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solange
03-nov-2009, 22:09
bueno este fic lo use para entrar en un concurso de FF varios en theblackorder.foroes.net es un original mio, pero me gustaria conocer la opinion de varias personas para ver si puedo seguir con esto del OF o sigo con FF... en fin espero les guste n.n

Titulo: Un resumen de vida: "La sombra de los que se van"
Autor: solange (en otros foros conocida como sol_angel, masol89, sol angel dpl...)
R: T (leguaje fuerte)


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UN RESUMEN DE UNA VIDA: "LAS SOMBRAS DE LOS QUE SE VAN"
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No podía creer lo que estaba viviendo en aquel momento. El trabajo, el esfuerzo de toda mi vida estaba rindiendo sus más jugosos frutos. Me encuentro en estos momentos en una de las habitaciones de un lujoso y prestigioso hotel, con todas las comodidades con las que he estado familiarizada casi toda mi vida. Me siento hueca y vacía, con demasiada nostalgia después de levantarme esta mañana, había algo dentro de mí que me indicaba que algo malo estaba a punto de pasar, esa carga que no dejaba saborear mi triunfo ganado horadamente. Para colmarlo todo, la luna color oro se mostraba grande y preciosa, demostrando toda la fuerza y belleza con la que fue representada Diana Cazadora en la época del mito, tal y como aquella vez en que él se marchó con ellos.

Para continuar con mi relato –Debo ser educada con mi público esta noche –empezaré por darme a conocer ante ustedes: Mi nombre completo es Maria Apola Andromeda Helios Abbott, conocida en gran parte del mundo bajo el seudónimo de "MAAHA". Soy escritora de una editorial mundialmente reconocida, tengo doble nacionalidad greco-inglesa, 26 años de existencia bajo la constelación de cáncer. Soy adicta al café, pero por órdenes del médico no puedo beberlo o probarlo en cualquiera de sus formas actualmente.

A pesar de esa doble nacionalidad, mis padres me enviaron a vivir a Estados Unidos con mis abuelos, ya que eran divorciados y no tenían tiempo de ocuparse de su única hija, ya que por cuestiones de trabajo, nunca la pasaban en casa, y eran lo suficientemente desconfiados como para encargar a su hija a terceras personas. Nunca conocí Grecia o Inglaterra sino hasta que cumplí 16 años, cuando mi padre contrajo matrimonio por segunda ocasión en Atenas, y a mis 18 años realicé mis estudios superiores de literatura en Cambridge, en contra de la voluntad de mis dos padres, ya que ellos esperaran que me dedicara a cosas como las leyes o la medicina, pues eran "trabajos seguros" como solían llamarles.
Siempre fui una persona de pocas palabras, lo cual me hacía parecer alguien desinteresada o muy reservada para la persona que no centraba bien su atención. Prefería leer un libro muy entretenido y reírme por las palabras del autor, que de un chiste mal contado por alguien de sucios pensamientos.

Escuchar música que a la mayoría no les gustase, por encontrarla muy vieja o muy pesada. Tratada de rara y chica enfermiza en mi niñez y adolescencia, ya que era –Más bien aun soy –una persona con la empatía demasiado desarrollada para un ser humano normal, esto me permite sentir algún sentimiento o emoción dirigido a mí o el estado sentimental y emocional de una persona cercana para mí. Cosa que provoca muchas complicaciones en mi salud tanto física y mental.

En mis 19 años, entre en un club de lectura y redacción de la facultad donde estudiaba, había una cantidad reducida como para un club, pero conmigo y otro chico más que se integró al mismo tiempo que yo, dimos lugar al comienzo de fuertes lazos de amistad, hasta ahora vigentes. Todos éramos "normales" a nuestra manera, ya que podíamos empezar hablando de cosas serias como las revueltas y peleas de pandillas que se producían en aquel entonces en las calles cercanas del centro de estudios, y después de un instante, a jugar a lo primero que se nos viniera a la cabeza –Algunas veces era recomendable llevar casco y unas banditas con alcohol, o en ocasiones vendajes… (No quieren saberlo).

Más rápido de lo que me imaginé –O soñé en algún momento de mi vida –Me había integrado a un grupo siendo yo misma, sin objeciones ni cambios de personalidad, Yo era Yo, como podía y debía ser. Sin miradas de reproche o hipócritas sonrisas, todos éramos todos y cada uno era uno mismo.
Pasaron los meses, cada vez salía más tarde de las reuniones del club, ya que últimamente llegaba tarde debido a los chequeos médicos que tenía que realizarme para que vigilaran mi maltrecho corazón, cosa que Cris –El chico que entro casi al mismo tiempo que yo –, Rose –La fundadora del club –y Summer –Una de las chicas que formaba parte del club, podría decirse que es una de los cofundadores –se enteraron, ya que un día sin darme cuenta ya les estaba conversado de cómo era mi vida hasta ese entonces, ya que me había llegado la noticia de que mi abuelo estaba muy grave y querían saber el por qué de mi cara abatida y la gran cantidad de medicinas que llevaba conmigo, creo que tenían miedo de que me empezara a drogar o algo parecido.

Me quedaba hasta más tarde también era porque me ponía a conversar con Cris, hasta que nos dábamos cuenta de que era muy tarde y que debíamos salir de la facultad a hurtadillas para que los guardias no nos vieran. Un día tuvo que acompañarme hasta el apartamento donde residía –En toda mi estadía en Inglaterra, nunca me quedé en casa de mi madre –, ya que nos habíamos quedado tan tarde, que solo faltaban unas 3 horas para que amaneciera. Me contó que padecía algo similar a lo que yo tenía, pero que lo suyo no tenía cura y que estaba en tratamiento solo para alargar su vida. Yo nunca les pregunté a mis doctores que tenía en realidad, solo sabía que mi corazón era desperfecto y que por eso necesitaba ir a constantes revisiones y tomar casi cinco pastillas con cada comida, tenía miedo de llevarme una impresión demasiado fuerte que pudiese desanimarme a continuar.

-Tu vivirás más que yo, Cris –Le dije para reconfortarlo, ya que estaba totalmente desolado y abrumado por la noticia de cuanto tiempo de vida le quedaba –Hay milagros que uno no se puede esperar y hay casos que los pacientes sobreviven mucho más que el tiempo estimado de sus doctores. Ya lo veras, encontraran un cura para tu enfermedad – Creo que mis palabras lo reconfortaron al menos momentáneamente, ya que aun podía percibir su angustia y desolación aunque cambiara su semblante a uno más alegre.

Casi a la hora del crepúsculo, regresaba de la farmacia para ir directamente al club. Ya que hoy no había tenido consulta. Sentí como mi corazón se detuvo por más de tres segundos y la angustia me invadió. Y fue aun peor cuando vi la luna que se empezaba a colocar sobre el cielo. No era esa Selene normal de color plateado y tranquilizador, que representaba a mi signo. Se presentaba como una de color oro, más grande y pretenciosa, no me gustaba, ya que parecía que fuese algo maligno que cubriese a ese bello satélite.

Me dirigí directamente a mi apartamento, llamé a Summer para que les avisara a todos que no iría en lo que quedaba de la semana. Algo iba mal también en el club, por la voz de Summer y los ruidos que se escuchaban de fondo deduje eso. Me apresure a llamar a mis abuelos para saber cómo se encontraban… mi abuelo había fallecido hace unos momentos atrás. Tomé el primer avión que me llevara hacia Estados Unidos sin decir nada a nadie.

Llegué antes que mi madre, a la cual no vi derramar ni una lágrima por su difunto padre. Creo que es su crudeza de médico la que la hace lucir tan fría. Regresé el martes a Inglaterra, ya que no podía seguir perdiendo clases. Me dolió dejar a la abuela sola, le ofrecí que viniera a vivir conmigo hasta que acabara el periodo y regresaríamos de nuevo. Pero no quiso, asegurándome que estaría bien, que era muy fuerte y que debía aprender de ella.

Llegué a Inglaterra para toparme con otra sorpresa, que no iba a averiguar sino hasta que fuese al club por la tarde. Escuchaba a todos discutir incluso a dos pasillos de distancia, me empezó a estallar la cabeza y un complejo de inferioridad, tristeza, enojo e incluso odio que no eran míos. Mi corazón hacía que me doliera el pecho, no soportaba esto, tenía que ver qué pasaba.
Cuando abrí la puerta del aula donde nos reuníamos, vi a Luis, a Angelo, a Dracus y a Cris sujetando con fuerza a Yori, quien prácticamente se quería abalanzar sobre Rose y Summer quienes no mudaban de expresión, Shappire y Alicia estaban al margen de la situación, con Manuel como protector. Yori seguía lanzando improperios e insultos a cada uno en lo que forcejeaba con los chicos para que le soltaran. Les deje el paso libre de la puerta para que le sacasen, esta me quedó viendo extraño…

-Pero mírate, solo eres una bruja enfermiza y debilucha, te asienta mejor estar sola… eso va contigo –Se soltó del agarre de los chicos para propinare un golpe, pero Cris le detuvo justo a tiempo. Por un momento pensé en las palabras de Yori, le di la razón en casi todo, pues presentía cosas extrañas siempre (bruja), estaba enferma y debido a eso mi cuerpo no podía hacer más esfuerzo del necesario (enfermiza y debilucha), pero… ¿En verdad estaría mejor sola?
No me di cuenta cuando me senté o cuando Summer y Alicia me ayudaban a espabilar. Solo sabía que las cosas iban a empeorar para mí, y quizás para todos también.

No fui a clases en la mañana ya que fui a hacer revisar los exámenes que me había hecho hace unos días atrás, todo para que me dijeran algo que quizá, si lo hubiese escuchado en otro momento o si hubiese sido una persona más sana me hubiese devastado, pero ya creo que me había preparado mentalmente para recibirla. Si seguía con el tratamiento, podía tener una esperanza de vida de unos diez años más, pero que el diagnostico predecía que tenía como máximo unos siete años de existencia. Incluso fue más de lo que me pude haber imaginado.

No dejé que esa noticia me amargara, aun tenía vida por delante, así que era mejor aprovechar lo que le quedaba. Pero ahí estaba sobre mi cabeza de nuevo, Selene mostrando su redonda y dorada figura, me quedé tan embobada viéndola que no me fijé cuando una moto me pasó rozando, casi a punto de atropellarme por mi imprudencia. La moto era conducida por uno de esos pandilleros, que al parecer ni se molesto que casi me le atravesara en el camino, tal vez estaba muy feliz. Llevaba consigo una especie de frasco con el sello de la universidad, quizá debió haber robado algo de allá.

En cuanto estuve por la explanada del campus, escuché risas y quejidos, lo cual me pareció extraño. Y en vez de escuchar a mi conciencia, escuche a mi presentimiento, porque me sentía peor que si me hubiesen dado una paliza. Empecé a correr cuando vi a quien estaban golpeando cruelmente. Cris tenía muchos moretones en las partes visibles de su cuerpo, los nudillos lastimados y el labio partido, estaba el solo enfrentándose a cinco sujetos de los cuales solo reconocí a dos.

-Pero miren quien llegó… la debilucha bruja… jaja, ¿Sabes que esto es pelea y las debiluchas como tú no son bienvenidas? –Espetó Yori con una sonrisa de suficiencia al verme llegar e intentar acercarme a Cris para auxiliarlo. Todos sus amigos rieron.

-¿Ella no es… la chica Helios? Pues es muy bonita para ser una bruja… -Dijo el más alto de todos, vi su cara y lo identifiqué enseguida. Era el mismo tipo que andaba en la moto, que ahora se acercaba a mí mientras sus amigotes solo lo veían en lo que Yori reía. -¿Qué deseas princesa?

-¿Por qué golpean a Cris? ¿Contéstame?-Le exigí al mayor de todos, cosa que solo hizo que se rieran todos, solo respondieron porque se lo merecía. Le iban a golpear una vez más pero esta vez pude escabullirme para ponerme entre ellos y Cris, nadie iba a golpear a mi amigo, de eso me aseguraría yo.

-Tengo una idea Andrómeda, que tal si dejamos a tu amigo en paz si tú te vienes con nosotros esta noche, créeme que te la pasaras como nunca en tu vida… -Pude percibir lo mórbido de sus pensamientos y el sentimiento de lujuria que tenía este dentro de sí. Haló mi brazo con fuerza para acercarme a él, lo que me obligó a soltar a Cris y ver directamente esa mirada oscura de le mayor. -… apuesto a que nunca has besado a un chico Andrómeda, déjame ser tu Perseo… -Se acercaba rápidamente a mis labios, lo primero que se me vino a la cabeza fue el asco y antes de que este cumpliera su cometido, le escupí en la cara.

Me soltó en ese instante, en el cual volví de nuevo por Cris –quien apenas estaba consiente desde que lo encontré -.Todos sus amigos, incluso Yori estallaron en carcajadas de burla, incluso hacían bromas con su nombre, "Napoleón, el que no conquistó". Este rojo de la ira se estaba aproximando a mí con toda la intensión de hacerme pagar tal humillación con la misma moneda… tuvimos suerte de que llegaran los guardias de Cambridge. Apresaron a Yori y a los otros cuatro por vandalismo y por pertenecer a las pandillas que estaban merodeando por las facultades. Llevaron a Cris al Hospital, yo fui con ellos. Deje mi móvil en la ambulancia en que nos llevaron y no había teléfono público dentro del hospital, además que no quería irme de allí hasta que me dijeran que estaba bien.

El doctor salió y me dijo que Cris se encontraba bien, que estaba consciente y que le darían de alta mañana ya que solo eran unos golpes raspones. Me permitió ir a verlo. Cuando entré, sentí una sorpresa enorme de su parte, creo que no esperaba verme allí.

Solo le conté que lo había encontrado recibiendo una paliza de parte del grupo de Yori, lo cual solo le sacó un suspiro, preguntándome si no había pasado nada más… a esa pregunta decidí no darle una respuesta concreta.

-Todo esto fue mi culpa Andrómeda, tengo la culpa de que todos estén así… no creo que merezca la pena de que vuelva… -Eso me hizo poner histérica internamente, ya que lo decía desde el fondo de su corazón, pero a mis ojos no tenía la culpa, nadie tenía la culpa… ni siquiera Yori.

-¿De qué hablas? Claro que debes volver, todos te esperan, no es para querer estar suicidándote o dejándote dar una golpiza con el primer grupo de pandilleros que veas Cris, hay gente a la que le importas y por ellos debes mantenerte luchando –Dije reprimiendo mi enojo, y empleando un tono comprensivo, ya que en parte sabía que era sentirse así –No es necesario que vengas mañana al club, debes descansar –Cosa que le saco otro suspiro de resignación –. Pero eso sí, estarás de vuelta el siguiente día, ¿lo prometes?

-¿En verdad tengo que prometérselo Andrómeda? –Dijo fingiendo como si no le importara, como si estuviese cansado de repetir lo mismo… debí responder otra cosa en ese momento.

-Si tú quieres Cris, eso queda a tu criterio –Me acerqué a él para despedirme con un abrazo de mi parte, el cual correspondió, lo cual no lo hace muy a menudo.

-Hasta una próxima vez Andrómeda –Susurró en lo que nos soltábamos del abrazo.

Llegué a mi apartamento a llorar amargamente, pues sabía que algo estaba realmente mal y que terminaría perdiendo a alguien muy especial para mí nuevamente. Fui en la tarde al club, más temprano de lo normal, esperando un ambiente de risas o de trabajo nuevo para entretenernos; pero lo que me encontré fue un grupo lleno de caras largas y ojos hinchados –Por parte de la chicas –para darme la noticia de que Cris no iba a volver más, que hasta había sacado sus papeles de la universidad y no sabían dónde podría haber ido ya que tampoco había nadie en la casa donde vivía.

Para hacerles corta la historia, entre en una etapa de depresión mucho más profunda después de su partida, a tal punto de que tuvieron que hospitalizarme por anemia al no comer bien durante casi 4 meses, dormir poco –unas 6 u 8 horas a la semana –, tomar demasiados antidepresivos y aumentar mis dosis diarias de café –Casi 8 tazas diarias –, cuando decía que las iba a reducir, y si no había cualquier derivado de la cafeína, cualquier calmante que se me presentase o que estuviese al alcance de mis manos o de lo que cargara en mis bolsillos. Mis dos padres fueron a verme dejando a un lado el trabajo por primera vez en lo que yo recordaba en aquel entonces, me sentí feliz por primera vez en mucho tiempo, e incluso había pensado en recuperarme lo más pronto que fuera y salir a hacer lo que ellos quisiesen, incluso abandonaría mi carrera, mi sueño por estar con ellos juntos como supuestamente debió ser. Lástima que me equivoqué una vez más, no quise ver el significado de mis malestares y de sus emociones, ¿Fue el miedo o la absurda ilusión de creer que me querían aunque sea un poco?

Mis padres solo habían ido en aquella ocasión al hospital, y no fueron más. Solo me inundaban de tarjetas compradas de "Espero te recuperes", los cuales solo eran trozos de cartulina impreso con alguna imagen de un niño con una fractura y un doctor benevolente que lo asistía. Pero sin nadie más alrededor, justo como yo.

El dolor y la soledad me iban consumiendo al igual que esos desagradables claveles blancos, que se marchitaban muy rápido y que me enviaban mis progenitores con regularidad. La muerte de mi abuelo, la ida de Cris –Cuyo sentimiento que sentía por él llegue a confundir con enamoramiento alguna vez – e incluso el tiempo de vida que me quedaba, era en lo que pensaba cuando la enfermera me dejara sola de nuevo para que el sedante que me aplicaba surtiera efecto. Solo la compañía de mis verdaderos amigos que venían a verme cada vez que podían –Lo cual era casi todos los días de la semana –era lo único que me mantenía en pie de lucha contra la muerte, ellos eran los que acomodaban y decoraban mi habitación en el hospital con detalles más alegres, realizaban sus bromas como si aun estuviésemos en las aulas de nuestra Cambridge de las cuales salían nuestras mejores ideas para escribir, aunque a veces siempre salía a relucir la ausencia de Cris… en esos momentos las lágrimas surcaban mi rostro sin que nadie pudiese hacer algo más que prestarme un hombro para ahogar mis sollozos, ¿Cuánta falta hace una persona que te entienda sin la necesidad de palabras?.

Al fin me habían dado de alta después de haber estado unos 3 meses más, pero no podía continuar con las clases, pues ya me había atrasado bastante y tendría que reanudarlas para el siguiente periodo. Por lo pronto tendría vacaciones un poco forzadas, ya que aun necesitaba reposo, según los doctores. Mi abuela llamó pidiendo que me quedara con ella durante el tiempo antes de las clases.

Acepté gustosa ya que podríamos hacernos compañía mutuamente, ¡¿Cómo pude ser tan egoísta?! Pensando en que en verdad me estaba quedando sola en familiares de sangre, cuando aún tenía con vida a una de las personas que me crió con cariño y un amor desinteresado de madre. Aun tenía a mis amigos, a mi abuela y mis padres. Pero ¿Por cuánto tiempo?

Conocía de memoria el camino a casa de la abuela desde el aeropuerto, pues no quedaba muy lejos. Mis amigos me habían dejado tomando el avión en Londres, pues era fin de semana. Al llegar me encontré con información que hizo que estuviera en el hospital unos días, no por mí, sino por acompañar al último miembro de mi familia sanguínea que demostró afecto por mí. Al llegar a la casa, mi sorpresa fue grande cuando vi a mis progenitores discutir fuertemente con la anciana de blancos cabellos mientras era protegida por la actual esposa de mi padre…

-Tú prometiste que si íbamos a visitar a la mocosa al menos una vez, nos dejarías gran parte de la herencia que te dejó mi padre, ¡Ahora cúmplela madre! –Exclamaba mi progenitora, de quien solo saque el color de mis ojos, la voz para el canto y quizá un poco del egoísmo que estaba presentando ahora.

- Señora, si no cumple con su palabra, me veré forzado a ir con las autoridades
–Exigía mi otro progenitor, del cual solo saque su color de cabello oscuro y el tono de su piel, vi claramente por qué se casaron y por qué se divorciaron. Dos prepotentes y egoístas no pueden estar en una sola habitación.

Saque fuerzas de donde pude para hacerles frente a aquellos que a sus ojos, no era más que una simple mocosa. Mi padre perdió a su segunda esposa por divorcio y yo gané a alguien a quien aferrarme en lo que volvía totalmente destrozada a Inglaterra, un día después del entierro de la señora que me amó y me defendió como una hija más. Dejé todo lo que era dinero y propiedades que la abuela había dejado a mi nombre a ese par de egoístas que se hacen llamar padres míos ahora, que he alcanzo mi sueño y que soy reconocida mundialmente por mis libros. Con las pocas cosas que me quedé de ellos fueron el departamento donde vivía, cerca de Cambridge, la cuenta que había abierto mi abuelo para mí y unas pólizas por si acaso llegase a necesitar dinero de forma urgente.

Mis amigos estuvieron esperándome en la zona de llegada internacional del aeropuerto. Al verme, corrieron en mi dirección y me rodearon, no había podido más, pensé que solo eran una ilusión más por un momento. Me abrí paso entre ellos y empecé a correr sin rumbo fijo… solo correr y correr, hasta que mis pulmones se quedaran sin oxígeno, huir de todo, quitarme la pesadez, el dolor y el sufrimiento, sentir que merecía la pena seguir adelante con la vida que le había prometido a mi abuela fallecida continuar hasta que alguien que no sea yo misma me la arrebatara. Sentí como muchas manos me abrazaban grupal y protectoramente, ofreciéndome el cariño que necesitaba para continuar en esos momentos, mientras Morfeo me llevaba en sus brazos por la cantidad de emociones de angustia, dolor y felicidad emanaban mis amigos y yo misma, lo cual me afectaba y le facilitaba el trabajo al dios del sueño griego.

Bueno, creo que siempre me excedo con mis resúmenes, y termino hablando o escribiendo de más. Han pasado casi 6 años de aquel suceso, y he mantenido la promesa que mi abuela me hizo jurar: estar con vida, cumplir mis desafíos e intentar no desentrañar las heridas pasadas, mientras no fuera necesario. Hasta antes de empezar a narrar lo había cumplido a cabalidad, pues terminé mi carrera y empecé a escribir todas las obras por las que soy ahora reconocida, entre ellas, una que causó controversia en los gobiernos a nivel mundial, ya que una organización terrorista usaba frases de destrucción y maldad de uno de los villanos de mis cuentos, lo cual tuvo pronta solución gracias a mis representantes, amigos y conocidos. Si hiciéramos una lista de cuanto les debo a ello, creo que ni toda la fortuna del universo me alcanzaría para retribuirles todo lo que han hecho por mi… ¡No puedo creer que solo se hayan conformado con que comprara para todos la mansión donde actualmente residimos!... al menos no se quejaron cuando les regalé un auto a cada uno por día de reyes este año.

Ahora estoy caminando a la entrada del salón de conferencias de este hotel… ¿Qué creían? ¿Qué aun estaría en la habitación con ese sentimiento de nostalgia filtrándose en mi cuerpo como los rayos de la dorada Selene se filtraban en mi habitación de este lugar? No, por muy mal me que sienta ahora, incluso si las parces hicieran que mi corazón dejara de latir, continuaré con mi promesa hasta el último instante.

El salón está bellamente decorado y las personas ya estaban tomando asiento, reporteros y periodistas iban con sus cámaras y filmadoras de un lado al otro. Mis amigos ya habían llegado y con ellos Aleksander, quien me pidió un guión de mi originalidad para su ahora exitosa saga de videojuegos y forma parte de nuestro grupo desde hace unos tres años. Estaban entre las primeras filas, todos iban vestidos con elegantes ropas, lo cual era algo raro de ver en nosotros, ya que siempre nos vestimos informalmente. Hoy es el lanzamiento de mi último libro titulado: "La sombra de los que se van", podría decirse que el protagonista que idealice para este proyecto se parece un poco a mí. Claro, si eliminamos a las criaturas mitológicas, la magia en su total y máxima presentación, y, por supuesto, el hecho de que es hombre.

- MAAHA-Me llamó el entrevistador, cuando empezaron las transmisiones a nivel global, solo pude sonreír a pesar de que el sentimiento de que algo iba mal seguía aumentando –su libro saldrá a la venta a nivel mundial en unos días ¿Podría darnos un adelanto de su nuevo trabajo? –Me propuso este joven de sonrisa prominente y falsa… ¡Qué fácil se me había vuelto identificar las expresiones humanas!...

Con parsimonia, tomé el ejemplar de mi libro que este me ofrecía, y lo abrí en el último capítulo, prácticamente en el final. Recordé que sentí cuando lo escribí, entonces empecé a sentir una paz muy extraña, era reconfortante, pero intrigante…

Fue entonces que lo vi llegar con la vestidura que la Muerte le hizo usar

Se empezó a escuchar el sonido de disparos y personas corriendo detrás de las puertas. Unos encapuchados con ropajes negros y armas de grueso calibre irrumpieron en el salón. Empezaron a sacar a los civiles y llevarlos a otra parte del edificio… tenía que ir por mis amigos.

Con el paso de los años, ni mi rostro recuerda, ¿Tanto he cambiado?

Tres de ellos se acercaron a mí, con paso decidido, lo único que se veían de ellos eran sus ojos. Me quede estupefacta cuando vi los ojos del tercero de estos encapuchados… los reconocí, ¡No podía ser él!, debía estar equivocada, tenía qué… Pero, podría incluso jurar por mi alma que era él, la única diferencia, es que no me reconocía, ¿Se debía a que mi piel lucía más rosada de lo que jamás había lucido… o porque ahora si aparentaba la edad que sí tenía?

El de estatura media entre los tres, asesinó fríamente al entrevistador de un solo tiro de su arma, su micrófono rodó hasta mis zapatos, este encapuchado empezó a reír, se me hacia tan familiar.

La Muerte, con su guadaña empezó a sacarme en cara cada una de las veces que la vencí, pero que ahora me tenía en su completa merced.

El más alto de los tres tenía una mirada de un chiquillo desesperado por probar su nuevo juguete, no dejaba de acariciar el arma que portaba entre sus brazos. Empezó a gritarme improperios, a degradar mi trabajo y a quejarse de que no lo dejara usar las frases de mis obras con las cuales una vez se sintió identificado.

Eso significaba que pertenecía a esa organización terrorista…

-Absurdamente insulsa perra, te apodas "MAAHA" para que nadie se acerque a los tuyos ¿Verdad? –Me espetó apuntándome con su arma en la frente –Pero yo te conozco, sé muy bien quién eres… pertenecías a la asociación de bichos raros en Cambridge, no fuiste una temporada y te atrasaste en comparación a los demás que entraron contigo… creí que te había hecho de madre con hijos por arrastrada ramera –Terminó dándome una cachetada sin dejar de apuntarme con su arma.

El segundo rió y también me golpeó. No me importó en lo absoluto, he sufrido heridas y enfermedades más graves que esos golpes que provenían de los dos encapuchados mayores podían ejercer con su fuerza. El tercero solo observaba; vi como sus brazos temblaban y no eran por el peso del arma.

-Siempre has sido una mísera debilucha desde que te conocí –Reconocí la voz de la segunda encapuchada, era Yori, a quien el club había expulsado por desacato a las reglas.

Recordé una de las tantas veces que la vencí, en la cual herí su orgullo. Al gritárselo petulantemente a quien no podía ni igualar al mismo Emperador y Guardián del Tártaro Hades o a la Bella Doncella de Hierro Perséfone, mi amigo parecía haber reaccionado un poco.

-¡Y esta es la muchachita enfermiza que rechazó a todo hombre que se le acercara! Hmp… ni si quiera eras un buen trofeo ni para los microbios nerds… bueno, creo en eso tenías mejores gustos –Intentó robarme un beso como aquella vez… le escupí en la cara una vez más… sabía quién era el primer y petulante encapuchado.

-¡Yo no soy y ni he sido trofeo de nadie! ¡Como tú has dicho, tengo mejores gustos como para haber siquiera pensado acercarme a tu grupo de hipócritas liderado por un imbécil sin cerebro como tú! ¡Rata callejera! ¡Pandillero Terrorista! ¡Siempre fuiste un Marica, Sobrado, Poco Hombre, Ladino y Embustero! ¡NAPOLEÓN EL PERDEDOR! –Eso me costó unos cuantos golpes más, solo que con más fuerza y donde cayeran.

Viendo en sus ojos que se empezaba a cuestionar sobre las acciones de la Parca, sellé mi destino con una memoria y una frase que lo despertaron y lo devolvieron muy tarde.

Tenía hematomas en los brazos y piernas, y de seguro unas costillas rotas. Afortunadamente el único golpe en mi cara, era la cachetada que me había dado en un principio Napoleón, lo que me dejó la mejilla demasiado roja. Ahora solo estábamos los cuatro en aquel salón, el de estatura media fue a hacer guardia en la entrada y solo quedaron Napoleón y él delante de mí.

-Perra malnacida, ahora no tienes quienes te defiendan, tus amigos no están, estás sola ¡Puta!… -¿Qué esperaba que hiciera con sus palabras?, ¿Gritarle perdón por no haberlo aceptado? -¡Asesínala! ¡Ahora! –Fue la orden que el idiota le dio al tercero, el cual estaba estupefacto ante la orden, por un momento vio el arma que traía entre manos y luego me vio a mí - ¡¿QUÉ ESPERAS?! ¡Te he dado una orden!

-Pe… pero... –Reconocí la voz, era él, sentí como mi corazón y el de él se desgarraba por dentro, ahora si podía jurarlo si era necesario ante Dios mismo. Él era…

-¡Ahí! ¿No me digas que nunca has asesinado a alguien? –Dijo con una voz que le asentaba bien al marica de Napoleón y halándome de los cabellos me colocó frente a frente a él – ¡Pues empieza de una vez! –Le ordenó soltándome, no pude ver sus ojos, pero estaba más que segura que estaba sintiendo miedo, pues yo lo sentía, y no era un miedo mío. Tampoco era el miedo de las personas que estaban en el otro salón. Debía ser de él.

Voltee mi mirada en dirección a la ventana y allí estaba. Selene con su dorado y mal augurio resplandor y con una sonrisa tenebrosa que incluso los astros no se atrevían a brillar junto a ella. No sé porque me nació en se instante decir:

-En lo alto, la Luna dorada expresa mal augurio en mi contra, como la muerte de mi abuelo, la de mi abuela quienes son mis verdaderos padres, mi enfermedad y la ida de alguien muy especial… –Esas pocas palabras fueron las penúltimas que mis labios alcanzaron a decir, pues el que estaba vigilante en la puerta avisó que los oficiales ya se habían infiltrado al edificio y que ya habían rescatado a los civiles, que solo faltaba yo.

Napoleón se volteó hacía mi, con su mirada de lunático empujó a él para que terminara con su trabajo. Pero él no se movía, me miraba como si esperara una confirmación mía, una confirmación envuelta entre mis lágrimas y una sonrisa que podía articular mi rostro. Sentí al fin una paz conmigo misma, que se prolongaría cuando cualquiera de los dos halara del gatillo…

-Te dije que vivirías más que yo… Cris… -Le dedique mis últimas palabras, mis últimas lágrimas y mi última sonrisa al tercer joven que corrió desesperado a mi lado. Napoleón haló del gatillo en el momento que yo había pronunciado mi última palabra. Ahora intentaba huir con su Yori, como los viles cobardes que eran, lo cual no lograron, pues fueron apresados por varios oficiales en el salón donde nos hallábamos.

La bala me perforó una parte de mi enfermo corazón, lo sentía desangrarse e intentar palpitar como muy pocas veces lo había hecho. Era el palpitar más fuerte que había sentido, el palpitar que anhelaba vivir todavía. Algo que ya no se podía.

Todo se empezó a poner frío, excepto por donde Cris me aferraba, pidiéndome perdón por todo lo que había hecho, ¿Cuánto me hubiese gustado responderle que me podría bien, aunque sea para mitigar un poco el dolor? Ni siquiera podía decirle que no tenía nada que disculparle, ya que él no tenía la culpa de que yo me haya aferrado tanto a su presencia. Quería hablarle y no podía, quería abrazarle y no me podía mover, quería darle un beso en la frente para que no llorara por mí pero no podía abrir mis labios. Aunque lo tuve frente a mí una vez más, no hice nada.

Lo único que me queda es la vista y un poco del tacto en mi rostro, algo que jamás en mi vida quise hacer, y que ahora en mi lecho de muerte lo hacía. Hacer llorar a mi amigo, y todo por mi culpa, quería decirle que se limpiara las lágrimas y que riera para mí una última vez, ya que había llorado mucho en mi vida y que al menos, en mi muerte, me dedicaran una sonrisa, con algo que siempre he soñado vivir y que cruzara por mi rostro todos los días de mi vida.

Ya no siento casi nada, no puedo escuchar nada, la visión se me nubla… solo puedo ver mover los labios de Cris, su cara llena de lagrimas, antes de que Las Parcas cortaran la última fibra del hilo de mi vida…sentí que Cris posaba sus cálidos labios sobre mi frente. De ahí solo quedó frío oscuridad, ya no sentía nada… entre las tinieblas y el juego de luces que se empezaban a formar a mí alrededor, escuché la voz de Cris que me llamaba a lo lejos.

¿Quién podría saber que uno podía acabar como sus trágicos cuentos?

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Espero les haya gustado... y si me permiten (se va a esconder de Kenji y Lestat) xD