvidé la desgracia de mi madre. Como me hacía falta. Sin embargo, esto lo hago es por mi, no por ella ni por nadie más. No cambiaré de idea. Rachel se adelantó esta mañana y se ha ido sin mí.
Me bañé y me puse el uniforme de Constance, una hermosa camisa de botones manga larga de color blanco acompañado con un hermoso lazo negro, con una falda hasta la rodilla de color azul marino y unas medias blancas con zapatillas negras.
Salí apresuradamente al comedor y en el camino me encontré con Rachel. Al parecer, es del comité organizador y tuvo que ir por la mañana temprano a recibir a las estudiantes. Al parecer, llegué un día de antelación.
El comedor era como esperaba que fuese. Amplio, con mesones y, por supuesto, señoritas charlando. Se sentaban de a grupos, según las edades, supongo. Pude observar que las de años inferiores, es decir, de 15 años o menos, se sentaban en las mesas de entrada. Las de mi curso (o eso supongo) y las mayores se sentaban al fondo. Como era de esperarse, en cuanto hice entrada, toda colorada, por cierto, cientos de pares de ojos se posaron en mí. Se escuchaban cuchicheos y las miradas eran curiosas.
Tomé asiento junto a Rachel y a las del comité de cuarto año. Logré aprenderme sus rostros, sin embargo, sus nombres los olvidé al instante.
- ¿Cómo va tu día hasta ahora, Ciel? – Me preguntó una joven. ¿Jessica? ¿Marie? Bueno, como sea que se llame.
- Ha estado bien, un poco corto, contando con que son las 9 y media. –Todas partieron en risas y yo me sonreí; era tan fácil entablar conversación con ellas.
- Tranquila, en unos días ya serás, oficialmente, de Constance y dejarán de mirarte. Es solo el “tributo” a la nueva. –me dijo Rachel, entusiasmada.
- Entonces, ya quiero que empiecen las clases – dije sonreída.
Nos quedamos charlando en el comedor, haciendo alguno que otro comentario sobre las clases y sus profesores. En alguna que otra ocasión se acercaban jóvenes a presentarse, los nombres los olvidé, claramente cumpliendo con las normas del “tributo” a la nueva. Finalizada la hora del desayuno, decidí ir por mi cuenta a conocer la biblioteca de Constance, que me dejó fascinada, después de todo, me apasiona la lectura y con tantos libros me alegré el resto del día.
Como no tenía nada más qué hacer, agarré una pila de libros. Siempre he sido partidaria de Jane Austen y William Shakespeare y aunque este último sea un cliché nunca me canso de historias como Macbeth. He leído esa novela cientos de veces pero es siempre como si fuese la primera vez. Me sumergí en la lectura. Habrá pasado quién sabe cuanto tiempo y no me percaté de que alguien se me acercó.
- Disculpa
- ¿Sí? – Detesto que interrumpan mis lecturas y más cuando me pedirán algo.
- ¿Podrías cederme el ejemplar de cuentos de Edgar Allan Poe? Lo he estado buscando y veo que tú lo tienes.
- Sí, claro, no te preocupes – tomé el libro y se lo entregué a la señorita no contando con que al alzar la mirada me quedaría petrificada. Un par de ojos color amarillento oscuro se posaron sobre los míos. Tenía cabello largo, de un castaño dorado, parecido a metales como el bronce o el cobre, tez pálida como la porcelana y facciones de ángel.
- Muchas gracias – me sonrió y se fue. Nunca creí en eso de belleza que te deje boquiabierto pero esta criatura me dejó sin aire.
Me quedé un buen rato leyendo. En realidad, no, veía de lejos a la hermosa criatura sumergirse en su lectura.
- Aquí estabas; Ciel, se supone que te mostraría todo el lugar – Rachel se sentó junto a mí y comenzó a parlotear. La curiosidad me estaba matando.
- Rachel, ¿quién es la chica que está allá sentada? –Rachel volteó la cabeza y estudió por unos segundos a la joven.
- Por supuesto, no te he puesto al tanto; es Jane Archibald. Está en su último año aquí en Constance y pues, no hay nada más qué decir. Ni te molestes en hablarle, está muy ocupada en su mundo de perfecciones. Ella y las de 5to son unas pesadas y malas personas y no me extrañaría que busquen lastimarnos. – No me gustó la forma en que la pintó Rachel, Jane parecía tan… sumisa…
El resto del día pasó rápido; conocí todas las instalaciones de Constance, con Rachel como guía. Nos fuimos a la habitación juntas, hablando tonterías todo el tiempo. No se volvió a tocar el tema de Jane Archibald en todo lo que quedó de día. Sin duda alguna, ese era un nombre que recordaría siempre.