Evento Especial Casa en Llamas [Daniel]

Tema en 'Pokémon New Adventure' iniciado por Reaper., 16 Jul 2017.

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    Reaper.

    Reaper. No sé, me sabe a mierda

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    Casa en llamas
    Los Mosqueteros - Aniversario de Pokémon New Adventure

    Descripción del trabajo: Mientras que caminabas por el bosque, te ha llegado el olor a quemado, y sin pensártelo dos veces, has corrido hasta el lugar en cuestión para encontrarte una casa en llamas. Se escuchan llantos dentro, lo que significa que hay alguien en peligro. ¡Sálvalo!

    Objetivos:
    - Apaga el fuego
    - Rescata al que grita

    Datos extras:
    - Debes evitar que el fuego alcance los árboles, eso incendiaría por completo el bosque.
    - No hay ningún salvaje cerca, todos han huido al ver el fuego.
    - De no tener pokémon de tipo agua, te las tendrás que ingeniar para apagar las llamas de otra manera.
    - La historia continúa en: Keldeo, el huérfano

    Recompensas:
    - 500 pks
    - 2 niveles para los pokémon participantes [Máx 2]
    - +1 PA para (2) pokémon participantes
    - Minímo de posts: 2 [700 palabras c/u]
    - +1 Contador para Huevos

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  2. MaAc94

    MaAc94

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    Un humo negro se alzaba a los lejos de Pueblo Oakwood, proveniente de la espesura colindante con ciudad Wovile. Por casualidades de la vida, Daniel Gutiérrez había salido de exploración con el propósito de completar los datos de los pokemon que habitaban por esos lares. “Si tanto estás harto de realizar tareas dentro de mi instalaciones, entonces anda a terminar con la labor que te encomendé hace dos años”, fueron las palabras afables de la profesora White, quien quería deshacerse de un extenuado y quisquilloso entrenador.
    Claro, la idea de poder salir de paseo después de realizar grandes jornadas diarias de limpieza y mantenimiento sonaba bastante bueno para ser verdad, pero ahí estaba el asunto: Aún seguía trabajando para solventar sus deudas y así sería por los próximos seis años.

    Agotado, tanto física como mentalmente, el castaño caminaba por el bosque mientras intentaba toparse con alguna especie llamativa para obtener sus datos con pokedéx en mano.
    Ya habían pasado alrededor de dos horas desde que comenzó su travesía, por lo que su estómago empezaba a gruñir exigiéndole que consumiera algo lo más pronto posible o lo pasaría muy mal. Suspirando resignado por no habérsele ocurrido llevar algo más que su escáner portátil, el castaño apoyó una mano en un árbol y empezó a observar por los alrededores con la esperanza de encontrar alguna baya colgando de una rama. Fue en ese instante, cuando levantó a cabeza, que noto el atípico acontecimiento oscuro en el cielo.

    -¿Y eso?-preguntó mientras arqueaba una ceja.

    Por unos segundos se imaginó que la emanación de hollín era producto de alguna fogata encendida por parte de los “nómades del bosque”. Dicha denominación era asignada a aquellas personas que habían decidido marcharse del pueblo para establecerse en medio de las reservas naturales y convivir directamente con criaturas salvajes, lejos al cien por ciento de la tecnología y cualquier tipo de contacto con la sociedad. Aquel estilo de vida empezó a hacerse común desde hace más de dos décadas, tiempo en el que la asociación de Rangers finalmente aceptó que ciertas familias se acoplaran como tribus en estas zonas siempre y cuando no afectasen el ecosistema de manera radical. Los términos del acuerdo, las conferencias de prensa y demás debates no formaban parte de sus conocimientos; pero lo que sí le parecía básico era deducir que aquella humadera se había expandido demasiado.

    -¿Estarán cocinando? No, el fuego de una fogata no llegaría a producir tremendo humo.-trató de deducir lo que estaba ocurriendo hasta que, con un suspiro de asombro, la conclusión llegó a su cabeza-No me digas que…-puso su PhonGD a la altura de su pecho y lo presionó contra él.

    Cerrando la boca y saltando hacia adelante, el joven coordinador empezó a correr hacia donde el fenómeno parecía originarse. Esquivó ramas, atravesó arbustos y zigzagueó entre los árboles con mucha destreza, ya que estaba acostumbrado a ese tipo de carreras desde niño, mientras empezaba a sentir que la temperatura a su alrededor aumentaba progresivamente.
    Cuando finalmente divisó una gran luz proveniente de un espacio abierto, el muchacho arribó y se detuvo de golpe, mirando anonadado uno de los espectáculos más siniestros y desalentadores de los que jamás había sido testigo: Una casa campestre de un solo piso ardía en llamas. La puerta, las paredes, las ventanas y el techo; no había ni un punto libre de las lenguas rojizas que lo consumían lentamente. Con los ojos abiertos como platos, el muchacho se quedó inmóvil por algunos instantes mientras parecía vivir el infierno en carne propia; no obstante, su espíritu solidario y consciente de que el fuego podía llegar a expandirse en los alrededores lo hicieron reaccionar, chistando los dientes mientras miraba a todos lados como si la respuesta estuviera escondida en alguna parte.

    -¿Qué hago, qué hago? Si no detengo el incendio a tiempo…-metió su mano izquierda en el bolsillo de su pantalón y sacó la primera pokeball que cogió, liberando al monstruo dentro de esta frente a él.

    -¡Poooonyta!-saludó el cuadrúpedo luego de que la luz proveniente de la esfera lo terminara de materializar por completo.

    -¡Ponyta, es una emergencia! Necesito que derrumbes esa casa lo más pronto posible.-ordenó su maestro mientras apuntaba al gran desastre.

    -¿Po?-preguntó al girarse mientras levantaba una pata y ladeaba, sin entender muy bien lo que quería lograr con ello.

    -Tranquilo, sé lo que hago.-intentó transmitirle seguridad mientras guardaba su pokedéx en el bolsillo derecho-Me hubiera gustado hacer esto de una forma más segura, pero sólo puedo confiar en ti y en los otros que tengo aquí.-explicó mientras sacaba dos pokeballs más, lanzaba hacia arriba y estas se abrían en el aire por la mitad.

    Dos nuevas criaturas de diferentes tamaños se hicieron presente.
    Una de ellas era un lagarto con una extensa hoja que crecía en su cabeza y parecía simular una cabellera. El segundo era un pequeño de forma triangular que no paraba de temblar, como si tuviera frío pese a la atmósfera de esa escena.

    -Grovyle, Argus, esperen a mis indicaciones para actuar.-miró a ambos para que lo entendieran, pero el enano helado se giró para ignorarlo-¡Por favor, Argus, no es momento para estar discutiendo! Te lo pido.-se arrodilló hacia él mientras juntaba las manos como súplica.

    Con el ceño fruncido, Snorunt lo observó y fingió indiferencia inmediatamente después. Aprovechando la oportunidad, el comediante les clavó la mirada a sus otros compañeros y movió la cabeza para que vayan adelantándose, que estaba todo bajo control.
    Conociendo lo impredecible y correcto que era su líder, Ponyta exhaló aire mientras se preparaba para embestir por un costado la estructura semi carbonizada. Raspando el suelo con su casco, utilizaría “Nitrocarga” para aumentar su velocidad y envolverse en fuego para evitar daños colaterales. Una vez que aquella visión se convirtió en su misión, el caballo rebuznó con fuerza para anunciar que comenzaría su actuar.

    De pronto, y sin que nadie lo esperase, un grito único y desconocido empezó a escucharse dentro de la cabaña. No fue sólo una vez, sino que se repitió hasta en tres ocasiones. Sonaba como un salvaje en muy mal estado, luchando por su vida con la esperanza de que sus gritos de auxilio llegase a una persona o pokemon que pueda sacarlo de su martirio.

    -No me jodas…-susurró Daniel, quien no podía creer semejante evento desafortunado-… ¿hay alguien atrapado allí?-sus pupilas parecían estar en blanco de la desesperación.

    Y con esa consigna, sintió como todo su plan se desmoronaba en tiempo récord.

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    Reaper.Reaper. Acabo en el siguiente post, y espero que no se me ocurran cosas locas mientras lo hago e.e
     
  3. Autor
    Reaper.

    Reaper. No sé, me sabe a mierda

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  4. MaAc94

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    Sus párpados se cerraron, maldiciendo su suerte mientras sentía quemarse por dentro.
    Los motivos daban igual, la situación era que él estaba atrapado en esa casa incinerada sin poder moverse. Gracias a que su cuerpo era más resistente a comparación de otros seres vivientes, aún podía debatirse entre la vida y la muerte por unos minutos más. De otro modo, sus pulmones ya hubieran explotado y hubiera muerto desangrado antes de que las llamas lo tocaran. Con la lengua afuera y los ojos entrecerrados, el mítico pokemon aceptaba su cruel destino con el orgullo de espadachín que había logrado formar en sí mismo luego de su arduo entrenamiento. Las razones ya no importaban: Moriría allí y en ese instante.

    Sin embargo, cuando lo único que escuchaba eran las brasas consumir la madera de aquella construcción a su alrededor, la voz de un humano lo hicieron despertarse de su trance, regresándole la esperanza de vivir. Se aferró a la posibilidad, surgió de la penumbra y usó toda la energía que le restaba para poder gruñir lo más fuerte que pudo. Repitió su acto hasta en tres oportunidades, una más débil que la anterior, hasta que ya no aguantó más y perdió el conocimiento. Si llegaba a salvarse o no ya sería voluntad de ese humano.

    -Si hay alguien allá adentro, es mi deber rescatarlo.-se comprometió frente a sus compañeros, serio y determinado a lograr su cometido-¡Cambio de planes! Derrumbar la casa ya no es una opción, ¡nuestra prioridad será rescatar lo que está allí dentro, sea lo que sea!-ni siquiera estaba seguro de si aquello habían sido los chillidos de un pokemon desconocido o la de una persona moribunda, pero no quería ver a nadie morir frente a sus ojos.

    Asintiendo con la cabeza, los dos más adultos y sensatos del equipo esperaron por sus indicaciones. Muy por el contrario, el tipo hielo aún se mostraba reacio a colaborar y empezó a caminar en otra dirección con la intención de alejarse de ellos, fastidiado por quién sabe qué.

    -Argus… ¡Argus!-lo llamó de forma severa, como un padre regañando a su hijo, lo cual ocasionó que el variocolor lo mirase con odio-Ehmm…¿Argucito?-cambió su tono de voz, un tanto intimidado por su expresión demoniaca-Tal vez no te guste, pero debemos trabajar juntos para poder salvar una vida. Por favor, no seas egoísta y…

    Snooo!
    -exclamó mientras miles de escarchas gélidas provenientes de su ropaje se dispersaban a su alrededor, acoplándose entre sí hasta endurecerse y tomar la forma de rocas, las cuales salieron disparadas hacia su entrenador.

    -Oh, rayos.-dijo al comprobar sus intenciones-¡Rápido, sepárense!

    Saltando hacia atrás mientras los otros monstruos de bolsillo hacían lo mismo en el sentido contrario, el “Alud” golpeó el suelo donde antes estaban parados y Snorunt se sintió satisfecho con haberles amenazado de ese modo. Con suerte, ya no lo molestarían de nuevo.

    -No, esto es perfecto.-pensó el coordinador de manera astuta-Si no quiere colaborar, lo engañaré para que lo haga.-corrió hacia adelante hasta pararse frente a la puerta de la casa incendiada, sintiendo la gran ola de calor que esta emanaba-¡Hey, Argus, apuesto a que no puedes hacer algo mejor que eso!-intentó provocarlo con los brazos abiertos-¿Qué esperas? ¡Dame tu mejor golpe, enano gruñón!

    Sintiéndose frustrado de que aquel bufón seguía tomándole el pelo que no tenía, se enervó a tal grado de que aspiró por la boca lo más que pudo y, sin contenerse desde su posición, lanzó una ráfaga de “Viento hielo” hacia él.

    -¡Grovyle!-exclamó el joven en el momento preciso como señal de auxilio.

    Captando lo que quería conseguir, el tipo planta usó su “Ataque Rápido” para llegar a él antes de que la nube gélida lo alcanzara y, tomándolo por la cintura, ambos se lanzaron hacia un costado con tal de evitar salir lesionados, logrando así que el ataque entrara en contacto con el fuego. La reacción química dos temperaturas opuestas empezó a generar gotas de agua que se evaporaban a gran velocidad; sin embargo, era cuestión de tiempo para que el mismo aire ayudase a favor de su equipo y apaciguara las llamas de ese sector.

    -¡Ponyta, a mi señal, corre hacia la entrada y usa Pisotón!-advirtió el entrenador, poniéndose de pie junto al tipo planta.

    En ese momento parecía que Argus se había tomado personal el hecho de que su ataque no había podido consumar el fuego, por lo que comenzó a aumentar la potencia del mismo hasta que llegó a extinguirlo en esa zona por unos instantes. No obstante, el uso desmedido de su poder hizo que se cansara y cayera al suelo de espalda.

    -¡Ahora!-gritó al ver que Snorunt no podía continuar.

    -¡Poooonyyyy…!-pronunció el corcel, partiendo la carrera con gran aceleración hasta detenerse de golpe frente al domicilio y, con una maniobra impresionante, girar sobre sus patas delanteras para que las traseras ganaran impulso y derribaran la puerta congelada de un golpe.-…taaaa!

    Al tumbarla de ese modo, una oleada llameante salió disparada desde adentro y se devoró al equino blanco, pero aquello no lo afectó en lo absoluto gracias a su habilidad Absorbe Fuego.

    -Perfecto, no hay más tiempo que perder.-Daniel se quitó la camisa, quedando solo en bivirí, arrugándola en forma de bola y restregándola en el pasto con mucha presión.-Grovyle, necesito que cortes los árboles más próximos a la casa. Con los dos que están allá…-apuntó a cada extremo de la cabaña-…será suficiente, por favor.

    El starter lo miró con mucha extrañeza, sin comprender por qué tenía que llegar a tal punto de dañar la naturaleza que tanto quería sólo porque él lo decía.

    -¡Por favor, no es momento de dudar! ¡Si no hacemos algo, el bosque también podría incendiarse!-le reclamó con un ímpetu que pocas veces se veía reflejado en él, por lo que el tipo planta entendió que su entrenador no hacía las cosas por mero gusto a destruir.

    Asintiendo con la cabeza mientras lo veía marcharse, Grovyle corrió y reunió su energía en las hojas que colgaban en sus brazos, dándoles un brillo verdoso y brindándole una apariencia más filuda de lo usual. Pegando un salto hacia su primer objetivo, utilizó Hoja Aguda para cortar el tronco desde la base de un solo sablazo certero. Sin embargo, cuando aterrizó pensando que lo había conseguido, la realidad distaba mucho de su expectativa: Apenas y había logrado cortar un cuarto de la parte lateral donde había efectuado su movimiento.
    Frustrado, el reptil empezó a intentarlo repetidas veces en su misma posición, logrando de ese modo agrandar la fisura de manera progresiva.

    -Ponyta, el humo no me permitirá ver con claridad.-comentó el muchacho mientras se paraba a su costado, con la camisa cubriendo su nariz y su boca-Cuando encontremos a la persona o pokemon, aguantaré la respiración el mayor tiempo posible para liberar mis manos y así ponerlo sobre tu lomo. Saldremos juntos lo más rápido posible.-expuso mientras su compañero lo escuchaba, concentrado en sus directivas-El problema será si es que son más de uno allí.-pensó, angustiado, pero agitó su cabeza para quitarse ese pensamiento.

    Cuando le dijo que estaba listo, el tipo fuego comenzó a caminar con cautela mientras Daniel posaba su mano sobre su espalda para guiarse.

    Si el ambiente ya era muy sofocante desde afuera, adentro era un horno en su máxima potencia. El suelo estaba tan caliente que fácilmente uno podía freír un huevo. Para fortuna del jovencito, la base de la casa había sido hecha directamente sobre tierra previamente aplanada y, por ende, no tendría el cliché de película de suspenso donde esta se rompiera y hundiera su pie.

    La morada se veía bastante simple desde la sala, espacio que conectaba directamente con la entrada, mientras que en ambos lados habían dos corredizos: Uno parecía llevar a la cocina mientras que el otro parecía conducir a las habitaciones de descanso. Ponyta no sabía hacia dónde ir primero, pero Gutiérrez le dio unas palmaditas para que lo viese y le hizo un gesto de que vaya hacia la derecha mientras él se dirigía la izquierda. El corcel asintió nuevamente y ambos se separaron. Gutiérrez tuvo cuidado de siquiera rozar algunas de las flamas cuyo volumen aumentaba de manera lenta, viendo que las columnas se ennegrecían y chasqueaban como si estuvieran a punto de quebrarse. Inseguro y nervioso mientras gotas de sudor resbalaban por sus mejillas, agradeció que ninguna de las puertas estuviera cerrada por dentro y rápidamente vio un vistazo al espacio que le había tocado inspeccionar. Soltando un sonido de ahogado, el comediante divisó a un pokemon de colores llamativos desmayado en el piso.
    Sin pensárselo dos veces, corrió hasta ese y lo contempló mejor, poniéndose de cuclillas mientras masajeaba el cuello de aquel espécimen con la intención de apartar su pelaje y tocar directamente su piel. Una vez hecho esto, se concentró y empezó a tantear su pulsación.

    -Está muy débil, pero aun hay esperanza.-concluyó, aunque no estaba muy seguro de su diagnóstico ya que lo único que sabía al respecto era que su yugular debía de vibrar.

    De pronto, un fuerte “crack” se escuchó desde afuera, seguido de una gran colisión de un objeto sobre el suelo. El castaño dedujo que Grovyle había podido derribar su primer árbol, pero aquello le tomó más de lo esperado. Inesperadamente después, gracias a la onda sonora, la puerta del cuarto donde él estaba se derrumbó hacia adelante y, como un efecto dominó, varias partes de la casa empezaban a quebrarse. Con miedo de terminar enterrado y quemado vivo, el chico se puso encima del salvaje inconsciente y esperó lo peor; no obstante, todo había sido un simple susto, una premonición de lo que pasaría si seguía más tiempo ahí.

    -¡Ponyta!-gritó con todas sus fuerzas, desesperado.

    Aquello era lo único que podía hacer. Regresar a buscarlo para llevarlo hacia su hallazgo sería una pérdida innecesaria tiempo, aunque también era consciente de lo que había hecho.
    Su cuenta regresiva de oxígeno hacia iniciado antes de lo previsto.

    El cuadrúpedo se apuró en llegar y se colocó al costado de ambos, recostándose para que su entrenador pudiera ponerle al herido sobre su dorso. Aguantando la respiración, el oriundo de Oakwood lanzó su camisa ennegrecida y cogió de las patas al otro ser, arrastrándolo con todas sus fuerzas. Era pesado, demasiado, por lo que aquello era un considerable gasto de energía y aire. Pasó por encima de su caballo y lo siguió jalando hasta que su centro quede en simetría con la de su pokemon. Una vez hecho esto, Ponyta se puso de pie con mucha dificultad, pero al final lo logró y ambos se dispusieron a salir. Las patas del equino tambaleaban bastante y sus pasos eran lentos por el peso que rondaba los cincuenta kilos, pero Daniel trato de motivarlo caminando a su costado, poniendo la expresión de alguien cuya cabeza parece a punto de reventar. Si bien podía aguantar la respiración un minuto y medio, la fuerza empleada previamente ya casi había agotado sus reservas. Era una situación crítica: Si no salían cuanto antes, moriría por asfixia antes que calcinado.

    Afuera del recinto, respirando agitadamente por la boca, el starter evolucionado movía sus brazos de manera repetitiva mientras las hojas puntiagudas cercenaban un árbol. Ya casi llegaba al centro del mismo, calculando que caería de manera diagonal tal y como hubiera esperado su maestro, formando una especie de triángulo por detrás de la casa.
    Argus, quien aún tenía clavado la imagen del castaño burlándose de él, gruñía mostrando los dientes a la espera de que este saliera para demostrarle que no era para nada débil.

    Aguantándose las ganas de respirar mientras sus ojos lagrimeaban, Daniel continuaba forzaba su estadía al lado de su pokemon pese a que podía haberse ido primero para estar a salvo. Ponyta, quien valoraba aquella acción heroica en el humano, no dijo nada y siguió dando pasos mientras se repetía que podía hacerlo. Después de todo, si no podía cargar a una criatura así, ¿cómo planeaba hacerlo con su entrenador? Era inaceptable, debía lograrlo hasta asegurarse de que todos sus acompañantes estén bien.
    Cuando estaban a solo unos dos pasos más de salir, el castaño empezó a sentirse mareado y casi se cae hacia adelante. Se apoyó completamente en su pokemon, repitiéndole en voz baja que lo dé todo de sí. Abriendo los ojos ante su condición, un segundo “¡bam!” se escuchó afuera, confirmando que el segundo árbol había sido derribado. Ponyta relinchó mientras seguía adelante, siendo escuchado por el cansado tipo planta que no tardó en ir a socorrerlo. Cuando arribó al frente, observó que su entrenador estaba a punto de desmayarse y lo agarró antes de que sucediese, colocando su brazo alrededor de su hombro y retirándolo de allí.

    Una vez que el grupo se alejó, el techo de la casa colapsó y ocasionó que el fuego tratara de expandirse por la hierba trasera. Recostando a Daniel en el grass junto con el desconocido, Grovyle observó como las llamas trataban de pasar por encima de los tronco; no obstante estos eran demasiado gruesos como para quemarse al instante. Fue así que entendió lo que Daniel tenía pensado para contenerlo; no obstenta, el problema era cómo apagarlo.
    Argus, quien veía a ese fenómeno como su enemigo, se acercó más dando saltos y decidió usar toda su energía para “derrotarlo”. Realizando la misma secuencia ataque que la primera vez, sus escarchas gélidas se dispersaron por encima de él y se condensaron en piedras heladas de mayor tamaño. Soltando un grito de guerra, arrojó aquel Alud hacia el fuego, cubriéndolo por completo e incluso en las llamas conducidas en el exterior. Aquel ataque que terminó de destruir al domicilio campestre consumó en gran medida el siniestro, cuyos residuos fueron totalmente apagados gracias a que el hielo se derritió.

    Preocupados por el estado de su entrenador, Grovyle y Ponyta se miraron sin saber qué hacer en una situación como esa. El humanoide le tocó el pecho y notó que no estaba respirando, por lo que le espetó a su compañero de que hiciera algo. Confundido y estresado, el equino alzó una de sus patas y pisó con relativa fuerza el diafragma del humano, el cual sintió el dolor de inmediato y exhaló con fuerza al levantarse, comenzando a toser desmedidamente mientras se colocaba en posición fetal, tocándose la zona afectada.

    -Eso fue…cof, cof…muy rudo de su parte…cof, cof…-habló en voz baja, tratándose de recomponerse luego de que una serie de escalofríos recorriera su cuerpo.

    Aún recostado y recuperando la claridad en su visión, se topó con la cara del otro pokemon al cual había rescatado segundos antes. Se le quedó mirando por unos instantes más hasta que, mucho mejor, se dio un impulso para sentarse, percatándose de que el incendió había llegado a su fin.

    Sno, sno!-insistía el pequeño Argus en liberar su furia derribando a cabezasos los últimos escombros que de la cabaña carbonizada.

    -¿Cómo es que tiene tanta energía siendo tan pequeño?-preguntó, incrédulo-Muchas gracias, equipo.-miró a sus otros dos pokemon, aliviado-El rescate fue un éxito.-sonrió, orgulloso de su trabajo.

    -¿Grov, grovyle?-preguntó el herbívoro, apuntando hacia los árboles caídos.

    -Ah, eso.-se puso de pie, aun sobándose por encima de la panza-Bueno, fue lo primer que se me ocurrió. Tal vez ya lo vieron en acción, pero funciona de la misma forma que un corral.-sacó su Pokenáv del bolsillo derecho de su pantalón, activándolo para hacer una llamada.

    -¿Poo?-preguntó el caballo en referencia a ese aparato, ladeando la cabeza.

    -Ah, debes estar preguntándote por qué no pedí auxilio antes.-trató de interpretar su gruñido- De no haber actuado, la situación hubiera empeorado con el transcurso de los minutos. Recuerden que en Oakwood no hay Rangers disponibles en este momento y la estación de policía hubiera tardado una eternidad en llegar. Y lo que es peor: Él no hubiera podido aguantar más tiempo atrapado ahí.-se giró a mirar al pokemon debilitado, el cual ya parecía respirar con normalidad-Nunca había visto algo parecido. ¿Será una especie en extinción?-preguntó mientras elegía el número con quien quería contactarse-Lo que es peor, ¿quién podría haber hecho semejante acto tan ruin? ¿Seguirá por los alrededores?-se pegó el auricular a la oreja, mirando hacia todos lados mientras esperaba que el pitido de espera se cortase y la voz de cierto conocido lo atendiese.

    Preguntas y más preguntas empezaban a surgir en su mente. Después de todo, si aquello hubiese sido un simple accidente, entonces los responsables hubieran estado dentro o pidiendo auxilio por los alrededores.

    No, todo ello apuntaba que había sido a propósito.

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    Reaper.Reaper. Finalizado.
     

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